domingo, 30 de agosto de 2026

Cuando vendemos libertad, también debemos enseñar a utilizarla.

El crecimiento del alquiler de autocaravanas y campers plantea una responsabilidad que afecta a todo el sector.

Este verano, viajando en autocaravana por España y anteriormente por otros países europeos, me he fijado en algo que cada vez resulta más visible en aparcamientos, áreas o espacios naturales: la presencia de numerosos vehículos con el distintivo de Indie Campers.

Los veo con matrículas de diferentes países y utilizados, en muchos casos, por personas jóvenes o familias que probablemente han elegido el alquiler como una forma sencilla de iniciarse durante unos días en el turismo itinerante.

No tendría nada de particular. El alquiler de autocaravanas y campers ha crecido enormemente y constituye una magnífica oportunidad para conocer esta forma de viajar sin necesidad de adquirir un vehículo.

Sin embargo, junto a ese crecimiento observo también algunos comportamientos —quiero dejar muy claro que no de todos los usuarios, son una minoría pero por sus comportamientos muy notable— que me llevan a una reflexión: mesas y sillas en aparcamientos públicos, toldos desplegados y ocupación del espacio exterior del vehículo que permiten sospechar que algunos nuevos usuarios desconocen las diferencias entre estacionar y acampar.

Y la pregunta es sencilla:

¿Se esta enseñando a utilizar correctamente una autocaravana o una camper a quienes se incorporan a esta forma de viajar a través del alquiler?

Indie Campers es solamente la parte más visible.

Sería injusto convertir esta reflexión en una crítica a una empresa determinada.

Indie Campers llama especialmente la atención porque sus vehículos son fácilmente identificables, pero existen numerosas empresas de alquiler, fabricantes, distribuidores y plataformas dentro de un sector que ha experimentado un crecimiento extraordinario.

Por eso el problema, si existe, no se llama Indie Campers.

El verdadero asunto es cómo estamos gestionando la incorporación de miles de nuevos usuarios a esta forma de viajar.

Una persona puede alquilar una camper por Internet, recogerla en otro país y encontrarse pocas horas después estacionada junto a nosotros sin haber utilizado anteriormente un vehículo de estas características y sin conocer suficientemente sus normas de uso.

Puede devolverla una semana después.

Pero durante esos días sus actos tienen consecuencias.

La autocaravana se devuelve; la imagen permanece.

Cuando un vecino observa varias autocaravanas o campers con mesas, sillas, toldos u otros elementos ocupando un aparcamiento público o un espacio natural, normalmente no distingue entre vehículos alquilados y particulares, ni entre españoles, portugueses, franceses o alemanes.

Es cierto que quienes se comportan así no son una mayoría, pero sí son los suficientes para que sus actos se hagan notar.

El vecino simplemente ve autocaravanas y campers.

Después llegan las fotografías a las redes sociales, las protestas vecinales y de determinados intereses turísticos, las noticias en los medios y, finalmente, algunos ayuntamientos encuentran argumentos para establecer restricciones, prohibiciones o intentar concentrarnos obligatoriamente en determinados espacios.

Por eso conviene recordar algo:

La autocaravana alquilada se devuelve al terminar las vacaciones; la imagen que dejamos permanece y nos afecta a todos.

Pero ¿toda la responsabilidad es del usuario?

Durante décadas la industria de las autocaravanas y campers ha vendido, con toda legitimidad, una palabra por encima de casi todas las demás:

libertad.

Solo hay que observar la publicidad.


Una autocaravana junto a un lago. Una camper frente al mar. Una familia alrededor de una mesa contemplando las montañas. El toldo desplegado, las sillas fuera y muy pocas personas alrededor.

Es una imagen preciosa y tremendamente eficaz comercialmente.

El cliente no compra solamente un vehículo.

Compra también esa imagen de libertad.

Y ahí aparece una contradicción.

Si mostramos al futuro usuario una familia desayunando delante de su autocaravana, con el toldo abierto, las mesas y las sillas junto a un maravilloso lago, ¿cómo le explicamos después que esa misma escena no puede reproducirla en cualquier lugar donde consiga estacionar?

Podrá hacerlo en un camping o en aquellos espacios donde estén permitidas las actividades exteriores, pero no necesariamente en un aparcamiento público o en un espacio natural.

Quien alquila por primera vez puede desconocer esa diferencia.

Quizá esté haciendo lo que le hemos enseñado.

Esto no justifica comportamientos incorrectos. Quien utiliza un vehículo tiene la responsabilidad de conocer y respetar las normas.

Pero también debemos preguntarnos hasta qué punto la propia industria ha contribuido a crear determinadas expectativas.

Si entregamos una camper equipada con toldo y ofrecemos mesa y sillas, esos elementos forman legítimamente parte de la experiencia.

El problema no es proporcionarlos.

El problema es no explicar suficientemente dónde y en qué condiciones pueden utilizarse.

La publicidad dice:

Libertad. Naturaleza. Improvisación. Detente y disfruta del viaje y del momento.

La realidad necesita añadir:

Sí, pero respetando el lugar, las normas y a quienes comparten ese espacio contigo.

Una conversación de hace muchos años.

Esta cuestión me recuerda una experiencia personal de cuando formaba parte de la PACA.

En aquellos años elaboramos un Decálogo del Buen Autocaravanista, un sencillo documento con normas básicas de comportamiento. Entre otras recomendaciones decía:

«En ciudades, aparcamientos y lugares no apropiados, abstenerse de ocupar el espacio exterior del vehículo con nuestros enseres y elementos de acampada.»

Y añadía:

«No saque sillas, mesas u otros elementos al exterior».

Aquel decálogo pertenece a otra época y algunas de sus recomendaciones necesitan actualizarse. Pero su filosofía continúa teniendo plena vigencia:

el comportamiento individual termina construyendo la imagen colectiva.

Recuerdo que en una conversación que mantuve entonces con José Manuel Jurado, presidente de ASEICAR, le propuse que las empresas vinculadas a la asociación —fabricantes, vendedores y empresas de alquiler— entregasen aquel decálogo con los vehículos.

Mi recuerdo es que la propuesta no despertó demasiado entusiasmo. El argumento que se me trasladó venía a ser que comercialmente se vendía una imagen de libertad y que acompañarla de un documento lleno de limitaciones podía resultar contradictorio con aquello que se pretendía vender.

Han pasado muchos años; aquellos eran otros tiempos y también ha evolucionado mucho el sector. Actualmente ASEICAR dispone y difunde materiales y recomendaciones sobre buenas prácticas y utilización responsable de los vehículos que comercializa y como asociación  representa.

Pero aquella conversación vuelve ahora a mi memoria porque el problema que entonces comenzábamos a intuir hace ya más de dos décadas ha adquirido una dimensión difícil de imaginar en aquellos años.

Cuando el éxito genera sus propios problemas.

Durante mucho tiempo reclamamos que nuestra forma de viajar fuese conocida, respetada y reconocida tanto por las instituciones como por la sociedad.

Y afortunadamente creció.

Pero más autocaravanas y campers significan también mayor presión sobre determinados lugares. Las aplicaciones y redes sociales pueden convertir rápidamente un pequeño aparcamiento desconocido en destino de decenas de vehículos, mientras el alquiler incorpora constantemente nuevos usuarios.

Un lugar que podía asumir perfectamente diez o veinte autocaravanas difícilmente puede soportar cincuenta.

Y aparece una paradoja:

el éxito de la libertad que hemos promocionado puede terminar provocando restricciones a esa misma libertad.

El 1 de octubre tenemos una oportunidad.

La entrada en vigor el próximo 1 de octubre de 2026 del nuevo artículo 92.4 del Reglamento General de Circulación nos proporciona una magnífica oportunidad para hacer pedagogía.

La reforma fue aprobada mediante el Real Decreto 518/2026, de 24 de junio, publicado en el Boletín Oficial del Estado el 26 de junio de 2026. Está reforma deja atrás las hasta ahora aún vigentes instrucciones de la DGT, formando parte del RGC, reglamento que pende directamente de la ley de Seguridad Vial.

Por primera vez el Reglamento establece expresamente que el estacionamiento de autocaravanas y otros vehículos acondicionados como vivienda debe realizarse:

a) sin extender elementos que desborden el perímetro del vehículo;
b) descansando solamente sobre los neumáticos, con posibilidad de calzos o cuñas de seguridad;
c) sin verter fluidos procedentes del habitáculo.

El texto puede consultarse también en el Reglamento General de Circulación consolidado en el BOE.

Pero de poco servirá avanzar en seguridad jurídica si quienes utilizan estos vehículos desconocen las reglas más elementales.


Especialmente quienes alquilan por primera vez o llegan desde otros países.

Quizá haya llegado el momento de recuperar aquella vieja idea del decálogo, adaptada a 2026.

No hacen falta treinta páginas.

Puede bastar una hoja, un código QR y una información sencilla disponible en varios idiomas.

Decálogo del buen autocaravanista y usuario de camper — 2026

No todos estos puntos constituyen obligaciones legales. Algunos proceden directamente de la normativa y otros son recomendaciones de convivencia y buenas prácticas.

1. Estaciona como un vehículo, no como si ocuparas una parcela.
Respeta las normas, la señalización, las plazas delimitadas y el espacio de los demás.

2. Estacionar, pernoctar y acampar no son lo mismo.
Permanecer, descansar o dormir dentro de una autocaravana correctamente estacionada no supone, por ese solo hecho, estar acampado.

3. En un estacionamiento ordinario, mantén la actividad dentro del perímetro del vehículo.
No despliegues toldos ni saques mesas, sillas u otros elementos al exterior donde estas actividades no estén permitidas. Utilízalos en campings o lugares donde puedan desarrollarse legalmente.

4. El vehículo debe descansar únicamente sobre sus neumáticos.
El artículo 92.4 permite calzos o cuñas de seguridad. No deben confundirse con las rampas utilizadas para subir las ruedas y nivelar el vehículo. Tampoco con patas, gatos o sistemas hidráulicos que hagan descansar o eleven el vehículo sobre otros apoyos.

5. Nunca realices vertidos fuera de los lugares habilitados.
Las aguas grises y negras deben evacuarse en instalaciones destinadas a ello. El artículo 92.4 prohíbe durante el estacionamiento verter fluidos procedentes del habitáculo.

6. Respeta el lugar y a quienes viven en él.
Evita ruidos, música, motores innecesariamente encendidos, generadores molestos y comportamientos que perturben el descanso o la convivencia.

7. No conviertas el espacio público en un lugar propio.
Práctica la rotación evitando estancias desproporcionadamente prolongadas cuando exista mucha demanda y nunca reserves espacios mediante sillas, mesas u otros objetos.

8. Cuida especialmente los espacios naturales.
Poder llegar con una autocaravana a un lugar no significa poder hacer allí cualquier cosa. Respeta siempre la señalización y la normativa específica o medioambientalmente.

9. Si alquilas una autocaravana o camper, infórmate antes de comenzar el viaje.
Las empresas deberían facilitar información básica y comprensible sobre estacionamiento, actividades exteriores, vertidos y convivencia, preferentemente en el idioma del usuario. Quien utiliza el vehículo también tiene la responsabilidad de conocer las normas.

10. Recuerda que tu comportamiento construye la imagen de todos.
Quien observa una autocaravana ocupando indebidamente un espacio normalmente no sabe si es alquilada o particular ni de qué país procede.

Ve una autocaravana.

Cada comportamiento individual contribuye a construir —o deteriorar— la imagen de todo el colectivo.

No se trata de vender menos libertad

Todo lo contrario. Se trata de conservarla.

Una autocaravana nos permite viajar y disfrutar de una extraordinaria sensación de libertad, pero libertad no significa poder hacer cualquier cosa en cualquier lugar.

Podemos utilizar el toldo, sacar nuestras mesas y sillas y disfrutar de una comida al aire libre contemplando un paisaje maravilloso.

Lo importante es saber y elegir dónde podemos hacerlo.

La industria ha hecho un extraordinario trabajo vendiendo el sueño de viajar en libertad. Quizá ahora tenga también la responsabilidad de enseñar cómo utilizarla.

Porque, después de todo, la mejor manera de conservar nuestra libertad es evitar que nuestro comportamiento proporcione argumentos a quienes quieren limitarla.

Pedro Ansorena.

sábado, 15 de agosto de 2026

Cuando se juzga el vehículo antes que la conducta: el rechazo que denuncia David Cantero.

 

Dos épocas, dos formas de señalar un mismo vehículo. A la izquierda, una señal utilizada en Santander a comienzos de los años 2000, donde la autocaravana aparecía expresamente vinculada a la prohibición y a su retirada por la grúa. A la derecha, una señal actual. Más de veinte años después, sigue siendo necesario preguntarse si determinadas restricciones responden realmente a la conducta de quien utiliza el vehículo o, simplemente, al hecho de ser una autocaravana.

Una reflexión sobre cómo se construye la imagen social del autocaravanismo

Hay frases que resumen en pocas palabras problemas que llevamos años intentando explicar.

Hace unos días, el periodista David Cantero, conocido por su larga trayectoria profesional en televisión y también autocaravanista desde hace más de veinte años, expresaba públicamente su malestar por las dificultades que encuentra para viajar en autocaravana.

En una información publicada por Diez Minutos el 14 de agosto de 2026, Cantero hablaba del creciente rechazo que percibe hacia quienes hemos elegido esta forma de viajar.

Entrevista publicada en Diez Minutos

No habla alguien que acaba de descubrir el mundo de la autocaravana. Habla una persona que lleva más de veinte años recorriendo carreteras con su familia y que, por tanto, puede comparar cómo era viajar entonces y cómo es hacerlo ahora.

Pero al compartir la noticia en Facebook encontré entre los comentarios uno de Judith Guitarte que, en mi opinión, señalaba con enorme claridad el fondo del problema:

«El rechazo no suele venir por lo que haces, sino por lo que algunos creen que eres. Se juzga el vehículo antes que la conducta.»

Creo que ahí está buena parte de lo que nos está sucediendo.

¿Qué ha hecho esa autocaravana?

Cuando un vehículo obstaculiza el tráfico, estaciona incorrectamente, vierte residuos, genera ruidos o incumple cualquier otra norma, debe actuar la autoridad.

Exactamente igual que con cualquier otro ciudadano.

El problema comienza cuando dejamos de observar la conducta y empezamos a juzgar el vehículo.

Una autocaravana aparece estacionada y, antes de comprobar qué está haciendo, algunas personas ya consideran que existe un problema. Puede estar correctamente aparcada, sin mesas, sillas, toldos, ruidos ni ninguna otra conducta reprochable.

Pero es una autocaravana.

Y para algunos eso parece suficiente.

Lo vivo desde hace años prácticamente al lado de mi casa, en Santander. Una autocaravana estaciona en una calle y hay ciudadanos que llaman a la Policía Local convencidos de estar realizando una acción cívica al denunciar algo irregular.

Pero cabría hacer una pregunta muy sencilla:

¿Qué infracción ha cometido?

Quizá ninguna.

Su único problema puede ser que alguien considere que una autocaravana no debería estar allí.

¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

Sería demasiado sencillo responsabilizar únicamente al ciudadano.

Las percepciones sociales se van construyendo durante años mediante experiencias, mensajes, noticias y también a través de las decisiones de las propias administraciones.

Santander constituye para mí un buen ejemplo porque lo tengo a la puerta de casa y llevo más de veinte años observando personalmente esa evolución.

A principios de los años 2000 podían encontrarse en diferentes calles y aparcamientos de la ciudad señales que prohibían expresamente el estacionamiento de autocaravanas.

Una de ellas estaba instalada en el aparcamiento del estadio del Sardinero.

Ver fotografía de la señal antigua del Sardinero

No había que interpretar nada. Debajo de la señal de prohibido estacionar aparecía claramente la palabra «Autocaravanas», acompañada de su correspondiente pictograma y la grúa municipal.

El mensaje para cualquier ciudadano era evidente:

las autocaravanas no deben estacionar aquí.

Con el paso de los años, aquellas señales —quizás porque su imagen hacía demasiado evidente a quién estaban señalando— fueron desapareciendo. Pero eso no significó necesariamente que desaparecieran las restricciones.

Cambió la forma de expresarlas.

De «prohibido autocaravanas» a «superior a 1,8 toneladas excepto turismos»

Aproximadamente desde la década de 2010 comenzó a extenderse en Santander otro modelo de señalización que todavía hoy puede verse en numerosos lugares:

«Prohibido estacionar vehículos superiores a 1,8 t, excepto turismos».

Ver fotografía de la señal de 1,8 toneladas

La palabra autocaravana había desaparecido. El efecto práctico, sin embargo, podía seguir siendo muy parecido: prácticamente cualquier autocaravana supera ampliamente las 1,8 toneladas.

Y entonces surge una pregunta que considero legítima:

¿Qué razón objetiva justifica limitar el estacionamiento a vehículos de 1,8 toneladas en lugares capaces de recibir vehículos considerablemente más pesados?

El aparcamiento del Sardinero resulta especialmente ilustrativo. Allí estacionan autobuses que transportan visitantes a la ciudad y cuyo peso es muy superior. En ese mismo entorno se celebran ferias y numerosos acontecimientos que requieren vehículos, instalaciones y estructuras de dimensiones y pesos considerablemente mayores.

Por eso merece la pena preguntarse si realmente cambió la política hacia las autocaravanas o si, en determinados lugares, cambió simplemente la forma de señalizarla.

Las señales también educan

Aquí llegamos a una cuestión que considero fundamental.

Una señal de tráfico no solamente regula. También transmite un mensaje.

Cuando durante años un ciudadano observa señales específicas contra las autocaravanas, gálibos que impiden su acceso, pictogramas que las relacionan con la acampada o restricciones que en la práctica dificultan su estacionamiento, acaba construyendo una determinada imagen de ese vehículo.

Ver ejemplo de señalización asociada a las autocaravanas

Autocaravana. Prohibición. Problema.

Tres conceptos que pueden terminar asociados.

¿Y después nos sorprende que alguien vea una autocaravana correctamente estacionada delante de su vivienda y llame a la Policía?

Quizá deberíamos preguntarnos también quién ha contribuido durante tantos años a construir esa percepción.

Las administraciones tienen una responsabilidad que va más allá de sancionar. También hacen pedagogía con sus decisiones.

Y cuando durante años se presenta directa o indirectamente a un determinado vehículo como un problema, no debería sorprendernos que una parte de la sociedad termine considerándolo como tal.

Sancionar conductas, no colectivos

Judith Guitarte lo expresaba también muy bien:

«En lugar de sancionar a quien ensucia, hace ruido o incumple la norma, con demasiada frecuencia se termina señalando a todo un colectivo responsable.»

Esa debería ser la clave.

No se trata de defender comportamientos incívicos. Quien incumple una norma, vierte residuos, ocupa espacios de manera abusiva o genera molestias debe responder individualmente por sus actos.

Pero su conducta no convierte en responsables a los miles de autocaravanistas que cumplen las normas.

Del mismo modo que nadie prohibiría estacionar a todos los turismos porque algunos conductores aparquen mal, tampoco parece razonable convertir el comportamiento incorrecto de algunos usuarios de autocaravanas en motivo para restringir indiscriminadamente a todos los demás.

La actuación administrativa debería dirigirse contra lo que hacemos, no contra el vehículo que utilizamos.

Cuando la excepción termina convirtiéndose en modelo

Durante años he observado este tipo de restricciones en Santander. Pero progresivamente he comenzado a encontrarlas también fuera de Cantabria.

Un ejemplo especialmente significativo lo encontramos en Llanes, Asturias, un municipio donde desde hace años las restricciones a las autocaravanas vienen siendo motivo de controversia. Allí también encontramos señalización específicamente dirigida a impedir o limitar su estacionamiento.

Ver fotografía de la señal de Llanes

No se trata solamente de una señal concreta o de un municipio determinado. Lo preocupante es comprobar cómo aparecen en distintos lugares limitaciones por tonelaje, altura o dimensiones, gálibos y otras fórmulas que, con distintas apariencias, producen efectos similares.

Cuando una fórmula restrictiva se normaliza y otros ayuntamientos comprueban que puede aplicarse sin demasiada oposición, existe el riesgo de que termine convirtiéndose en modelo.

Por eso esta cuestión ya no afecta solamente a Santander.

Una autocaravana no acampa por lo que es

Durante años hemos tenido que explicar una diferencia elemental:

estacionar no es lo mismo que acampar.

Una autocaravana correctamente estacionada no se convierte automáticamente en un elemento de acampada porque haya personas en su interior.

No acampa por ser autocaravana. En su caso, acampará por determinadas conductas externas que excedan del estacionamiento.

Y quizá haya llegado el momento de trasladar ese mismo principio a la percepción social:

una autocaravana tampoco debería considerarse problemática por lo que es, sino por lo que haga quien la utiliza.

El artículo 92.4: una oportunidad para cambiar la mirada

A partir del próximo 1 de octubre entrará en vigor el nuevo artículo 92.4 del Reglamento General de Circulación, que incorpora expresamente determinadas condiciones del estacionamiento de las autocaravanas y otros vehículos vivienda.

Más allá de su trascendencia jurídica, quizá deberíamos aprovechar este cambio también como una oportunidad pedagógica.

Una autocaravana que cumple las condiciones reglamentarias de estacionamiento debe ser contemplada, desde el punto de vista de la circulación, como lo que es:

un vehículo estacionado.

Después podrá haber conductas individuales correctas o incorrectas y sobre ellas habrá que actuar.

Pero no deberíamos presumir una conducta incorrecta simplemente porque delante tenemos una autocaravana.

David Cantero ha puesto voz a algo que muchos conocemos

Ahí reside también la importancia de que una persona con la visibilidad pública de David Cantero cuente lo que está viviendo.

Quienes llevamos muchos años viajando en autocaravana conocemos esa sensación, pero normalmente hablamos entre nosotros. Nuestros artículos, reivindicaciones y debates circulan principalmente dentro del propio mundo autocaravanista.

Cuando alguien conocido por millones de ciudadanos explica públicamente que después de más de veinte años viajando en autocaravana percibe cada vez mayores dificultades y rechazo, el mensaje sale de nuestro pequeño círculo.

Y eso también es pedagogía.

No se trata de pedir privilegios ni de justificar comportamientos incorrectos. Tampoco de pedir que todo esté permitido.

Se trata de algo mucho más sencillo:

que se juzguen comportamientos y no estereotipos.

Porque el respeto, como escribía Judith Guitarte, no depende del vehículo que utilizamos, sino de cómo nos comportamos.

Pero esa pedagogía no corresponde únicamente a quienes viajamos en autocaravana. También corresponde a quienes informan, regulan, sancionan y colocan las señales.

Porque todos contribuimos, de una manera u otra, a construir la imagen que la sociedad termina teniendo de los demás.

Y quizá haya llegado el momento de dejar de preguntarnos qué vehículo tenemos delante y empezar a preguntarnos algo mucho más sencillo:

¿Qué está haciendo realmente la persona que lo utiliza?

Pedro Ansorena.



sábado, 8 de agosto de 2026

Liérganes, veinte años después: cuando un área deja de ser un servicio para convertirse en una limitación.


Hay noticias que uno lee como autocaravanista y otras que, además, le duelen por razones personales.

La que publica hoy, 8 de agosto, El Diario Montañés de Cantabria, bajo el expresivo titular «Liérganes construirá un área de autocaravanas para “prohibir” su estancia en el resto del pueblo», pertenece para mí a las segundas.

Según explica la información publicada por El Diario Montañés, el Ayuntamiento pretende concentrar las autocaravanas que visiten Liérganes en una nueva instalación de 27 plazas situada a las afueras del núcleo urbano, cerca del cementerio, cuya construcción ha salido a licitación con una inversión aproximada de 600.000 euros, financiada por el Gobierno de Cantabria a través de fondos europeos.

Pero las declaraciones del alcalde, Ángel Bordas, dejan clara una finalidad añadida:

«Queremos que ahí tengan que ir todas las autocaravanas que vengan».

También anuncia la desaparición del actual punto de servicio situado en el aparcamiento de la estación de FEVE y medidas para impedir que estos vehículos permanezcan en otros lugares:

«Queremos que todas las autocaravanas vayan al aparcamiento que vamos a hacer y para ello pondremos gálibos, señales y lo que haga falta».

Es precisamente ahí donde, para mí, esta noticia deja de ser simplemente la construcción de una nueva área.

Porque no estamos hablando solamente de crear un servicio.

Estamos hablando de crear un recinto para después intentar obligar a utilizarlo.

2004: cuando Liérganes decidió abrir sus puertas

Para comprender mi decepción hay que retroceder más de veinte años.

En aquellos primeros tiempos del autocaravanismo organizado en España los que estábamos implicados en la reivindicación de esta actividad viajera intentábamos explicar a ayuntamientos y administraciones algo bastante sencillo: una autocaravana es un vehículo.

No necesitábamos necesariamente campings ni grandes instalaciones para viajar. Necesitábamos poder estacionar correctamente, como los demás vehículos, y disponer periódicamente de unos servicios básicos donde abastecernos de agua y vaciar responsablemente nuestros depósitos.

En 2004 tuve la oportunidad de trasladar personalmente esta idea al entonces alcalde de Liérganes, Ángel Bordas.

Lo entendió.

Y Liérganes puso en funcionamiento la que sería la segunda área municipal de autocaravanas creada en España.

No se construyó un camping ni un recinto separado. En un aparcamiento compartido, sin plazas reservadas exclusivamente para autocaravanas, se instalaron simplemente los servicios necesarios de agua y vaciado, con una inversión que no superó los 5.000 euros.

Si el aparcamiento estaba ocupado, una autocaravana, como cualquier otro vehículo, tenía que buscar otro lugar.

El área era un servicio para las autocaravanas, no el lugar donde obligatoriamente tenían que permanecer.

2010: seis años después, la experiencia había funcionado

En agosto de 2010 publiqué en este mismo blog una conversación que había mantenido nuevamente con Ángel Bordas.

Habían pasado seis años desde la puesta en funcionamiento del área y la valoración era muy positiva.

Por Liérganes habían pasado multitud de autocaravanistas de diferentes nacionalidades y aquella sencilla instalación había contribuido a que muchos viajeros conocieran el municipio y su entorno.

Pero aquella conversación dejó también algo que hoy resulta especialmente interesante.

El alcalde entendía perfectamente que la existencia de un área no significaba que las autocaravanas tuvieran prohibido estacionar en los demás aparcamientos de Liérganes.

Podíamos estacionar y pernoctar siempre que lo hiciéramos correctamente y sin realizar actividades propias de la acampada.

Es decir, ya entonces se comprendían dos ideas fundamentales:

Estacionar no es acampar.

Y disponer de un área no convierte automáticamente el resto del municipio en un espacio prohibido para las autocaravanas.

Años después, cuando el área fue remodelada, volví a ocuparme de Liérganes en el blog, destacando precisamente su condición de municipio pionero.

Durante más de veinte años aquel modelo sencillo funcionó y   aún hoy sigue funcionando.

Miles de viajeros conocieron Liérganes, pasearon por sus calles, visitaron su patrimonio y consumieron en sus establecimientos.

Dispongo solo de lo que transmiten algunos propietarios del comercio y la hostelería de Lierganes a los que conozco porque mi mujer Senia es de allí. No dispongo de estudios que permitan cuantificar ese retorno económico y no tendría sentido inventar cifras, pero resulta difícil negar que más de dos décadas de presencia continuada de turismo itinerante han contribuido a divulgar y dinamizar el municipio.

2025: empieza a dibujarse otro modelo

Por eso, cuando en 2025 conocí el proyecto de construir una nueva instalación, expresé mis dudas en este blog bajo un título que hoy adquiere todavía mayor significado:

«Nuevo área de autocaravanas de Liérganes: ¿avance o retroceso?»

No cuestionaba que Liérganes pudiera mejorar sus instalaciones.

Lo que me costaba comprender era la necesidad de sustituir un modelo sencillo, económico y probado durante más de veinte años por otro considerablemente más complejo y costoso.

Ahora sabemos que la nueva instalación tendrá 27 plazas, estará situada fuera del núcleo urbano, en las proximidades del cementerio, y contará con abastecimiento de agua, recogida de residuos, iluminación y conexiones eléctricas individuales.

La inversión prevista ronda los 600.000 euros y el alcalde ya anuncia que su utilización tendrá que regularse para que los usuarios paguen por esos servicios.

Nada tengo contra las áreas de pago ni contra quienes quieran disponer de electricidad u otros servicios y estén dispuestos a pagarlos.

La cuestión es otra:

¿Se están ofreciendo servicios que el autocaravanista puede elegir o se está creando una infraestructura para después obligarle a consumirlos?

2026: el cambio de modelo queda al descubierto

La noticia publicada ahora por El Diario Montañés despeja buena parte de las dudas que planteaba hace un año.

El objetivo declarado no es únicamente ofrecer una nueva área.

El Ayuntamiento quiere que todas las autocaravanas tengan que ir allí.

Y para conseguirlo desaparecerá el actual punto de servicio de FEVE y, según anuncia el alcalde, se instalarán «gálibos, señales y lo que haga falta».

Ahí aparece el verdadero cambio.

En 2004, con el mismo alcalde, hablábamos de cómo facilitar la llegada de las autocaravanas a Liérganes.

En 2026 hablamos de cómo concentrarlas obligatoriamente en un lugar determinado.

¿Qué ha sucedido durante estos veintidós años para justificar un cambio de criterio tan profundo?

Si existen problemas, gestionemos los problemas

El Ayuntamiento ofrece algunas explicaciones. Según recoge El Diario Montañés, el actual aparcamiento habría generado problemas de tráfico, malos olores en la zona de descarga y una creciente presión sobre los servicios municipales.

Si esos problemas existen, naturalmente deben solucionarse.

Si el punto de vaciado produce malos olores, habrá que corregirlo.

Si existe un problema de tráfico, habrá que ordenar el aparcamiento.

Si existe saturación en determinados momentos, podrán establecerse limitaciones razonables basadas en criterios objetivos.

Y si algún autocaravanista realiza una actividad prohibida, deberá actuarse contra esa conducta.

Lo que resulta más difícil de comprender es que problemas concretos terminen convirtiéndose en una restricción general dirigida a un determinado tipo de vehículo.

Gestionar problemas no es lo mismo que prohibir vehículos.

Los gálibos no distinguen comportamientos

Especial reflexión merece el anuncio de instalar gálibos.

Un gálibo no sabe si los ocupantes de una autocaravana están durmiendo, visitando Liérganes durante unas horas o realizando una actividad incorrecta.

Simplemente impide físicamente el paso a los vehículos que superan determinada altura.

Por eso, cuando se utiliza para impedir el acceso de autocaravanas a un aparcamiento público, no se está actuando sobre una conducta, sino sobre las características físicas del vehículo.

Y la pregunta resulta inevitable:

¿Queremos evitar comportamientos incorrectos o queremos evitar determinados vehículos?

Y todo esto cuando cambia el Reglamento General de Circulación

Existe además una circunstancia que hace especialmente interesante el momento elegido.

El próximo 1 de octubre entrará en vigor la reforma del Reglamento General de Circulación aprobada mediante el Real Decreto 518/2026.

Entre sus novedades se encuentra el nuevo artículo 92.4, que incorpora por primera vez al Reglamento las condiciones específicas aplicables al estacionamiento de autocaravanas y otros vehículos vivienda.

Esto no significa que desaparezcan las competencias municipales en materia de tráfico. Los ayuntamientos seguirán pudiendo ordenar el estacionamiento urbano dentro del marco establecido por la legislación.

Pero tampoco podemos ignorar que el marco jurídico habrá cambiado.

Lo que durante tantos años defendimos apoyándonos fundamentalmente en instrucciones de la Dirección General de Tráfico pasa ahora a formar parte del propio Reglamento General de Circulación.

Por eso habrá que conocer la regulación que finalmente apruebe Liérganes: su motivación, el alcance de las prohibiciones, las señales que pretenda instalar, la utilización anunciada de gálibos y los lugares concretos afectados.

Solo entonces podrá analizarse jurídicamente si esas medidas son compatibles con el nuevo marco normativo.

La propia oposición municipal ya ha expresado públicamente sus dudas.

El tiempo y, llegado el caso, los tribunales determinarán quién tiene razón.

De servicio voluntario a recinto obligatorio

Pero incluso dejando a un lado la cuestión jurídica, el problema de fondo es otro.

Durante años defendimos la creación de áreas porque necesitábamos puntos donde abastecernos de agua y vaciar responsablemente nuestros depósitos durante el viaje.

Podían ser gratuitas o de pago, sencillas o disponer de más servicios.

Pero el área complementaba nuestra condición de vehículo; no la sustituía.

Poco a poco parece extenderse otra filosofía: se construyen instalaciones cada vez más complejas, se añaden servicios, se establece un precio y finalmente aparece el argumento de que, como existe un área específica, las autocaravanas deben permanecer allí.

Ese razonamiento cambia completamente el modelo.

El área deja de ser un servicio ofrecido al viajero para convertirse en el lugar al que se le dirige.

Y cuando además se anuncian prohibiciones, señales y barreras físicas para conseguirlo, deja incluso de ser una elección.

Una historia que he vivido desde el principio

Quizá por eso esta noticia me produce una especial tristeza.

No conozco la historia del área de Liérganes porque la haya encontrado ahora en una hemeroteca.

La viví desde el principio.

Recuerdo aquellos años en los que intentábamos convencer a alcaldes y administraciones de que las autocaravanas no eran un problema. Recuerdo cuando cada nueva área municipal era una pequeña conquista porque significaba que alguien había comenzado a comprender nuestra forma de viajar.

Y recuerdo perfectamente la receptividad de Ángel Bordas.

Por eso siempre he reconocido públicamente su decisión y por eso Liérganes ocupa también un lugar destacado en el capítulo dedicado a la creación de las primeras áreas municipales de autocaravanas, dentro de la historia del autocaravanismo en España que he venido publicando en este blog.

Liérganes fue un municipio pionero.

Y durante más de veinte años demostró que con muy poco podía conseguirse mucho.

Por eso me resulta difícil comprender que, después de todo ese recorrido, la solución sea ahora invertir alrededor de 600.000 euros en un recinto alejado del pueblo y anunciar después gálibos, señales «y lo que haga falta» para conseguir que las autocaravanas tengan que utilizarlo.

Si hoy volviera a sentarme con Ángel Bordas, probablemente intentaría explicarle exactamente lo mismo que le expliqué hace más de veinte años.

Que necesitamos lugares donde abastecernos de agua y vaciar responsablemente nuestros depósitos.

Que agradecemos a los municipios que nos proporcionan esos servicios.

Que habrá autocaravanistas que deseen instalaciones más completas y estarán encantados de pagar por utilizarlas.

Pero también le recordaría algo que él mismo comprendió perfectamente entonces:

un área de autocaravanas y un aparcamiento cumplen funciones diferentes.

Liérganes fue uno de los primeros municipios españoles que comprendió esa diferencia.

Me gustaría que, más de veinte años después, no fuera precisamente uno de los municipios que contribuyeran a borrarla.

No necesitamos privilegios.

Tampoco pedimos poder acampar donde queramos.

Pedimos que se actúe contra las conductas incorrectas cuando se produzcan y que nuestra forma de viajar no se convierta en la razón para excluir nuestros vehículos de aquellos lugares donde, conforme a las normas aplicables, puedan estacionar los demás.

Porque aquella idea sencilla que ayudó a convertir a Liérganes en un municipio pionero continúa siendo válida veintidós años después:

Las áreas de autocaravanas nacieron para facilitarnos el viaje, no para justificar que se nos prohibiera estacionar fuera de ellas.

Pedro Ansorena.

Actualización del libro.EL AUTOCARAVANISMO EN ESPAÑA (2000-2026) Relato de una experiencia.

Motivado por la sugerencia de algunos lectores y la acogida que está teniendo el libro que he publicado en el blog, Cosas del Autocaravanismo, EL AUTOCARAVANISMO EN ESPAÑA (2000-2026) Relato de una experiencia. Con más de 50.000 visitas y 20.000 descargas. Aprovechando la facilidad de actualización que te ofrecen las publicaciones digitales.

He actualizado el mismo en 70 páginas más, una de agradecimientos y otras en un nuevo epílogo y Adenda final actualizado, con enlaces a las últimas publicaciones en el blog. En donde escribo sobre  la publicación en el B.O.E de la última reforma del RGC y la incorporación del artículo 92.4 que afecta a las autocaravanas y que entrará en vigor el próximo 1 de octubre.

También y para una mejor lectura, he aumentado el tamaño de la letra.

Deseo que la actualización sea de vuestro agrado. 🤝


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