sábado, 15 de agosto de 2026

Cuando se juzga el vehículo antes que la conducta: el rechazo que denuncia David Cantero.

 

Dos épocas, dos formas de señalar un mismo vehículo. A la izquierda, una señal utilizada en Santander a comienzos de los años 2000, donde la autocaravana aparecía expresamente vinculada a la prohibición y a su retirada por la grúa. A la derecha, una señal actual. Más de veinte años después, sigue siendo necesario preguntarse si determinadas restricciones responden realmente a la conducta de quien utiliza el vehículo o, simplemente, al hecho de ser una autocaravana.

Una reflexión sobre cómo se construye la imagen social del autocaravanismo

Hay frases que resumen en pocas palabras problemas que llevamos años intentando explicar.

Hace unos días, el periodista David Cantero, conocido por su larga trayectoria profesional en televisión y también autocaravanista desde hace más de veinte años, expresaba públicamente su malestar por las dificultades que encuentra para viajar en autocaravana.

En una información publicada por Diez Minutos el 14 de agosto de 2026, Cantero hablaba del creciente rechazo que percibe hacia quienes hemos elegido esta forma de viajar.

Entrevista publicada en Diez Minutos

No habla alguien que acaba de descubrir el mundo de la autocaravana. Habla una persona que lleva más de veinte años recorriendo carreteras con su familia y que, por tanto, puede comparar cómo era viajar entonces y cómo es hacerlo ahora.

Pero al compartir la noticia en Facebook encontré entre los comentarios uno de Judith Guitarte que, en mi opinión, señalaba con enorme claridad el fondo del problema:

«El rechazo no suele venir por lo que haces, sino por lo que algunos creen que eres. Se juzga el vehículo antes que la conducta.»

Creo que ahí está buena parte de lo que nos está sucediendo.

¿Qué ha hecho esa autocaravana?

Cuando un vehículo obstaculiza el tráfico, estaciona incorrectamente, vierte residuos, genera ruidos o incumple cualquier otra norma, debe actuar la autoridad.

Exactamente igual que con cualquier otro ciudadano.

El problema comienza cuando dejamos de observar la conducta y empezamos a juzgar el vehículo.

Una autocaravana aparece estacionada y, antes de comprobar qué está haciendo, algunas personas ya consideran que existe un problema. Puede estar correctamente aparcada, sin mesas, sillas, toldos, ruidos ni ninguna otra conducta reprochable.

Pero es una autocaravana.

Y para algunos eso parece suficiente.

Lo vivo desde hace años prácticamente al lado de mi casa, en Santander. Una autocaravana estaciona en una calle y hay ciudadanos que llaman a la Policía Local convencidos de estar realizando una acción cívica al denunciar algo irregular.

Pero cabría hacer una pregunta muy sencilla:

¿Qué infracción ha cometido?

Quizá ninguna.

Su único problema puede ser que alguien considere que una autocaravana no debería estar allí.

¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

Sería demasiado sencillo responsabilizar únicamente al ciudadano.

Las percepciones sociales se van construyendo durante años mediante experiencias, mensajes, noticias y también a través de las decisiones de las propias administraciones.

Santander constituye para mí un buen ejemplo porque lo tengo a la puerta de casa y llevo más de veinte años observando personalmente esa evolución.

A principios de los años 2000 podían encontrarse en diferentes calles y aparcamientos de la ciudad señales que prohibían expresamente el estacionamiento de autocaravanas.

Una de ellas estaba instalada en el aparcamiento del estadio del Sardinero.

Ver fotografía de la señal antigua del Sardinero

No había que interpretar nada. Debajo de la señal de prohibido estacionar aparecía claramente la palabra «Autocaravanas», acompañada de su correspondiente pictograma y la grúa municipal.

El mensaje para cualquier ciudadano era evidente:

las autocaravanas no deben estacionar aquí.

Con el paso de los años, aquellas señales —quizás porque su imagen hacía demasiado evidente a quién estaban señalando— fueron desapareciendo. Pero eso no significó necesariamente que desaparecieran las restricciones.

Cambió la forma de expresarlas.

De «prohibido autocaravanas» a «superior a 1,8 toneladas excepto turismos»

Aproximadamente desde la década de 2010 comenzó a extenderse en Santander otro modelo de señalización que todavía hoy puede verse en numerosos lugares:

«Prohibido estacionar vehículos superiores a 1,8 t, excepto turismos».

Ver fotografía de la señal de 1,8 toneladas

La palabra autocaravana había desaparecido. El efecto práctico, sin embargo, podía seguir siendo muy parecido: prácticamente cualquier autocaravana supera ampliamente las 1,8 toneladas.

Y entonces surge una pregunta que considero legítima:

¿Qué razón objetiva justifica limitar el estacionamiento a vehículos de 1,8 toneladas en lugares capaces de recibir vehículos considerablemente más pesados?

El aparcamiento del Sardinero resulta especialmente ilustrativo. Allí estacionan autobuses que transportan visitantes a la ciudad y cuyo peso es muy superior. En ese mismo entorno se celebran ferias y numerosos acontecimientos que requieren vehículos, instalaciones y estructuras de dimensiones y pesos considerablemente mayores.

Por eso merece la pena preguntarse si realmente cambió la política hacia las autocaravanas o si, en determinados lugares, cambió simplemente la forma de señalizarla.

Las señales también educan

Aquí llegamos a una cuestión que considero fundamental.

Una señal de tráfico no solamente regula. También transmite un mensaje.

Cuando durante años un ciudadano observa señales específicas contra las autocaravanas, gálibos que impiden su acceso, pictogramas que las relacionan con la acampada o restricciones que en la práctica dificultan su estacionamiento, acaba construyendo una determinada imagen de ese vehículo.

Ver ejemplo de señalización asociada a las autocaravanas

Autocaravana. Prohibición. Problema.

Tres conceptos que pueden terminar asociados.

¿Y después nos sorprende que alguien vea una autocaravana correctamente estacionada delante de su vivienda y llame a la Policía?

Quizá deberíamos preguntarnos también quién ha contribuido durante tantos años a construir esa percepción.

Las administraciones tienen una responsabilidad que va más allá de sancionar. También hacen pedagogía con sus decisiones.

Y cuando durante años se presenta directa o indirectamente a un determinado vehículo como un problema, no debería sorprendernos que una parte de la sociedad termine considerándolo como tal.

Sancionar conductas, no colectivos

Judith Guitarte lo expresaba también muy bien:

«En lugar de sancionar a quien ensucia, hace ruido o incumple la norma, con demasiada frecuencia se termina señalando a todo un colectivo responsable.»

Esa debería ser la clave.

No se trata de defender comportamientos incívicos. Quien incumple una norma, vierte residuos, ocupa espacios de manera abusiva o genera molestias debe responder individualmente por sus actos.

Pero su conducta no convierte en responsables a los miles de autocaravanistas que cumplen las normas.

Del mismo modo que nadie prohibiría estacionar a todos los turismos porque algunos conductores aparquen mal, tampoco parece razonable convertir el comportamiento incorrecto de algunos usuarios de autocaravanas en motivo para restringir indiscriminadamente a todos los demás.

La actuación administrativa debería dirigirse contra lo que hacemos, no contra el vehículo que utilizamos.

Cuando la excepción termina convirtiéndose en modelo

Durante años he observado este tipo de restricciones en Santander. Pero progresivamente he comenzado a encontrarlas también fuera de Cantabria.

Un ejemplo especialmente significativo lo encontramos en Llanes, Asturias, un municipio donde desde hace años las restricciones a las autocaravanas vienen siendo motivo de controversia. Allí también encontramos señalización específicamente dirigida a impedir o limitar su estacionamiento.

Ver fotografía de la señal de Llanes

No se trata solamente de una señal concreta o de un municipio determinado. Lo preocupante es comprobar cómo aparecen en distintos lugares limitaciones por tonelaje, altura o dimensiones, gálibos y otras fórmulas que, con distintas apariencias, producen efectos similares.

Cuando una fórmula restrictiva se normaliza y otros ayuntamientos comprueban que puede aplicarse sin demasiada oposición, existe el riesgo de que termine convirtiéndose en modelo.

Por eso esta cuestión ya no afecta solamente a Santander.

Una autocaravana no acampa por lo que es

Durante años hemos tenido que explicar una diferencia elemental:

estacionar no es lo mismo que acampar.

Una autocaravana correctamente estacionada no se convierte automáticamente en un elemento de acampada porque haya personas en su interior.

No acampa por ser autocaravana. En su caso, acampará por determinadas conductas externas que excedan del estacionamiento.

Y quizá haya llegado el momento de trasladar ese mismo principio a la percepción social:

una autocaravana tampoco debería considerarse problemática por lo que es, sino por lo que haga quien la utiliza.

El artículo 92.4: una oportunidad para cambiar la mirada

A partir del próximo 1 de octubre entrará en vigor el nuevo artículo 92.4 del Reglamento General de Circulación, que incorpora expresamente determinadas condiciones del estacionamiento de las autocaravanas y otros vehículos vivienda.

Más allá de su trascendencia jurídica, quizá deberíamos aprovechar este cambio también como una oportunidad pedagógica.

Una autocaravana que cumple las condiciones reglamentarias de estacionamiento debe ser contemplada, desde el punto de vista de la circulación, como lo que es:

un vehículo estacionado.

Después podrá haber conductas individuales correctas o incorrectas y sobre ellas habrá que actuar.

Pero no deberíamos presumir una conducta incorrecta simplemente porque delante tenemos una autocaravana.

David Cantero ha puesto voz a algo que muchos conocemos

Ahí reside también la importancia de que una persona con la visibilidad pública de David Cantero cuente lo que está viviendo.

Quienes llevamos muchos años viajando en autocaravana conocemos esa sensación, pero normalmente hablamos entre nosotros. Nuestros artículos, reivindicaciones y debates circulan principalmente dentro del propio mundo autocaravanista.

Cuando alguien conocido por millones de ciudadanos explica públicamente que después de más de veinte años viajando en autocaravana percibe cada vez mayores dificultades y rechazo, el mensaje sale de nuestro pequeño círculo.

Y eso también es pedagogía.

No se trata de pedir privilegios ni de justificar comportamientos incorrectos. Tampoco de pedir que todo esté permitido.

Se trata de algo mucho más sencillo:

que se juzguen comportamientos y no estereotipos.

Porque el respeto, como escribía Judith Guitarte, no depende del vehículo que utilizamos, sino de cómo nos comportamos.

Pero esa pedagogía no corresponde únicamente a quienes viajamos en autocaravana. También corresponde a quienes informan, regulan, sancionan y colocan las señales.

Porque todos contribuimos, de una manera u otra, a construir la imagen que la sociedad termina teniendo de los demás.

Y quizá haya llegado el momento de dejar de preguntarnos qué vehículo tenemos delante y empezar a preguntarnos algo mucho más sencillo:

¿Qué está haciendo realmente la persona que lo utiliza?

sábado, 8 de agosto de 2026

Liérganes, veinte años después: cuando un área deja de ser un servicio para convertirse en una limitación.


Hay noticias que uno lee como autocaravanista y otras que, además, le duelen por razones personales.

La que publica hoy, 8 de agosto, El Diario Montañés de Cantabria, bajo el expresivo titular «Liérganes construirá un área de autocaravanas para “prohibir” su estancia en el resto del pueblo», pertenece para mí a las segundas.

Según explica la información publicada por El Diario Montañés, el Ayuntamiento pretende concentrar las autocaravanas que visiten Liérganes en una nueva instalación de 27 plazas situada a las afueras del núcleo urbano, cerca del cementerio, cuya construcción ha salido a licitación con una inversión aproximada de 600.000 euros, financiada por el Gobierno de Cantabria a través de fondos europeos.

Pero las declaraciones del alcalde, Ángel Bordas, dejan clara una finalidad añadida:

«Queremos que ahí tengan que ir todas las autocaravanas que vengan».

También anuncia la desaparición del actual punto de servicio situado en el aparcamiento de la estación de FEVE y medidas para impedir que estos vehículos permanezcan en otros lugares:

«Queremos que todas las autocaravanas vayan al aparcamiento que vamos a hacer y para ello pondremos gálibos, señales y lo que haga falta».

Es precisamente ahí donde, para mí, esta noticia deja de ser simplemente la construcción de una nueva área.

Porque no estamos hablando solamente de crear un servicio.

Estamos hablando de crear un recinto para después intentar obligar a utilizarlo.

2004: cuando Liérganes decidió abrir sus puertas

Para comprender mi decepción hay que retroceder más de veinte años.

En aquellos primeros tiempos del autocaravanismo organizado en España los que estábamos implicados en la reivindicación de esta actividad viajera intentábamos explicar a ayuntamientos y administraciones algo bastante sencillo: una autocaravana es un vehículo.

No necesitábamos necesariamente campings ni grandes instalaciones para viajar. Necesitábamos poder estacionar correctamente, como los demás vehículos, y disponer periódicamente de unos servicios básicos donde abastecernos de agua y vaciar responsablemente nuestros depósitos.

En 2004 tuve la oportunidad de trasladar personalmente esta idea al entonces alcalde de Liérganes, Ángel Bordas.

Lo entendió.

Y Liérganes puso en funcionamiento la que sería la segunda área municipal de autocaravanas creada en España.

No se construyó un camping ni un recinto separado. En un aparcamiento compartido, sin plazas reservadas exclusivamente para autocaravanas, se instalaron simplemente los servicios necesarios de agua y vaciado, con una inversión que no superó los 5.000 euros.

Si el aparcamiento estaba ocupado, una autocaravana, como cualquier otro vehículo, tenía que buscar otro lugar.

El área era un servicio para las autocaravanas, no el lugar donde obligatoriamente tenían que permanecer.

2010: seis años después, la experiencia había funcionado

En agosto de 2010 publiqué en este mismo blog una conversación que había mantenido nuevamente con Ángel Bordas.

Habían pasado seis años desde la puesta en funcionamiento del área y la valoración era muy positiva.

Por Liérganes habían pasado multitud de autocaravanistas de diferentes nacionalidades y aquella sencilla instalación había contribuido a que muchos viajeros conocieran el municipio y su entorno.

Pero aquella conversación dejó también algo que hoy resulta especialmente interesante.

El alcalde entendía perfectamente que la existencia de un área no significaba que las autocaravanas tuvieran prohibido estacionar en los demás aparcamientos de Liérganes.

Podíamos estacionar y pernoctar siempre que lo hiciéramos correctamente y sin realizar actividades propias de la acampada.

Es decir, ya entonces se comprendían dos ideas fundamentales:

Estacionar no es acampar.

Y disponer de un área no convierte automáticamente el resto del municipio en un espacio prohibido para las autocaravanas.

Años después, cuando el área fue remodelada, volví a ocuparme de Liérganes en el blog, destacando precisamente su condición de municipio pionero.

Durante más de veinte años aquel modelo sencillo funcionó y   aún hoy sigue funcionando.

Miles de viajeros conocieron Liérganes, pasearon por sus calles, visitaron su patrimonio y consumieron en sus establecimientos.

Dispongo solo de lo que transmiten algunos propietarios del comercio y la hostelería de Lierganes a los que conozco porque mi mujer Senia es de allí. No dispongo de estudios que permitan cuantificar ese retorno económico y no tendría sentido inventar cifras, pero resulta difícil negar que más de dos décadas de presencia continuada de turismo itinerante han contribuido a divulgar y dinamizar el municipio.

2025: empieza a dibujarse otro modelo

Por eso, cuando en 2025 conocí el proyecto de construir una nueva instalación, expresé mis dudas en este blog bajo un título que hoy adquiere todavía mayor significado:

«Nuevo área de autocaravanas de Liérganes: ¿avance o retroceso?»

No cuestionaba que Liérganes pudiera mejorar sus instalaciones.

Lo que me costaba comprender era la necesidad de sustituir un modelo sencillo, económico y probado durante más de veinte años por otro considerablemente más complejo y costoso.

Ahora sabemos que la nueva instalación tendrá 27 plazas, estará situada fuera del núcleo urbano, en las proximidades del cementerio, y contará con abastecimiento de agua, recogida de residuos, iluminación y conexiones eléctricas individuales.

La inversión prevista ronda los 600.000 euros y el alcalde ya anuncia que su utilización tendrá que regularse para que los usuarios paguen por esos servicios.

Nada tengo contra las áreas de pago ni contra quienes quieran disponer de electricidad u otros servicios y estén dispuestos a pagarlos.

La cuestión es otra:

¿Se están ofreciendo servicios que el autocaravanista puede elegir o se está creando una infraestructura para después obligarle a consumirlos?

2026: el cambio de modelo queda al descubierto

La noticia publicada ahora por El Diario Montañés despeja buena parte de las dudas que planteaba hace un año.

El objetivo declarado no es únicamente ofrecer una nueva área.

El Ayuntamiento quiere que todas las autocaravanas tengan que ir allí.

Y para conseguirlo desaparecerá el actual punto de servicio de FEVE y, según anuncia el alcalde, se instalarán «gálibos, señales y lo que haga falta».

Ahí aparece el verdadero cambio.

En 2004, con el mismo alcalde, hablábamos de cómo facilitar la llegada de las autocaravanas a Liérganes.

En 2026 hablamos de cómo concentrarlas obligatoriamente en un lugar determinado.

¿Qué ha sucedido durante estos veintidós años para justificar un cambio de criterio tan profundo?

Si existen problemas, gestionemos los problemas

El Ayuntamiento ofrece algunas explicaciones. Según recoge El Diario Montañés, el actual aparcamiento habría generado problemas de tráfico, malos olores en la zona de descarga y una creciente presión sobre los servicios municipales.

Si esos problemas existen, naturalmente deben solucionarse.

Si el punto de vaciado produce malos olores, habrá que corregirlo.

Si existe un problema de tráfico, habrá que ordenar el aparcamiento.

Si existe saturación en determinados momentos, podrán establecerse limitaciones razonables basadas en criterios objetivos.

Y si algún autocaravanista realiza una actividad prohibida, deberá actuarse contra esa conducta.

Lo que resulta más difícil de comprender es que problemas concretos terminen convirtiéndose en una restricción general dirigida a un determinado tipo de vehículo.

Gestionar problemas no es lo mismo que prohibir vehículos.

Los gálibos no distinguen comportamientos

Especial reflexión merece el anuncio de instalar gálibos.

Un gálibo no sabe si los ocupantes de una autocaravana están durmiendo, visitando Liérganes durante unas horas o realizando una actividad incorrecta.

Simplemente impide físicamente el paso a los vehículos que superan determinada altura.

Por eso, cuando se utiliza para impedir el acceso de autocaravanas a un aparcamiento público, no se está actuando sobre una conducta, sino sobre las características físicas del vehículo.

Y la pregunta resulta inevitable:

¿Queremos evitar comportamientos incorrectos o queremos evitar determinados vehículos?

Y todo esto cuando cambia el Reglamento General de Circulación

Existe además una circunstancia que hace especialmente interesante el momento elegido.

El próximo 1 de octubre entrará en vigor la reforma del Reglamento General de Circulación aprobada mediante el Real Decreto 518/2026.

Entre sus novedades se encuentra el nuevo artículo 92.4, que incorpora por primera vez al Reglamento las condiciones específicas aplicables al estacionamiento de autocaravanas y otros vehículos vivienda.

Esto no significa que desaparezcan las competencias municipales en materia de tráfico. Los ayuntamientos seguirán pudiendo ordenar el estacionamiento urbano dentro del marco establecido por la legislación.

Pero tampoco podemos ignorar que el marco jurídico habrá cambiado.

Lo que durante tantos años defendimos apoyándonos fundamentalmente en instrucciones de la Dirección General de Tráfico pasa ahora a formar parte del propio Reglamento General de Circulación.

Por eso habrá que conocer la regulación que finalmente apruebe Liérganes: su motivación, el alcance de las prohibiciones, las señales que pretenda instalar, la utilización anunciada de gálibos y los lugares concretos afectados.

Solo entonces podrá analizarse jurídicamente si esas medidas son compatibles con el nuevo marco normativo.

La propia oposición municipal ya ha expresado públicamente sus dudas.

El tiempo y, llegado el caso, los tribunales determinarán quién tiene razón.

De servicio voluntario a recinto obligatorio

Pero incluso dejando a un lado la cuestión jurídica, el problema de fondo es otro.

Durante años defendimos la creación de áreas porque necesitábamos puntos donde abastecernos de agua y vaciar responsablemente nuestros depósitos durante el viaje.

Podían ser gratuitas o de pago, sencillas o disponer de más servicios.

Pero el área complementaba nuestra condición de vehículo; no la sustituía.

Poco a poco parece extenderse otra filosofía: se construyen instalaciones cada vez más complejas, se añaden servicios, se establece un precio y finalmente aparece el argumento de que, como existe un área específica, las autocaravanas deben permanecer allí.

Ese razonamiento cambia completamente el modelo.

El área deja de ser un servicio ofrecido al viajero para convertirse en el lugar al que se le dirige.

Y cuando además se anuncian prohibiciones, señales y barreras físicas para conseguirlo, deja incluso de ser una elección.

Una historia que he vivido desde el principio

Quizá por eso esta noticia me produce una especial tristeza.

No conozco la historia del área de Liérganes porque la haya encontrado ahora en una hemeroteca.

La viví desde el principio.

Recuerdo aquellos años en los que intentábamos convencer a alcaldes y administraciones de que las autocaravanas no eran un problema. Recuerdo cuando cada nueva área municipal era una pequeña conquista porque significaba que alguien había comenzado a comprender nuestra forma de viajar.

Y recuerdo perfectamente la receptividad de Ángel Bordas.

Por eso siempre he reconocido públicamente su decisión y por eso Liérganes ocupa también un lugar destacado en el capítulo dedicado a la creación de las primeras áreas municipales de autocaravanas, dentro de la historia del autocaravanismo en España que he venido publicando en este blog.

Liérganes fue un municipio pionero.

Y durante más de veinte años demostró que con muy poco podía conseguirse mucho.

Por eso me resulta difícil comprender que, después de todo ese recorrido, la solución sea ahora invertir alrededor de 600.000 euros en un recinto alejado del pueblo y anunciar después gálibos, señales «y lo que haga falta» para conseguir que las autocaravanas tengan que utilizarlo.

Si hoy volviera a sentarme con Ángel Bordas, probablemente intentaría explicarle exactamente lo mismo que le expliqué hace más de veinte años.

Que necesitamos lugares donde abastecernos de agua y vaciar responsablemente nuestros depósitos.

Que agradecemos a los municipios que nos proporcionan esos servicios.

Que habrá autocaravanistas que deseen instalaciones más completas y estarán encantados de pagar por utilizarlas.

Pero también le recordaría algo que él mismo comprendió perfectamente entonces:

un área de autocaravanas y un aparcamiento cumplen funciones diferentes.

Liérganes fue uno de los primeros municipios españoles que comprendió esa diferencia.

Me gustaría que, más de veinte años después, no fuera precisamente uno de los municipios que contribuyeran a borrarla.

No necesitamos privilegios.

Tampoco pedimos poder acampar donde queramos.

Pedimos que se actúe contra las conductas incorrectas cuando se produzcan y que nuestra forma de viajar no se convierta en la razón para excluir nuestros vehículos de aquellos lugares donde, conforme a las normas aplicables, puedan estacionar los demás.

Porque aquella idea sencilla que ayudó a convertir a Liérganes en un municipio pionero continúa siendo válida veintidós años después:

Las áreas de autocaravanas nacieron para facilitarnos el viaje, no para justificar que se nos prohibiera estacionar fuera de ellas.

Pedro Ansorena.

Actualización del libro.EL AUTOCARAVANISMO EN ESPAÑA (2000-2026) Relato de una experiencia.

Motivado por la sugerencia de algunos lectores y la acogida que está teniendo el libro que he publicado en el blog, Cosas del Autocaravanismo, EL AUTOCARAVANISMO EN ESPAÑA (2000-2026) Relato de una experiencia. Con más de 50.000 visitas y 20.000 descargas. Aprovechando la facilidad de actualización que te ofrecen las publicaciones digitales. He actualizado el mismo en 4 páginas más, una de agradecimientos y otras en un nuevo epílogo actualizado, con enlaces a las últimas publicaciones en el blog. Trato sobre  la publicación en el BOE de la última reforma del RGC y la incorporación del artículo 92.4 que afecta a las autocaravanas y que entrará en vigor el próximo 1 de octubre.

Deseo que la actualización sea de vuestro agrado. 🤝


📕 Leer👇


📕 EL AUTOCARAVANISMO EN ESPAÑA (2000-2026) Relato de una experiencia.

viernes, 7 de agosto de 2026

Estacionar, pernoctar y acampar: una cuestión también de pedagogía.

Hoy, 7 de agosto, en pleno rigor del verano, una época del año en la que las autocaravanas y las campers cada vez se ven más por todas partes, he leído en Diario de Avisos, periódico canario, una publicación que me ha parecido especialmente interesante por algo que considero fundamental en el mundo del autocaravanismo: la pedagogía.

El artículo aborda una pregunta aparentemente sencilla: ¿se puede dormir dentro de una autocaravana estacionada frente a una playa?

Puede consultarse aquí:

La DGT aclara si se puede dormir en una autocaravana frente a una playa en Canarias

La respuesta nos lleva, una vez más, a una cuestión sobre la que llevamos muchos años hablando: estacionar, pernoctar y acampar no significan necesariamente lo mismo.

Y quizá convenga seguir explicándolo.

Un problema que también es de conceptos

Durante muchos años, buena parte de los conflictos relacionados con las autocaravanas han nacido de algo tan sencillo como confundir conceptos.

Se ve una autocaravana estacionada y, si sus ocupantes permanecen en su interior durante la noche, con demasiada frecuencia se habla inmediatamente de "acampada".

Pero pensemos por un momento en cualquier otro vehículo.

Una persona estaciona su automóvil correctamente en una vía pública. Puede permanecer dentro escuchando la radio, leyendo, comiendo un bocadillo, hablando con otra persona o incluso descansando durante un viaje.

Hay, además, una circunstancia que merece la pena recordar. La propia DGT, a través de campañas y paneles informativos en las carreteras, recomienda periódicamente a los conductores descansar durante los viajes como medida de seguridad vial.

Y aquí podríamos hacernos una pregunta muy sencilla: ¿qué mejor forma de descansar, sea de día o de noche, que hacerlo en la cama que incorpora una autocaravana? ¿Ese acto debemos considerarlo descanso o acampada?

Mientras el vehículo continúe correctamente estacionado y la actividad de sus ocupantes no trascienda al exterior, resulta difícil entender por qué aquello debería modificar la naturaleza del estacionamiento.

¿Por qué debería ser necesariamente diferente cuando hablamos de una autocaravana?

La particularidad de una autocaravana consiste precisamente en que ha sido construida y homologada para permitir viajar habitando, incorporando para ello los elementos necesarios para desarrollar determinadas actividades en su interior: sentarse, cocinar, descansar o dormir.

Por eso, una de las aportaciones pedagógicas más importantes de las instrucciones que durante estos años ha publicado la Dirección General de Tráfico —y a cuya elaboración pudimos aportar nuestra experiencia como autocaravanistas durante las sesiones del GT-53— ha sido precisamente ayudar a diferenciar lo que sucede dentro del vehículo de aquello que ocupa o afecta al espacio exterior.

El límite se entiende mejor cuando lo vemos

También nosotros, los autocaravanistas, tenemos una responsabilidad importante a la hora de explicar esta diferencia. Y ahí es donde las asociaciones pueden desarrollar una importante labor pedagógica entre sus propios socios.

No es lo mismo permanecer dentro de una autocaravana que extender nuestra actividad sobre el espacio público.

Cuando sacamos mesas y sillas, desplegamos determinados elementos fuera del perímetro del vehículo, ocupamos espacio adicional o realizamos vertidos, la situación cambia.

Y es bueno que se entienda.

Defender el derecho al estacionamiento de una autocaravana no significa defender que alrededor de ella podamos crear libremente una parcela de camping.

Precisamente por eso resulta tan importante diferenciar ambos comportamientos.

Una autocaravana correctamente estacionada continúa siendo, ante todo, un vehículo.

Cuando la actividad comienza a extenderse fuera de ella, entramos en otro terreno que puede estar sometido a otras normas y limitaciones.

Explicarlo de esta manera probablemente resulte mucho más eficaz que recurrir constantemente a artículos, instrucciones y disposiciones legales que la mayoría de los ciudadanos no tiene por qué conocer.

Dormir no debería ser la cuestión

Quizá uno de los errores que más confusión ha provocado durante años sea utilizar la palabra "pernocta" como si definiera por sí misma una actividad distinta del estacionamiento.

Pernoctar significa, sencillamente, pasar la noche en un lugar. Y la "pernoctación", por cierto, es también una unidad utilizada habitualmente por el turismo convencional para contabilizar las noches que los viajeros pasan en los establecimientos turísticos.

Pero desde el punto de vista de la circulación y del estacionamiento, la cuestión verdaderamente relevante no debería ser si una persona está despierta o dormida dentro de su vehículo.

Lo importante es cómo se encuentra ese vehículo y qué efectos produce sobre el espacio que ocupa.

Esta idea, aparentemente sencilla, ha costado muchos años introducirla en el debate público.

Y todavía hoy continúa siendo necesario explicarla.

Por eso me parece positiva la publicación de Diario de Avisos, un medio de comunicación que llega a un amplio número de ciudadanos.

No porque descubra algo nuevo para quienes llevamos muchos años relacionados con el autocaravanismo, sino porque lo traslada al ciudadano de una manera comprensible.

Y eso también es importante.

Una fotografía del momento actual

Naturalmente, debemos ser prudentes.

Lo que hoy podemos explicar se apoya en el marco normativo existente y en las instrucciones que la Dirección General de Tráfico ha ido publicando durante estos años, incluida la reciente PROT 2026/04.

Pero estamos ante un momento de transición.

El próximo 1 de octubre de 2026 entrará en vigor el nuevo artículo 92.4 del Reglamento General de Circulación, incorporado mediante el Real Decreto 518/2026.

A partir de entonces tendremos algo que durante muchos años reclamamos: unos criterios específicos sobre el estacionamiento de las autocaravanas incorporados al propio Reglamento General de Circulación.

Eso supone un cambio importante.

Pero tampoco deberíamos anticiparnos a lo que todavía no conocemos.

Una cosa es lo que dice una norma y otra, igualmente importante, cómo termina aplicándose.

Serán las administraciones, los ayuntamientos, los agentes encargados de la vigilancia del tráfico y, cuando aparezcan controversias, los tribunales quienes vayan delimitando progresivamente el verdadero alcance de esta nueva regulación.

Las futuras resoluciones judiciales podrán confirmar algunas de las interpretaciones que hoy hacemos, matizarlas o precisar aspectos que todavía pueden generar dudas.

Por eso creo que debemos contemplar el artículo 92.4 como un importante paso adelante, pero también esperar a comprobar cómo se desarrolla su aplicación práctica.

Las normas son importantes, pero la pedagogía también

Después de tantos años relacionados con el autocaravanismo, cada vez estoy más convencido de que no todos nuestros problemas se solucionan exclusivamente modificando leyes y reglamentos.

También necesitamos explicar qué hacemos.

Explicarlo a los ayuntamientos, a los agentes, a los medios de comunicación, a los ciudadanos y también, cuando sea necesario, a los propios autocaravanistas.

Porque cuando alguien comprende la diferencia entre un vehículo correctamente estacionado y una actividad de acampada, muchas discusiones comienzan a perder sentido.

Quizá por eso publicaciones como la de Diario de Avisos tienen más importancia de la que inicialmente pudiera parecer.

Un medio de comunicación generalista explicando que dormir dentro de una autocaravana correctamente estacionada no convierte automáticamente ese estacionamiento en una acampada contribuye a desmontar una asociación de ideas que nos ha acompañado durante demasiado tiempo.

Comprender antes que prohibir

En este blog hemos hablado muchas veces de normas, instrucciones, ordenanzas, sentencias y derechos.

Y tendremos que seguir haciéndolo.

Pero quizá exista un trabajo previo mucho más sencillo:

conseguir que se comprenda qué es realmente una autocaravana y qué significa utilizarla responsablemente.

No pretendemos privilegios.

Tampoco pretendemos convertir cualquier aparcamiento en un camping.

Lo que durante muchos años hemos defendido es algo bastante más sencillo: que cuando una autocaravana se comporta como un vehículo estacionado sea tratada como tal, sin que la actividad normal de sus ocupantes en el interior constituya por sí misma una razón para modificar esa consideración.

A partir del 1 de octubre comenzará una nueva etapa con la entrada en vigor del artículo 92.4 del Reglamento General de Circulación.

Después llegará su aplicación práctica.

Y seguramente también llegarán nuevas interpretaciones y sentencias que nos ayudarán a conocer con mayor precisión hasta dónde alcanza.

Mientras tanto, hay algo que podemos seguir haciendo desde ahora mismo:

explicar, informar y hacer pedagogía.

Porque muchas veces, antes  que prohibir, quizá lo primero sea comprender.

Pedro Ansorena.