martes, 10 de marzo de 2026

Capítulo 13. El autocaravanismo llega al Senado.

Capítulo 13. El autocaravanismo llega al Senado.


Primeros contactos en el Senado en torno a la iniciativa parlamentaria sobre el autocaravanismo. De izquierda a derecha: Pablo Higuera, la senadora Ana María Chacón, Eduardo Arenillas y Pedro Ansorena.

Tras retomarse el contacto con la senadora Ana María Chacón y reabrirse la posibilidad de llevar el autocaravanismo al ámbito institucional, comenzó una nueva etapa en aquel proceso que meses antes había estado a punto de fracasar.

Sin embargo, el camino no sería sencillo.

A las dificultades que ya habían surgido dentro del propio movimiento autocaravanista se sumaba ahora un nuevo escenario: el paso desde el ámbito asociativo y municipal al terreno de las instituciones del Estado.

En aquel momento comprendí que, si queríamos que aquella oportunidad no se perdiera, era necesario seguir avanzando aunque las circunstancias dentro de la propia plataforma no fueran las más favorables.

Sin embargo, también tenía claro que la relación de confianza con la senadora se había establecido directamente conmigo. En ningún momento fue mi intención, ni la de mis compañeros, dejar fuera a la asociación a la que pertenecíamos. Prueba de ello es que la PACA ha figurado siempre a lo largo de todo el proceso hasta su finalización.

Fue entonces cuando decidí apoyarme en dos personas que desde el inicio habían demostrado un gran compromiso con el proyecto y una visión clara de lo que estaba en juego: Eduardo Arenillas y Pablo Higuera.

Ambos eran socios de la plataforma. Eduardo, además, había sido quien nos puso en contacto con la política jerezana Irene Canca y actuaba como delegado de la PACA en Sevilla.

Por su parte, Pablo, como secretario de ayuntamiento y por su formación buen conocedor de la función pública y del derecho administrativo, había colaborado activamente en la elaboración del dossier sobre autocaravanismo que finalmente se entregó a la senadora.

Con ambos había compartido desde hacía tiempo reflexiones sobre la situación del autocaravanismo en España y la necesidad de que esta realidad comenzara a ser comprendida también por las instituciones del Estado.

Cuando les expliqué la situación y la posibilidad de retomar el contacto con la senadora, entendieron inmediatamente la importancia del momento y se ofrecieron a colaborar.

A partir de ese momento comenzamos a trabajar juntos para intentar dar el siguiente paso.

Poco tiempo después se produjo el primer encuentro en el Senado. La reunión tuvo lugar en uno de los despachos de la Cámara Alta y en ella participaron, además de la propia senadora, algunos responsables ministeriales interesados en conocer con mayor detalle la situación del autocaravanismo en España.

Reunión de trabajo en uno de los despachos del Senado con la senadora Ana María Chacón y responsables ministeriales para explicar la situación del autocaravanismo en España.

Durante aquella reunión fue posible explicar con calma cuál era la realidad que vivían miles de familias autocaravanistas en nuestro país, las dificultades que encontrábamos en muchos municipios y la necesidad de que las administraciones públicas comprendieran mejor esta forma de viajar, que en otros países europeos ya formaba parte normal de las políticas de movilidad y turismo.

El autocaravanismo era, para muchos responsables públicos con los que tratábamos, una actividad prácticamente desconocida.

Por ese motivo, buena parte de la reunión estuvo dedicada a explicar qué era realmente el turismo itinerante en autocaravana y por qué su desarrollo estaba generando conflictos en algunos lugares.

Al finalizar el encuentro, la senadora comentó la posibilidad de dar a conocer aquella reunión a través de los medios de comunicación.

Documento relacionado con aquel encuentro

Personalmente le recomendé que no lo hiciera.

Nosotros no buscábamos ningún protagonismo. Es cierto que los responsables políticos, en muchas ocasiones, necesitan que la prensa proyecte su trabajo en la función pública. Sin embargo, en este caso la experiencia me decía que cuanto menor proyección pública tuviera aquel primer contacto, más tranquilidad tendríamos para trabajar en los meses siguientes.

En aquellos momentos ya comenzaban a percibirse ciertas tensiones alrededor del proceso y consideré que lo más prudente era seguir avanzando con discreción.

La senadora comprendió perfectamente el planteamiento y aceptó aquella recomendación.

Con el paso del tiempo estoy convencido de que aquella decisión permitió que el trabajo, al menos durante un tiempo, pudiera desarrollarse con mayor serenidad.

A medida que el proceso comenzaba a tomar forma también empezaron a aparecer algunas presiones y tensiones, no solo dentro de la PACA, sino también dentro del propio movimiento autocaravanista.

Cuando un proyecto ciudadano comienza a adquirir dimensión institucional, no es extraño que surjan discrepancias sobre quién debe asumir la interlocución política.

En aquel momento algunos compañeros consideraban que la gestión de aquel contacto con el Senado debía desarrollarse de otra manera o a través de otras personas.

Incluso llegaron a producirse intentos de reconducir la iniciativa a través de otros interlocutores políticos, lo que generó cierta confusión en los primeros momentos.

Con el tiempo comprendí que este tipo de situaciones son relativamente habituales cuando un movimiento social comienza a relacionarse con las instituciones.

Convencer a un responsable político de alto nivel para que escuche una propuesta ciudadana no es fácil. Los políticos reciben constantemente propuestas de todo tipo y sus equipos estudian con mucha atención tanto los proyectos que se les presentan como las personas que los impulsan.

Por ese motivo, ganarse la confianza resulta una labor esencial, pero también complicada. Cuando se establece una relación de confianza, intentar sustituir al interlocutor o introducir intermediarios suele ser un error, porque puede generar desconfianza y poner en riesgo todo el proceso.

Afortunadamente, en este caso la propia senadora Ana María Chacón mantuvo siempre una actitud clara y coherente respecto a la interlocución que se había establecido desde el inicio y siempre confió en nosotros.

Gracias a ello el trabajo pudo continuar.

A partir de aquel momento comenzó a plantearse la posibilidad de dar un paso que hasta entonces nadie había intentado en España: llevar el autocaravanismo al debate parlamentario de Las Cortes Generales.

A partir de la información que le íbamos trasladando, la senadora y su equipo comenzaron a estudiar qué tipo de iniciativa parlamentaria podía aplicarse a nuestro caso.

Como ya he comentado en otras ocasiones, nuestro trabajo consistía en tratar de explicar con la mayor claridad posible cuáles eran los problemas y necesidades que encontrábamos las familias autocaravanistas a la hora de viajar por España. La forma política o administrativa de abordar esa situación correspondía a quienes tenían responsabilidades institucionales.

Finalmente se decidió impulsar una iniciativa parlamentaria en el Senado.

Dependiendo de la fórmula parlamentaria elegida, era necesario desarrollar un trabajo previo antes de su presentación en la Mesa del Senado para su admisión y la posterior fijación de una fecha de debate en la cámara.

La fórmula elegida sería una iniciativa parlamentaria interministerial en forma de moción dirigida al Gobierno.

Lo que unos meses antes había comenzado como una conversación casual entre autocaravanistas en un camping de la provincia de Soria estaba a punto de convertirse en un asunto de debate en uno de los lugares donde reside el poder legislativo de nuestro país: la Cámara Alta del Parlamento español.

El autocaravanismo estaba a punto de entrar, por primera vez, en el Senado de España.

En el siguiente capítulo explicaré el trabajo previo que fue necesario realizar antes de presentar la iniciativa en la Mesa del Senado y también el que se llevó a cabo después de su admisión, durante las semanas previas al debate en la cámara.







lunes, 9 de marzo de 2026

Capítulo 12. Cuando el camino volvió a abrirse.

El inexplicable incumplimiento en el envío del dossier que debía llegar al Senado parecía haber cerrado una puerta que se había abierto casi por casualidad unos meses antes en un camping de la provincia de Soria. Pero, en ocasiones, los caminos que se abren de forma casi casual terminan teniendo recorridos inesperados.

Aquella historia todavía no había terminado.


El Senado de España, institución a la que el autocaravanismo estaba a punto de llegar por primera vez como asunto de debate parlamentario.

Durante un tiempo me encontré bastante solo y muy desanimado. A pesar del importante trabajo que creía estar intentando llevar a cabo, la relación con la junta directiva y con algunos delegados de la PACA no era la más adecuada para continuar.

Llegué a pensar que quizá era yo el culpable por haber iniciado un camino que los demás no podían seguir. Al fin y al cabo, se trataba de personas con sus trabajos en activo, con familias a su cargo, y el trabajo que realizaban era totalmente altruista, restando tiempo tanto a sus obligaciones familiares como laborales. En aquella situación comprendía que ¿quién era yo para marcarle el paso a nadie? no tenía ningún derecho a exigir más a quienes ya estaban dando todo lo que podían.

Por momentos llegué a pensar que aquella oportunidad se había perdido definitivamente.

El contacto con la senadora Ana María Chacón parecía haberse enfriado tras el episodio del dossier que nunca llegó a su destino, y todo indicaba que el intento de llevar el autocaravanismo al ámbito institucional había quedado en una simple intención fallida.

Pero a veces los acontecimientos toman giros inesperados.

En medio de aquel periodo de incertidumbre se produjo un contacto que, en principio, nada tenía que ver con el proceso que habíamos iniciado con la senadora. Se trataba de la posibilidad de explicar la realidad del autocaravanismo a un alto responsable político al que había accedido por casualidad a través de un familiar y que había mostrado interés por conocer esta actividad y las dificultades que encontraba su desarrollo en España.

El contacto con un alto mandatario

Aquel encuentro sirvió, sobre todo, para confirmar algo que ya intuíamos desde hacía tiempo: el autocaravanismo era una realidad social y turística mucho más importante de lo que muchas administraciones imaginaban.

Durante aquella conversación fue posible explicar nuevamente cuál era la situación que vivían los autocaravanistas en España, cuáles eran nuestros problemas y necesidades a la hora de viajar las familias con una autocaravana, las dificultades que encontrábamos en muchos municipios y la necesidad de que las administraciones públicas comprendieran mejor esta forma de viajar, que en otros países europeos ya estaba plenamente integrada dentro de las políticas de movilidad y turismo.

Más allá de los resultados inmediatos de aquel encuentro, aquella experiencia tuvo una consecuencia inesperada.

Todavía hoy no sé con certeza cuáles fueron los motivos, pero el caso es que, después de aquella entrevista, el tema del autocaravanismo volvió a ponerse sobre la mesa y, de una forma u otra, volvió a conectar con el contacto que meses antes se había iniciado con la senadora Ana María Chacón.

Creo que es importante comprender que desde que se produjo el primer contacto con la senadora, a finales del año 2004, hasta que se aprobó la moción autocaravanista en mayo de 2006, transcurrió aproximadamente un año y medio.

En una situación normal, en la que no se hubieran cometido determinados errores, probablemente ese proceso habría sido mucho más corto.

A partir de ese momento el asunto comenzó a retomarse.

En las conversaciones posteriores con la senadora fue posible volver a explicar con detalle la situación del autocaravanismo en España y la importancia que podía tener abrir un debate institucional sobre esta realidad.

Siempre he tenido claro que, en mi relación con los políticos o con responsables de la administración, mi papel era explicarles con la mayor claridad posible aquello que ellos desconocían: qué era el autocaravanismo, cuáles eran nuestros problemas y cuáles nuestras necesidades a la hora de utilizar nuestras autocaravanas.

A partir de ahí, la forma política o administrativa de abordar esas cuestiones ya correspondía a quienes tenían responsabilidades institucionales.

Para la propia senadora, el autocaravanismo era todavía un fenómeno poco conocido. Pero precisamente por eso mostraba interés en comprenderlo mejor y en conocer cómo se estaba gestionando esta actividad en otros países europeos.

Poco a poco comenzó a plantearse la posibilidad de dar un paso que hasta entonces nadie había intentado en España: llevar el autocaravanismo al debate parlamentario.

Aquella posibilidad representaba un cambio de escenario muy importante.

Hasta ese momento el trabajo reivindicativo del movimiento autocaravanista se había desarrollado principalmente en el ámbito asociativo y municipal.

La creación de áreas de servicio y el contacto directo con los ayuntamientos habían permitido avanzar en muchos lugares, pero también habían demostrado que el problema no podía resolverse únicamente desde el ámbito local.

Era necesario abrir también una vía institucional que permitiera abordar la cuestión desde una perspectiva más amplia.

Así comenzó a tomar forma la idea de impulsar una iniciativa parlamentaria en el Senado.

Lo que unos meses antes había comenzado como una conversación casual entre autocaravanistas en un camping de la provincia de Soria estaba a punto de convertirse en un asunto de debate en la Cámara Alta del Poder Legislativo español.

El autocaravanismo estaba a punto de entrar, por primera vez, en el Senado de España.



Capítulo 11. El dossier que debía llegar al Senado.

Como era lógico, el compromiso que había adquirido con la senadora Ana María Chacón lo trasladé inmediatamente a la junta directiva de la PACA a través de Vicente Díaz, que en aquel momento actuaba como interlocutor habitual entre los delegados y la dirección de la plataforma.

Era importante preparar aquella documentación con rapidez.

Había dado mi palabra a la senadora y no quería perder aquella oportunidad.

Sin embargo, pasaban las semanas y no veía que el trabajo avanzara.

Mientras tanto continuaba manteniendo el contacto telefónico con la senadora, explicándole que estábamos preparando la documentación que nos había solicitado y que, en lo relativo a algunos datos estadísticos nacionales e internacionales —que debían recabarse de distintas fuentes—, el proceso se estaba demorando algo más de lo previsto.

Le comentaba que, en cuanto el documento estuviera terminado, se lo enviaríamos.

Habían transcurrido ya cerca de dos meses y la documentación seguía sin prepararse.

Hay que tener en cuenta que en aquel momento, por diversas razones, mi relación con la junta directiva de la PACA no pasaba por su mejor momento.

Ante esta situación, y para no perder el contacto con la senadora ni quedar como irresponsable ante el compromiso adquirido, decidí tomar la iniciativa y acudir a una de las personas que más me habían ayudado desde el inicio de mi implicación en el autocaravanismo: Pablo Higuera, secretario de ayuntamiento y buen conocedor del derecho administrativo.

Pablo y su mujer, Elsa Pardo, también autocaravanistas, habían estado presentes como invitados en la reunión de la playa de Toró.

Le expliqué la situación y la importancia de atender la petición de la senadora.

Ambos coincidimos en que aquella oportunidad no podía perderse.

Ante la falta de avances en la preparación del documento, decidimos ponernos manos a la obra y elaborar nosotros mismos el material que se nos había solicitado.

Comenzamos a preparar un manual informativo sobre la situación del autocaravanismo, tanto en España como en el resto de Europa, en el que se explicaban las características de esta forma de turismo itinerante y las dificultades que encontraba en nuestro país.


          Recreación visual de un dossier informativo   sobre el autocaravanismo en             España y Europa, similar al que se preparó para acompañar la petición formal                        dirigida al Senado.

Junto a ese documento redactamos también la carta de petición formal que la senadora había solicitado.

(Enlace al documento original)

Ver documento

Cuando el trabajo estuvo bastante avanzado, se lo trasladamos a quien entonces considerábamos la persona más capacitada dentro de la plataforma para este tipo de tareas: Vicente Díaz, miembro de la junta directiva.

Dada su profesión de publicista, Vicente revisó el documento, añadió algunos contenidos más y se encargó de darle una presentación adecuada mediante su encuadernación.

Posteriormente hablé con la senadora para comunicarle que ya teníamos preparada la documentación que nos había solicitado.

Me comentó que se acercaban las fechas de Semana Santa y que podría disponer de algo más de tiempo para estudiar el asunto.

Me pidió que, si era posible, enviara la documentación tanto al Senado como a su domicilio en El Bosque (Cádiz), facilitándome ambas direcciones postales.

Así lo hicimos.

Vicente se encargó de enviar el dossier antes de Semana Santa a las direcciones indicadas por la senadora.

En aquel momento, aquel envío parecía simplemente el cumplimiento de un compromiso adquirido.

Sin embargo, aquella documentación —que se suponía debía ser el primer paso de un proceso que podía llevar el autocaravanismo español hasta el Senado— incomprensiblemente no llegó a su destino.

El relato completo de lo ocurrido puede consultarse en el siguiente enlace:

2ª parte: el contacto con Ana María Chacón

Aquella situación supuso para mí una gran decepción.

Había puesto mucha ilusión y mucho trabajo en aquella oportunidad y había adquirido personalmente un compromiso con la senadora.

Con el paso del tiempo pude comprobar, en conversaciones posteriores con ella, que aquella circunstancia había generado también cierta sorpresa y desconcierto por su parte.

A partir de aquel momento comprendí que el camino que se había abierto hacia el ámbito institucional iba a ser más complejo de lo que inicialmente había imaginado.

Pero también tenía claro que aquella puerta no debía cerrarse.







domingo, 8 de marzo de 2026

Capítulo 10. Covaleda (Soria): cuando la oportunidad apareció en un camping.

Tras las reflexiones que me habían llevado a mirar hacia el ámbito institucional —inspirado en buena medida por el proyecto italiano— como posible vía para avanzar en el reconocimiento del autocaravanismo en España, todavía no tenía claro cómo podía iniciarse ese camino.

Lo que sí tenía claro era que la idea existía y que el autocaravanismo español no podía quedarse únicamente en la visita uno por uno a los más de ocho mil ayuntamientos del país.

Había que intentar algo más, pero faltaba encontrar la forma de llevarlo a la práctica.

Y, como ocurre muchas veces en la vida, la oportunidad apareció en el lugar más inesperado.

Entrada y recepción del camping de Covaleda (Soria), conocido como “Refugio de Pescadores”. En este lugar, durante el verano de 2004, se produjo el encuentro que acabaría abriendo el primer contacto del movimiento autocaravanista con el ámbito político nacional.

En el verano de 2004, durante una salida de fin de semana por la provincia de Soria junto con otra familia autocaravanista de Santander, decidimos hacer noche en el camping de Covaleda, conocido como “Refugio de Pescadores”.

Aquel camping no nos era desconocido. Ya lo habíamos visitado en alguna ocasión con motivo de una convivencia llamada entonces “engord@r”, organizada por el portal campista Solocamping.com, donde se reunían usuarios de autocaravanas y caravanas para convivir un fin de semana.

La idea inicial era quedarnos solo una noche.

Pero al llegar nos encontramos con una sorpresa.

En el camping se encontraba Eduardo Arenillas (Arena) junto con su esposa Amelia y otros autocaravanistas procedentes de Andalucía. Entre ellos se encontraba también el matrimonio sevillano al que ya conocíamos de la reunión celebrada en la playa de Toró, en los primeros tiempos de la Plataforma de Autocaravanas Autónoma.

Decidimos estacionar nuestras autocaravanas cerca de donde estaban ellos y pasar el rato charlando.

En una de aquellas conversaciones, Eduardo me comentó que entre los autocaravanistas presentes se encontraba un matrimonio de Jerez de la Frontera que podría resultar interesante conocer.

Se trataba de Irene Canca y su marido Fernando, que viajaban con sus hijos.

Eduardo me explicó que Irene era autocaravanista y tenía relación con el ámbito político de Andalucía y que quizá podría ayudarnos a abrir algún contacto institucional.

Añadió además que, como yo disponía de bastante información del proyecto PACA —ya que en aquel momento era uno de los delegados de la plataforma en Cantabria más activos—, podía intentar hablar con ellos para explicarles nuestro trabajo y ver si podían ayudarnos a establecer algún contacto político.

La sugerencia me pareció interesante.

Al día siguiente Eduardo me presentó al matrimonio Canca y mantuvimos una conversación tranquila con ellos, en la que les expliqué el trabajo que desde la PACA estábamos desarrollando para impulsar el reconocimiento del autocaravanismo y la creación de infraestructuras para esta forma de viajar.

Irene, que entonces era diputada del Parlamento de Andalucía por el PSOE, escuchó con interés las explicaciones. Comentó que, fruto de su actividad política, mantenía contactos con diputados y senadores nacionales de su grupo parlamentario y que trataría de ponerme en contacto con algunos de ellos que pudieran interesarse por el proyecto.

Aquella reunión tuvo además una situación curiosa.

En el camping, junto al grupo de autocaravanistas andaluces, se encontraba también el entonces vicepresidente de la FECC junto con su esposa.

Eduardo mantenía relación con ellos, ya que había sido fundador del Club Caravaning de Sevilla, vinculado a la federación campista.

Como ya he comentado en capítulos anteriores, las relaciones entre la Plataforma de Autocaravanas Autónoma y la Federación Española de Clubes Campistas no atravesaban su mejor momento.

Desde algunos sectores del campismo se nos consideraba poco menos que unos rupturistas que habíamos venido a alterar un orden que llevaba años establecido.

En aquel contexto, el vicepresidente de la federación también pretendía participar en la conversación con la política andaluza, acusándonos de querer dejar fuera a la federación en asuntos que también les incumbían.

La situación resultaba paradójica, porque aquella conversación no era una reunión institucional entre organizaciones, sino simplemente un diálogo informal entre personas autocaravanistas que compartían una inquietud común.

Pero aquel episodio reflejaba bien las tensiones que en aquellos años existían entre distintas formas de entender el desarrollo del autocaravanismo en España, por parte de quienes no comprendían que el autocaravanismo buscara una forma de viajar independiente del campismo tradicional.

Por diversos motivos —entre ellos que estábamos a gusto con las familias andaluzas con las que habíamos coincidido— aquel fin de semana terminó convirtiéndose en una convivencia más larga de lo que habíamos previsto inicialmente.

Compartimos tiempo, conversaciones y experiencias de viaje, sin imaginar todavía hasta qué punto aquel encuentro casual acabaría teniendo consecuencias importantes para el proyecto de reivindicación autocaravanista en el que estábamos implicados.

Tras aquel viaje mantuvimos el contacto con Irene Canca mediante teléfono y correo electrónico.

Pasados algunos meses, ya en otoño, Irene me comunicó una noticia inesperada.

En una reunión del PSOE había coincidido sentada junto a Ana María Chacón, senadora por la provincia de Cádiz.

Durante aquella conversación Irene le habló del autocaravanismo y del trabajo que desde la PACA estábamos intentando desarrollar.

Según me contó, la senadora había mostrado interés por el asunto.

Irene me facilitó entonces su teléfono y su dirección de correo electrónico, recomendándome que primero le enviara un mensaje explicando brevemente el tema antes de intentar hablar con ella.

Así lo hice.

Y en diciembre de 2004 recibí su respuesta.

En su correo me indicaba que Irene ya le había comentado el asunto y que, aunque su trabajo como senadora era intenso —formaba parte de las comisiones de Fomento y Vivienda, de la OTAN, de la Ley del Suelo y además atendía asuntos relacionados con Andalucía—, el tema le parecía interesante.

Pero para poder tomar una decisión necesitaba conocer mejor el proyecto.

Me invitó a hablar por teléfono.

Cuando finalmente mantuvimos aquella conversación estuvimos hablando durante bastante tiempo sobre el autocaravanismo y la situación que existía en España.

Tras escuchar mis explicaciones, la senadora comentó que el asunto podía tener interés para ella, pero que necesitaba estudiarlo con mayor detalle.

Para ello me pidió dos cosas muy concretas.

Por un lado, que le enviara un manual informativo en el que se explicara con claridad qué era el autocaravanismo, cuál era su situación en España y cómo se desarrollaba en otros países europeos.

Por otro, que ese documento fuera acompañado de una petición formal en la que se expusiera qué tipo de actuación institucional estábamos solicitando.

Aquella petición abría por primera vez una puerta real hacia el ámbito político.