martes, 24 de marzo de 2026

Capítulo 32. La ordenanza tipo de la FAMP: una oportunidad para los ayuntamientos que nunca llegó a consolidarse.

Capítulo 32. La ordenanza tipo de la FAMP: una oportunidad para los ayuntamientos que nunca llegó a consolidarse.

Modelo de ordenanza tipo de la FAMP para autocaravanas, desarrollado tras el GT-53 como propuesta para armonizar la regulación municipal.

Tras la clausura del Grupo de Trabajo GT-53, el autocaravanismo en España disponía, por primera vez, de un marco técnico claro. La Instrucción 08/V-74 y el Manual de Movilidad en Autocaravana habían fijado criterios interpretativos sólidos sobre circulación, parada y estacionamiento.

Sin embargo, el verdadero escenario donde estos principios debían aplicarse no era el estatal, sino el municipal.

Era en los ayuntamientos donde, en la práctica, se decidía si una autocaravana podía o no estacionar con normalidad.

La participación municipal en el GT-53.

Durante los trabajos del GT-53 no solo estuvieron presentes la DGT y representantes del colectivo autocaravanista. También participó la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP), a través de un representante de la FAMP (Federación Andaluza de Municipios y Provincias).

Al igual que el resto de los participantes, la FAMP se nutrió de los documentos y de la experiencia aportada por los propios autocaravanistas. El desconocimiento de la administración pública sobre la actividad que se estaba tratando era, en aquel momento, prácticamente total.

Este hecho no es menor, porque pone de manifiesto que buena parte del conocimiento que permitió avanzar en el GT-53 procedía directamente del propio colectivo.

Aquella participación tenía, por tanto, una importancia estratégica: era la puerta de entrada del mundo municipal a un debate que, hasta entonces, había estado marcado por la dispersión normativa y la falta de criterios homogéneos.

Y, como resultado directo de esa participación, surgió un documento que hoy sigue siendo, en gran medida, desconocido:

un modelo de ordenanza municipal tipo para la regulación de las autocaravanas.

Ver documento de la ordenanza

Un documento nacido del consenso.

La ordenanza tipo de la FAMP no fue una iniciativa improvisada ni aislada. Fue, en realidad, la traducción al ámbito local de las conclusiones alcanzadas en el GT-53.

Su propia exposición de motivos lo deja claro: reconoce el crecimiento del autocaravanismo en Europa, admite la insuficiencia de la normativa existente y, sobre todo, se apoya expresamente en los trabajos del GT-53 y en la Instrucción 08/V-74.

Esto la convierte en algo más que un modelo técnico:

era la herramienta para alinear a los ayuntamientos con el criterio del Estado.

Regular sin prohibir: el verdadero espíritu del documento.

Uno de los grandes aciertos del texto es su enfoque.

Frente a la tendencia de muchos municipios a responder con prohibiciones, la ordenanza propone un modelo basado en tres pilares:

  • seguridad jurídica
  • ordenación del espacio público
  • aprovechamiento económico del autocaravanismo

Este último elemento resulta especialmente significativo. Por primera vez desde el ámbito municipal se reconoce de forma expresa que el autocaravanismo no es un problema, sino una oportunidad.

El núcleo jurídico: qué es estacionar.

Como no podía ser de otra forma, el documento incorpora el criterio esencial del GT-53: la correcta definición del estacionamiento.

Se establece que una autocaravana está estacionada cuando:

  • no excede su perímetro
  • no despliega elementos exteriores
  • no vierte residuos
  • no genera molestias al entorno

Y añade una precisión fundamental:

la presencia de personas en el interior no altera la condición de estacionamiento.

Este punto, aparentemente sencillo, es el que durante años ha sido ignorado o reinterpretado por muchas ordenanzas municipales.

El reconocimiento del derecho a estacionar.

El modelo da un paso más y recoge expresamente un principio que debería haber sido incuestionable:

el derecho de las autocaravanas a estacionar en el municipio conforme a la normativa de tráfico.

Este reconocimiento no limita la capacidad de regulación municipal, pero sí establece un marco claro:

los ayuntamientos pueden ordenar, pero no excluir arbitrariamente.

Ordenar el uso, no expulsar al usuario.

La ordenanza propone soluciones prácticas y equilibradas:

  • creación de zonas específicas
  • limitaciones temporales (como la rotación de 72 horas)
  • regulación de comportamientos
  • desarrollo de infraestructuras específicas

Además, introduce una clasificación clara:

  • zonas de estacionamiento
  • puntos de reciclaje
  • áreas de servicio

Con ello, el documento no solo regula, sino que también planifica.

Un documento técnicamente sólido… y olvidado.

Y, sin embargo, pese a su calidad técnica y a su origen institucional, esta ordenanza tipo no tuvo la difusión ni la implantación que cabría esperar.

  • No se impulsó de forma decidida desde las estructuras municipales
  • No se realizó un seguimiento de su aplicación
  • No se generó una cultura administrativa basada en sus principios
  • Tampoco desde el propio colectivo se supo poner en valor en la medida que merecía

Y lo más llamativo:

no existe un análisis claro sobre cuántos ayuntamientos la adoptaron ni con qué resultados.

Una oportunidad perdida para el modelo español.

Con el paso del tiempo, resulta evidente que este documento representaba una oportunidad única:

  • permitía armonizar criterios
  • evitaba conflictos jurídicos
  • ofrecía seguridad tanto a usuarios como a administraciones
  • facilitaba el desarrollo ordenado del autocaravanismo

Sin embargo, al no consolidarse, el problema de fondo permaneció intacto:

la disparidad normativa entre municipios.

Reflexión desde la experiencia.

Para quienes participamos en aquel proceso, este documento tenía un valor especial. No era solo un texto técnico, sino el resultado de un esfuerzo colectivo por dotar de coherencia al sistema.

Sabíamos que el problema del autocaravanismo en España no estaba en la circulación, sino en el estacionamiento y, más concretamente, en su regulación local.

La ordenanza tipo ofrecía una solución viable.

Pero, como ha ocurrido en otras ocasiones, disponer de la herramienta no garantizó su uso.

Conclusión.

La ordenanza tipo de la FAMP es, probablemente, uno de los documentos más relevantes —y menos conocidos— del proceso iniciado con la moción del Senado de 2006.

Representa el intento más serio de trasladar el consenso técnico al ámbito donde realmente se producen los conflictos: el municipal.

Su escasa implantación no resta valor a su contenido. Al contrario, refuerza una idea que atraviesa toda esta historia:

en el autocaravanismo español, los problemas rara vez han sido técnicos;
casi siempre han sido de aplicación.

Capítulo 31. La presentación del manual: una oportunidad que otros aprovecharon.

Capítulo 31. La presentación del manual: una oportunidad que otros aprovecharon.


Presentación del manual de movilidad en autocaravana. De izquierda a derecha: Anna Ferrer (DGT), José Manuel Jurado (ASEICAR) y la senadora Ana María Chacón.

Cuando en el Grupo de Trabajo GT-53 se comenzó a analizar la realidad del autocaravanismo, desde la propia Dirección General de Tráfico se detectó rápidamente un problema de fondo: el profundo desconocimiento de esta actividad.

No solo por parte de la sociedad en general, sino también dentro de la propia administración.

Ese desconocimiento explicaba muchas de las actuaciones desproporcionadas que, en aquellos años, se estaban produciendo contra el autocaravanismo.

Por eso, ya desde la propia moción aprobada en el Senado, se contempló la necesidad de estudiar la situación y elaborar herramientas que ayudaran a interpretarla correctamente.

Ese fue, precisamente, uno de los objetivos del GT-53.

El manual: una herramienta necesaria.

Como resultado de aquel trabajo, la Dirección General de Tráfico y el Ministerio del Interior elaboraron un documento que ya hemos mencionado en capítulos anteriores:

“La Movilidad en Autocaravana: contexto actual y propuestas de actuación”.

Un manual concebido como herramienta informativa y de apoyo dirigida a los distintos ámbitos de la administración, especialmente a nivel local.

En su elaboración participaron técnicos de la administración, responsables políticos y algunos autocaravanistas, bajo la coordinación del Observatorio Nacional de Seguridad Vial y con el apoyo de una agencia de comunicación socioambiental puesta a disposición por la DGT.

El objetivo era claro: aportar criterios, orientar decisiones y facilitar una interpretación adecuada del autocaravanismo dentro del marco normativo existente.

Lo que debía haber ocurrido

  • Las administraciones públicas lo asumieran como referencia.
  • Los ayuntamientos lo utilizaran en sus ordenanzas.
  • Y sus recomendaciones se tradujeran en una mejora real de la situación.

Sin embargo, con el paso de los años, eso apenas ocurrió.

El manual existía.
Las herramientas estaban ahí.
Pero su aplicación fue, en muchos casos, inexistente.

El vacío… y quién lo ocupó.

En ese momento se produjo una circunstancia que resultó determinante.

La relación entre la Dirección General de Tráfico y la junta directiva de la PACA no atravesaba su mejor momento, especialmente después del episodio de la carta enviada a Pere Navarro tras la clausura del GT-53.

Ese distanciamiento generó un vacío.

Y, como suele ocurrir, cuando un espacio queda libre, alguien lo ocupa.

En este caso, fueron los empresarios del sector del caravaning, a través de ASEICAR.

Su presidente, José Manuel Jurado, supo ver la oportunidad.

El acto de presentación.

ASEICAR se ofreció a organizar la presentación del manual en Madrid, aprovechando la celebración del 20º aniversario de la asociación.

El acto se celebró en el hotel Puerta de America de la capital y contó con la presencia del Director General de Tráfico, Pere Navarro, quien fue el encargado de presentar oficialmente el documento.

Asistieron también altos cargos de la DGT, representantes del ámbito político y empresarial—entre ellos la senadora Ana María Chacón— y diversas personas vinculadas al sector.

Además, el evento sirvió para reconocer a quienes, desde distintos ámbitos, habíamos contribuido al desarrollo del trabajo.

Un detalle que no pasó desapercibido fue la presencia, junto a los autocaravanistas, de representantes del mundo del camping, como la del presidente de la Federación Española de Clubes Campistas. 

Un hecho que evidenciaba claramente la estrategia del sector empresarial: mantener unidos ambos ámbitos dentro de un mismo espacio de interés. La razón la podemos encontrar en qué los fabricantes y distribuidores de autocaravanas además de fabricar y distribuir estás, también tienen un nicho de negocio en el mundo del camping, al proporcionar a éstos desde hace muchos años, caravanas y módulos. Uno de los motivos por lo que quizás no les interese que los autocaravanistas busquemos vida propia fuera de las estructuras Campistas.

A tener en cuenta que desde la asociación ASEICAR, actualmente en nuestras reivindicaciones, no está centrado en el derecho de aparcar en el espacio urbano o interurbano en las mismas condiciones que lo hacen el resto de vehiculos. Esta centrado en defender el modelo de áreas de autocaravanas de pago, si es posible privadas, algunas dentro de los campings.

Una experiencia directa.

Pablo Higuera y yo asistimos al acto junto a nuestras esposas.

Aprovechamos la ocasión para mantener conversaciones con responsables de la DGT, entre ellos el subdirector de normativa y recursos Ramón Ledesma y Francisco de las Alas.

Durante ese encuentro trasladamos algunas preocupaciones relacionadas con el comportamiento de determinados agentes en la aplicación de la normativa hacia las autocaravanas.

Nos solicitaron que formalizáramos esas observaciones por escrito.

Así lo hicimos pocos días después.

Una oportunidad… mal entendida.

La presentación del manual no fue solo un acto institucional. Fue, en realidad, una oportunidad.

Una oportunidad para consolidar relaciones, reforzar el trabajo realizado y avanzar en la normalización del autocaravanismo dentro de la administración.

Sin embargo, una vez más, esa oportunidad no fue aprovechada por quienes debían haber estado en primera línea.

Otros ocuparon ese espacio.

Una conclusión que se repite.

Con el paso del tiempo, este episodio deja una enseñanza clara:

Cuando un colectivo no es capaz de sostener su posición, otros acaban ocupando su lugar.

Y eso fue exactamente lo que ocurrió.

lunes, 23 de marzo de 2026

Capítulo 30. Después del GT-53: lo que se consiguió… y lo que se perdió.

Capítulo 30. Después del GT-53: lo que se consiguió… y lo que se perdió.


Documento oficial de clausura del GT-53 Autocaravanas (DGT, 2008), en el que se recogen los principales acuerdos alcanzados tras un año de trabajo.

Con la clausura del GT-53 el 13 de febrero de 2008 se cerró un ciclo en la reivindicación del autocaravanismo en España.

Ver documento de la clausura.

Un ciclo que comenzó a finales de 2004, con aquel primer contacto con la senadora Ana María Chacón, y que a lo largo de varios años dio lugar a un intenso trabajo que culminó con la moción aprobada en el Senado y la creación del propio grupo de trabajo en la Dirección General de Tráfico.

Aquel proceso, visto con perspectiva, no fue sencillo.

Estuvo lleno de esfuerzos, aciertos, errores, avances y retrocesos.

Pero también fue, sin duda, una experiencia única.

Por mi parte, no guardo rencor hacia nada ni hacia nadie. No es esa mi condición.

Soy consciente de que trabajamos en un entorno complejo, con personas distintas, intereses diferentes y situaciones que no siempre son fáciles de gestionar.

Y, como cualquier persona, también habré cometido errores.

Por ello, si en algún momento alguien se ha sentido molesto u ofendido por mis actuaciones o mis palabras, desde aquí quiero pedir disculpas sinceramente.

Pero más allá de lo personal, hay algo que considero fundamental.

Si no somos capaces de analizar el pasado —con sus aciertos y con sus errores— difícilmente podremos construir un futuro mejor.

Y eso es, precisamente, lo que pretendo en este capítulo.

Lo que se consiguió.

El autocaravanismo en España, una actividad hasta entonces prácticamente desconocida para la sociedad y para la propia administración, consiguió algo que nunca antes había logrado:

Entrar en las instituciones del Estado.

Por primera vez se habló del autocaravanismo en el Senado, se aprobó una iniciativa parlamentaria, se creó un grupo de trabajo en la DGT y se desarrollaron herramientas concretas.

Entre ellas destacan la Instrucción 08/V-74 y el Manual de Movilidad en Autocaravana.

Documentos de referencia que, con sus aciertos y sus posibles errores, han servido de base para interpretar y orientar esta actividad en España.

Modelo de ordenanza municipal propuesto por la federación andaluza de municipios y provincias  F.A.M.P. participantes en el GT-53.

Fruto de este trabajo, la FAMP elaboró una ordenanza tipo dirigida a los ayuntamientos andaluces, con el objetivo de trasladar a la práctica municipal los criterios desarrollados en el GT-53.

Ver documento.

La semilla quedó plantada.

Lo que no se supo mantener.

Pero junto a esos logros también hubo una pérdida importante.

Quizás la más importante de todas: la pérdida de un espacio de diálogo directo con la administración.

El GT-53 no era solo un grupo de trabajo.

Era una oportunidad para consolidar una interlocución estable, avanzar en soluciones concretas y dar continuidad al trabajo iniciado.

Sin embargo, esa oportunidad no se supo mantener.

El problema de fondo.

Con el paso del tiempo, la conclusión es clara.

El problema no estuvo en la administración.

La administración respondió. Escuchó. Trabajó. Y puso herramientas encima de la mesa.

El problema estuvo, en gran medida, en nosotros mismos.

En el propio colectivo.

Faltó unidad, visión, implicación y, sobre todo, responsabilidad.

Una reflexión necesaria.

El autocaravanismo es, ante todo, una actividad de ocio.

Las personas compran una autocaravana para disfrutar, para viajar y para aprovechar mejor su tiempo libre.

Y eso es completamente legítimo.

La autocaravana, aunque es un vehículo polivalente que sirve para muchas cosas, fue creada principalmente para mejorar el aprovechamiento del tiempo libre. Esa es, a mi modo de ver, su principal condición y también su mayor ventaja.

Es cierto que con ella también se puede acampar, y muchas familias utilizan esa posibilidad.

Pero para eso ya existen los campings o los lugares específicamente destinados a la acampada, dotados de instalaciones, leyes y normas, no el espacio urbano o natural.

Lo que aquí se ha reclamado nunca ha sido el derecho a acampar en cualquier sitio.

Lo que se ha reclamado es algo distinto: que cuando el Estado homologa un vehículo para un fin concreto y lo pone a disposición del ciudadano, después de haber pagado este impuestos de todo tipo, ese mismo Estado sea consciente de que ese vehículo necesita una legislación acorde que le proteja y unas infraestructuras de apoyo que permitan desarrollar la actividad con normalidad y no con sobresaltos.

Del mismo modo que hoy se crean puntos de recarga para los coches eléctricos, también debería comprenderse que un vehículo como la autocaravana necesita determinados servicios e infraestructuras como lo son los puntos ecológicos de carga y descarga y el derecho a estacionar un vehículo en donde lo hacen el resto de su misma categoria, para poder utilizarse y realizar la actividad con normalidad.

Y eso es, en el fondo, lo que se ha intentado plantear desde la moción del Senado de 2006.

La semilla.

  • La base está creada.
  • Las herramientas existen.
  • El conocimiento también.

Ahora, como en cualquier proceso, hay que regarlo, hay que cuidarlo y hay que tener paciencia.

Porque, como bien se dice: “Zamora no se ganó en una hora.”

Antes de continuar.

El cierre del GT-53 no fue el final del autocaravanismo en España.

Fue, en realidad, el final de una etapa.

Y el inicio de otra muy distinta.

Una etapa en la que muchas de las cuestiones que entonces se plantearon siguen, todavía hoy, sin resolverse completamente.

Y que merece ser analizada con la perspectiva que da el tiempo.

Gracias a todos por vuestro interés.

Pedro Ansorena Antón.

domingo, 22 de marzo de 2026

Capítulo 29. La tercera convocatoria del GT-53: el final de un proceso.

Capítulo 29. La tercera convocatoria del GT-53: el final de un proceso.

Acto de clausura del GT-53 Autocaravanas en la DGT (2008), momento que puso fin a un año de trabajo institucional tras la moción aprobada en el Senado.

Tras casi un año de trabajo, la Dirección General de Tráfico convocó la tercera reunión del Grupo de Trabajo GT-53 Autocaravanas.

Aquella convocatoria no era una más.

Era, en la práctica, la última.

El grupo iba a ser clausurado.

Y en ese acto final estaría presente el propio Director General de Tráfico, Pere Navarro.

Un clima ya deteriorado.

La reunión llegaba después de meses de tensiones, desacuerdos y pérdida de confianza.

Como consecuencia de lo ocurrido en la segunda convocatoria, algunas de las entidades que habían generado mayores problemas —como la asociación del camping-caravaning A.S.P.A., incorporada entonces al grupo— ya no fueron convocadas.

Era una señal clara de que algo se había roto.

La DGT intentaba reconducir la situación. Pero el desgaste ya era evidente.

La instrucción que se adelantó.

Uno de los momentos clave de aquella convocatoria iba a ser la presentación oficial de la Instrucción 08/V-74 por el propio director general de Tráfico, Pere Navarro.

Se trataba de un documento elaborado por el servicio de Normativa y Recursos de la DGT que interpretaba, dentro de sus competencias, distintos artículos del Reglamento General de Circulación en relación con la circulación y el estacionamiento de autocaravanas.

Instrucción 08/V-74

Aquella instrucción suponía un paso muy importante.

Pero ocurrió algo inesperado.

Antes de su presentación oficial, el documento comenzó a circular internamente.

Y, a través de terceros, llegó hasta ASEICAR. Estos, sin consultar previamente con la DGT, decidieron publicarla en su página web.

El efecto fue inmediato. En la DGT no sentó nada bien.

La propia Anna Ferrer comentó que era la primera vez que algo así ocurría en un grupo de trabajo.

Ni siquiera colectivos con una larga trayectoria de negociación, como los motoristas, habían actuado nunca de esa manera.

Aquello volvió a evidenciar un problema de fondo:

la falta de coordinación y de respeto a los tiempos institucionales.

Una desorganización interna más.

A esta situación se sumó otro episodio significativo.

La PACA había vuelto a cambiar de junta directiva.

La nueva dirección, presidida por Lorenzo Ruiz, decidió asistir a la convocatoria.

Sin embargo, la comunicación oficial de la DGT había sido enviada al anterior representante.

Y este no trasladó ni la convocatoria ni la documentación a la nueva junta.

Una vez más, la falta de estructura interna generaba problemas.

En ese contexto, y a pesar de no tener ya ninguna responsabilidad orgánica, tuve que intervenir como enlace para facilitar el contacto entre la DGT y la nueva directiva.

No por las personas.

Sino por el trabajo.

La invitación.

Poco después, la secretaria de Anna Ferrer, Concha Fuentes, se puso en contacto conmigo.

Querían que asistiera al acto de clausura como reconocimiento a la colaboración prestada durante todo el proceso.

Acepté la invitación.

Y acudimos a Madrid.

Mi mujer y yo.

La última reunión.

Antes del acto oficial, se celebró la última mesa de trabajo.

Se nos invitó a asistir como oyentes.

Pero decidimos no entrar.

Entendíamos que, en aquel momento, ya no nos correspondía participar.

Permanecimos en la cafetería del edificio hasta que, a través del secretario de la PACA, José Carreras, fuimos llamados para entrar en la sala.

La intervención de la senadora.

Ya dentro, Ana María Chacón tomó la palabra.

Su intervención fue clara y directa.

Explicó las dificultades que se habían tenido que afrontar durante todo el proceso.

Y lanzó un mensaje muy importante:

desde su función pública estaba dispuesta a seguir apoyando al autocaravanismo en el futuro, pero solo si existía un clima de colaboración, respeto y estabilidad.

Dejó claro que no volvería a trabajar en un entorno como el que se había generado.

Fue una advertencia.

Y también una oportunidad.

El acto de clausura.

Llegó el momento del acto oficial.

Pere Navarro presidió la clausura del GT-53.

En su intervención habló del esfuerzo realizado por la DGT para encajar el autocaravanismo dentro del marco de la circulación vial.

Y también mencionó uno de los temas debatidos:

la posible revisión de los límites de velocidad.

En ese contexto pronunció una frase que, en condiciones normales, no habría tenido mayor recorrido:

“Vamos a abrir también ese melón.”

Sin embargo, aquella expresión aún no comprendo porque razones o motivos fue interpretada de forma incomprensible por algún miembro de la nueva junta directiva de la PACA.

La carta.

Días después, recibí una carta firmada por el presidente Lorenzo Ruiz.

Su contenido me sorprendió.

No solo por el fondo.

También por el tono.

Me pidieron que la hiciera llegar a la senadora.

Mi respuesta fue inmediata:

no.

No iba a participar en algo que, a mi juicio, solo podía generar un nuevo conflicto.

Les indiqué que, si consideraban oportuno enviarla, lo hicieran por su cuenta.

Pero que ese no era el camino.

Aun así, la carta fue enviada.

Y las consecuencias no tardaron en llegar.

Nuevo malestar.

Tanto en la senadora como en la propia DGT.

El final

El GT-53 fue finalmente clausurado.

Tras un año de trabajo y varias reuniones, se presentaron unas conclusiones.

Documento de clausura y acuerdos principales

Pero lo más importante no fue solo el contenido de ese documento.

Fue lo que quedó atrás.

El autocaravanismo perdió un espacio de diálogo directo con la administración.

Un espacio que otros colectivos han mantenido durante años.

Otros grupos de trabajo del Consejo Superior de Tráfico y Seguridad Vial

Y que nosotros apenas supimos sostener durante uno.

Una reflexión necesaria.

La pregunta es inevitable:

¿Por qué se cerró el GT-53 en tan poco tiempo?

La respuesta, con el paso del tiempo, resulta bastante clara.

No fue un problema de la administración.

Fue un problema del propio colectivo.

Faltó:

  • unidad
  • visión
  • implicación
  • responsabilidad

Y, sobre todo, sentido común.

Porque trabajar con la administración no consiste solo en llegar.

Consiste en saber mantenerse.

Antes del cierre definitivo.

Con la clausura del GT-53 terminaba una etapa.

Pero también se abría otra.

Porque, a pesar de todo lo ocurrido, el trabajo realizado dejó herramientas importantes.

Y, sobre todo, dejó una experiencia que explica muchas de las cosas que han ocurrido después en el autocaravanismo en España.

Y, en el fondo, también explicó por qué, desde entonces, el autocaravanismo en España ha tenido tantas dificultades para hablar con una sola voz.

Algo que merece ser analizado con perspectiva.

Y que abordaré en el siguiente capítulo.