lunes, 2 de marzo de 2026

✅ Capítulo 4. Del diagnóstico al método.

Cuando comprendimos dónde estaba realmente el problema.

La estructura de representación ya estaba creada. Tras la asamblea de Toró, la plataforma contaba con ámbito nacional, delegaciones territoriales y una voluntad clara de trabajar. Pero ahora era necesario algo más complejo: definir con precisión las líneas de actuación.

Portada del dossier técnico elaborado por la P.A.C.A.  Esta herramienta estratégica permitió presentar a los ayuntamientos una propuesta documentada, jurídica y económicamente viable para la creación de áreas de servicio para autocaravanas.

España no había desarrollado el autocaravanismo al mismo ritmo que otros países europeos. Mientras en Francia, Alemania o Italia el fenómeno estaba consolidado desde los años setenta —con representación organizada e infraestructuras específicas— en nuestro país apenas comenzábamos a estructurar el movimiento a comienzos del siglo XXI.

Ello implicaba enfrentarse a una doble realidad.

Por un lado, una administración pública que desconocía la naturaleza específica del autocaravanismo y lo encuadraba casi exclusivamente dentro del ámbito del camping tradicional.

Por otro, una percepción social todavía condicionada por estereotipos y por la idea, muy extendida, de que las autocaravanas debían permanecer exclusivamente en campings.

Ese era el punto de partida.

La identificación del problema real.

En mi caso, como delegado de la plataforma en Cantabria, antes de abordar cualquier actuación consideré necesario aclarar el marco jurídico. Uno de los primeros pasos fue plantear la situación a Pablo, notario y vecino del edificio donde residimos. Le expuse cuáles eran, en la práctica, los problemas que encontrábamos al viajar con nuestras autocaravanas: advertencias, presiones y sanciones cuando estacionábamos correctamente para pernoctar.

Tras estudiar la cuestión, su conclusión fue clara: el problema principal no era turístico.

No se trataba de regulación de actividad turística.

El conflicto se producía en el ámbito del estacionamiento y en la interpretación del Reglamento General de Circulación por parte de algunos agentes encargados de regular el tráfico.

Aquella observación fue determinante.

Si el problema no era turismo, la interlocución no debía dirigirse a las consejerías turísticas o a los gobiernos autonómicos, sino a quienes tenían competencias en movilidad.

Para confirmarlo, remití una consulta formal a la Consejería de Turismo del Gobierno de Cantabria. La respuesta escrita fue concluyente: en materia de circulación y estacionamiento, la competencia correspondía a los ayuntamientos, dentro del marco del Reglamento General de Circulación y la Ley de Bases de Régimen Local.

Quedaba así identificado el primer eje estratégico:

Los interlocutores debían ser alcaldes y concejales responsables de movilidad.

Habíamos pasado de la queja genérica a la identificación precisa del marco competencial.

El segundo problema: los servicios.

Pero el estacionamiento no era el único asunto.

La práctica responsable del autocaravanismo exige infraestructuras básicas para la correcta gestión de residuos y el abastecimiento de agua. Sin puntos adecuados de vaciado y carga, la actividad se vuelve insostenible.

La referencia más clara la encontrábamos en Francia, donde las áreas municipales de autocaravanas estaban plenamente normalizadas y extendidas por todo el territorio. No eran campings encubiertos, sino espacios específicos de estacionamiento con servicios básicos: rejilla para aguas grises, punto de vaciado de aguas negras, toma de agua potable, señalización adecuada e información turística.

El modelo existía, funcionaba y generaba beneficios económicos en los municipios que lo implantaban.

La cuestión era cómo trasladarlo a España.

Hoy, en 2026, cuando existen más de 1.200 áreas de servicio para autocaravanas repartidas por la geografía española —fruto del trabajo inicial y del esfuerzo continuado de muchos compañeros— puede parecer difícil imaginar aquella situación. Pero en 2003 la ausencia de referencias era casi absoluta.

✅ La primera lección municipal.

Las primeras visitas a ayuntamientos fueron reveladoras. Los responsables municipales solían atender con cordialidad, pero el desconocimiento era generalizado.

En muchos casos la respuesta era siempre la misma:

—Para eso ya están los campings.

La actividad se entendía desde la óptica del alojamiento turístico tradicional, no desde la movilidad itinerante.

La ausencia de precedentes nacionales generaba desconfianza. No había referencias técnicas, ni estudios económicos, ni ejemplos cercanos que avalaran la propuesta.

Aquello nos llevó a una conclusión fundamental:

No bastaba con tener razón.
Había que demostrarla.
Y había que hacerlo en el lenguaje que entiende una administración: normativa, planos, datos, costes y ejemplos prácticos.

  El nacimiento del dossier.

De esa necesidad nació el dossier.

No fue un simple folleto informativo. Fue una herramienta estratégica.

En él se integraban:

  • La definición jurídica de autocaravana según normativa europea.
  • La diferenciación entre estacionamiento y acampada.
  • El perfil socioeconómico del usuario.
  • Informes económicos del sector.
  • Comparativas entre Europa y España.
  • Ejemplos reales de áreas en funcionamiento.
  • Planos técnicos de ejecución.
  • Modelos de señalización oficial.
  • Normas de uso.
  • Estimación de costes.
  • Argumentario medioambiental y económico.

El objetivo era doble: despejar dudas técnicas y ofrecer seguridad política.

  • Si un alcalde quería saber cuánto costaba, ahí estaba el cálculo.
  • Si preguntaba cómo debía diseñarse, ahí estaban los planos.
  • Si dudaba del impacto económico, ahí estaban los datos europeos.
  • Si temía problemas de orden público, ahí estaban las normas de uso.

Este trabajo extraordinario debe atribuirse en gran medida a Vicente Díaz, directivo fundador de la PACA, publicista de profesión y gran viajero con su familia por Francia, país del que aprendió de primera mano el modelo de áreas municipales. Su capacidad de análisis y estructuración permitió convertir una reivindicación dispersa en un proyecto técnicamente articulado.

Con el dossier comenzó una nueva etapa.

Ya no éramos solo un grupo de autocaravanistas que reclamaba derechos.
Éramos una organización que presentaba propuestas concretas, viables y documentadas.

Habíamos pasado del malestar a la estrategia.
Y de la estrategia al método.

Documentación relacionada:
  • Debate en el foro ACPasión (noviembre de 2003) sobre la creación y evolución de la P.A.C.A.: Ver hilo completo
  • Respuesta oficial de la Dirección General de Turismo del Gobierno de Cantabria sobre competencias en materia de estacionamiento y movilidad (2003): Consultar documento
  • Dossier autocaravanas PACA.
  • Consultar documento.

✅ Capítulo 3. Playa de Toró: cuando decidimos ampliar el horizonte.

  La conversión de una plataforma regional en proyecto nacional.

En marzo de 2003, apenas unas semanas después de su inscripción legal en la Delegación del Gobierno del Principado, la recién constituida Plataforma de Autocaravanas de Asturias convocó su primera asamblea formal en el municipio de Llanes, concretamente en la playa de Toró, en el comedor de un establecimiento de hostelería.


Antes de la creación de la PACA y las asambleas, hubo conversaciones junto a nuestras autocaravanas. En encuentros informales del fin de semana como éste a principios del año 2.000, en donde empezó a tomar forma la conciencia colectiva del autocaravanismo reivindicativo.

La Plataforma de Autocaravanas Autónoma (P.A.C.A.) había sido registrada oficialmente en Gijón el 24 de febrero de 2003 como asociación sin ánimo de lucro, con la intención de reivindicar los derechos de los autocaravanistas dentro del marco de la legalidad.

Había nacido como proyecto regional y contaba inicialmente con veintiocho socios fundadores. El objetivo de aquella reunión era presentar oficialmente los estatutos, explicar las líneas de actuación previstas y consolidar la estructura organizativa.

A aquella asamblea asistimos, además de los socios asturianos, varias personas procedentes de otras comunidades autónomas —Castilla y León, Galicia, País Vasco, Cantabria, Andalucía, Valencia…— que habíamos sido invitadas por la Junta Directiva. La relación entre nosotros se había forjado principalmente a través de los foros de internet, que en aquella época constituían prácticamente el único espacio de encuentro y debate netamente autocaravanista en España.

Fue en Toró donde conocí personalmente a los fundadores de la plataforma.

  Un planteamiento que cambió el rumbo.

Durante el desarrollo de la asamblea, la Junta Directiva ofreció a los invitados la posibilidad de intervenir y aportar nuestras opiniones o ideas sobre la viabilidad del proyecto y su orientación futura.

Conviene situarse en aquel momento histórico: el movimiento reivindicativo autocaravanista en España se encontraba en sus inicios. Aunque el número de autocaravanas aún era reducido y la presión administrativa limitada, comenzaban a detectarse problemas en distintas regiones y no existía todavía una estrategia definida ni una hoja de ruta clara.

Cuando se me ofreció la palabra, expuse una idea que consideraba esencial: el autocaravanismo es, por naturaleza, una actividad itinerante. No entiende de fronteras administrativas. Los autocaravanistas viajamos por todo el territorio nacional —y más allá de él—, y los problemas que afectaban a Asturias también estaban presentes en otras comunidades.

Resolver una dificultad en una región no solucionaba el problema si, al cruzar su límite, éste volvía a reproducirse.

Por ello defendí que la plataforma debía ampliar su ámbito de actuación y convertirse en una estructura de carácter nacional.

  La decisión democrática.

La propuesta generó inicialmente cierta sorpresa. La PACA había nacido con vocación asturiana y no estaba previsto dar ese salto en tan corto espacio de tiempo.

Ante la relevancia del planteamiento, la Junta Directiva decidió someter la cuestión a votación de los socios presentes.

El resultado fue claro: los veintiocho socios fundadores aprobaron la transformación de la plataforma regional en una organización de ámbito nacional.

Aquella decisión no fue improvisada ni impuesta. Fue adoptada democráticamente por quienes habían creado la estructura apenas unas semanas antes.

  El inicio de la etapa nacional.

Tras la votación, los compañeros procedentes de otras comunidades que habíamos asistido como invitados decidimos incorporarnos formalmente a la plataforma y asumir la responsabilidad de trabajar como delegados en nuestras respectivas regiones.

Se optó por un modelo organizativo basado en delegaciones territoriales, con el objetivo de extender la presencia de la plataforma por el conjunto del país.

Así, en marzo de 2003, en el comedor de un establecimiento junto a la playa asturiana de Toró, comenzó la andadura nacional de la Plataforma de Autocaravanas Autónoma —La PACA—, conservando la misma sigla y denominación por expreso deseo de sus fundadores.

Lo que había nacido como respuesta a un conflicto localizado se transformó en un proyecto de alcance estatal.

Y con aquella decisión, el autocaravanismo reivindicativo en España inició una nueva etapa.


domingo, 1 de marzo de 2026

✅ Capítulo 2 Fonsagrada: cuando el malestar se convirtió en organización.

El origen de la Plataforma de Autocaravanas de Asturias.

Si el diagnóstico estructural comentado en el capítulo anterior fue el punto de partida intelectual, el origen real de la organización hacia la defensa y reivindicación del autocaravanismo tuvo un detonante muy concreto.


Población de la costa asturiana. Fue en lugares como estos donde el estacionamiento de una autocaravana dejó de ser un gesto cotidiano para convertirse en el detonante de una organización.

A principios de los años 2000, con la ya incipiente presencia de autocaravanas en las poblaciones de la costa asturiana, comenzaron a producirse actuaciones de la Guardia Civil que los autocaravanistas percibieron como un acoso reiterado hacia quienes estacionaban correctamente sus vehículos.

La confusión entre estacionamiento y acampada —o la insinuación de que, para pasar la noche, debían acudir necesariamente a un camping— derivó en advertencias, presiones y finalmente en sanciones. Entre ellas, la impuesta a uno de los compañeros que poco después sería pieza clave en la creación de la plataforma: Antonio Gayo.

Antonio no era un recién llegado al asociacionismo. Había sido presidente del club campista asturiano “El Horreo” y participante habitual en las acampadas nacionales de la FECC, lo que le otorgaba experiencia y conocimiento del entorno tradicional.

Sin embargo, aquella sanción puso de manifiesto que la problemática específica del autocaravanismo no estaba siendo abordada de forma diferenciada por las estructuras asociativas en las que hasta entonces se integraba.

  Aquello cambió el clima.

Ya no se trataba únicamente de la ausencia de infraestructuras o de la falta de representación formal. Se trataba de la necesidad inmediata de defender una situación que se consideraba jurídicamente injusta, abusiva e incorrecta.

La sensación compartida fue clara: si no se reaccionaba de forma organizada, situaciones similares podrían repetirse sin que existiera una estructura capaz de responder.

  La reunión de Fonsagrada.

Fue ese contexto el que motivó la reunión en Fonsagrada (Lugo) en una salida del fin de semana.

No fue una convocatoria institucional ni una asamblea multitudinaria. Fue el encuentro de un grupo reducido de autocaravanistas asturianos que compartían inquietud y la convicción de que era necesario hacer algo más que lamentarse en conversaciones informales en las salidas de fin de semana o en foros digitales.

Por lo que posteriormente llegué a conocer en conversaciones con algunos de los asistentes, en Fonsagrada se analizaron los hechos ocurridos en la costa asturiana, tomando la sanción a Antonio como prueba de base. Se debatió sobre la indefensión en la que se encontraba el colectivo y se asumió que el problema no era puntual, sino consecuencia de una falta de reconocimiento jurídico claro y de una interpretación restrictiva hacia los autocaravanistas.

Aquella reunión dio lugar a una decisión trascendente: constituir una plataforma específica para la defensa de los autocaravanistas en Asturias.

Así nació la Plataforma de Autocaravanas de Asturias.

Antonio Gayo, junto con otros compañeros que asumirían funciones de vicepresidente, secretaria, tesorero y vocales, conformó la primera junta directiva de la plataforma, consolidando una estructura que comenzaba como respuesta a un conflicto concreto, pero que pronto demostraría tener un alcance mucho mayor. 

Un origen que marcó el camino.

Aunque mi participación directa en el proceso comenzaría más adelante, en la asamblea celebrada en la playa de Toró, los acontecimientos de Fonsagrada marcaron el punto de partida real de la organización.

Puede afirmarse, sin exageración, que allí nació la primera estructura específicamente reivindicativa del autocaravanismo en España. Hasta entonces existían entidades como el Camper Lleure Club de Cataluña o el Club Aire Libre de Palencia, orientadas fundamentalmente al ocio y la convivencia entre socios, pero no a la defensa jurídica e institucional de la actividad.

Sin aquella reunión inicial, probablemente no habría existido la estructura que más tarde daría el salto al ámbito nacional, ni el trabajo técnico posterior, ni la elaboración del dossier de trabajo, ni la interlocución institucional que vendría después.

Antes de Toró.
Antes de la definición de una línea de trabajo estructurada.
Antes del Senado.

Hubo Fonsagrada.

Y allí comenzó la organización.

sábado, 28 de febrero de 2026

✅ Capítulo 1: El origen.

Cuando comprendimos que, a diferencia de otros países europeos, en España no teníamos representación (2003)

A comienzos de la década del 2000, cuando viajábamos con la autocaravana principalmente por nuestro país, el parque móvil apenas superaba las 30.000 unidades. La presión social y administrativa sobre esta forma de viajar era todavía limitada.

Estacionamiento de autocaravanas en Périgord (Francia) a comienzos de los años 2000. Un modelo de integración urbana y normalización que contrastaba con la situación española en aquella etapa.

Sin embargo, algunos empezamos a percibir con claridad un problema que hasta entonces muchos aceptaban con resignación: el autocaravanismo en España no disponía de infraestructuras de apoyo que permitieran desarrollar la actividad con normalidad —especialmente puntos ecológicos para la correcta gestión de residuos— y, lo que era aún más relevante, tampoco tenía representación propia.

Nuestra supuesta representación se encontraba integrada dentro de las estructuras de los clubes campistas tradicionales, bajo el paraguas de la federación correspondiente (FECC). Pero aquella integración no respondía a la realidad específica del autocaravanismo como actividad diferenciada.

Esa percepción se hacía especialmente evidente cada vez que viajábamos al extranjero, y de forma muy clara cuando cruzábamos la frontera con Francia.

  El modelo campista no era el modelo autocaravanista.

El campismo tradicional se desarrollaba en recintos cerrados —los campings— con una lógica de estancia.

El autocaravanismo, en cambio, era y es una actividad itinerante. Su problemática jurídica y práctica normalmente no se produce dentro de un camping, sino en el espacio público: circulación, estacionamiento en vía urbana o interurbana y, en su caso, pernocta en condiciones de vehículo correctamente estacionado.

Muchos entendíamos que el paso de la tienda de campaña a la caravana, y posteriormente a la autocaravana, respondía a una evolución natural dentro del espíritu viajero: mayor movilidad, mejor aprovechamiento del tiempo libre y autonomía en los desplazamientos.

Un ejemplo sencillo lo ilustra con claridad: una familia que trabaja toda la semana y decide cambiar de escenario, el fin de semana inicia el viaje al finalizar su jornada del viernes. Al llegar a su destino puede encontrarse con que el camping está cerrado, bien por estacionalidad o por horario. En ese momento, la autocaravana no representa un problema, sino una solución de ventaja: permite continuar el viaje y disponer de alojamiento inmediato.

Lo único necesario es un lugar tranquilo donde estacionar correctamente el vehículo y un punto ecológico cercano para realizar los servicios básicos.

 Nada más.

Esta forma de viajar, sin las ataduras de reserva previa propias del turismo convencional, sin duda representa una evolución en la disponibilidad y el aprovechamiento del tiempo libre.

Muchos habíamos adquirido la autocaravana motivados precisamente por esa libertad de movimiento, no por la permanencia prolongada en recintos cerrados.

Sin embargo, esa diferencia esencial no estaba siendo defendida institucionalmente.

  La comparación que lo cambió todo.

Cuando viajábamos por España, fuera de los campings, echábamos en falta algo evidente:

  • Áreas de servicio ecologicos o espacios de estacionamiento donde poder cumplir una etapa de visita o estancia.
  • Infraestructuras públicas pensadas para vehículos vivienda viajeros.

En cambio, al cruzar la frontera y entrar en Francia o en otros países de Europa, la realidad era completamente distinta.

  Francia como espejo.

En Francia ya existían:

  • Áreas municipales o aparcamientos para autocaravanas.
  • Zonas de vaciado y carga.
  • Señalización específica.
  • Normalización social del estacionamiento.
  • Y, además, grupos de representación propios del sector.

Aquella diferencia no era casual.

Respondía a una concepción jurídica distinta y a una política pública definida. El autocaravanismo era entendido como una modalidad específica de movilidad turística de ciudadanos, con necesidades propias y con interlocución institucional.

Y esa comparación fue determinante.

Porque dejó en evidencia que el problema en España no era técnico.

 Era estructural.

No había representación específica.
No había interlocución institucional.
No existía una estrategia diferenciada.
Todo estaba integrado en la comodidad del camping y la autocaravana se veía como un elemento más de éste.

  El nacimiento de La PACA.

Es en ese contexto donde, en 2003, surge La PACA.

No como una ruptura caprichosa.
No como un gesto de confrontación.

Sino como respuesta a una necesidad objetiva:

Dotar al autocaravanismo de voz propia, diferenciada del campismo tradicional, y centrar la reivindicación en el verdadero núcleo del problema: el derecho al estacionamiento como vehículo y la normalización de infraestructuras específicas.

Aquel fue el punto de partida de una etapa nueva que, con sus aciertos y dificultades, continúa hoy en día.