sábado, 8 de agosto de 2026

Liérganes, veinte años después: cuando un área deja de ser un servicio para convertirse en una limitación.


Hay noticias que uno lee como autocaravanista y otras que, además, le duelen por razones personales.

La que publica hoy, 8 de agosto, El Diario Montañés de Cantabria, bajo el expresivo titular «Liérganes construirá un área de autocaravanas para “prohibir” su estancia en el resto del pueblo», pertenece para mí a las segundas.

Según explica la información publicada por El Diario Montañés, el Ayuntamiento pretende concentrar las autocaravanas que visiten Liérganes en una nueva instalación de 27 plazas situada a las afueras del núcleo urbano, cerca del cementerio, cuya construcción ha salido a licitación con una inversión aproximada de 600.000 euros, financiada por el Gobierno de Cantabria a través de fondos europeos.

Pero las declaraciones del alcalde, Ángel Bordas, dejan clara una finalidad añadida:

«Queremos que ahí tengan que ir todas las autocaravanas que vengan».

También anuncia la desaparición del actual punto de servicio situado en el aparcamiento de la estación de FEVE y medidas para impedir que estos vehículos permanezcan en otros lugares:

«Queremos que todas las autocaravanas vayan al aparcamiento que vamos a hacer y para ello pondremos gálibos, señales y lo que haga falta».

Es precisamente ahí donde, para mí, esta noticia deja de ser simplemente la construcción de una nueva área.

Porque no estamos hablando solamente de crear un servicio.

Estamos hablando de crear un recinto para después intentar obligar a utilizarlo.

2004: cuando Liérganes decidió abrir sus puertas

Para comprender mi decepción hay que retroceder más de veinte años.

En aquellos primeros tiempos del autocaravanismo organizado en España los que estábamos implicados en la reivindicación de esta actividad viajera intentábamos explicar a ayuntamientos y administraciones algo bastante sencillo: una autocaravana es un vehículo.

No necesitábamos necesariamente campings ni grandes instalaciones para viajar. Necesitábamos poder estacionar correctamente, como los demás vehículos, y disponer periódicamente de unos servicios básicos donde abastecernos de agua y vaciar responsablemente nuestros depósitos.

En 2004 tuve la oportunidad de trasladar personalmente esta idea al entonces alcalde de Liérganes, Ángel Bordas.

Lo entendió.

Y Liérganes puso en funcionamiento la que sería la segunda área municipal de autocaravanas creada en España.

No se construyó un camping ni un recinto separado. En un aparcamiento compartido, sin plazas reservadas exclusivamente para autocaravanas, se instalaron simplemente los servicios necesarios de agua y vaciado, con una inversión que no superó los 5.000 euros.

Si el aparcamiento estaba ocupado, una autocaravana, como cualquier otro vehículo, tenía que buscar otro lugar.

El área era un servicio para las autocaravanas, no el lugar donde obligatoriamente tenían que permanecer.

2010: seis años después, la experiencia había funcionado

En agosto de 2010 publiqué en este mismo blog una conversación que había mantenido nuevamente con Ángel Bordas.

Habían pasado seis años desde la puesta en funcionamiento del área y la valoración era muy positiva.

Por Liérganes habían pasado multitud de autocaravanistas de diferentes nacionalidades y aquella sencilla instalación había contribuido a que muchos viajeros conocieran el municipio y su entorno.

Pero aquella conversación dejó también algo que hoy resulta especialmente interesante.

El alcalde entendía perfectamente que la existencia de un área no significaba que las autocaravanas tuvieran prohibido estacionar en los demás aparcamientos de Liérganes.

Podíamos estacionar y pernoctar siempre que lo hiciéramos correctamente y sin realizar actividades propias de la acampada.

Es decir, ya entonces se comprendían dos ideas fundamentales:

Estacionar no es acampar.

Y disponer de un área no convierte automáticamente el resto del municipio en un espacio prohibido para las autocaravanas.

Años después, cuando el área fue remodelada, volví a ocuparme de Liérganes en el blog, destacando precisamente su condición de municipio pionero.

Durante más de veinte años aquel modelo sencillo funcionó y   aún hoy sigue funcionando.

Miles de viajeros conocieron Liérganes, pasearon por sus calles, visitaron su patrimonio y consumieron en sus establecimientos.

Dispongo solo de lo que transmiten algunos propietarios del comercio y la hostelería de Lierganes a los que conozco porque mi mujer Senia es de allí. No dispongo de estudios que permitan cuantificar ese retorno económico y no tendría sentido inventar cifras, pero resulta difícil negar que más de dos décadas de presencia continuada de turismo itinerante han contribuido a divulgar y dinamizar el municipio.

2025: empieza a dibujarse otro modelo

Por eso, cuando en 2025 conocí el proyecto de construir una nueva instalación, expresé mis dudas en este blog bajo un título que hoy adquiere todavía mayor significado:

«Nuevo área de autocaravanas de Liérganes: ¿avance o retroceso?»

No cuestionaba que Liérganes pudiera mejorar sus instalaciones.

Lo que me costaba comprender era la necesidad de sustituir un modelo sencillo, económico y probado durante más de veinte años por otro considerablemente más complejo y costoso.

Ahora sabemos que la nueva instalación tendrá 27 plazas, estará situada fuera del núcleo urbano, en las proximidades del cementerio, y contará con abastecimiento de agua, recogida de residuos, iluminación y conexiones eléctricas individuales.

La inversión prevista ronda los 600.000 euros y el alcalde ya anuncia que su utilización tendrá que regularse para que los usuarios paguen por esos servicios.

Nada tengo contra las áreas de pago ni contra quienes quieran disponer de electricidad u otros servicios y estén dispuestos a pagarlos.

La cuestión es otra:

¿Se están ofreciendo servicios que el autocaravanista puede elegir o se está creando una infraestructura para después obligarle a consumirlos?

2026: el cambio de modelo queda al descubierto

La noticia publicada ahora por El Diario Montañés despeja buena parte de las dudas que planteaba hace un año.

El objetivo declarado no es únicamente ofrecer una nueva área.

El Ayuntamiento quiere que todas las autocaravanas tengan que ir allí.

Y para conseguirlo desaparecerá el actual punto de servicio de FEVE y, según anuncia el alcalde, se instalarán «gálibos, señales y lo que haga falta».

Ahí aparece el verdadero cambio.

En 2004, con el mismo alcalde, hablábamos de cómo facilitar la llegada de las autocaravanas a Liérganes.

En 2026 hablamos de cómo concentrarlas obligatoriamente en un lugar determinado.

¿Qué ha sucedido durante estos veintidós años para justificar un cambio de criterio tan profundo?

Si existen problemas, gestionemos los problemas

El Ayuntamiento ofrece algunas explicaciones. Según recoge El Diario Montañés, el actual aparcamiento habría generado problemas de tráfico, malos olores en la zona de descarga y una creciente presión sobre los servicios municipales.

Si esos problemas existen, naturalmente deben solucionarse.

Si el punto de vaciado produce malos olores, habrá que corregirlo.

Si existe un problema de tráfico, habrá que ordenar el aparcamiento.

Si existe saturación en determinados momentos, podrán establecerse limitaciones razonables basadas en criterios objetivos.

Y si algún autocaravanista realiza una actividad prohibida, deberá actuarse contra esa conducta.

Lo que resulta más difícil de comprender es que problemas concretos terminen convirtiéndose en una restricción general dirigida a un determinado tipo de vehículo.

Gestionar problemas no es lo mismo que prohibir vehículos.

Los gálibos no distinguen comportamientos

Especial reflexión merece el anuncio de instalar gálibos.

Un gálibo no sabe si los ocupantes de una autocaravana están durmiendo, visitando Liérganes durante unas horas o realizando una actividad incorrecta.

Simplemente impide físicamente el paso a los vehículos que superan determinada altura.

Por eso, cuando se utiliza para impedir el acceso de autocaravanas a un aparcamiento público, no se está actuando sobre una conducta, sino sobre las características físicas del vehículo.

Y la pregunta resulta inevitable:

¿Queremos evitar comportamientos incorrectos o queremos evitar determinados vehículos?

Y todo esto cuando cambia el Reglamento General de Circulación

Existe además una circunstancia que hace especialmente interesante el momento elegido.

El próximo 1 de octubre entrará en vigor la reforma del Reglamento General de Circulación aprobada mediante el Real Decreto 518/2026.

Entre sus novedades se encuentra el nuevo artículo 92.4, que incorpora por primera vez al Reglamento las condiciones específicas aplicables al estacionamiento de autocaravanas y otros vehículos vivienda.

Esto no significa que desaparezcan las competencias municipales en materia de tráfico. Los ayuntamientos seguirán pudiendo ordenar el estacionamiento urbano dentro del marco establecido por la legislación.

Pero tampoco podemos ignorar que el marco jurídico habrá cambiado.

Lo que durante tantos años defendimos apoyándonos fundamentalmente en instrucciones de la Dirección General de Tráfico pasa ahora a formar parte del propio Reglamento General de Circulación.

Por eso habrá que conocer la regulación que finalmente apruebe Liérganes: su motivación, el alcance de las prohibiciones, las señales que pretenda instalar, la utilización anunciada de gálibos y los lugares concretos afectados.

Solo entonces podrá analizarse jurídicamente si esas medidas son compatibles con el nuevo marco normativo.

La propia oposición municipal ya ha expresado públicamente sus dudas.

El tiempo y, llegado el caso, los tribunales determinarán quién tiene razón.

De servicio voluntario a recinto obligatorio

Pero incluso dejando a un lado la cuestión jurídica, el problema de fondo es otro.

Durante años defendimos la creación de áreas porque necesitábamos puntos donde abastecernos de agua y vaciar responsablemente nuestros depósitos durante el viaje.

Podían ser gratuitas o de pago, sencillas o disponer de más servicios.

Pero el área complementaba nuestra condición de vehículo; no la sustituía.

Poco a poco parece extenderse otra filosofía: se construyen instalaciones cada vez más complejas, se añaden servicios, se establece un precio y finalmente aparece el argumento de que, como existe un área específica, las autocaravanas deben permanecer allí.

Ese razonamiento cambia completamente el modelo.

El área deja de ser un servicio ofrecido al viajero para convertirse en el lugar al que se le dirige.

Y cuando además se anuncian prohibiciones, señales y barreras físicas para conseguirlo, deja incluso de ser una elección.

Una historia que he vivido desde el principio

Quizá por eso esta noticia me produce una especial tristeza.

No conozco la historia del área de Liérganes porque la haya encontrado ahora en una hemeroteca.

La viví desde el principio.

Recuerdo aquellos años en los que intentábamos convencer a alcaldes y administraciones de que las autocaravanas no eran un problema. Recuerdo cuando cada nueva área municipal era una pequeña conquista porque significaba que alguien había comenzado a comprender nuestra forma de viajar.

Y recuerdo perfectamente la receptividad de Ángel Bordas.

Por eso siempre he reconocido públicamente su decisión y por eso Liérganes ocupa también un lugar destacado en el capítulo dedicado a la creación de las primeras áreas municipales de autocaravanas, dentro de la historia del autocaravanismo en España que he venido publicando en este blog.

Liérganes fue un municipio pionero.

Y durante más de veinte años demostró que con muy poco podía conseguirse mucho.

Por eso me resulta difícil comprender que, después de todo ese recorrido, la solución sea ahora invertir alrededor de 600.000 euros en un recinto alejado del pueblo y anunciar después gálibos, señales «y lo que haga falta» para conseguir que las autocaravanas tengan que utilizarlo.

Si hoy volviera a sentarme con Ángel Bordas, probablemente intentaría explicarle exactamente lo mismo que le expliqué hace más de veinte años.

Que necesitamos lugares donde abastecernos de agua y vaciar responsablemente nuestros depósitos.

Que agradecemos a los municipios que nos proporcionan esos servicios.

Que habrá autocaravanistas que deseen instalaciones más completas y estarán encantados de pagar por utilizarlas.

Pero también le recordaría algo que él mismo comprendió perfectamente entonces:

un área de autocaravanas y un aparcamiento cumplen funciones diferentes.

Liérganes fue uno de los primeros municipios españoles que comprendió esa diferencia.

Me gustaría que, más de veinte años después, no fuera precisamente uno de los municipios que contribuyeran a borrarla.

No necesitamos privilegios.

Tampoco pedimos poder acampar donde queramos.

Pedimos que se actúe contra las conductas incorrectas cuando se produzcan y que nuestra forma de viajar no se convierta en la razón para excluir nuestros vehículos de aquellos lugares donde, conforme a las normas aplicables, puedan estacionar los demás.

Porque aquella idea sencilla que ayudó a convertir a Liérganes en un municipio pionero continúa siendo válida veintidós años después:

Las áreas de autocaravanas nacieron para facilitarnos el viaje, no para justificar que se nos prohibiera estacionar fuera de ellas.

Pedro Ansorena.

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Motivado por la sugerencia de algunos lectores y la acogida que está teniendo el libro que he publicado en el blog, Cosas del Autocaravanismo, EL AUTOCARAVANISMO EN ESPAÑA (2000-2026) Relato de una experiencia. Con más de 50.000 visitas y 20.000 descargas. Aprovechando la facilidad de actualización que te ofrecen las publicaciones digitales. He actualizado el mismo en 4 páginas más, una de agradecimientos y otras en un nuevo epílogo actualizado, con enlaces a las últimas publicaciones en el blog. Trato sobre  la publicación en el BOE de la última reforma del RGC y la incorporación del artículo 92.4 que afecta a las autocaravanas y que entrará en vigor el próximo 1 de octubre.

Deseo que la actualización sea de vuestro agrado. 🤝


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viernes, 7 de agosto de 2026

Estacionar, pernoctar y acampar: una cuestión también de pedagogía.

Hoy, 7 de agosto, en pleno rigor del verano, una época del año en la que las autocaravanas y las campers cada vez se ven más por todas partes, he leído en Diario de Avisos, periódico canario, una publicación que me ha parecido especialmente interesante por algo que considero fundamental en el mundo del autocaravanismo: la pedagogía.

El artículo aborda una pregunta aparentemente sencilla: ¿se puede dormir dentro de una autocaravana estacionada frente a una playa?

Puede consultarse aquí:

La DGT aclara si se puede dormir en una autocaravana frente a una playa en Canarias

La respuesta nos lleva, una vez más, a una cuestión sobre la que llevamos muchos años hablando: estacionar, pernoctar y acampar no significan necesariamente lo mismo.

Y quizá convenga seguir explicándolo.

Un problema que también es de conceptos

Durante muchos años, buena parte de los conflictos relacionados con las autocaravanas han nacido de algo tan sencillo como confundir conceptos.

Se ve una autocaravana estacionada y, si sus ocupantes permanecen en su interior durante la noche, con demasiada frecuencia se habla inmediatamente de "acampada".

Pero pensemos por un momento en cualquier otro vehículo.

Una persona estaciona su automóvil correctamente en una vía pública. Puede permanecer dentro escuchando la radio, leyendo, comiendo un bocadillo, hablando con otra persona o incluso descansando durante un viaje.

Hay, además, una circunstancia que merece la pena recordar. La propia DGT, a través de campañas y paneles informativos en las carreteras, recomienda periódicamente a los conductores descansar durante los viajes como medida de seguridad vial.

Y aquí podríamos hacernos una pregunta muy sencilla: ¿qué mejor forma de descansar, sea de día o de noche, que hacerlo en la cama que incorpora una autocaravana? ¿Ese acto debemos considerarlo descanso o acampada?

Mientras el vehículo continúe correctamente estacionado y la actividad de sus ocupantes no trascienda al exterior, resulta difícil entender por qué aquello debería modificar la naturaleza del estacionamiento.

¿Por qué debería ser necesariamente diferente cuando hablamos de una autocaravana?

La particularidad de una autocaravana consiste precisamente en que ha sido construida y homologada para permitir viajar habitando, incorporando para ello los elementos necesarios para desarrollar determinadas actividades en su interior: sentarse, cocinar, descansar o dormir.

Por eso, una de las aportaciones pedagógicas más importantes de las instrucciones que durante estos años ha publicado la Dirección General de Tráfico —y a cuya elaboración pudimos aportar nuestra experiencia como autocaravanistas durante las sesiones del GT-53— ha sido precisamente ayudar a diferenciar lo que sucede dentro del vehículo de aquello que ocupa o afecta al espacio exterior.

El límite se entiende mejor cuando lo vemos

También nosotros, los autocaravanistas, tenemos una responsabilidad importante a la hora de explicar esta diferencia. Y ahí es donde las asociaciones pueden desarrollar una importante labor pedagógica entre sus propios socios.

No es lo mismo permanecer dentro de una autocaravana que extender nuestra actividad sobre el espacio público.

Cuando sacamos mesas y sillas, desplegamos determinados elementos fuera del perímetro del vehículo, ocupamos espacio adicional o realizamos vertidos, la situación cambia.

Y es bueno que se entienda.

Defender el derecho al estacionamiento de una autocaravana no significa defender que alrededor de ella podamos crear libremente una parcela de camping.

Precisamente por eso resulta tan importante diferenciar ambos comportamientos.

Una autocaravana correctamente estacionada continúa siendo, ante todo, un vehículo.

Cuando la actividad comienza a extenderse fuera de ella, entramos en otro terreno que puede estar sometido a otras normas y limitaciones.

Explicarlo de esta manera probablemente resulte mucho más eficaz que recurrir constantemente a artículos, instrucciones y disposiciones legales que la mayoría de los ciudadanos no tiene por qué conocer.

Dormir no debería ser la cuestión

Quizá uno de los errores que más confusión ha provocado durante años sea utilizar la palabra "pernocta" como si definiera por sí misma una actividad distinta del estacionamiento.

Pernoctar significa, sencillamente, pasar la noche en un lugar. Y la "pernoctación", por cierto, es también una unidad utilizada habitualmente por el turismo convencional para contabilizar las noches que los viajeros pasan en los establecimientos turísticos.

Pero desde el punto de vista de la circulación y del estacionamiento, la cuestión verdaderamente relevante no debería ser si una persona está despierta o dormida dentro de su vehículo.

Lo importante es cómo se encuentra ese vehículo y qué efectos produce sobre el espacio que ocupa.

Esta idea, aparentemente sencilla, ha costado muchos años introducirla en el debate público.

Y todavía hoy continúa siendo necesario explicarla.

Por eso me parece positiva la publicación de Diario de Avisos, un medio de comunicación que llega a un amplio número de ciudadanos.

No porque descubra algo nuevo para quienes llevamos muchos años relacionados con el autocaravanismo, sino porque lo traslada al ciudadano de una manera comprensible.

Y eso también es importante.

Una fotografía del momento actual

Naturalmente, debemos ser prudentes.

Lo que hoy podemos explicar se apoya en el marco normativo existente y en las instrucciones que la Dirección General de Tráfico ha ido publicando durante estos años, incluida la reciente PROT 2026/04.

Pero estamos ante un momento de transición.

El próximo 1 de octubre de 2026 entrará en vigor el nuevo artículo 92.4 del Reglamento General de Circulación, incorporado mediante el Real Decreto 518/2026.

A partir de entonces tendremos algo que durante muchos años reclamamos: unos criterios específicos sobre el estacionamiento de las autocaravanas incorporados al propio Reglamento General de Circulación.

Eso supone un cambio importante.

Pero tampoco deberíamos anticiparnos a lo que todavía no conocemos.

Una cosa es lo que dice una norma y otra, igualmente importante, cómo termina aplicándose.

Serán las administraciones, los ayuntamientos, los agentes encargados de la vigilancia del tráfico y, cuando aparezcan controversias, los tribunales quienes vayan delimitando progresivamente el verdadero alcance de esta nueva regulación.

Las futuras resoluciones judiciales podrán confirmar algunas de las interpretaciones que hoy hacemos, matizarlas o precisar aspectos que todavía pueden generar dudas.

Por eso creo que debemos contemplar el artículo 92.4 como un importante paso adelante, pero también esperar a comprobar cómo se desarrolla su aplicación práctica.

Las normas son importantes, pero la pedagogía también

Después de tantos años relacionados con el autocaravanismo, cada vez estoy más convencido de que no todos nuestros problemas se solucionan exclusivamente modificando leyes y reglamentos.

También necesitamos explicar qué hacemos.

Explicarlo a los ayuntamientos, a los agentes, a los medios de comunicación, a los ciudadanos y también, cuando sea necesario, a los propios autocaravanistas.

Porque cuando alguien comprende la diferencia entre un vehículo correctamente estacionado y una actividad de acampada, muchas discusiones comienzan a perder sentido.

Quizá por eso publicaciones como la de Diario de Avisos tienen más importancia de la que inicialmente pudiera parecer.

Un medio de comunicación generalista explicando que dormir dentro de una autocaravana correctamente estacionada no convierte automáticamente ese estacionamiento en una acampada contribuye a desmontar una asociación de ideas que nos ha acompañado durante demasiado tiempo.

Comprender antes que prohibir

En este blog hemos hablado muchas veces de normas, instrucciones, ordenanzas, sentencias y derechos.

Y tendremos que seguir haciéndolo.

Pero quizá exista un trabajo previo mucho más sencillo:

conseguir que se comprenda qué es realmente una autocaravana y qué significa utilizarla responsablemente.

No pretendemos privilegios.

Tampoco pretendemos convertir cualquier aparcamiento en un camping.

Lo que durante muchos años hemos defendido es algo bastante más sencillo: que cuando una autocaravana se comporta como un vehículo estacionado sea tratada como tal, sin que la actividad normal de sus ocupantes en el interior constituya por sí misma una razón para modificar esa consideración.

A partir del 1 de octubre comenzará una nueva etapa con la entrada en vigor del artículo 92.4 del Reglamento General de Circulación.

Después llegará su aplicación práctica.

Y seguramente también llegarán nuevas interpretaciones y sentencias que nos ayudarán a conocer con mayor precisión hasta dónde alcanza.

Mientras tanto, hay algo que podemos seguir haciendo desde ahora mismo:

explicar, informar y hacer pedagogía.

Porque muchas veces, antes  que prohibir, quizá lo primero sea comprender.

Pedro Ansorena.

jueves, 23 de julio de 2026

Cuando las normas también cuentan una historia: lo que aprendí en el GT-53 sobre las ventanas abatibles y los calzos.

Con frecuencia leo comentarios sobre algunas de las decisiones que se adoptaron hace ya casi veinte años en relación con las autocaravanas. Algunas personas las consideran absurdas; otras piensan que fueron arbitrarias o fruto del desconocimiento de quienes redactaban las normas.

Lo entiendo. Es una reacción lógica cuando únicamente se conoce el resultado final.

Sin embargo, quienes tuvimos la oportunidad de participar en aquellas reuniones del Grupo de Trabajo GT-53 de la Dirección General de Tráfico y conocer la documentación que allí se presentaba, pudimos comprobar que, al menos en aquellos asuntos, las decisiones no surgían de una ocurrencia ni de un simple criterio administrativo.

Detrás de muchas de ellas existían informes técnicos, ensayos de laboratorio y debates en los que se analizaban los problemas desde la perspectiva de la seguridad vial.

Con el paso de los años he pensado que quizá merezca la pena dejar constancia de algunos de aquellos recuerdos. No para afirmar que todas las decisiones fueran incuestionables ni para convencer a nadie de que fueran las mejores posibles, sino porque ayudan a comprender cómo se llegó a determinadas conclusiones que hoy muchos interpretan sin conocer su origen.

La mesa donde se debatían las decisiones

A menudo se piensa que una norma nace porque alguien decide prohibir algo.

Mi experiencia fue muy distinta.

En aquellas reuniones se presentaban informes, estudios y análisis realizados por especialistas. Después se debatían las posibles soluciones y sus consecuencias.

Ese proceso me permitió comprender que muchas veces una norma no pretende únicamente regular el comportamiento de los usuarios, sino también orientar la evolución futura de los propios vehículos y de los elementos que utilizan.

Es decir, utilizar la regulación como una herramienta para mejorar la seguridad desde el propio diseño.

Ese detalle, que rara vez aparece reflejado en los documentos oficiales, me pareció entonces muy interesante y todavía hoy lo sigo considerando una de las enseñanzas más valiosas de aquel trabajo.

El caso de las ventanas abatibles

Uno de los asuntos que recuerdo especialmente fue el de las ventanas abatibles.

Durante el proceso de trabajo, la Dirección General de Tráfico, a través de su asesor Antoni París, presentó la intervención de un técnico de laboratorio que expuso un informe sobre accidentes sufridos por peatones y ciclistas debido a ventanas abatibles abiertas que invadían el espacio de circulación en aceras y paseos.

Hasta aquel momento yo desconocía completamente la existencia de esos datos.

Aquel informe explicaba que el problema no era abrir una ventana en sí misma, sino el riesgo que suponía cuando sobresalía del perímetro del vehículo en espacios utilizados por peatones y ciclistas.

Después llegó una explicación que me llamó especialmente la atención.

El técnico explicó que muchos fabricantes utilizaban el mismo modelo de ventana tanto para caravanas como para autocaravanas. Desde un punto de vista industrial era una solución lógica: un mismo componente servía para ambos vehículos.

Sin embargo, también señaló que ambos tenían un uso diferente.

La caravana está concebida principalmente para permanecer instalada en un camping o en un recinto de acampada, donde abrir una ventana abatible no representa un problema.

La autocaravana, en cambio, está diseñada para viajar y estacionar habitualmente en la vía pública, donde una ventana que sobresale del perímetro del vehículo puede convertirse en un riesgo para los otros usuarios del espacio.

La conclusión a la que llegaron los técnicos fue que una regulación que desincentivara la utilización de ese tipo de ventanas durante el estacionamiento en la vía pública terminaría influyendo también en el diseño de los futuros vehículos, favoreciendo la utilización de otros sistemas, como las ventanas correderas o aquellas que no invaden el espacio exterior.

Con el paso de los años he observado que, efectivamente, muchas autocaravanas actuales incorporan soluciones distintas a las que eran habituales entonces.

No sé hasta qué punto aquella normativa influyó directamente en esa evolución, pero recuerdo perfectamente que ese era uno de los objetivos que los técnicos planteaban en aquellas reuniones.

El caso de los calzos de nivelación

Algo parecido ocurrió con los calzos de nivelación.

En aquellos debates también se presentaron ensayos realizados sobre distintos modelos comercializados en aquella época.

Según los ensayos cuyos resultados nos fueron presentados, muchos de los calzos comercializados en aquel momento ofrecían un comportamiento aceptable como cuñas para evitar el deslizamiento del vehículo, pero no proporcionaban las garantías necesarias para soportar de forma continuada el peso de una autocaravana durante las operaciones de nivelación.

La preocupación de los técnicos era evidente.

Su objetivo no era únicamente prohibir un determinado uso, sino evitar que se produjeran situaciones de riesgo derivadas de la rotura de esos elementos. Al mismo tiempo, pretendían incentivar que los fabricantes desarrollaran productos capaces de soportar esas cargas con las debidas garantías de resistencia y seguridad.

Han pasado casi veinte años desde entonces y, lógicamente, tanto los materiales como los sistemas de fabricación han evolucionado de forma muy importante.

Pero también conviene recordar que ya entonces existía una preocupación real por mejorar la seguridad y por impulsar una evolución técnica de estos productos.

Precisamente por eso, este recuerdo debe entenderse en el contexto técnico de aquel momento.

Comprender no significa compartir

Con el paso del tiempo cada persona puede tener su propia opinión sobre si aquellas decisiones fueron acertadas o si hoy deberían revisarse teniendo en cuenta la evolución de los vehículos, los materiales y las nuevas tecnologías.

Ese debate es perfectamente legítimo.

Lo que sí considero importante dejar escrito es que aquellas decisiones no nacieron de un capricho.

Existía un razonamiento técnico. Existían informes. Existían ensayos. Existían profesionales que explicaban por qué proponían determinadas soluciones. Yo mismo tuve la oportunidad de escucharlos directamente.

Eso no obliga a compartir todas sus conclusiones, pero sí ayuda a comprender cómo se construían aquellas normas.

La importancia de conservar la memoria

Los documentos oficiales suelen recoger únicamente el resultado final.

Lo que rara vez aparece escrito es cómo se llegó hasta él.

Por eso creo que quienes tuvimos la oportunidad de asistir a aquellas reuniones tenemos, en cierta medida, la responsabilidad de conservar esa parte de la historia.

No porque nuestra memoria sea más importante que los documentos, sino porque ambos se complementan.

Una cosa es leer una disposición publicada en el BOE.

Otra muy distinta es conocer los informes, los razonamientos técnicos y los debates que hicieron posible que aquella disposición llegara a existir.

Quizá dentro de unos años estos recuerdos solo tengan un interés histórico.

Pero precisamente por eso creo que merece la pena dejar constancia de ellos mientras todavía permanecen vivos en la memoria de quienes estuvimos allí.

Pedro Ansorena.