Capítulo 27. La segunda reunión del GT-53: cuando se rompió la confianza.
Reunión institucional en la Dirección General de Tráfico, en el marco de los grupos de trabajo.
Con la celebración de la segunda convocatoria del Grupo de Trabajo GT-53 Autocaravanas en la DGT, y la incorporación de nuevos actores, lo que hasta ese momento había sido una relación de entendimiento y colaboración comenzó a cambiar.
Para comprender lo que ocurrió, es necesario explicar algunos aspectos que, aunque ya han sido adelantados, resultaron determinantes en el cambio de clima dentro del grupo.
La importancia de las formas.
En mi experiencia personal tratando con responsables políticos y técnicos de la administración, siempre he percibido algo que considero fundamental:
el respeto a las formas.
Quienes trabajan en el ámbito institucional cuidan especialmente la educación, el trato y la manera de relacionarse.
En las reuniones, en los despachos o incluso en los pasillos, el trato suele ser correcto, cordial y respetuoso.
Esa actitud no es casual.
Forma parte del funcionamiento normal de las instituciones y es clave para poder mantener relaciones de trabajo estables.
Otra cosa muy distinta son los debates públicos, donde la confrontación forma parte del juego político.
Pero fuera de ese ámbito, la relación cambia completamente.
Un error de interpretación.
Algunas de las personas que se incorporaron al grupo quizás interpretaron esa cordialidad de forma equivocada.
Confundieron el trato educado con una libertad de actuación que, en realidad, no existía.
Pensaron que el hecho de estar allí les otorgaba un papel que no tenían.
Pero en la administración, la confianza no se concede de forma automática.
Se construye.
Y se pierde con facilidad.
El papel de cada uno
Durante todo el tiempo que estuve trabajando con la senadora Chacón, con los responsables de la DGT, o con otros departamentos ministeriales, siempre tuve claro cuál era mi función.
Yo no tomaba decisiones.
Aportaba información, experiencia y conocimiento como autocaravanista, esa era mi labor principal.
Las decisiones correspondían a quienes tenían las competencias.
Entender esa diferencia es fundamental.
Cuando no se entiende, el equilibrio se rompe.
Y eso fue exactamente lo que empezó a suceder.
Un comportamiento inadecuado.
En la segunda fase del GT-53 se produjeron actuaciones que, desde mi punto de vista, fueron claramente inadecuadas.
Algunas personas comenzaron a actuar por su cuenta, sin coordinación con la dirección del grupo, llegando incluso a realizar gestiones en distintos ministerios en nombre del GT-53.
Aquello supuso un grave error.
Porque no solo rompía las normas básicas de funcionamiento del grupo, sino que comprometía la confianza de la administración.
La pérdida de confianza.
La reacción de los responsables no se hizo esperar.
Cuando tuvieron conocimiento de lo ocurrido, la consecuencia fue inmediata:
la pérdida de confianza.
Durante varios meses, el contacto entre las asociaciones presentes en el grupo y la administración quedó prácticamente paralizado.
Aquello marcó un antes y un después.
Porque sin confianza, no hay diálogo.
Y sin diálogo, no hay avances.
Las consecuencias internas.
Este comportamiento también generó tensiones dentro del propio grupo.
Incluso entre quienes habían impulsado la entrada de determinados representantes, comenzaron a surgir críticas y reproches.
Lo que inicialmente había sido un esfuerzo por ganar presencia en la mesa de trabajo terminó convirtiéndose en un problema.
Y lo más grave:
el daño ya estaba hecho.
Una reflexión posterior.
Con el paso del tiempo, supe que la propia dirección del grupo había llegado a una conclusión muy clara.
"Antes de acudir a la administración, los distintos actores del autocaravanismo debían ser capaces de entenderse entre ellos".
Sin esa base mínima de acuerdo, cualquier intento de trabajo conjunto estaba condenado al fracaso.
Un hecho significativo para tener en cuenta.
Para entender la gravedad de lo ocurrido, conviene recordar un dato.
Otros grupos de trabajo de la DGT —como los de motoristas, transportistas, taxistas o ciclistas— han permanecido activos durante años, trabajando de forma continua con la administración. Solo hay que fijarse en los avances que algunos grupos, como por ejemplo los ciclistas, han conseguido, en un trabajo continuado de años colaborando desde su grupo de trabajo con las instituciones del Estado.
El GT-53 Autocaravanas, en cambio, apenas duró un año.
Y, desde entonces, no ha vuelto a reactivarse.
El principio del final.
Lo que ocurrió en aquella segunda reunión no fue un hecho aislado.
Fue el inicio de un deterioro progresivo.
Un deterioro provocado, en gran medida, por no entender algo fundamental:
que trabajar con la administración exige responsabilidad, respeto a las formas y claridad en los objetivos.
Cuando eso se pierde, el proceso se rompe.
Antes del desenlace.
La tercera convocatoria del GT-53 no tardaría en confirmar esta situación.
Y en ella se tomaría una decisión que marcaría definitivamente el final del grupo.
Una decisión que explicaría por qué el GT-53 fue finalmente clausurado.
Algo que abordaré en el siguiente capítulo.



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