Inauguración del área municipal de autocaravanas de Tui, una de las primeras referencias del autocaravanismo organizado en España.
Hace unos días publiqué en este blog una reflexión sobre la experiencia italiana y las enseñanzas que podemos extraer del país transalpino después de más de cincuenta años de reivindicación autocaravanista.
La buena acogida de aquel artículo, con más de 4.000 visitas en el blog en apenas un día, me llevó a revisar antiguos archivos que conservaba en un viejo disco duro procedente de aquellos años, olvidado durante mucho tiempo en un cajón porque pensaba que ya no podría recuperar su contenido.
Afortunadamente, gran parte de aquel material ha podido recuperarse.
Lo que encontré me hizo reflexionar.
Allí estaban los recuerdos de mis inicios en la reivindicación autocaravanista, a comienzos de los años 2000. Fotografías, recortes de prensa, cartas dirigidas a administraciones públicas y representantes políticos, documentos de trabajo y notas de aquellos primeros años en los que el autocaravanismo español buscaba la forma de organizarse para defender sus derechos.
Al observar aquel material comprendí algo que con frecuencia olvidamos.
Hoy discutimos sobre ordenanzas municipales, instrucciones de la DGT, decretos autonómicos, áreas de pago o gratuitas, representación asociativa o estrategias jurídicas.
Hoy discutimos sobre cómo defender derechos reconocidos.
En 2003 todavía había que convencer a las administraciones de que esos derechos existían.
Y esa es una diferencia enorme.
Hubo un tiempo en que nada de lo que hoy consideramos normal existía.
En aquellos años no luchábamos por conservar lo conseguido; luchábamos por conseguir lo que todavía no existía.
A principios de este siglo, aunque la presión sobre nuestra forma de viajar era menor, las autocaravanas eran prácticamente invisibles para buena parte de las administraciones.
- No existían ninguna aprobación parlamentaria sobre el autocaravanismo en Las Cortes Generales.
- No existían instrucciones específicas.
- No existía una doctrina administrativa consolidada.
- No existían más de mil áreas de autocaravanas repartidas por todo el territorio.
- No existía una interlocución estable con las instituciones.
En muchos casos, las administraciones ni siquiera conocían qué era exactamente una autocaravana o cuáles eran las necesidades de quienes utilizábamos este medio de viajar.
Y tampoco existían estructuras de representación fuera del ámbito tradicional del campismo capaces de trasladar nuestras inquietudes a las instituciones.
Al releer aquellos documentos aparece una realidad que muchos autocaravanistas actuales quizá desconocen.
- Las primeras reuniones con Senadores y Diputados nacionales.
- Las primeras reuniones con administraciones autonómicas.
- Las primeras áreas de servicio y pernocta.
- Los primeros contactos con ayuntamientos.
- Las primeras reclamaciones frente a ordenanzas discriminatorias.
- Las primeras señales con el pictograma de la autocaravana.
Los primeros intentos de explicar a las instituciones algo que hoy parece evidente: que una autocaravana es un vehículo y que sus usuarios tienen los mismos derechos y obligaciones que cualquier otro ciudadano.
La inauguración de aquellas primeras áreas era casi un laboratorio donde se estaba probando un modelo que hoy nos parece normal y que entonces era una novedad absoluta.
No solo se trataba de construir infraestructuras. También se intentaba trasladar a las administraciones públicas y a la sociedad una forma diferente de viajar, de relacionarse con el territorio y de entender el ocio.
Lo más llamativo es comprobar que muchas de las ideas que hoy forman parte del discurso habitual del autocaravanismo ya estaban presentes entonces.
- La diferencia entre estacionamiento y acampada.
- La necesidad de infraestructuras específicas.
- La defensa de la movilidad.
- La importancia de la seguridad jurídica.
- La colaboración con las administraciones.
- La necesidad de disponer de interlocutores capaces de representar al colectivo.
No pedíamos privilegios.
Solicitábamos ser regulados.
Sin embargo, existe una diferencia fundamental entre aquella época y la actual.
Hoy seguimos teniendo problemas, muchos de ellos derivados del crecimiento constante del parque de autocaravanas y de la cada vez mayor presencia de estos vehículos en nuestras ciudades y destinos turísticos.
Pero también disponemos de conocimiento, experiencia y herramientas que entonces ni siquiera existían.
Durante estos años han surgido asociaciones autocaravanistas en prácticamente todas las comunidades autónomas, desarrollando una importante labor territorial.
- Se han promovido iniciativas parlamentarias.
- Se han aprobado instrucciones administrativas.
- Se ha consolidado una doctrina jurídica.
- Se han multiplicado las infraestructuras específicas.
- Y recientemente han aparecido nuevas estructuras de coordinación y representación nacional como el G3A.
Por primera vez, el autocaravanismo español dispone de una red de representación e interlocución institucional que, con todas sus limitaciones y diferencias internas, era impensable en aquellos primeros años.
Hoy pienso que nada de esto ha sucedido por casualidad.
Ha sido el resultado de muchos años de trabajo realizado por personas y colectivos muy diversos.
Por eso, cuando observo aquellas fotografías y releo aquellos documentos, no veo únicamente recuerdos.
Veo la realidad de un comienzo.
Veo los cimientos de una construcción que todavía continúa.
Porque muchos autocaravanistas actuales conocen la Instrucción 08/V-74, la PROT 2023/14 o incluso la reciente PROT 2026/04.
Pero muy pocos conocen lo que ocurrió antes.
Muy pocos saben que en febrero de 2003 ya se estaba planteando a una senadora un programa completo de desarrollo del turismo itinerante en España.
Y muy pocos saben que conceptos que hoy parecen normales —como la diferencia entre estacionar y acampar— ya estaban presentes en aquellos documentos fundacionales.
Muchos de los argumentos que aparecen en esos textos terminaron convirtiéndose años después en doctrina administrativa consolidada.
Cuando uno lee hoy la Instrucción 08/V-74, la PROT 2026/04 o el Manual de Movilidad en Autocaravana, encuentra conceptos que ya estaban presentes en aquellas cartas, entrevistas y reuniones de 2003 y 2004.
No aparecieron de repente.
Fueron el resultado de años de insistencia, explicaciones, recursos y trabajo institucional.
Quizás por eso, al revisar aquellos documentos, no siento nostalgia.
Siento la satisfacción de comprobar que, a pesar de todas las dificultades, una parte importante de aquel trabajo terminó dando sus frutos.
Porque quizá la verdadera pregunta no sea si seguimos teniendo problemas.
La verdadera pregunta es si estamos mejor preparados para afrontarlos que hace veinte años.
Y si comparo aquellos documentos con la realidad actual, mi respuesta es claramente afirmativa.
Seguimos teniendo desafíos.
Pero ya no somos invisibles.
Pedro Ansorena
Nota: Los lectores interesados pueden consultar en el siguiente enlace algunos de los documentos históricos citados en este artículo. 👇
Documentos históricos recuperados sobre los inicios de la reivindicación autocaravanista en España



















