lunes, 23 de marzo de 2026

Capítulo 30. Después del GT-53: lo que se consiguió… y lo que se perdió.

Capítulo 30. Después del GT-53: lo que se consiguió… y lo que se perdió.


Documento oficial de clausura del GT-53 Autocaravanas (DGT, 2008), en el que se recogen los principales acuerdos alcanzados tras un año de trabajo.

Con la clausura del GT-53 el 13 de febrero de 2008 se cerró un ciclo en la reivindicación del autocaravanismo en España.

Ver documento de la clausura.

Un ciclo que comenzó a finales de 2004, con aquel primer contacto con la senadora Ana María Chacón, y que a lo largo de varios años dio lugar a un intenso trabajo que culminó con la moción aprobada en el Senado y la creación del propio grupo de trabajo en la Dirección General de Tráfico.

Aquel proceso, visto con perspectiva, no fue sencillo.

Estuvo lleno de esfuerzos, aciertos, errores, avances y retrocesos.

Pero también fue, sin duda, una experiencia única.

Por mi parte, no guardo rencor hacia nada ni hacia nadie. No es esa mi condición.

Soy consciente de que trabajamos en un entorno complejo, con personas distintas, intereses diferentes y situaciones que no siempre son fáciles de gestionar.

Y, como cualquier persona, también habré cometido errores.

Por ello, si en algún momento alguien se ha sentido molesto u ofendido por mis actuaciones o mis palabras, desde aquí quiero pedir disculpas sinceramente.

Pero más allá de lo personal, hay algo que considero fundamental.

Si no somos capaces de analizar el pasado —con sus aciertos y con sus errores— difícilmente podremos construir un futuro mejor.

Y eso es, precisamente, lo que pretendo en este capítulo.

Lo que se consiguió.

El autocaravanismo en España, una actividad hasta entonces prácticamente desconocida para la sociedad y para la propia administración, consiguió algo que nunca antes había logrado:

Entrar en las instituciones del Estado.

Por primera vez se habló del autocaravanismo en el Senado, se aprobó una iniciativa parlamentaria, se creó un grupo de trabajo en la DGT y se desarrollaron herramientas concretas.

Entre ellas destacan la Instrucción 08/V-74 y el Manual de Movilidad en Autocaravana.

Documentos de referencia que, con sus aciertos y sus posibles errores, han servido de base para interpretar y orientar esta actividad en España.

La semilla quedó plantada.

Lo que no se supo mantener.

Pero junto a esos logros también hubo una pérdida importante.

Quizás la más importante de todas: la pérdida de un espacio de diálogo directo con la administración.

El GT-53 no era solo un grupo de trabajo.

Era una oportunidad para consolidar una interlocución estable, avanzar en soluciones concretas y dar continuidad al trabajo iniciado.

Sin embargo, esa oportunidad no se supo mantener.

El problema de fondo.

Con el paso del tiempo, la conclusión es clara.

El problema no estuvo en la administración.

La administración respondió. Escuchó. Trabajó. Y puso herramientas encima de la mesa.

El problema estuvo, en gran medida, en nosotros mismos.

En el propio colectivo.

Faltó unidad, visión, implicación y, sobre todo, responsabilidad.

Una reflexión necesaria.

El autocaravanismo es, ante todo, una actividad de ocio.

Las personas compran una autocaravana para disfrutar, para viajar y para aprovechar mejor su tiempo libre.

Y eso es completamente legítimo.

La autocaravana, aunque es un vehículo polivalente que sirve para muchas cosas, fue creada principalmente para mejorar el aprovechamiento del tiempo libre. Esa es, a mi modo de ver, su principal condición y también su mayor ventaja.

Es cierto que con ella también se puede acampar, y muchas familias utilizan esa posibilidad.

Pero para eso ya existen los campings o los lugares específicamente destinados a la acampada, dotados de instalaciones, leyes y normas, no el espacio urbano o natural.

Lo que aquí se ha reclamado nunca ha sido el derecho a acampar en cualquier sitio.

Lo que se ha reclamado es algo distinto: que cuando el Estado homologa un vehículo para un fin concreto y lo pone a disposición del ciudadano, después de haber pagado este impuestos de todo tipo, ese mismo Estado sea consciente de que ese vehículo necesita una legislación acorde que le proteja y unas infraestructuras de apoyo que permitan desarrollar la actividad con normalidad y no con sobresaltos.

Del mismo modo que hoy se crean puntos de recarga para los coches eléctricos, también debería comprenderse que un vehículo como la autocaravana necesita determinados servicios e infraestructuras como lo son los puntos ecológicos de carga y descarga y el derecho a estacionar un vehículo en donde lo hacen el resto de su misma categoria, para poder utilizarse y realizar la actividad con normalidad.

Y eso es, en el fondo, lo que se ha intentado plantear desde la moción del Senado de 2006.

La semilla.

  • La base está creada.
  • Las herramientas existen.
  • El conocimiento también.

Ahora, como en cualquier proceso, hay que regarlo, hay que cuidarlo y hay que tener paciencia.

Porque, como bien se dice: “Zamora no se ganó en una hora.”

Antes de continuar.

El cierre del GT-53 no fue el final del autocaravanismo en España.

Fue, en realidad, el final de una etapa.

Y el inicio de otra muy distinta.

Una etapa en la que muchas de las cuestiones que entonces se plantearon siguen, todavía hoy, sin resolverse completamente.

Y que merece ser analizada con la perspectiva que da el tiempo.

Gracias a todos por vuestro interés.

Pedro Ansorena Antón.

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