lunes, 22 de junio de 2026

¿Estamos organizados para defender nuestros derechos cuando realmente hace falta?


Senado de España, 2006. Cuando el autocaravanismo español comenzó a organizarse para conseguir sus derechos ante las instituciones. Hoy se trata de organizarse para defender éstos derechos.

La reciente publicación del artículo "De Gijón y Llanes a Italia: dos formas de afrontar el mismo problema" ha generado numerosas lecturas, compartidos y comentarios.

Curiosamente, la mayoría de esos comentarios no se han producido en el propio blog, sino en las distintas páginas y redes sociales donde el artículo ha sido compartido.

Y quizá eso tenga una explicación sencilla: más que debatir sobre un caso concreto, muchos lectores han comenzado a reflexionar sobre una cuestión de fondo.

¿Está realmente organizado el autocaravanismo español para defender sus derechos cuando surge un problema importante?

La pregunta puede parecer incómoda, pero merece la pena plantearla.

Más de veinte años de trabajo

Desde principios de este siglo, el autocaravanismo español ha recorrido un largo camino.

La aprobación de la moción del Senado de 2006, la creación del Grupo de Trabajo GT-53 de la Dirección General de Tráfico, la primera Instrucción 08/V-74, y las dos siguientes instrucciones que aunque mejoradas seguían manteniendo los mismos fundamentos. Las posteriores iniciativas parlamentarias y la creación de más de mil áreas de servicio repartidas por toda España no surgieron por casualidad.

Fueron el resultado del trabajo de muchas personas y asociaciones que dedicaron tiempo y esfuerzo a defender una forma de viajar que entonces era prácticamente desconocida para la mayoría de las administraciones.

Gracias a ello, la situación actual es muy diferente a la que existía hace veinte años.

Sin embargo, los problemas no han desaparecido.

Cuando aparecen las restricciones

En los últimos años, especialmente con el crecimiento del parque de autocaravanas, hemos asistido a la aparición de nuevas ordenanzas y regulaciones municipales que afectan directamente a los autocaravanistas.

  • Gijón y sus gálibos.
  • Llanes y las limitaciones a la permanencia nocturna.
  • O Grove.
  • Tarifa.
  • Canarias.
  • Cantabria.
  • Y seguramente podrían citarse otros ejemplos.

Cada uno presenta características distintas, pero todos plantean una misma cuestión:

¿Quién asume la defensa jurídica del colectivo cuando aparecen medidas que se consideran discriminatorias o contrarias al ordenamiento jurídico?

Porque lo que sí debemos tener claro es que este problema no puede afrontarse únicamente desde una perspectiva territorial.

Si solucionamos los problemas en una región, pero después los encontramos en otra cuando viajamos, nunca terminaremos de resolver la cuestión de fondo.

Se necesita una representación nacional, apoyada por los usuarios y dotada de recursos suficientes para defender derechos que son comunes a todos los autocaravanistas, independientemente de dónde residan.

Porque una cosa es expresar el desacuerdo y otra muy distinta sostener una actuación administrativa o judicial durante meses o incluso años.

Los derechos también tienen costes

A menudo se habla de derechos, pero pocas veces se habla de lo que cuesta defenderlos.

Un informe jurídico especializado tiene un coste.

Un recurso administrativo tiene un coste.

Un procedimiento contencioso-administrativo tiene un coste.

Y cuando los asuntos llegan a instancias superiores, los costes aumentan todavía más.

Los ayuntamientos, por el contrario, cuentan con recursos públicos y servicios jurídicos permanentes financiados con los impuestos de todos los ciudadanos.

La buena voluntad es imprescindible.

Pero la buena voluntad no sustituye a los abogados, ni a los peritos, ni a los recursos económicos necesarios para mantener una estrategia jurídica continuada.

El papel de las asociaciones

Las asociaciones han desempeñado un papel fundamental en la evolución del autocaravanismo español.

Sin ellas y sin el trabajo desinteresado de algunos de sus socios, muchos de los avances logrados durante estos años probablemente no habrían sido posibles.

Pero también es cierto que la mayoría de las asociaciones actuales son organizaciones territoriales con recursos limitados.

Además, existe una realidad que pocas veces se menciona.

Cada vez que se convocan procesos de renovación de juntas directivas, resulta cada vez más difícil encontrar personas dispuestas a asumir responsabilidades. En muchas ocasiones las candidaturas aparecen por compromiso y con dificultades para garantizar la continuidad de los proyectos.

Muchas veces una ordenanza afecta a todo el colectivo autocaravanista español, pero la carga de actuar recae únicamente sobre una asociación local o regional.

Y esa situación tiene límites evidentes.

¿Y los empresarios?

Algunas personas plantean que las organizaciones empresariales del sector deberían implicarse más activamente en la defensa de los derechos de los autocaravanistas.

Es una reflexión legítima.

Sin embargo, conviene recordar que los intereses de los usuarios y los de las empresas no siempre son exactamente los mismos.

Las empresas tienen la obligación de defender sus propios intereses económicos y los de sus asociados.

Los usuarios tienen la necesidad de defender sus derechos como ciudadanos y como conductores de vehículos legalmente homologados.

A veces ambos intereses coinciden.

Otras veces no.

Por ello, la defensa de los derechos de los autocaravanistas difícilmente puede depender exclusivamente de terceros.

La experiencia demuestra que los avances más importantes conseguidos por el autocaravanismo español han surgido, fundamentalmente, de la iniciativa y el trabajo de los propios autocaravanistas organizados.

Lo que nos enseña Italia

Uno de los aspectos más interesantes del modelo italiano no son las sentencias que obtiene el Coordinamento Camperisti.

Lo verdaderamente importante es que existe una estructura de ámbito nacional capaz de estudiar normas, elaborar informes, presentar requerimientos y sostener procedimientos judiciales durante años.

Las victorias son consecuencia de esa organización previa.

No al revés.

El reto pendiente

Quizá la pregunta que deberíamos hacernos no sea si estamos de acuerdo o no con una determinada ordenanza.

La verdadera pregunta es otra.

Si mañana hubiera que recurrir simultáneamente varias ordenanzas municipales restrictivas en distintos puntos de España, ¿estamos realmente preparados para hacerlo?

¿Disponemos de los medios humanos, técnicos y económicos necesarios?

¿Existe una estructura capaz de coordinar ese esfuerzo?

En este sentido resulta interesante observar la reciente posición pública adoptada por el G3A en relación con la regulación aprobada por el Ayuntamiento de Llanes.

Más allá del caso concreto, la importancia de esa intervención reside en que sitúa el debate en el terreno de los derechos, la proporcionalidad, la seguridad jurídica y la igualdad ante la ley.

Es una evolución significativa.

Porque el debate deja de centrarse exclusivamente en la creación de infraestructuras o en la gestión turística y pasa a plantearse en términos de derechos ciudadanos y movilidad.

La reciente creación del G3A puede representar un paso importante en esa dirección.

Pero nadie debería engañarse.

Construir una capacidad de actuación jurídica sólida requiere tiempo, recursos económicos, conocimiento técnico y, sobre todo, voluntad de colaboración entre asociaciones y usuarios.

La experiencia demuestra que los derechos no se defienden únicamente con declaraciones de principios.

También requieren estructuras capaces de sostener actuaciones concretas cuando resulta necesario hacerlo.

Una reflexión para el futuro

Durante años el autocaravanismo español ha demostrado que en algunas ocasiones ha sido capaz de organizarse para reclamar derechos, incluso convenciendo a políticos, trabajando en Las Cortes Generales y en la DGT.

La cuestión que ahora se plantea es diferente.

¿Será capaz de organizarse también para defenderlos cuando realmente haga falta?

Porque los derechos no desaparecen de un día para otro.

Pero tampoco se conservan solos.

Y quizá la mejor inversión para el futuro no sea únicamente construir nuevas infraestructuras, sino también disponer de las herramientas necesarias para garantizar que los derechos conquistados durante estos años puedan seguir siendo defendidos mañana.

Porque, al final, la cuestión no es únicamente tener razón.

La cuestión es disponer de la organización, los medios y la capacidad necesaria para hacer valer esa razón cuando sea necesario.

Pedro Ansorena.

domingo, 21 de junio de 2026

De Gijón y Llanes a Italia: dos formas de afrontar el mismo problema.

¿Por qué un vehículo que puede estar aquí durante el día no puede permanecer aquí por la noche?

En los últimos meses hemos asistido a varias situaciones que invitan a la reflexión.

Por un lado, en Asturias se celebró una importante manifestación de autocaravanas en protesta por la instalación de gálibos en distintos aparcamientos de Gijón utilizados habitualmente por los autocaravanistas. Por otra parte, también en Tenerife se llevó a cabo otra manifestación relacionada con las limitaciones que afectan al colectivo.

Ambas movilizaciones lograron reunir a numerosos participantes y obtuvieron una considerable repercusión mediática.

Por otro lado, hace apenas unos días hemos conocido una nueva actuación de la Associazione Nazionale Coordinamento Camperisti en Italia.

Documento del Coordinamento Camperisti sobre Selva di Val Gardena

En esta ocasión, el conflicto se desarrolló en el municipio de Selva di Val Gardena, donde el ayuntamiento había aprobado una regulación que impedía estacionar vehículos con la finalidad de permanecer durante la noche, una situación que guarda ciertas similitudes con la regulación recientemente aprobada por el Ayuntamiento de Llanes.

La comparación entre ambos casos resulta especialmente interesante porque permite observar dos formas muy distintas de afrontar problemas que, en el fondo, tienen un origen similar.

El caso italiano

Según la información difundida por el Coordinamento Camperisti, la asociación detectó que el Ayuntamiento de Selva di Val Gardena había aprobado una disposición que limitaba la permanencia nocturna de vehículos estacionados.

Antes de acudir a los tribunales, la asociación presentó los correspondientes requerimientos y advirtió a la administración de los defectos jurídicos que apreciaba en la norma.

El ayuntamiento decidió mantener su postura y el asunto terminó ante el Tribunal Regional de Justicia Administrativa de Bolzano.

La sentencia finalmente anuló la disposición impugnada por un motivo formal pero esencial: el órgano municipal que había aprobado la restricción carecía de competencia para hacerlo.

La cuestión de fondo ni siquiera llegó a ser examinada porque el defecto jurídico era suficiente para declarar la nulidad de la medida.

Más allá del resultado concreto, lo verdaderamente relevante es el método utilizado.

No hubo manifestaciones ni grandes campañas públicas. Hubo estudio de la norma, requerimientos administrativos y una actuación jurídica continuada.

El caso de Asturias

Mientras tanto, en Asturias, cientos de autocaravanistas participaron en una manifestación para mostrar su rechazo a la instalación de gálibos en diversos aparcamientos públicos.

La protesta consiguió visibilidad y trasladó a la opinión pública el malestar existente dentro del colectivo.

Sin embargo, meses después, los gálibos continúan instalados.

Y mientras el debate sobre Gijón sigue abierto, aparece ahora un nuevo escenario en Llanes dentro de la misma Comunidad Autónoma.

Información del Ayuntamiento de Llanes sobre estacionamiento y pernocta de autocaravanas

Según las informaciones publicadas, el ayuntamiento permite el estacionamiento de autocaravanas durante el día, pero limita la permanencia nocturna a un área específica y a los campings del concejo, estableciendo además un régimen sancionador para quienes incumplan la regulación.

Es decir, un vehículo puede permanecer correctamente estacionado durante el día en un mismo lugar y verse obligado a abandonarlo por la noche.

La cuestión de fondo

Llegados a este punto, quizá convenga formular una pregunta sencilla:

¿Qué resulta más eficaz para defender los derechos de los autocaravanistas?

¿La movilización pública o la actuación jurídica?

Probablemente ambas herramientas tengan su utilidad.

Las manifestaciones sirven para llamar la atención sobre un problema, trasladar una reivindicación y generar debate social.

Pero la experiencia nos indica que las administraciones rara vez modifican una ordenanza o una regulación porque exista una protesta, por numerosa que sea.

En cambio, sí suelen verse obligadas a actuar cuando tienen que justificar jurídicamente sus decisiones ante un tribunal.

Una ordenanza municipal en materia de movilidad urbana, para ser sólida jurídicamente, no basta con que sea aprobada por un pleno municipal. Debe estar suficientemente motivada, respetar el marco competencial vigente y ajustarse a la normativa estatal en materia de tráfico y circulación. De no ser así, siempre podrá ser objeto de impugnación.

También existen herramientas en España

En España no llevamos tanto tiempo trabajando en la reivindicación autocaravanista como en Italia. Sin embargo, durante estos años se han producido avances importantes.

La aprobación de iniciativas parlamentarias en el Senado y en el Congreso, el trabajo desarrollado en el GT-53 de la Dirección General de Tráfico, las instrucciones emitidas por la propia DGT y la experiencia acumulada en numerosos conflictos municipales han proporcionado herramientas jurídicas que permiten actuar frente a la invasión de competencias del Estado por parte de los ayuntamientos y aquellas regulaciones que puedan vulnerar los derechos de los usuarios de autocaravanas.

Al igual que hacen los italianos, también aquí existen mecanismos para exigir que los ayuntamientos justifiquen adecuadamente las limitaciones que pretendan imponer al estacionamiento de nuestros vehículos.

La diferencia no está tanto en la existencia de herramientas jurídicas como en la decisión de utilizarlas de forma continuada y estratégica.

Una reflexión necesaria

La experiencia italiana demuestra que durante más de cincuenta años el Coordinamento Camperisti ha seguido una misma estrategia: analizar las normas, detectar sus defectos, requerir a las administraciones y, cuando resulta necesario, acudir a los tribunales.


No siempre ganan. Pero obligan a cada administración a justificar técnicamente sus decisiones.

Quizá por eso merece la pena reflexionar sobre si el futuro de la defensa de los derechos de los autocaravanistas pasa únicamente por la movilización o si también resulta necesario fortalecer el trabajo jurídico y administrativo.

También debemos tener presente en la situación  que nos encontramos, ya que el trabajo jurídico requiere medios humanos y económicos. Y ahí aparece una de las principales diferencias entre la realidad italiana y la española.

Mientras que el Coordinamento Camperisti lleva décadas desarrollando una estructura estable capaz de sostener actuaciones administrativas y judiciales, en España seguimos contando con un movimiento asociativo muy disperso y fuertemente regionalizado, cuya capacidad de representación apenas alcanza una pequeña parte del conjunto de usuarios.

En este contexto, iniciativas recientes como la creación del G3A, que agrupa a diversas asociaciones autonómicas, pueden representar un paso importante hacia una mayor coordinación. No obstante, todavía queda camino por recorrer para disponer de los recursos técnicos y jurídicos necesarios que permitan afrontar de manera continuada actuaciones administrativas y litigios complejos frente a las administraciones públicas.

Quizá esa sea una de las lecciones más interesantes que nos deja la experiencia italiana: la defensa efectiva de los derechos no depende únicamente de tener razón, sino también de disponer de la organización y los medios necesarios para hacerla valer.

Porque, al final, la cuestión no es cuántas autocaravanas son capaces de reunirse en una protesta.

La cuestión es si las restricciones que se pretenden imponer respetan la legalidad y pueden sostenerse jurídicamente.

Y esa es una pregunta que, tarde o temprano, toda administración acaba teniendo que responder.

Pedro Ansorena.





jueves, 18 de junio de 2026

Volviendo a cruzar la frontera.

Hoy, 18 de junio, hemos aprovechado una nueva tregua en el calendario de consultas médicas para realizar una pequeña escapada.

Porque, sinceramente, nuestra sensación sigue siendo la misma: las citas, pruebas y revisiones, propias de la salud de la edad, nos tienen un poco secuestrados y condicionan nuestra libertad de movimientos más de lo que nos gustaría.


Sin embargo teníamos ganas de volver a cruzar la frontera. Hacía ya algún tiempo que, por unas razones u otras, no lo hacíamos.

 

Así que, a mediodía, nos pusimos en marcha tranquilamente con nuestra autocaravana rumbo a Hendaya para entrar en Francia y continuar viaje hasta uno de esos lugares que forman parte de nuestra memoria viajera.





Se trata del espacio natural de Saint Girons Plage, en Las Landas, un lugar en el que hemos parado en numerosas ocasiones durante nuestros viajes por Europa, tanto al subir hacia el norte como al regresar a casa. 


Siempre nos ha parecido un lugar perfecto para descansar.





La llegada sigue produciendo las mismas sensaciones de siempre. La inmensa playa atlántica, el pinar y su aroma, el sonido del mar y esa sensación de espacio abierto convierten este rincón de Las Landas en un lugar verdaderamente especial.


Pero también hay aquí una realidad que resulta interesante para quienes hemos dedicado años al autocaravanismo reivindicativo. 


A menudo escuchamos en España que Francia es el paraíso de las autocaravanas, que su legislación protege y fomenta está forma de turismo, que las autocaravanas al igual que el resto de vehículos pueden aparcar y pernoctar libremente en cualquier sitio........ 


Sin embargo, cuando uno viaja por Francia viendo la realidad, ésta es bastante diferente. 





Aunque merece la pena por qué es un lugar precioso, en lugares como éste resulta prácticamente imposible permanecer en un simple aparcamiento. O utilizas un área habilitada, un camping o un espacio específicamente autorizado de pago, o simplemente fuera de éstos lugares, sí no deseas arriesgarte a ser sancionado tienes que marcharte. 


Fuera de esos lugares citados, la presencia de autocaravanas no está permitida.


Es una realidad que conviene conocer para evitar muchos tópicos que circulan por las redes sociales, que no se de dónde los sacan porque cuando uno viaja por aquí, comprueba  que poco tienen que ver con lo que realmente ocurre sobre el terreno y que por esto y otras cosas debemos poner más en valor lo que hoy tenemos en España.


Por hoy lo dejamos aquí. Mañana seguiremos disfrutando de Las Landas y contando algo más de esta nueva escapada.

Buenas noches.


Pedro Ansorena.






martes, 16 de junio de 2026

Cuando las autocaravanas eran invisibles y todo estaba por hacer.

Inauguración del área municipal de autocaravanas de Tui en el año 2.003, una de las primeras referencias del autocaravanismo organizado en España.

Hace unos días publiqué en este blog una reflexión sobre la experiencia italiana y las enseñanzas que podemos extraer del país transalpino después de más de cincuenta años de reivindicación autocaravanista.

La buena acogida de aquel artículo, con más de 4.000 visitas en el blog en apenas un día, me llevó a revisar antiguos archivos que conservaba en un viejo disco duro procedente de aquellos años, olvidado durante mucho tiempo en un cajón porque pensaba que ya no podría recuperar su contenido.

Afortunadamente, gran parte de aquel material ha podido recuperarse.

Lo que encontré me hizo reflexionar.

Allí estaban los recuerdos de mis inicios en la reivindicación autocaravanista, a comienzos de los años 2000. Fotografías, recortes de prensa, cartas dirigidas a administraciones públicas y representantes políticos, documentos de trabajo y notas de aquellos primeros años en los que el autocaravanismo español buscaba la forma de organizarse para defender sus derechos.

Al observar aquel material comprendí algo que con frecuencia olvidamos.

Hoy discutimos sobre ordenanzas municipales, instrucciones de la DGT, decretos autonómicos, áreas de pago o gratuitas, representación asociativa o estrategias jurídicas.

Hoy discutimos sobre cómo defender derechos reconocidos.

En 2003 todavía había que convencer a las administraciones de que esos derechos existían.

Y esa es una diferencia enorme.

Hubo un tiempo en que nada de lo que hoy consideramos normal existía.

En aquellos años no luchábamos por conservar lo conseguido; luchábamos por conseguir lo que todavía no existía.

A principios de este siglo, aunque la presión sobre nuestra forma de viajar era menor, las autocaravanas eran prácticamente invisibles para buena parte de las administraciones.

  • No existían ninguna aprobación parlamentaria sobre el autocaravanismo en Las Cortes Generales.
  • No existían instrucciones específicas.
  • No existía una doctrina administrativa consolidada.
  • No existían más de mil áreas de autocaravanas repartidas por todo el territorio.
  • No existía una interlocución estable con las instituciones.

En muchos casos, las administraciones ni siquiera conocían qué era exactamente una autocaravana o cuáles eran las necesidades de quienes utilizábamos este medio de viajar.

Y tampoco existían estructuras de representación fuera del ámbito tradicional del campismo capaces de trasladar nuestras inquietudes a las instituciones.

Al releer aquellos documentos aparece una realidad que muchos autocaravanistas actuales quizá desconocen.

  • Las primeras reuniones con Senadores y Diputados nacionales.
  • Las primeras reuniones con administraciones autonómicas.
  • Las primeras áreas de servicio y pernocta.
  • Los primeros contactos con ayuntamientos.
  • Las primeras reclamaciones frente a ordenanzas discriminatorias.
  • Las primeras señales con el pictograma de la autocaravana.

Los primeros intentos de explicar a las instituciones algo que hoy parece evidente: que una autocaravana es un vehículo y que sus usuarios tienen los mismos derechos y obligaciones que cualquier otro ciudadano.

La inauguración de aquellas primeras áreas era casi un laboratorio donde se estaba probando un modelo que hoy nos parece normal y que entonces era una novedad absoluta.

No solo se trataba de construir infraestructuras. También se intentaba trasladar a las administraciones públicas y a la sociedad una forma diferente de viajar, de relacionarse con el territorio y de entender el ocio.

Lo más llamativo es comprobar que muchas de las ideas que hoy forman parte del discurso habitual del autocaravanismo ya estaban presentes entonces.

  • La diferencia entre estacionamiento y acampada.
  • La necesidad de infraestructuras específicas.
  • La defensa de la movilidad.
  • La importancia de la seguridad jurídica.
  • La colaboración con las administraciones.
  • La necesidad de disponer de interlocutores capaces de representar al colectivo.

No pedíamos privilegios.

Solicitábamos ser regulados.

Sin embargo, existe una diferencia fundamental entre aquella época y la actual.

Hoy seguimos teniendo problemas, muchos de ellos derivados del crecimiento constante del parque de autocaravanas y de la cada vez mayor presencia de estos vehículos en nuestras ciudades y destinos turísticos.

Pero también disponemos de conocimiento, experiencia y herramientas que entonces ni siquiera existían.

Durante estos años han surgido asociaciones autocaravanistas en prácticamente todas las comunidades autónomas, desarrollando una importante labor territorial.

  • Se han promovido iniciativas parlamentarias.
  • Se han aprobado instrucciones administrativas.
  • Se ha consolidado una doctrina jurídica.
  • Se han multiplicado las infraestructuras específicas.
  • Y recientemente han aparecido nuevas estructuras de coordinación y representación nacional como el G3A.

Por primera vez, el autocaravanismo español dispone de una red de representación e interlocución institucional que, con todas sus limitaciones y diferencias internas, era impensable en aquellos primeros años.

Hoy pienso que nada de esto ha sucedido por casualidad.

Ha sido el resultado de muchos años de trabajo realizado por personas y colectivos muy diversos.

Por eso, cuando observo aquellas fotografías y releo aquellos documentos, no veo únicamente recuerdos.

Veo la realidad de un comienzo.

Veo los cimientos de una construcción que todavía continúa.

Porque muchos autocaravanistas actuales conocen la Instrucción 08/V-74, la PROT 2023/14 o incluso la reciente PROT 2026/04.

Pero muy pocos conocen lo que ocurrió antes.

Muy pocos saben que en febrero de 2003 ya se estaba planteando a una senadora un programa completo de desarrollo del turismo itinerante en España.

Y muy pocos saben que conceptos que hoy parecen normales —como la diferencia entre estacionar y acampar— ya estaban presentes en aquellos documentos fundacionales.

Muchos de los argumentos que aparecen en esos textos terminaron convirtiéndose años después en doctrina administrativa consolidada.

Cuando uno lee hoy la Instrucción 08/V-74, la PROT 2026/04 o el Manual de Movilidad en Autocaravana, encuentra conceptos que ya estaban presentes en aquellas cartas, entrevistas y reuniones de 2003 y 2004.

No aparecieron de repente.

Fueron el resultado de años de insistencia, explicaciones, recursos y trabajo institucional.

Quizás por eso, al revisar aquellos documentos, no siento nostalgia.

Siento la satisfacción de comprobar que, a pesar de todas las dificultades, una parte importante de aquel trabajo terminó dando sus frutos.

Porque quizá la verdadera pregunta no sea si seguimos teniendo problemas.

La verdadera pregunta es si estamos mejor preparados para afrontarlos que hace veinte años.

Y si comparo aquellos documentos con la realidad actual, mi respuesta es claramente afirmativa.

Seguimos teniendo desafíos.

Pero ya no somos invisibles.


Pedro Ansorena.

Nota: Los lectores interesados pueden consultar en el siguiente enlace algunos de los documentos históricos citados en este artículo. 👇

Documentos históricos recuperados sobre los inicios de la reivindicación autocaravanista en España