sábado, 21 de marzo de 2026

Capítulo 27. La segunda reunión del GT-53: cuando se rompió la confianza.

Capítulo 27. La segunda reunión del GT-53: cuando se rompió la confianza.

Reunión institucional en la Dirección General de Tráfico, en el marco de los grupos de trabajo.

Con la celebración de la segunda convocatoria del Grupo de Trabajo GT-53 Autocaravanas en la DGT, y la incorporación de nuevos actores, lo que hasta ese momento había sido una relación de entendimiento y colaboración comenzó a cambiar.

Para comprender lo que ocurrió, es necesario explicar algunos aspectos que, aunque ya han sido adelantados, resultaron determinantes en el cambio de clima dentro del grupo.

La importancia de las formas.

En mi experiencia personal tratando con responsables políticos y técnicos de la administración, siempre he percibido algo que considero fundamental:

el respeto a las formas.

Quienes trabajan en el ámbito institucional cuidan especialmente la educación, el trato y la manera de relacionarse.

En las reuniones, en los despachos o incluso en los pasillos, el trato suele ser correcto, cordial y respetuoso.

Esa actitud no es casual.

Forma parte del funcionamiento normal de las instituciones y es clave para poder mantener relaciones de trabajo estables.

Otra cosa muy distinta son los debates públicos, donde la confrontación forma parte del juego político.

Pero fuera de ese ámbito, la relación cambia completamente.

Un error de interpretación.

Algunas de las personas que se incorporaron al grupo quizás interpretaron esa cordialidad de forma equivocada.

Confundieron el trato educado con una libertad de actuación que, en realidad, no existía.

Pensaron que el hecho de estar allí les otorgaba un papel que no tenían.

Pero en la administración, la confianza no se concede de forma automática.

Se construye.

Y se pierde con facilidad.

El papel de cada uno

Durante todo el tiempo que estuve trabajando con la senadora Chacón, con los responsables de la DGT, o con otros departamentos ministeriales, siempre tuve claro cuál era mi función.

Yo no tomaba decisiones.

Aportaba información, experiencia y conocimiento como autocaravanista, esa era mi labor principal.

Las decisiones correspondían a quienes tenían las competencias.

Entender esa diferencia es fundamental.

Cuando no se entiende, el equilibrio se rompe.

Y eso fue exactamente lo que empezó a suceder.

Un comportamiento inadecuado.

En la segunda fase del GT-53 se produjeron actuaciones que, desde mi punto de vista, fueron claramente inadecuadas.

Algunas personas comenzaron a actuar por su cuenta, sin coordinación con la dirección del grupo, llegando incluso a realizar gestiones en distintos ministerios en nombre del GT-53.

Aquello supuso un grave error.

Porque no solo rompía las normas básicas de funcionamiento del grupo, sino que comprometía la confianza de la administración.

La pérdida de confianza.

La reacción de los responsables no se hizo esperar.

Cuando tuvieron conocimiento de lo ocurrido, la consecuencia fue inmediata:

la pérdida de confianza.

Durante varios meses, el contacto entre las asociaciones presentes en el grupo y la administración quedó prácticamente paralizado.

Aquello marcó un antes y un después.

Porque sin confianza, no hay diálogo.

Y sin diálogo, no hay avances.

Las consecuencias internas.

Este comportamiento también generó tensiones dentro del propio grupo.

Incluso entre quienes habían impulsado la entrada de determinados representantes, comenzaron a surgir críticas y reproches.

Lo que inicialmente había sido un esfuerzo por ganar presencia en la mesa de trabajo terminó convirtiéndose en un problema.

Y lo más grave:

el daño ya estaba hecho.

Una reflexión posterior.

Con el paso del tiempo, supe que la propia dirección del grupo había llegado a una conclusión muy clara.

"Antes de acudir a la administración, los distintos actores del autocaravanismo debían ser capaces de entenderse entre ellos".

Sin esa base mínima de acuerdo, cualquier intento de trabajo conjunto estaba condenado al fracaso.

Un hecho significativo para tener en cuenta.

Para entender la gravedad de lo ocurrido, conviene recordar un dato.

Otros grupos de trabajo de la DGT —como los de motoristas, transportistas, taxistas o ciclistas— han permanecido activos durante años, trabajando de forma continua con la administración. Solo hay que fijarse en los avances que algunos grupos, como por ejemplo los ciclistas, han conseguido, en un trabajo continuado de años colaborando desde su grupo de trabajo con las instituciones del Estado.

El GT-53 Autocaravanas, en cambio, apenas duró un año.

Y, desde entonces, no ha vuelto a reactivarse.

El principio del final.

Lo que ocurrió en aquella segunda reunión no fue un hecho aislado.

Fue el inicio de un deterioro progresivo.

Un deterioro provocado, en gran medida, por no entender algo fundamental:

que trabajar con la administración exige responsabilidad, respeto a las formas y claridad en los objetivos.

Cuando eso se pierde, el proceso se rompe.

Antes del desenlace.

La tercera convocatoria del GT-53 no tardaría en confirmar esta situación.

Y en ella se tomaría una decisión que marcaría definitivamente el final del grupo.

Una decisión que explicaría por qué el GT-53 fue finalmente clausurado.

Algo que abordaré en el siguiente capítulo.

viernes, 20 de marzo de 2026

Capítulo 26. La convocatoria de la segunda reunión del GT-53 y mi salida del grupo.

Capítulo 26. La convocatoria de la segunda reunión del GT-53 Autocaravanas y mi salida del grupo.

Reunión institucional en la Dirección General de Tráfico, en el marco de los trabajos del GT-53 Autocaravanas.

Tras lo ocurrido en la asamblea de Consuegra, mi situación dentro del movimiento autocaravanista cambió de forma definitiva.

Ante el comportamiento de la junta directiva de la PACA y la pasividad de la mayoría de los socios, tomé la decisión de poner a disposición de la asamblea todos mis compromisos con la Plataforma.

Posteriormente formalicé mi cese por escrito ante la junta directiva.

Aquel momento marcó un punto de no retorno.

Después de tantos años de trabajo, entendí que no tenía sentido seguir formando parte de una organización en la que, por convicción, ya no encajaba.

Esa decisión se completaría más adelante, a finales de 2008, cuando solicité también mi baja como socio, desvinculándome definitivamente de cualquier asociación autocaravanista.

Una decisión difícil… pero necesaria.

Mi salida no fue fruto de un impulso. Venía de atrás.

De las dificultades vividas durante el proceso del Senado, de las tensiones internas y, sobre todo, de lo que percibí en las asambleas de Palencia y Consuegra.

Comprendí que una persona que había dedicado tanto tiempo y esfuerzo a una causa no podía continuar en un entorno donde no existía ni el respaldo ni la implicación necesarios.

El relevo en el GT-53 Autocaravanas.

A pesar de todo, por responsabilidad con el trabajo desarrollado y por las personas implicadas tanto de la política como del Estado hasta ese momento, no quise que mi salida perjudicara el proceso abierto en la Dirección General de Tráfico.

Por ello, me puse en contacto con la junta directiva de la PACA para que designaran un sustituto en el Grupo de Trabajo GT-53 Autocaravanas.

Me comprometí, además, a presentarlo personalmente ante la presidenta del grupo.

La persona designada fue José Cristóbal Pérez, miembro de la junta directiva presidida por Pedro Cerezo.

La reacción institucional.

Cuando comuniqué mi decisión a la senadora Ana María Chacón, su reacción fue de sorpresa y de enfado.

Consideraba que debía haber hablado previamente con ella antes de tomar una decisión de ese alcance e intentó convencerme para que continuara como su asesor.

Pero en aquel momento mi desánimo era tal que mi decisión ya era firme.

Una reacción similar tuvo la presidenta del grupo, Anna Ferrer, que tampoco entendía por qué dejaba el grupo de trabajo.

Ambas coincidían en algo evidente: el proceso necesitaba continuidad.

La presentación del sustituto.

En la fecha acordada con la presidenta del grupo, y aprovechando un viaje personal, me desplacé a Madrid para presentar al nuevo representante de la PACA en la sede de la DGT.

Durante aquella presentación observé un detalle que me llamó especialmente la atención.

El nuevo representante mostraba un gran interés en acceder a los documentos de trabajo que yo había elaborado.

Le expliqué que toda esa documentación ya había sido entregada previamente a la presidenta del grupo, tanto en formato digital como en papel.

Aun así, le facilité parte de los documentos que llevaba conmigo.

Con el paso del tiempo, llegaría a la conclusión de que el problema no era disponer de la documentación, sino comprender el trabajo que había detrás de ella.

La entrada de nuevos intereses.

En paralelo a estos hechos, comenzaron a intensificarse las presiones para incorporar nuevos participantes al grupo de trabajo.

Algunas de estas solicitudes procedían del ámbito del camping-caravaning, a través de organizaciones como A.S.P.A., vinculadas a intereses empresariales y campistas.

Estas entidades promovían la incorporación de determinados perfiles con el objetivo de influir en el desarrollo del grupo en favor de sus propios intereses.

Entre ellos se encontraba una persona que desde el inicio del proceso había intentado, por todos los medios, formar parte del GT-53 Autocaravanas.

Finalmente, y pese a las reticencias iniciales, la presidenta del grupo se vio condicionada a aceptar su incorporación.

Cuando tuve conocimiento de ello, advertí claramente del riesgo que suponía introducir en la mesa de trabajo intereses distintos a los que habían motivado su creación.

El GT-53 Autocaravanas había nacido para abordar los problemas del autocaravanismo desde la perspectiva del vehículo y la movilidad.

Alterar ese equilibrio podía tener consecuencias.

Una advertencia que no fue atendida.

En una conversación con la presidenta del grupo, esta me trasladó que, si acudían con representación formal, no tenía más remedio que aceptar determinadas incorporaciones.

Mi respuesta fue clara:

era una decisión suya, pero debía ser consciente de a quién estaba dando entrada.

Porque detrás de esas incorporaciones había intereses que no coincidían con los del autocaravanismo.

Intereses que, como se vería posteriormente, acabarían condicionando no solo el desarrollo del grupo, sino también su futuro.

Una última invitación.

Poco después, y ya en el aeropuerto de Barajas, recibí una llamada de la secretaria de la presidenta del grupo.

Por indicación de esta, me invitaban a asistir a la segunda convocatoria del GT-53 Autocaravanas, aunque fuera como oyente.

Rechacé la invitación.

Había dejado mi responsabilidad y entendía que no tenía sentido mantener una presencia que ya no me correspondía.

Un cambio de rumbo

A partir de ese momento, el desarrollo del grupo de trabajo quedaba en manos de otras personas.

Pero lo que estaba por venir no tardaría en confirmar algo que ya se intuía.

Introducir nuevos intereses en un proceso técnico, sin respetar el trabajo previo ni el equilibrio inicial, podía provocar un deterioro difícil de corregir.

Y, sobre todo, podía poner en riesgo algo fundamental:

la confianza de quienes realmente tenían las competencias y la capacidad de decisión, es decir, la Dirección General de Tráfico y los responsables políticos.

Antes de lo que vendría después.

La segunda reunión del GT-53 Autocaravanas marcaría un punto de inflexión.

Y lo que ocurrió en ella confirmaría que el proceso había entrado en una fase completamente distinta.

Una fase en la que el trabajo técnico comenzaría a verse condicionado por factores ajenos a su objetivo inicial.

El resultado no tardaría en llegar.

En la tercera convocatoria, el GT-53 Autocaravanas fue finalmente clausurado por la DGT.

¿Por qué ocurrió esto?

Algo que abordaremos en el siguiente capítulo.

Ver artículo publicado en el blog:

jueves, 19 de marzo de 2026

Capítulo 25. Las conclusiones de Roma: lo que una parte de Europa ya había entendido.

Capítulo 25. Las conclusiones de Roma: lo que una parte de Europa ya había entendido.

Salón de actos del Castillo de Sant’Angelo (Roma), donde se celebró la convención internacional sobre turismo itinerante.

Para poder extraer conclusiones de la convención de Roma, es importante situar correctamente el contexto de aquella época.

Por entonces, la Unión Europea estaba formada por 27 países. Sin embargo, desde mi propia experiencia viajando por Europa durante aquellos años, solo tres países —Francia, Italia y Alemania— presentaban un desarrollo claro del autocaravanismo en comparación con España y otros países.

Esto no era casual. Esos países habían comenzado a desarrollar esta forma de viajar más de treinta años antes que nosotros.

El resto de países, en muchos casos, se encontraban en una situación similar o incluso inferior a la española.

Por ello, no sería justo generalizar la realidad del autocaravanismo a toda Europa. De hecho, en la convención de Roma solo estábamos representados cuatro países.

El desarrollo del debate.

Tras la presentación de las ponencias, la jornada continuó con el habitual turno de preguntas y respuestas.

Posteriormente se celebró una mesa redonda y una charla-coloquio en la que participamos todos los ponentes junto a las autoridades presentes.

De ese intercambio de opiniones surgieron varias propuestas que quedaron reflejadas en un documento final, aceptado por todos los participantes.

Entre ellas, hubo una que, a mi entender, fue especialmente relevante.

Aprovechando la presencia del presidente de la Comisión de Turismo del Parlamento Europeo, Paulo Costa, el responsable de turismo del Ayuntamiento de Roma, Saverio Galeota, propuso elevar al Parlamento Europeo una iniciativa inspirada en nuestra ponencia.

El objetivo era que, dentro de sus competencias, el Parlamento Europeo promoviera medidas para que los ciudadanos que viajan en autocaravana por la Unión Europea encontraran condiciones similares en todos los países miembros, tanto en legislación como en infraestructuras y trato.

Las limitaciones europeas.

La respuesta del propio Paulo Costa fue muy clarificadora.

Explicó que el Parlamento Europeo encontraba importantes dificultades para establecer normas comunes en este ámbito, debido a la falta de una normativa marco clara y de obligado cumplimiento en materias como la circulación o el uso de los vehículos, que dependen de la legislación de cada país.

Reconocía que existía una voluntad de avanzar hacia cierta armonización, pero que ese proceso sería largo y complejo.

Además, señaló otro aspecto relevante: el crecimiento del turismo en autocaravana estaba generando presiones por parte del sector hostelero, que veía esta modalidad como una competencia para el turismo rural tradicional.

Diferencias dentro de Europa.

Durante el debate también quedaron patentes las diferencias entre los propios países europeos.

Los representantes italianos destacaban su apuesta por el desarrollo de áreas de servicio para autocaravanas, tanto públicas como privadas, gratuitas o de pago, integradas dentro del territorio.

Frente a ello, señalaban que en Alemania muchas de estas áreas se estaban desarrollando dentro de campings, un modelo con el que los italianos no estaban de acuerdo.

Estas diferencias demostraban que, incluso en países con mayor desarrollo, no existía un modelo único.

Mi intervención.

En mi intervención en la mesa redonda señalé que la idea de avanzar hacia una política autocaravanista común en Europa era positiva, pero que debía tener en cuenta las diferencias estructurales entre los países.

No es lo mismo un país con un modelo de administración centralizado, como Francia, o una federación como Alemania, que otros como España o Italia, donde existe un sistema descentralizado con competencias transferidas a comunidades autónomas o regiones.

En estos casos, alcanzar una uniformidad real resulta mucho más complejo.

Si a ello se añadía la falta de una normativa europea clara que respaldara ese proceso, como había indicado el propio Paulo Costa, la aplicación práctica de esa idea se hacía aún más difícil.

A ello hay que sumar las diferencias sociales entre países, algunas más receptivas que otras a nuevas formas de viajar y convivir en el espacio público.

Una realidad compartida.

Un representante italiano intervino para confirmar esa misma dificultad en su propio país.

A pesar de contar con una ley específica, la aplicación no era uniforme.

Cada región desarrollaba sus propias normas, infraestructuras y modelos de gestión.

Así, no era lo mismo viajar en autocaravana por la Toscana, con una red desarrollada y de calidad, que por otras regiones como Sicilia, Friuli o la Padania, donde la situación era muy diferente.

Esta reflexión mostraba que el problema no era exclusivo de España, sino que estaba ligado, en gran medida, a la estructura administrativa de cada país.

Las conclusiones.

Más allá del desarrollo del debate, lo verdaderamente importante fueron las conclusiones que podían extraerse de aquel encuentro.

Roma permitió observar de primera mano cómo se estaba abordando el autocaravanismo en Europa.

Y, sobre todo, permitió entender con claridad dónde estaba el problema en España.

En los países más desarrollados, el autocaravanismo no era un problema, sino una realidad normalizada integrada dentro de la movilidad.

Esto permitía separar claramente el estacionamiento, regulado por la normativa de tráfico, de la acampada, regulada por normativa turística.

Además, existía una red de infraestructuras adaptada a esta actividad, integrada dentro de las políticas territoriales.

España: un problema de interpretación.

El contraste con España era evidente.

Aquí el autocaravanismo no era comprendido.

Se confundían conceptos, se mezclaban competencias y se aplicaban criterios diferentes según la administración o el municipio.

El problema no era la actividad.

Era su interpretación.

Una oportunidad desaprovechada.

La participación en Roma ofrecía algo más que conocimiento.

Ofrecía una oportunidad para posicionar el autocaravanismo español en Europa y reforzar el trabajo institucional iniciado en el Senado.

Sin embargo, esa oportunidad no tuvo continuidad.

  • Faltó visión.
  • Faltó apoyo asociativo.
  • Y faltó una estructura capaz de entender lo que se estaba construyendo.

Una conclusión que lo resume todo.

El problema del autocaravanismo en España nunca fue el vehículo.
Fue la forma en que se interpretaba.

Mientras en una parte de Europa el debate ya estaba resuelto, en España todavía estábamos intentando definirlo.

Antes del siguiente paso.

Aquellas conclusiones tenían una aplicación directa en el trabajo del GT-53.

Pero, como se vería poco después, ese trabajo no seguiría el camino previsto.

La siguiente convocatoria marcaría un punto de inflexión.

Y con ella comenzarían a aparecer problemas que acabarían condicionando todo el proceso.

Artículo publicado en el blog:

Capítulo 24. La convención de Roma: una oportunidad internacional que apenas supimos aprovechar.

Capítulo 24. La convención de Roma: una oportunidad internacional que apenas supimos aprovechar.

Convención internacional “Roma Città del Plein Air”, donde el autocaravanismo español fue presentado en el ámbito europeo.

Tras la primera reunión del Grupo de Trabajo GT-53, el proceso institucional abierto en España seguía avanzando.

Pero entre una convocatoria y otra no solo continuaba el trabajo con la Dirección General de Tráfico y con la senadora Ana María Chacón. También empezaban a abrirse otras oportunidades que podían haber dado al autocaravanismo español una proyección mucho mayor.

Una de las más importantes fue la participación en la convención de Roma de 2007, celebrada en el marco de la quinta edición de la semana “Roma Città del Plein Air”, organizada por el Patronato de Turismo del Ayuntamiento de Roma,  en el histórico marco del castillo de Sant'Angelo. en colaboración con la Presidencia del Congreso de los Diputados italiano y el Ministerio de Turismo de Italia.

Aquel encuentro reunía a responsables políticos locales, nacionales y europeos, medios de comunicación y representantes de asociaciones y entidades relacionadas con la autocaravana de distintos países de la Unión Europea.

Entre las personalidades presentes figuraban el vicepresidente del Gobierno italiano y presidente del Congreso de los Diputados, Francesco Rutelli, y el presidente de la Comisión de Turismo del Parlamento Europeo, Paulo Costa.

Cómo se gestó la invitación.

La posibilidad de participar en aquella convención no surgió por casualidad. Fue el presidente de ASEICAR, presente en la primera convocatoria del GT-53, quien me trasladó que los italianos, conocedores de lo que se estaba haciendo en España —único país junto con Italia que había llevado iniciativas parlamentarias sobre autocaravanismo—, querían que la senadora Chacón presentara una ponencia en Roma.

Trasladé la propuesta a la senadora y su respuesta fue clara: aceptaba asistir, pero si yo la acompañaba.

Aquello reflejaba el nivel de confianza y el trabajo conjunto que habíamos desarrollado.

A través de ASEICAR me pusieron en contacto con Albert Colom y posteriormente con Saverio Galeota, responsable de turismo del Ayuntamiento de Roma y del evento, con quien acordé la participación bajo la condición de que la organización asumiera los gastos del viaje.

La preparación de la ponencia.

Por encargo de la senadora, junto a mi colaborador Pablo Higuera, preparamos el texto de la ponencia. Tras su revisión final, Ana María Chacón la dejó lista para su envío.

El viaje quedó previsto en el mismo día, debido a sus obligaciones parlamentarias.

Sin embargo, poco antes del acto, la senadora me comunicó que no podría asistir al haber sido convocada por su grupo parlamentario en el Senado para preparar el pleno sobre la Ley del Suelo.

Fue entonces cuando me planteó acudir en su nombre. Mi primera reacción fue negarme, por no considerarme autorizado para asumir una representación de ese nivel.

Finalmente, me remitió un escrito firmado por ella y por el presidente del Senado, Javier Rojo, autorizándome a intervenir en su nombre.

La dificultad personal del viaje.

Esto implicaba asumir una enorme responsabilidad: intervenir solo, sin experiencia, en nombre del Senado de España en un foro internacional.

Además, el viaje coincidió con una situación personal complicada por enfermedad de un familiar.

A pesar de ello, decidí cumplir el compromiso adquirido, desplazándome prácticamente solo, con escaso apoyo por parte de la junta directiva de la PACA y en medio de rumores completamente.

Solicité que se aclarara esta situación ante los socios, pero esa comunicación nunca llegó a realizarse.

No pongo en duda de que en la contabilidad de la PACA hayan aparecido gastos de Pedro Ansorena, lo mismo que apareció una cuenta de "gastos del senado" en la contabilidad presentada en la asamblea de Consuegra, pero eso es rigurosamente falso, ni mis colaboradores Eduardo Arenillas, ni Pablo Higuera,  ni Pedro Ansorena, ni la Senadora Ana María Chacón, ni nadie que ha trabajado a nuestro lado en las gestiones que hemos estado desde que se fundó la propia Plataforma de Autocaravanas Autónoma, hemos pasado ni cobrado nunca un solo gasto. Todos los gastos absolutamente todos, han sido asumidos por nosotros o por los organizadores de algún evento en el que se ha reclamado nuestra participación o presencia. ¿Porque no atendió el Secretario de la PACA mi demanda de aclarar esto a los socios aprovechando el sobre del envío de una comunicación? Ellos sabrán, allá ellos con su conciencia.

El marco y los participantes.

En Roma fui recibido por la organización y trasladado al Palacio del Capitolio, sede del evento.

Allí fui presentado a responsables institucionales, incluido el alcalde de la ciudad, Walter Veltroni.

En la sala, con unas quinientas personas y traducción simultánea, ocupé mi lugar junto a Raffaele Jannuzzi, uno de los impulsores de la Ley Fausti, y Albert Colom.

Se trataba claramente de un foro de primer nivel europeo.

Ver vídeo de la jornada.

El mensaje de la ponencia.

El título de la intervención fue:

Fomento y regulación del ejercicio de la actividad autocaravanista en España y su posible proyección europea”.

Ver documento completo de la ponencia

En ella se explicaba el origen del proceso iniciado en 2004, el trabajo desarrollado con la senadora y la moción aprobada en el Senado.

Se defendía además una idea fundamental: el autocaravanismo debía ser reconocido como una realidad social y económica, regulada desde el ámbito de la movilidad y no exclusivamente desde el turismo o el camping.

Lo que significó realmente Roma.

Vista con perspectiva, aquella participación supuso la entrada del autocaravanismo español en el escenario europeo.

Demostraba que lo que se estaba haciendo en España tenía interés fuera de nuestras fronteras.

Sin embargo, faltó visión y apoyo para dar continuidad a aquella oportunidad.

Lo que podía haber sido un punto de partida para una proyección internacional acabó quedando como una ocasión desaprovechada.

Personalmente mantuve durante algún tiempo, antes y después de la convención de Roma, contacto con algunos dirigentes del Coordinamento Nacional Camperisti italiano, de los que aprendí mucho de ellos, también con el activista (D.E.P.) Ivanno Pavanno, hasta que por la perdida de fe e interés que éstos contactos internacionales despiertan en el autocaravanismo español, especialmente en la mayoría de los dirigentes de las asociaciones, hoy en día no mantengo ya contacto con ellos. Una pena porque de las ideas y la experiencia de los compañeros activistas italianos y de algunos otros países europeos se aprende mucho.

Antes de las conclusiones.

Aun así, Roma dejó algo muy importante: una referencia clara de cómo ya en aquel tiempo se estaba abordando el autocaravanismo en Europa.

Unas conclusiones que merecen ser analizadas en el siguiente capítulo.