sábado, 26 de septiembre de 2026

Una nueva web para comunicar, pero también para conservar la memoria.

https://www.federaciong3a.com

La Federación G3A acaba de poner en marcha su nueva página web, un espacio que nace con la intención de servir como herramienta de información, comunicación y consulta sobre la actividad que desarrolla esta joven Federación de asociaciones autonómicas de autocaravanistas.

Como cualquier proyecto que comienza, la página irá seguramente creciendo, incorporando contenidos y completando algunos de sus apartados. Lo importante, a mi juicio, es que desde el principio parece existir una idea que considero especialmente acertada: utilizar la web no solamente para contar lo que está ocurriendo hoy, sino también para conservar la documentación que permita conocer mañana el camino recorrido.

Y sobre esto último me gustaría detenerme.

Comunicar el presente y conservar el pasado

Internet nos ha proporcionado unas posibilidades de comunicación que difícilmente podíamos imaginar cuando comenzaron a organizarse los primeros movimientos asociativos del autocaravanismo español a principios del año 2000.

Hoy una noticia, una reunión con una Administración, una modificación normativa o una reivindicación pueden difundirse inmediatamente a través de las redes sociales. Pero esa inmediatez tiene también una debilidad: lo que hoy ocupa nuestra atención mañana queda sepultado bajo cientos de nuevas publicaciones.

Las redes sociales son extraordinarias para comunicar. No siempre lo son para conservar.

Por eso considero especialmente importante que una organización como G3A disponga de un espacio documental propio, ordenado y accesible, donde puedan ir quedando depositados sus comunicados, propuestas, reuniones con las administraciones, normativa, informes, escritos y aquellos otros documentos que permitan conocer no solamente qué ocurrió, sino también cuándo, cómo y por qué ocurrió.

La propia Federación, al responder a un comentario que hice sobre su nueva página, ha manifestado su intención de avanzar precisamente en esa dirección y de ir ampliando progresivamente su apartado de Documentación y Recursos.

Me parece una excelente decisión.

Lo digo también por experiencia

Durante muchos años he procurado conservar en Cosas del Autocaravanismo documentos, noticias, iniciativas y acontecimientos relacionados con nuestra actividad.

No lo hice pensando que algún día tendrían un especial valor histórico. Simplemente consideraba que aquello que había costado trabajo conseguir no debía desaparecer.

El paso del tiempo me ha demostrado hasta qué punto era importante conservarlo.

En los primeros años de la web de La PACA, junto con Vicente Díaz, habíamos creado también un apartado destinado a recopilar documentación. Cuando posteriormente dejamos de participar en su gestión, aquel espacio terminó desapareciendo y con él se perdió una parte importante del archivo que allí habíamos reunido.

Afortunadamente, algunos de aquellos documentos y referencias habían quedado conservados también en mi archivo y posteriormente en este blog.

Aquella experiencia me enseñó algo que hoy considero fundamental: la documentación de una organización no debería depender de las personas que circunstancialmente la administran y debería estar siempre a disposición de todo el movimiento autocaravanista, pertenezcan a las siglas que pertenezcan, y no solo al alcance de unos pocos.

Las juntas directivas cambian. Los responsables de comunicación cambian. Las páginas web se modifican. Pero la historia permanece, siempre que alguien haya tenido la precaución de conservarla.

Los documentos de hoy serán la historia de mañana

Una carta dirigida a una Administración, el acta de una reunión, una propuesta normativa, una fotografía, un comunicado o un informe pueden parecernos hoy documentos cotidianos.

Veinte años después pueden convertirse en la única forma de reconstruir con precisión lo sucedido. Porque, sin conocer los errores y los aciertos del pasado, construir el futuro será más incierto y complicado.

Lo he podido comprobar muchas veces al preparar artículos para este blog y, especialmente, durante la elaboración de mi libro El autocaravanismo en España (2000–2026). Relato de una experiencia.

Buena parte de esa historia ha podido ser contada porque existían documentos, fechas y testimonios que permitían volver atrás y comprobar qué ocurrió realmente.

La memoria personal es importante, pero con el paso de los años puede equivocarse. Los documentos permanecen.

Un archivo abierto

Hay además otro aspecto que para mí resulta fundamental: la documentación debe ser accesible.

Desde sus comienzos, Cosas del Autocaravanismo ha pretendido ser un espacio abierto, independientemente de asociaciones o siglas. Todo lo que durante estos años he podido recopilar y publicar está ahí para quien quiera consultarlo, utilizarlo como referencia o simplemente conocer mejor nuestra historia.

Creo que esa misma filosofía puede resultar muy útil para una Federación que está comenzando prácticamente desde sus cimientos.

G3A tiene ahora una oportunidad que quienes comenzamos hace más de veinte años no tuvimos: crear su memoria documental al mismo tiempo que está construyendo su propia historia.

No tendrá que reconstruirla dentro de veinte años si empieza a conservarla desde hoy.

Por mi parte, he incorporado ya en un lugar visible de este blog un enlace permanente a la nueva página web de la Federación G3A. Este blog mantiene actualmente una media aproximada de mil páginas vistas diarias, con más de un millón ciento cincuenta y dos mil páginas vistas acumuladas. Espero que esa pequeña aportación contribuya también a que más autocaravanistas conozcan y puedan consultar este nuevo espacio.

La Federación me ha invitado igualmente a colaborar en su blog cuando considere que mi experiencia o algún trabajo pueda resultar de utilidad. Agradezco sinceramente el ofrecimiento y, como siempre he procurado hacer, seguiré dispuesto a colaborar allí donde pueda aportar algo positivo al autocaravanismo.

Porque comunicar es importante.

Pero conservar también lo es.

Las noticias nos cuentan el presente; los documentos permiten comprender el camino recorrido.

Y la historia que no se conserva corre siempre el riesgo de desaparecer.

Pedro Ansorena.

miércoles, 9 de septiembre de 2026

El debate sobre el área de autocaravanas del parque de Las Llamas llega a las Cartas al Director de El Diario Montañés.

Hoy, 9 de septiembre, El Diario Montañés publica en su sección «Cartas al Director» una carta que remití hace unos días bajo el título «Las Llamas y las autocaravanas en Santander».

La carta nace a raíz del artículo publicado recientemente en este blog, 

Santander ante el nuevo artículo 92.4: estacionar, pernoctar y gestionar el espacio público

y de las informaciones sobre la futura conversión del área del parque de Las Llamas en un recinto de pago.

Por razones de espacio, el periódico me pidió reducir el texto a un máximo de 240 palabras.

Creo, sin embargo, que ha quedado recogida la cuestión esencial que pretendía plantear:

¿Qué norma municipal establece que permanecer o dormir dentro de una autocaravana correctamente estacionada convierte ese estacionamiento en una actividad diferente?

El próximo 1 de octubre entra en vigor el nuevo artículo 92.4 del Reglamento General de Circulación. Los ayuntamientos seguirán conservando sus competencias para ordenar y limitar el estacionamiento, pero será necesario distinguir con claridad entre estacionar, acampar y realizar conductas que puedan ser sancionables.

Agradezco a El Diario Montañés que haya considerado de interés publicar esta reflexión y contribuir con ello a que el debate llegue también a la sociedad santanderina.

No se trata de pedir privilegios para las autocaravanas. Como termina diciendo la carta publicada, se trata de «regular cuando sea necesario, sancionar las conductas que incumplan las normas y aplicar las restricciones con criterios objetivos y proporcionados».

Pedro Ansorena

sábado, 5 de septiembre de 2026

Santander ante el nuevo artículo 92.4: estacionar, pernoctar y gestionar el espacio público.

Dos noticias y una misma cuestión de fondo.

En los últimos días han coincidido en Santander dos noticias que, aunque aparentemente tratan asuntos diferentes, tienen algo en común: la gestión del espacio público.

Por una parte, cinco asociaciones vecinales han reclamado un cambio de rumbo ante problemas de suciedad, ruidos, botellones y otras conductas incívicas. Su reivindicación resulta bastante clara: existen ordenanzas y reclaman que se cumplan.

Por otra, hemos conocido que el aparcamiento para autocaravanas de Las Llamas pasará a ser de pago. La instalación será cerrada perimetralmente, contará con barreras, lectura de matrículas y sistema de reservas, manteniendo una estancia máxima de 48 horas.


Dos noticias diferentes que permiten plantear una cuestión sobre la que llevo muchos años reflexionando:

una cosa es gestionar el espacio público y otra muy distinta convertir una determinada clase de vehículo en el problema.

Que Las Llamas sea de pago no es el problema.

Si el Ayuntamiento ofrece un espacio específicamente acondicionado para autocaravanas, con suministro de agua, evacuación de aguas residuales, electricidad, control de acceso y otros servicios, resulta razonable que pueda establecer un precio por su utilización, siempre que exista la correspondiente cobertura y sea proporcionado.

El debate, por tanto, no es si un área debe ser gratuita o de pago.

La cuestión aparece cuando ese espacio específico puede terminar convirtiéndose, directa o indirectamente, en la única alternativa real para quien visita Santander en autocaravana y desea permanecer durante la noche dentro de su vehículo.

Santander permite estacionar autocaravanas.

La información turística del propio Ayuntamiento afirma:

«El estacionamiento de autocaravanas está permitido en todo el término municipal», salvo en las zonas OLA y en aquellas afectadas por señalización vertical que prohíbe estacionar a vehículos con una masa superior a 1.800 kilogramos.

En 2016 Santander modificó su Ordenanza de Circulación y eliminó expresamente a las autocaravanas de la prohibición general de estacionamiento que hasta entonces las afectaba.

La autocaravana dejaba así de estar prohibida simplemente por ser una autocaravana.

Sin embargo, en numerosos lugares de la ciudad permanece otra señalización bien conocida por quienes vivimos aquí:

prohibido estacionar vehículos de más de 1,8 toneladas, excepto turismos.


Sobre la evolución histórica de estas señales ya escribí recientemente en este blog. No pretendo repetir ahora aquella historia, sino preguntarme por la justificación y los efectos actuales de esa restricción.

Más de 1,8 toneladas... excepto turismos.

El Ayuntamiento tiene competencias para ordenar el tráfico y el estacionamiento en sus vías urbanas y puede establecer limitaciones por razones de seguridad, movilidad, distribución del espacio o rotación.

Eso no se discute.

Pero si una señal prohíbe estacionar a los vehículos de más de 1.800 kg y exceptúa a los turismos, el peso difícilmente puede constituir por sí solo la explicación de la medida.

Un turismo, y hoy especialmente algunos vehículos eléctricos debido al peso de sus baterías, puede superar los 1.800 kg y quedar autorizado para estacionar. En cambio, una furgoneta vivienda de 1.900 kg puede ser sancionada.

Tenemos ejemplos reales.

Un autocaravanista relataba recientemente haber llegado al área de Las Llamas y encontrarla completa. Estacionó su Transit L2H2, clasificada como furgón vivienda y con una tara de 1.905 kg, enfrente del área, en la calle Marino Fernández Fontecha en un aparcamiento  en línea de la vía, donde había otros vehículos.

Fue denunciado por incumplir una señal R-308: prohibido estacionar vehículos de más de 1,8 toneladas excepto turismos.


La cuestión no consiste en negar la existencia de la señal, sino en preguntarse:

¿qué finalidad objetiva justifica excluir en ese lugar a un furgón vivienda de 1.905 kg mientras un turismo de mayor peso puede estacionar?

No afirmo con ello que la señal sea necesariamente ilegal. Para llegar a esa conclusión habría que conocer su fundamento y las circunstancias que motivaron su instalación. Precisamente por eso creo que la pregunta es legítima.

¿Y qué ocurre con los autobuses?

Existe además una situación que conozco personalmente ya que lo percibo cada día que me desplazo por allí.

A lo largo y en los aparcamientos laterales en línea de la S-20, al inicio de diferentes tramos entre rotondas, existen señales de prohibición de estacionamiento para vehículos de más de 1,8 toneladas, excepto turismos, sin panel complementario que exceptúe a los autobuses.

Durante la temporada de playas o épocas vacacionales estacionan allí numerosos autobuses que transportan visitantes y permanecen durante buena parte de la jornada.

Un autobús supera ampliamente las 1,8 toneladas y no es un turismo.

Sin embargo, mientras conozco casos de autocaravanas sancionadas por incumplir esta señalización, no tengo conocimiento de que esos autobuses reciban el mismo tratamiento.

Puede existir alguna autorización administrativa que lo explique. Si existe, sería interesante conocerla. Si no es así, resulta razonable preguntarse si una misma prohibición está siendo aplicada con los mismos criterios a todos los vehículos afectados.

Cuando Las Llamas está completo.

La noticia publicada por El Diario Montañés aporta otro dato significativo.

La saturación de Las Llamas ha provocado durante el verano que numerosas autocaravanas y vehículos vivienda busquen estacionamiento en las escasas calles donde no existe limitación de peso, como Ernest Lluch. Algunos vecinos se quejan de que en determinados momentos resulta difícil encontrar una plaza.

Es una preocupación comprensible. El espacio público es limitado y debe gestionarse. Pero una autocaravana correctamente estacionada tampoco pierde la posibilidad de utilizar una plaza pública por el mero hecho de serlo.

La propia Ordenanza Limitadora del Aparcamiento ofrece mecanismos para afrontar problemas de saturación. Contempla zonas EVE destinadas, entre otros, a vehículos especiales y autocaravanas, con un tiempo máximo de estacionamiento de 24 horas.

La rotación puede ser una respuesta razonable. La exclusión por tipología de vehículo es una cuestión diferente.

Y queda una pregunta práctica:

¿qué debe hacer una autocaravana que llega a Santander cuando Las Llamas está completo?

Estacionar sí. ¿Pernoctar no?

Esta pregunta adquiere todavía mayor importancia en una ciudad portuaria como Santander.

La Autoridad Portuaria de Santander considera a la región una importante puerta de entrada del turismo británico. Durante la temporada de verano de 2026 existen cuatro conexiones semanales con Reino Unido: dos con Portsmouth y dos con Plymouth.

Entre los vehículos que utilizan esas conexiones se encuentran también autocaravanas y vehículos vivienda que tienen Santander como punto de entrada o salida hacia la Península y el resto de Europa.

Ante esta realidad resulta razonable preguntarse:

¿cómo gestionar este importante tránsito internacional con un área específica de apenas 25 plazas y, al mismo tiempo, numerosas restricciones de estacionamiento para vehículos de más de 1,8 toneladas a lo largo y ancho de toda la ciudad?

Pero aquí aparece una cuestión todavía más importante.

La misma página oficial del Ayuntamiento que afirma que las autocaravanas pueden estacionar allí donde no exista una prohibición aplicable dice también:

«La pernocta de este tipo de vehículos, únicamente está permitida en el aparcamiento especial habilitado a tal efecto junto al Parque de Las Llamas».

He intentado localizar la base normativa de esa afirmación.

Tras revisar la normativa municipal de circulación, estacionamiento y otros textos municipales relacionados, no he encontrado una disposición que establezca expresamente que dormir dentro de una autocaravana correctamente estacionada en la vía pública constituya, por sí mismo, una conducta prohibida.

Eso no significa afirmar categóricamente que tal disposición no exista. Significa simplemente que no he logrado localizarla y que la propia información turística municipal tampoco identifica la norma que sustenta esa restricción.

Sí existe, en cambio, normativa que prohíbe la acampada en determinados espacios.

Y existe un antecedente significativo: cuando en 2015 se propuso modificar la Ordenanza para permitir el estacionamiento de autocaravanas, se planteó expresamente excluirlas de aquella prohibición «manteniendo la prohibición de acampada».

El propio planteamiento municipal diferenciaba, por tanto, dos conceptos:

estacionar y acampar.

El 1 de octubre entra en vigor el artículo 92.4.

Esta cuestión adquiere una nueva dimensión a partir del próximo 1 de octubre.

El Real Decreto 518/2026, de 24 de junio incorpora por primera vez al Reglamento General de Circulación una regulación específica del estacionamiento de autocaravanas y otros vehículos acondicionados como vivienda.

El nuevo artículo 92.4 establece tres condiciones: no extender elementos propios que desborden el perímetro del vehículo, descansar únicamente sobre los neumáticos —con posibilidad de calzos o cuñas de seguridad— y no realizar vertidos procedentes del habitáculo.

La reforma no elimina las competencias municipales para regular la parada y el estacionamiento. Tampoco dice literalmente que esté permitido dormir dentro de una autocaravana.

Pero tampoco establece que la presencia de personas en su interior modifique la situación reglamentaria del vehículo.

Por eso la pregunta adquiere ahora especial importancia:

si una autocaravana está legalmente estacionada y cumple las condiciones del artículo 92.4, ¿qué norma de tráfico convierte ese estacionamiento en otra actividad por el hecho de que sus ocupantes permanezcan o duerman dentro?

Gestionar conductas, no prejuzgar vehículos.

Aquí quizá encontremos el punto de unión entre las dos noticias que dieron origen a esta reflexión.

Las asociaciones vecinales reclaman que se actúe frente a comportamientos concretos: suciedad, ruidos, botellones y ocupaciones indebidas del espacio público.

Ese mismo criterio debería servir para el autocaravanismo.

Sacar mesas y sillas, extender toldos fuera del perímetro, realizar vertidos, ocupar indebidamente el espacio público o generar molestias son conductas que, cuando infringen una norma, deben ser sancionadas.

Pero una autocaravana correctamente estacionada no ensucia, molesta o acampa por el mero hecho de ser una autocaravana.

Sancionemos las conductas cuando sean sancionables, no presumamos esas conductas por el tipo de vehículo.

Una oportunidad para Santander.

Santander tiene ahora una oportunidad.

Aunque sea escaso, el nuevo sistema de Las Llamas permitirá controlar la ocupación, gestionar reservas, favorecer la rotación y ofrecer servicios específicos a quien quiera utilizarlos.

Pero quizá sea también un buen momento para revisar el conjunto del modelo: la justificación actual de determinadas restricciones de 1,8 toneladas, la excepción concedida a los turismos aunque éstos sean de mayor peso, la aplicación de esas señales a los diferentes vehículos y la base normativa de la afirmación de que solamente puede pernoctarse en Las Llamas.

Todo ello ante una nueva realidad jurídica que comienza el próximo 1 de octubre.

No se trata de reclamar privilegios para las autocaravanas ni de negar los problemas derivados de la saturación.

Se trata de gestionar el espacio público, favorecer la rotación cuando sea necesaria, sancionar las conductas que correspondan y aplicar las restricciones mediante criterios objetivos y proporcionados.

Las Llamas puede ser un buen servicio para quien quiera utilizarlo.

Pero un área de autocaravanas debería seguir siendo eso:

un servicio y no necesariamente el destino obligatorio de todo vehículo vivienda que llegue a una ciudad.

Porque quizá la pregunta que Santander como ciudad volcada al turismo debe hacerse a partir del 1 de octubre no sea dónde quiere concentrar las autocaravanas, sino otra bastante más sencilla:

¿cómo integrar y gestionar correctamente su estacionamiento dentro del espacio público común?

Pedro Ansorena.

domingo, 30 de agosto de 2026

Cuando vendemos libertad, también debemos enseñar a utilizarla.

El crecimiento del alquiler de autocaravanas y campers plantea una responsabilidad que afecta a todo el sector.

Este verano, viajando en autocaravana por España y anteriormente por otros países europeos, me he fijado en algo que cada vez resulta más visible en aparcamientos, áreas o espacios naturales: la presencia de numerosos vehículos con el distintivo de Indie Campers.

Los veo con matrículas de diferentes países y utilizados, en muchos casos, por personas jóvenes o familias que probablemente han elegido el alquiler como una forma sencilla de iniciarse durante unos días en el turismo itinerante.

No tendría nada de particular. El alquiler de autocaravanas y campers ha crecido enormemente y constituye una magnífica oportunidad para conocer esta forma de viajar sin necesidad de adquirir un vehículo.

Sin embargo, junto a ese crecimiento observo también algunos comportamientos —quiero dejar muy claro que no de todos los usuarios, son una minoría pero por sus comportamientos muy notable— que me llevan a una reflexión: mesas y sillas en aparcamientos públicos, toldos desplegados y ocupación del espacio exterior del vehículo que permiten sospechar que algunos nuevos usuarios desconocen las diferencias entre estacionar y acampar.

Y la pregunta es sencilla:

¿Se está enseñando a utilizar correctamente una autocaravana o una camper a quienes se incorporan a esta forma de viajar a través del alquiler?

Indie Campers es solamente la parte más visible.

Sería injusto convertir esta reflexión en una crítica a una empresa determinada.

Indie Campers llama especialmente la atención porque sus vehículos son fácilmente identificables, pero existen numerosas empresas de alquiler, fabricantes, distribuidores y plataformas dentro de un sector que ha experimentado un crecimiento extraordinario.

Por eso el problema, si existe, no se llama Indie Campers.

El verdadero asunto es cómo estamos gestionando la incorporación de miles de nuevos usuarios a esta forma de viajar.

Una persona puede alquilar una camper por Internet, recogerla en otro país y encontrarse pocas horas después estacionada junto a nosotros sin haber utilizado anteriormente un vehículo de estas características y sin conocer suficientemente sus normas de uso.

Puede devolverla una semana después.

Pero durante esos días sus actos tienen consecuencias.

La autocaravana se devuelve; la imagen permanece.

Cuando un vecino observa varias autocaravanas o campers con vertidos de líquidos, mesas, sillas, toldos u otros elementos ocupando un aparcamiento público o un espacio natural, normalmente no distingue entre vehículos alquilados y particulares, ni entre españoles, portugueses, franceses o alemanes.

Es cierto que quienes se comportan así no son una mayoría, pero sí son los suficientes para que sus actos se hagan notar.

El vecino simplemente ve autocaravanas y campers.

Después llegan las fotografías a las redes sociales, las protestas vecinales y de determinados intereses turísticos, las noticias en los medios y, finalmente, algunos ayuntamientos encuentran argumentos para establecer restricciones, prohibiciones o intentar concentrarnos obligatoriamente en determinados espacios.

Por eso conviene recordar algo:

La autocaravana alquilada se devuelve al terminar las vacaciones; la imagen que dejamos permanece y nos afecta a todos.

Pero ¿toda la responsabilidad es del usuario?

Durante décadas la industria de las autocaravanas y campers ha vendido, con toda legitimidad, una palabra por encima de casi todas las demás:

libertad.

Solo hay que observar la publicidad.


Una autocaravana junto a un lago. Una camper frente al mar. Una familia alrededor de una mesa contemplando las montañas. El toldo desplegado, las sillas fuera y muy pocas personas alrededor.

Es una imagen preciosa y tremendamente eficaz comercialmente.

El cliente no compra solamente un vehículo.

Compra también esa imagen de libertad.

Y ahí aparece una contradicción.

Si mostramos al futuro usuario una familia desayunando delante de su autocaravana, con el toldo abierto, las mesas y las sillas junto a un maravilloso lago, ¿cómo le explicamos después que esa misma escena no puede reproducirla en cualquier lugar donde consiga estacionar?

Podrá hacerlo en un camping o en aquellos espacios donde estén permitidas las actividades exteriores, pero no necesariamente en un aparcamiento público o en un espacio natural.

Quien alquila por primera vez puede desconocer esa diferencia.

Quizá esté haciendo lo que le hemos enseñado.

Esto no justifica comportamientos incorrectos. Quien utiliza un vehículo tiene la responsabilidad de conocer y respetar las normas.

Pero también debemos preguntarnos hasta qué punto la propia industria ha contribuido a crear determinadas expectativas.

Si entregamos una camper equipada con toldo y ofrecemos mesa y sillas, esos elementos forman legítimamente parte de la experiencia.

El problema no es proporcionarlos.

El problema es no explicar suficientemente dónde y en qué condiciones pueden utilizarse.

La publicidad dice:

Libertad. Naturaleza. Improvisación. Detente y disfruta del viaje y del momento.

La realidad necesita añadir:

Sí, pero respetando el lugar, las normas y a quienes comparten ese espacio contigo.

Una conversación de hace muchos años.

Esta cuestión me recuerda una experiencia personal de cuando formaba parte de la PACA.

En aquellos años elaboramos un Decálogo del Buen Autocaravanista, un sencillo documento con normas básicas de comportamiento. Entre otras recomendaciones decía:

«En ciudades, aparcamientos y lugares no apropiados, abstenerse de ocupar el espacio exterior del vehículo con nuestros enseres y elementos de acampada.»

Y añadía:

«No saque sillas, mesas u otros elementos al exterior».

Aquel decálogo pertenece a otra época y algunas de sus recomendaciones necesitan actualizarse. Pero su filosofía continúa teniendo plena vigencia:

el comportamiento individual termina construyendo la imagen colectiva.

Recuerdo que en una conversación que mantuve entonces con José Manuel Jurado, presidente de ASEICAR, le propuse que las empresas vinculadas a la asociación —fabricantes, vendedores y empresas de alquiler— entregasen aquel decálogo con los vehículos.

Mi recuerdo es que la propuesta no despertó demasiado entusiasmo. El argumento que se me trasladó venía a ser que comercialmente se vendía una imagen de libertad y que acompañarla de un documento lleno de limitaciones podía resultar contradictorio con aquello que se pretendía vender.

Han pasado muchos años; aquellos eran otros tiempos y también ha evolucionado mucho el sector. Actualmente ASEICAR dispone y difunde materiales y recomendaciones sobre buenas prácticas y utilización responsable de los vehículos que comercializa y como asociación  representa.

Pero aquella conversación vuelve ahora a mi memoria porque el problema que entonces comenzábamos a intuir hace ya más de dos décadas ha adquirido una dimensión difícil de imaginar en aquellos años.

Cuando el éxito genera sus propios problemas.

Durante mucho tiempo reclamamos que nuestra forma de viajar fuese conocida, respetada y reconocida tanto por las instituciones como por la sociedad.

Y afortunadamente creció.

Pero más autocaravanas y campers significan también mayor presión sobre determinados lugares. Las aplicaciones y redes sociales pueden convertir rápidamente un pequeño aparcamiento desconocido en destino de decenas de vehículos, mientras el alquiler incorpora constantemente nuevos usuarios.

Un lugar que podía asumir perfectamente diez o veinte autocaravanas difícilmente puede soportar cincuenta.

Y aparece una paradoja:

el éxito de la libertad que hemos promocionado puede terminar provocando restricciones a esa misma libertad.

El 1 de octubre tenemos una oportunidad.

La entrada en vigor el próximo 1 de octubre de 2026 del nuevo artículo 92.4 del Reglamento General de Circulación nos proporciona una magnífica oportunidad para hacer pedagogía.

La reforma fue aprobada mediante el Real Decreto 518/2026, de 24 de junio, publicado en el Boletín Oficial del Estado el 26 de junio de 2026. Esta reforma deja atrás las hasta ahora aún vigentes instrucciones de la DGT, formando parte del RGC, reglamento que pende directamente de la ley de Seguridad Vial.

Por primera vez el Reglamento establece expresamente que el estacionamiento de autocaravanas y otros vehículos acondicionados como vivienda debe realizarse:

a) sin extender elementos que desborden el perímetro del vehículo;
b) descansando solamente sobre los neumáticos, con posibilidad de calzos o cuñas de seguridad;
c) sin verter fluidos procedentes del habitáculo.

El texto puede consultarse también en el Reglamento General de Circulación consolidado en el BOE.

Pero de poco servirá avanzar en seguridad jurídica si quienes utilizan estos vehículos desconocen las reglas más elementales.


Especialmente quienes alquilan por primera vez o llegan desde otros países.

Quizá haya llegado el momento de recuperar aquella vieja idea del decálogo, adaptada a 2026.

No hacen falta treinta páginas.

Puede bastar una hoja, un código QR y una información sencilla disponible en varios idiomas.

Decálogo del buen autocaravanista y usuario de camper — 2026.

No todos estos puntos constituyen obligaciones legales. Algunos proceden directamente de la normativa y otros son recomendaciones de convivencia y buenas prácticas.

1. Estaciona como un vehículo, no como si ocuparas una parcela.
Respeta las normas, la señalización, las plazas delimitadas y el espacio de los demás.

2. Estacionar, pernoctar y acampar no son lo mismo.
Permanecer, descansar o dormir dentro de una autocaravana correctamente estacionada no supone, por ese solo hecho, estar acampado.

3. En un estacionamiento ordinario, mantén la actividad dentro del perímetro del vehículo.
No despliegues toldos ni saques mesas, sillas u otros elementos al exterior donde estas actividades no estén permitidas. Utilízalos en campings o lugares donde puedan desarrollarse legalmente.

4. El vehículo debe descansar únicamente sobre sus neumáticos.
El artículo 92.4 permite calzos o cuñas de seguridad. No deben confundirse con las rampas utilizadas para subir las ruedas y nivelar el vehículo. Tampoco con patas, gatos o sistemas hidráulicos que hagan descansar o eleven el vehículo sobre otros apoyos.

5. Nunca realices vertidos fuera de los lugares habilitados.
Las aguas grises y negras deben evacuarse en instalaciones destinadas a ello. El artículo 92.4 prohíbe durante el estacionamiento verter fluidos procedentes del habitáculo.

6. Respeta el lugar y a quienes viven en él.
Evita ruidos, música, motores innecesariamente encendidos, generadores molestos y comportamientos que perturben el descanso o la convivencia.

7. No conviertas el espacio público en un lugar propio.
Práctica la rotación evitando estancias desproporcionadamente prolongadas cuando exista mucha demanda y nunca reserves espacios mediante sillas, mesas u otros objetos.

8. Cuida especialmente los espacios naturales.
Poder llegar con una autocaravana a un lugar no significa poder hacer allí cualquier cosa. Respeta siempre la señalización y la normativa específica o medioambiental.

9. Si alquilas una autocaravana o camper, infórmate antes de comenzar el viaje.
Las empresas deberían facilitar información básica y comprensible sobre estacionamiento, actividades exteriores, vertidos y convivencia, preferentemente en el idioma del usuario. Quien utiliza el vehículo también tiene la responsabilidad de conocer las normas.

10. Recuerda que tu comportamiento construye la imagen de todos.
Quien observa una autocaravana ocupando indebidamente un espacio normalmente no sabe si es alquilada o particular ni de qué país procede.

Ve una autocaravana.

Cada comportamiento individual contribuye a construir —o deteriorar— la imagen de todo el colectivo.

No se trata de vender menos libertad.

Todo lo contrario. Se trata de conservarla.

Una autocaravana nos permite viajar y disfrutar de una extraordinaria sensación de libertad, pero libertad no significa poder hacer cualquier cosa en cualquier lugar.

Podemos utilizar el toldo, sacar nuestras mesas y sillas y disfrutar de una comida al aire libre contemplando un paisaje maravilloso.

Lo importante es saber  elegir dónde podemos hacerlo.

La industria ha hecho un extraordinario trabajo vendiendo el sueño de viajar en libertad. Quizá ahora tenga también la responsabilidad de enseñar cómo utilizarla.

Porque, después de todo, la mejor manera de conservar nuestra libertad es evitar que nuestro comportamiento proporcione argumentos a quienes quieren limitarla.

Pedro Ansorena.