Capítulo 22. La asamblea de Consuegra: el punto de ruptura.
Molinos de viento en Consuegra (Toledo), lugar donde se celebró la asamblea de la PACA que marcaría un punto de inflexión en el proceso.
Tras la puesta en marcha del Grupo de Trabajo GT-53 y el inicio de su actividad, el proceso institucional derivado de la moción del Senado continuaba avanzando.
Sin embargo, mientras ese trabajo seguía su curso en el ámbito de la administración, dentro del propio movimiento asociativo autocaravanista la situación era muy distinta.
El momento que marcaría definitivamente mi decisión se produjo en la asamblea ordinaria de la PACA celebrada en Consuegra.
Una asistencia escasa… y una actitud aún más preocupante.
Desde el inicio, lo primero que llamó mi atención fue la escasa presencia de socios: unos 60, incluidas sus parejas, de los aproximadamente 2.000 que presumía tener la plataforma.
Pero más allá del número, lo realmente determinante fue la actitud.
La mayoría de los asistentes permanecieron completamente pasivos.
Aquello, en un momento en el que el autocaravanismo había conseguido entrar en la agenda de la administración del Estado, resultaba difícil de entender.
Una directiva cerrada… y sin debate.
Durante la asamblea intervinieron los miembros de la junta directiva, presidida por Pedro Cerezo.
Lo que se percibía no era un órgano abierto al debate, sino una directiva que actuaba de forma compacta, alineada, sin fisuras, aunque había pocas preguntas, siempre en guardia.
Pero lo más grave no fue eso.
Lo más grave fue lo que ocurrió a continuación.
La aprobación de unas cuentas que no reflejaban la realidad.
Se presentaron y aprobaron unas cuentas en las que aparecía, entre otros conceptos, una partida denominada “gastos del Senado”.
Aquello, para mí, resultó especialmente grave.
Mis compañeros y yo nunca habíamos pasado ningún gasto a la plataforma. Todos los gastos derivados del trabajo realizado los habíamos asumido personalmente, con el esfuerzo económico que ello suponía también para nuestras familias.
Ver reflejada esa partida en las cuentas no solo no se correspondía con la realidad, sino que supuso un auténtico insulto a ese esfuerzo.
Pero lo más preocupante no fue solo el contenido de las cuentas.
Fue la reacción de la asamblea.
Las cuentas fueron aprobadas con total normalidad.
Aquella situación fue, probablemente, uno de los momentos más duros que viví dentro del movimiento autocaravanista.
Porque no se trataba de una diferencia de criterio.
Se trataba de algo mucho más profundo:
la ausencia total de control, de interés y de responsabilidad por parte del colectivo.
La pasividad de la mayor parte del colectivo.
Lo ocurrido en aquella asamblea reflejaba una realidad que hasta ese momento, aunque en parte intuía, quizás no había querido ver con claridad.
Los socios, en su mayoría, mostraban una actitud de absoluta indiferencia.
Y eso, en una organización que pretendía representar a todo un colectivo ante la administración del Estado, era profundamente preocupante.
La desconexión con la realidad institucional
En ese momento comprendí que existía una desconexión total entre:
- el trabajo que se estaba desarrollando en el Senado y en la DGT
- y la realidad interna del movimiento asociativo.
Mientras en Madrid se abría una vía de diálogo con las instituciones, en la base del colectivo no existía ni la implicación ni la conciencia necesarias para sostener ese proceso.
El desánimo definitivo
Mi desánimo venía de atrás.
Pero lo ocurrido en Consuegra fue distinto.
Fue sentir la realidad.
Fue, sin duda, la gota que colmó el vaso.
Fue el momento en el que entendí que el problema no era puntual, sino estructural.
No había base suficiente para sostener lo que se estaba construyendo.
La decisión.
Fue entonces cuando tomé una decisión que llevaba tiempo madurando.
Por medio de un escrito, decidí cesar definitivamente en todas mis responsabilidades dentro de la PACA.
Pero aquella decisión no se quedó ahí.
También supuso:
- mi salida como representante en el GT-53
- y, más adelante, mi desvinculación definitiva de la asociación, cesando como socio.
Un antes y un después.
Con el paso del tiempo he comprendido que la asamblea de Consuegra fue un punto de inflexión.
No por lo que se decidió formalmente, sino por lo que dejó al descubierto:
- una dirección sin control interno
- un colectivo la mayor parte pasivo
- y una estructura incapaz de sostener un trabajo institucional serio.
A partir de ese momento, el rumbo del autocaravanismo reivindicativo cambiaría.
Y las consecuencias de todo aquello no tardarían en hacerse visibles, especialmente en el desarrollo y la continuidad de las siguientes reuniones del GT-53, hasta su clausura definitiva por la Dirección General de Tráfico.
Algo que, como veremos en el otros capítulos, marcaría profundamente el devenir de todo el proceso.



