lunes, 9 de marzo de 2026

Capítulo 12. Cuando el camino volvió a abrirse.

El inexplicable incumplimiento en el envío del dossier que debía llegar al Senado parecía haber cerrado una puerta que se había abierto casi por casualidad unos meses antes en un camping de la provincia de Soria. Pero, en ocasiones, los caminos que se abren de forma casi casual terminan teniendo recorridos inesperados.

Aquella historia todavía no había terminado.


El Senado de España, institución a la que el autocaravanismo estaba a punto de llegar por primera vez como asunto de debate parlamentario.

Durante un tiempo me encontré bastante solo y muy desanimado. A pesar del importante trabajo que creía estar intentando llevar a cabo, la relación con la junta directiva y con algunos delegados de la PACA no era la más adecuada para continuar.

Llegué a pensar que quizá era yo el culpable por haber iniciado un camino que los demás no podían seguir. Al fin y al cabo, se trataba de personas con sus trabajos en activo, con familias a su cargo, y el trabajo que realizaban era totalmente altruista, restando tiempo tanto a sus obligaciones familiares como laborales. En aquella situación comprendía que ¿quién era yo para marcarle el paso a nadie? no tenía ningún derecho a exigir más a quienes ya estaban dando todo lo que podían.

Por momentos llegué a pensar que aquella oportunidad se había perdido definitivamente.

El contacto con la senadora Ana María Chacón parecía haberse enfriado tras el episodio del dossier que nunca llegó a su destino, y todo indicaba que el intento de llevar el autocaravanismo al ámbito institucional había quedado en una simple intención fallida.

Pero a veces los acontecimientos toman giros inesperados.

En medio de aquel periodo de incertidumbre se produjo un contacto que, en principio, nada tenía que ver con el proceso que habíamos iniciado con la senadora. Se trataba de la posibilidad de explicar la realidad del autocaravanismo a un alto responsable político al que había accedido por casualidad a través de un familiar y que había mostrado interés por conocer esta actividad y las dificultades que encontraba su desarrollo en España.

El contacto con un alto mandatario

Aquel encuentro sirvió, sobre todo, para confirmar algo que ya intuíamos desde hacía tiempo: el autocaravanismo era una realidad social y turística mucho más importante de lo que muchas administraciones imaginaban.

Durante aquella conversación fue posible explicar nuevamente cuál era la situación que vivían los autocaravanistas en España, cuáles eran nuestros problemas y necesidades a la hora de viajar las familias con una autocaravana, las dificultades que encontrábamos en muchos municipios y la necesidad de que las administraciones públicas comprendieran mejor esta forma de viajar, que en otros países europeos ya estaba plenamente integrada dentro de las políticas de movilidad y turismo.

Más allá de los resultados inmediatos de aquel encuentro, aquella experiencia tuvo una consecuencia inesperada.

Todavía hoy no sé con certeza cuáles fueron los motivos, pero el caso es que, después de aquella entrevista, el tema del autocaravanismo volvió a ponerse sobre la mesa y, de una forma u otra, volvió a conectar con el contacto que meses antes se había iniciado con la senadora Ana María Chacón.

Creo que es importante comprender que desde que se produjo el primer contacto con la senadora, a finales del año 2004, hasta que se aprobó la moción autocaravanista en mayo de 2006, transcurrió aproximadamente un año y medio.

En una situación normal, en la que no se hubieran cometido determinados errores, probablemente ese proceso habría sido mucho más corto.

A partir de ese momento el asunto comenzó a retomarse.

En las conversaciones posteriores con la senadora fue posible volver a explicar con detalle la situación del autocaravanismo en España y la importancia que podía tener abrir un debate institucional sobre esta realidad.

Siempre he tenido claro que, en mi relación con los políticos o con responsables de la administración, mi papel era explicarles con la mayor claridad posible aquello que ellos desconocían: qué era el autocaravanismo, cuáles eran nuestros problemas y cuáles nuestras necesidades a la hora de utilizar nuestras autocaravanas.

A partir de ahí, la forma política o administrativa de abordar esas cuestiones ya correspondía a quienes tenían responsabilidades institucionales.

Para la propia senadora, el autocaravanismo era todavía un fenómeno poco conocido. Pero precisamente por eso mostraba interés en comprenderlo mejor y en conocer cómo se estaba gestionando esta actividad en otros países europeos.

Poco a poco comenzó a plantearse la posibilidad de dar un paso que hasta entonces nadie había intentado en España: llevar el autocaravanismo al debate parlamentario.

Aquella posibilidad representaba un cambio de escenario muy importante.

Hasta ese momento el trabajo reivindicativo del movimiento autocaravanista se había desarrollado principalmente en el ámbito asociativo y municipal.

La creación de áreas de servicio y el contacto directo con los ayuntamientos habían permitido avanzar en muchos lugares, pero también habían demostrado que el problema no podía resolverse únicamente desde el ámbito local.

Era necesario abrir también una vía institucional que permitiera abordar la cuestión desde una perspectiva más amplia.

Así comenzó a tomar forma la idea de impulsar una iniciativa parlamentaria en el Senado.

Lo que unos meses antes había comenzado como una conversación casual entre autocaravanistas en un camping de la provincia de Soria estaba a punto de convertirse en un asunto de debate en la Cámara Alta del Poder Legislativo español.

El autocaravanismo estaba a punto de entrar, por primera vez, en el Senado de España.



Capítulo 11. El dossier que debía llegar al Senado.

Como era lógico, el compromiso que había adquirido con la senadora Ana María Chacón lo trasladé inmediatamente a la junta directiva de la PACA a través de Vicente Díaz, que en aquel momento actuaba como interlocutor habitual entre los delegados y la dirección de la plataforma.

Era importante preparar aquella documentación con rapidez.

Había dado mi palabra a la senadora y no quería perder aquella oportunidad.

Sin embargo, pasaban las semanas y no veía que el trabajo avanzara.

Mientras tanto continuaba manteniendo el contacto telefónico con la senadora, explicándole que estábamos preparando la documentación que nos había solicitado y que, en lo relativo a algunos datos estadísticos nacionales e internacionales —que debían recabarse de distintas fuentes—, el proceso se estaba demorando algo más de lo previsto.

Le comentaba que, en cuanto el documento estuviera terminado, se lo enviaríamos.

Habían transcurrido ya cerca de dos meses y la documentación seguía sin prepararse.

Hay que tener en cuenta que en aquel momento, por diversas razones, mi relación con la junta directiva de la PACA no pasaba por su mejor momento.

Ante esta situación, y para no perder el contacto con la senadora ni quedar como irresponsable ante el compromiso adquirido, decidí tomar la iniciativa y acudir a una de las personas que más me habían ayudado desde el inicio de mi implicación en el autocaravanismo: Pablo Higuera, secretario de ayuntamiento y buen conocedor del derecho administrativo.

Pablo y su mujer, Elsa Pardo, también autocaravanistas, habían estado presentes como invitados en la reunión de la playa de Toró.

Le expliqué la situación y la importancia de atender la petición de la senadora.

Ambos coincidimos en que aquella oportunidad no podía perderse.

Ante la falta de avances en la preparación del documento, decidimos ponernos manos a la obra y elaborar nosotros mismos el material que se nos había solicitado.

Comenzamos a preparar un manual informativo sobre la situación del autocaravanismo, tanto en España como en el resto de Europa, en el que se explicaban las características de esta forma de turismo itinerante y las dificultades que encontraba en nuestro país.


          Recreación visual de un dossier informativo   sobre el autocaravanismo en             España y Europa, similar al que se preparó para acompañar la petición formal                        dirigida al Senado.

Junto a ese documento redactamos también la carta de petición formal que la senadora había solicitado.

(Enlace al documento original)

Ver documento

Cuando el trabajo estuvo bastante avanzado, se lo trasladamos a quien entonces considerábamos la persona más capacitada dentro de la plataforma para este tipo de tareas: Vicente Díaz, miembro de la junta directiva.

Dada su profesión de publicista, Vicente revisó el documento, añadió algunos contenidos más y se encargó de darle una presentación adecuada mediante su encuadernación.

Posteriormente hablé con la senadora para comunicarle que ya teníamos preparada la documentación que nos había solicitado.

Me comentó que se acercaban las fechas de Semana Santa y que podría disponer de algo más de tiempo para estudiar el asunto.

Me pidió que, si era posible, enviara la documentación tanto al Senado como a su domicilio en El Bosque (Cádiz), facilitándome ambas direcciones postales.

Así lo hicimos.

Vicente se encargó de enviar el dossier antes de Semana Santa a las direcciones indicadas por la senadora.

En aquel momento, aquel envío parecía simplemente el cumplimiento de un compromiso adquirido.

Sin embargo, aquella documentación —que se suponía debía ser el primer paso de un proceso que podía llevar el autocaravanismo español hasta el Senado— incomprensiblemente no llegó a su destino.

El relato completo de lo ocurrido puede consultarse en el siguiente enlace:

2ª parte: el contacto con Ana María Chacón

Aquella situación supuso para mí una gran decepción.

Había puesto mucha ilusión y mucho trabajo en aquella oportunidad y había adquirido personalmente un compromiso con la senadora.

Con el paso del tiempo pude comprobar, en conversaciones posteriores con ella, que aquella circunstancia había generado también cierta sorpresa y desconcierto por su parte.

A partir de aquel momento comprendí que el camino que se había abierto hacia el ámbito institucional iba a ser más complejo de lo que inicialmente había imaginado.

Pero también tenía claro que aquella puerta no debía cerrarse.







domingo, 8 de marzo de 2026

Capítulo 10. Covaleda (Soria): cuando la oportunidad apareció en un camping.

Tras las reflexiones que me habían llevado a mirar hacia el ámbito institucional —inspirado en buena medida por el proyecto italiano— como posible vía para avanzar en el reconocimiento del autocaravanismo en España, todavía no tenía claro cómo podía iniciarse ese camino.

Lo que sí tenía claro era que la idea existía y que el autocaravanismo español no podía quedarse únicamente en la visita uno por uno a los más de ocho mil ayuntamientos del país.

Había que intentar algo más, pero faltaba encontrar la forma de llevarlo a la práctica.

Y, como ocurre muchas veces en la vida, la oportunidad apareció en el lugar más inesperado.

Entrada y recepción del camping de Covaleda (Soria), conocido como “Refugio de Pescadores”. En este lugar, durante el verano de 2004, se produjo el encuentro que acabaría abriendo el primer contacto del movimiento autocaravanista con el ámbito político nacional.

En el verano de 2004, durante una salida de fin de semana por la provincia de Soria junto con otra familia autocaravanista de Santander, decidimos hacer noche en el camping de Covaleda, conocido como “Refugio de Pescadores”.

Aquel camping no nos era desconocido. Ya lo habíamos visitado en alguna ocasión con motivo de una convivencia llamada entonces “engord@r”, organizada por el portal campista Solocamping.com, donde se reunían usuarios de autocaravanas y caravanas para convivir un fin de semana.

La idea inicial era quedarnos solo una noche.

Pero al llegar nos encontramos con una sorpresa.

En el camping se encontraba Eduardo Arenillas (Arena) junto con su esposa Amelia y otros autocaravanistas procedentes de Andalucía. Entre ellos se encontraba también el matrimonio sevillano al que ya conocíamos de la reunión celebrada en la playa de Toró, en los primeros tiempos de la Plataforma de Autocaravanas Autónoma.

Decidimos estacionar nuestras autocaravanas cerca de donde estaban ellos y pasar el rato charlando.

En una de aquellas conversaciones, Eduardo me comentó que entre los autocaravanistas presentes se encontraba un matrimonio de Jerez de la Frontera que podría resultar interesante conocer.

Se trataba de Irene Canca y su marido Fernando, que viajaban con sus hijos.

Eduardo me explicó que Irene era autocaravanista y tenía relación con el ámbito político de Andalucía y que quizá podría ayudarnos a abrir algún contacto institucional.

Añadió además que, como yo disponía de bastante información del proyecto PACA —ya que en aquel momento era uno de los delegados de la plataforma en Cantabria más activos—, podía intentar hablar con ellos para explicarles nuestro trabajo y ver si podían ayudarnos a establecer algún contacto político.

La sugerencia me pareció interesante.

Al día siguiente Eduardo me presentó al matrimonio Canca y mantuvimos una conversación tranquila con ellos, en la que les expliqué el trabajo que desde la PACA estábamos desarrollando para impulsar el reconocimiento del autocaravanismo y la creación de infraestructuras para esta forma de viajar.

Irene, que entonces era diputada del Parlamento de Andalucía por el PSOE, escuchó con interés las explicaciones. Comentó que, fruto de su actividad política, mantenía contactos con diputados y senadores nacionales de su grupo parlamentario y que trataría de ponerme en contacto con algunos de ellos que pudieran interesarse por el proyecto.

Aquella reunión tuvo además una situación curiosa.

En el camping, junto al grupo de autocaravanistas andaluces, se encontraba también el entonces vicepresidente de la FECC junto con su esposa.

Eduardo mantenía relación con ellos, ya que había sido fundador del Club Caravaning de Sevilla, vinculado a la federación campista.

Como ya he comentado en capítulos anteriores, las relaciones entre la Plataforma de Autocaravanas Autónoma y la Federación Española de Clubes Campistas no atravesaban su mejor momento.

Desde algunos sectores del campismo se nos consideraba poco menos que unos rupturistas que habíamos venido a alterar un orden que llevaba años establecido.

En aquel contexto, el vicepresidente de la federación también pretendía participar en la conversación con la política andaluza, acusándonos de querer dejar fuera a la federación en asuntos que también les incumbían.

La situación resultaba paradójica, porque aquella conversación no era una reunión institucional entre organizaciones, sino simplemente un diálogo informal entre personas autocaravanistas que compartían una inquietud común.

Pero aquel episodio reflejaba bien las tensiones que en aquellos años existían entre distintas formas de entender el desarrollo del autocaravanismo en España, por parte de quienes no comprendían que el autocaravanismo buscara una forma de viajar independiente del campismo tradicional.

Por diversos motivos —entre ellos que estábamos a gusto con las familias andaluzas con las que habíamos coincidido— aquel fin de semana terminó convirtiéndose en una convivencia más larga de lo que habíamos previsto inicialmente.

Compartimos tiempo, conversaciones y experiencias de viaje, sin imaginar todavía hasta qué punto aquel encuentro casual acabaría teniendo consecuencias importantes para el proyecto de reivindicación autocaravanista en el que estábamos implicados.

Tras aquel viaje mantuvimos el contacto con Irene Canca mediante teléfono y correo electrónico.

Pasados algunos meses, ya en otoño, Irene me comunicó una noticia inesperada.

En una reunión del PSOE había coincidido sentada junto a Ana María Chacón, senadora por la provincia de Cádiz.

Durante aquella conversación Irene le habló del autocaravanismo y del trabajo que desde la PACA estábamos intentando desarrollar.

Según me contó, la senadora había mostrado interés por el asunto.

Irene me facilitó entonces su teléfono y su dirección de correo electrónico, recomendándome que primero le enviara un mensaje explicando brevemente el tema antes de intentar hablar con ella.

Así lo hice.

Y en diciembre de 2004 recibí su respuesta.

En su correo me indicaba que Irene ya le había comentado el asunto y que, aunque su trabajo como senadora era intenso —formaba parte de las comisiones de Fomento y Vivienda, de la OTAN, de la Ley del Suelo y además atendía asuntos relacionados con Andalucía—, el tema le parecía interesante.

Pero para poder tomar una decisión necesitaba conocer mejor el proyecto.

Me invitó a hablar por teléfono.

Cuando finalmente mantuvimos aquella conversación estuvimos hablando durante bastante tiempo sobre el autocaravanismo y la situación que existía en España.

Tras escuchar mis explicaciones, la senadora comentó que el asunto podía tener interés para ella, pero que necesitaba estudiarlo con mayor detalle.

Para ello me pidió dos cosas muy concretas.

Por un lado, que le enviara un manual informativo en el que se explicara con claridad qué era el autocaravanismo, cuál era su situación en España y cómo se desarrollaba en otros países europeos.

Por otro, que ese documento fuera acompañado de una petición formal en la que se expusiera qué tipo de actuación institucional estábamos solicitando.

Aquella petición abría por primera vez una puerta real hacia el ámbito político.

sábado, 7 de marzo de 2026

Capítulo 9. Italia: cuando el autocaravanismo me hizo mirar más arriba.

Tras las primeras ponencias, entrevistas y participaciones en encuentros del sector, el autocaravanismo español comenzaba poco a poco a ganar visibilidad.

Sin embargo, a medida que el trabajo avanzaba también aparecía una reflexión que empezaba a hacerse cada vez más evidente.

La estrategia que estábamos desarrollando —basada principalmente en la creación de áreas municipales y en el contacto directo con los ayuntamientos— estaba dando resultados.

Cada vez más municipios comenzaban a comprender el fenómeno del autocaravanismo itinerante y a apostar por la creación de infraestructuras de servicio.

Pero España es un país con más de ocho mil ayuntamientos y un sistema constitucional de competencias compartidas.

A diferencia del modelo centralizado francés —donde una circular ministerial puede orientar de forma uniforme la actuación de prefectos o alcaldes— o del sistema federal alemán, en España, al igual que en Italia, no existe un mecanismo que permita trasladar una directriz ejecutiva única a todo el territorio.

Aquella labor, basada en visitar municipio por municipio, se presentaba como un trabajo casi interminable si el objetivo era lograr un reconocimiento general del autocaravanismo dentro del sistema turístico y de movilidad del país.

En ese momento fue cuando apareció una referencia que resultaría decisiva para comprender que el camino podía ser otro.

El encuentro con Italia.

Durante una de aquellas participaciones en encuentros del sector del caravaning, en Barcelona tuve la oportunidad de conocer personalmente al italiano Raffaele Iannucci, fundador de la revista PleinAir y una de las figuras más influyentes del autocaravanismo europeo.

Raffaele Iannucci D.E.P. fundador de la revista PleinAir y una de las figuras más influyentes del autocaravanismo europeo. Sus ideas y publicaciones contribuyeron a difundir una forma de entender el autocaravanismo como fenómeno cultural, social y turístico. El contacto con su pensamiento y sus escritos supuso para mí un cambio importante en la manera de comprender el desarrollo del autocaravanismo.

Iannucci no era simplemente un periodista o un editor especializado, era un pensador. Representaba una forma de entender el autocaravanismo como fenómeno cultural, social y turístico.

Sus publicaciones, que tuve ocasión de leer, así como las conversaciones que mantuve con él, me permitieron descubrir una visión mucho más amplia del autocaravanismo de la que hasta entonces había manejado.

Hasta ese momento mi trabajo y mi forma de entender el autocaravanismo habían estado muy centrados en la creación de infraestructuras y en la reivindicación de servicios para los autocaravanistas.

Pero entendí que el autocaravanismo era algo más que eso.

Era también una forma de viajar, una forma de relacionarse con el territorio y una manera distinta de entender el turismo.

A través de Iannucci conocí también otras publicaciones italianas especializadas, entre ellas la revista In Camper, así como el trabajo que estaba desarrollando el Coordinamento Camperisti, una de las organizaciones más activas del autocaravanismo italiano.

El modelo italiano

Analizando el caso italiano comprendí algo que resultó especialmente revelador.

El desarrollo del autocaravanismo en Italia no había sido fruto únicamente de la creación de áreas o de iniciativas locales. Había existido también un trabajo coordinado entre distintos ámbitos.

Por un lado, el pensamiento y la difusión cultural del autocaravanismo impulsados desde medios especializados como PleinAir.

Por otro, el trabajo reivindicativo desarrollado por el Coordinamento Camperisti, presidido por Andrea Bernardi, que había articulado un movimiento organizado de defensa de los derechos de los autocaravanistas.

Documento relacionado sobre el modelo italiano

Y finalmente, la colaboración institucional que permitió trasladar esas demandas al ámbito político.

Ese proceso culminó con la implicación del senador Franco Fausti, cuya iniciativa parlamentaria dio lugar a lo que se conoció como la Ley Fausti, una normativa específica destinada a regular el autocaravanismo en Italia y que en aquel momento era única en Europa.

Posteriormente, muchos de sus principios fueron incorporados al artículo 185 del Codice della Strada italiano, donde la autocaravana quedó reconocida jurídicamente como vehículo, con un tratamiento diferenciado respecto a otras actividades turísticas.

Un nuevo enfoque

Comprender aquel proceso fue para mí una revelación.

Italia, al igual que España, es un país con una estructura administrativa compleja, donde conviven diferentes niveles de gobierno y donde los municipios tienen amplias competencias.

Sin embargo, el autocaravanismo italiano había logrado abrir un camino de reconocimiento nacional que trascendía la actuación municipio por municipio.

Aquello me hizo pensar que quizá el autocaravanismo español también necesitaba comenzar a mirar hacia arriba.

Aunque ese trabajo seguía siendo importante, no bastaba con actuar exclusivamente en el ámbito local.

Era necesario intentar abrir también una vía institucional que permitiera abordar el reconocimiento del autocaravanismo a escala nacional.

En aquel momento aún no sabía cómo podía lograrse algo así.

Pero la idea ya había comenzado a tomar forma.

Un debate que empezaba a aparecer

En aquellos años el debate sobre el desarrollo del turismo itinerante comenzaba también a aparecer en los medios especializados del sector turístico.

Un ejemplo de ello puede encontrarse en el siguiente artículo publicado con motivo del Fórum del Caravaning celebrado en Barcelona, donde ya se señalaba la necesidad de mejorar las infraestructuras para el turismo itinerante en España.

Artículo de Hosteltur sobre el Fórum del Caravaning de Barcelona

Pero a veces las oportunidades aparecen en los lugares más inesperados.

Y la ocasión que terminaría abriendo ese camino institucional surgió poco tiempo después, durante un fin de semana de viaje en un pequeño camping de la provincia de Soria.

Allí comenzaría una cadena de acontecimientos que terminaría llevando el autocaravanismo español hasta el Senado.