martes, 16 de junio de 2026

Cuando las autocaravanas eran invisibles y todo estaba por hacer.

Inauguración del área municipal de autocaravanas de Tui, una de las primeras referencias del autocaravanismo organizado en España.

Hace unos días publiqué en este blog una reflexión sobre la experiencia italiana y las enseñanzas que podemos extraer del país transalpino después de más de cincuenta años de reivindicación autocaravanista.

La buena acogida de aquel artículo, con más de 4.000 visitas en el blog en apenas un día, me llevó a revisar antiguos archivos que conservaba en un viejo disco duro procedente de aquellos años, olvidado durante mucho tiempo en un cajón porque pensaba que ya no podría recuperar su contenido.

Afortunadamente, gran parte de aquel material ha podido recuperarse.

Lo que encontré me hizo reflexionar.

Allí estaban los recuerdos de mis inicios en la reivindicación autocaravanista, a comienzos de los años 2000. Fotografías, recortes de prensa, cartas dirigidas a administraciones públicas y representantes políticos, documentos de trabajo y notas de aquellos primeros años en los que el autocaravanismo español buscaba la forma de organizarse para defender sus derechos.

Al observar aquel material comprendí algo que con frecuencia olvidamos.

Hoy discutimos sobre ordenanzas municipales, instrucciones de la DGT, decretos autonómicos, áreas de pago o gratuitas, representación asociativa o estrategias jurídicas.

Hoy discutimos sobre cómo defender derechos reconocidos.

En 2003 todavía había que convencer a las administraciones de que esos derechos existían.

Y esa es una diferencia enorme.

Hubo un tiempo en que nada de lo que hoy consideramos normal existía.

En aquellos años no luchábamos por conservar lo conseguido; luchábamos por conseguir lo que todavía no existía.

A principios de este siglo, aunque la presión sobre nuestra forma de viajar era menor, las autocaravanas eran prácticamente invisibles para buena parte de las administraciones.

  • No existían ninguna aprobación parlamentaria sobre el autocaravanismo en Las Cortes Generales.
  • No existían instrucciones específicas.
  • No existía una doctrina administrativa consolidada.
  • No existían más de mil áreas de autocaravanas repartidas por todo el territorio.
  • No existía una interlocución estable con las instituciones.

En muchos casos, las administraciones ni siquiera conocían qué era exactamente una autocaravana o cuáles eran las necesidades de quienes utilizábamos este medio de viajar.

Y tampoco existían estructuras de representación fuera del ámbito tradicional del campismo capaces de trasladar nuestras inquietudes a las instituciones.

Al releer aquellos documentos aparece una realidad que muchos autocaravanistas actuales quizá desconocen.

  • Las primeras reuniones con Senadores y Diputados nacionales.
  • Las primeras reuniones con administraciones autonómicas.
  • Las primeras áreas de servicio y pernocta.
  • Los primeros contactos con ayuntamientos.
  • Las primeras reclamaciones frente a ordenanzas discriminatorias.
  • Las primeras señales con el pictograma de la autocaravana.

Los primeros intentos de explicar a las instituciones algo que hoy parece evidente: que una autocaravana es un vehículo y que sus usuarios tienen los mismos derechos y obligaciones que cualquier otro ciudadano.

La inauguración de aquellas primeras áreas era casi un laboratorio donde se estaba probando un modelo que hoy nos parece normal y que entonces era una novedad absoluta.

No solo se trataba de construir infraestructuras. También se intentaba trasladar a las administraciones públicas y a la sociedad una forma diferente de viajar, de relacionarse con el territorio y de entender el ocio.

Lo más llamativo es comprobar que muchas de las ideas que hoy forman parte del discurso habitual del autocaravanismo ya estaban presentes entonces.

  • La diferencia entre estacionamiento y acampada.
  • La necesidad de infraestructuras específicas.
  • La defensa de la movilidad.
  • La importancia de la seguridad jurídica.
  • La colaboración con las administraciones.
  • La necesidad de disponer de interlocutores capaces de representar al colectivo.

No pedíamos privilegios.

Solicitábamos ser regulados.

Sin embargo, existe una diferencia fundamental entre aquella época y la actual.

Hoy seguimos teniendo problemas, muchos de ellos derivados del crecimiento constante del parque de autocaravanas y de la cada vez mayor presencia de estos vehículos en nuestras ciudades y destinos turísticos.

Pero también disponemos de conocimiento, experiencia y herramientas que entonces ni siquiera existían.

Durante estos años han surgido asociaciones autocaravanistas en prácticamente todas las comunidades autónomas, desarrollando una importante labor territorial.

  • Se han promovido iniciativas parlamentarias.
  • Se han aprobado instrucciones administrativas.
  • Se ha consolidado una doctrina jurídica.
  • Se han multiplicado las infraestructuras específicas.
  • Y recientemente han aparecido nuevas estructuras de coordinación y representación nacional como el G3A.

Por primera vez, el autocaravanismo español dispone de una red de representación e interlocución institucional que, con todas sus limitaciones y diferencias internas, era impensable en aquellos primeros años.

Hoy pienso que nada de esto ha sucedido por casualidad.

Ha sido el resultado de muchos años de trabajo realizado por personas y colectivos muy diversos.

Por eso, cuando observo aquellas fotografías y releo aquellos documentos, no veo únicamente recuerdos.

Veo la realidad de un comienzo.

Veo los cimientos de una construcción que todavía continúa.

Porque muchos autocaravanistas actuales conocen la Instrucción 08/V-74, la PROT 2023/14 o incluso la reciente PROT 2026/04.

Pero muy pocos conocen lo que ocurrió antes.

Muy pocos saben que en febrero de 2003 ya se estaba planteando a una senadora un programa completo de desarrollo del turismo itinerante en España.

Y muy pocos saben que conceptos que hoy parecen normales —como la diferencia entre estacionar y acampar— ya estaban presentes en aquellos documentos fundacionales.

Muchos de los argumentos que aparecen en esos textos terminaron convirtiéndose años después en doctrina administrativa consolidada.

Cuando uno lee hoy la Instrucción 08/V-74, la PROT 2026/04 o el Manual de Movilidad en Autocaravana, encuentra conceptos que ya estaban presentes en aquellas cartas, entrevistas y reuniones de 2003 y 2004.

No aparecieron de repente.

Fueron el resultado de años de insistencia, explicaciones, recursos y trabajo institucional.

Quizás por eso, al revisar aquellos documentos, no siento nostalgia.

Siento la satisfacción de comprobar que, a pesar de todas las dificultades, una parte importante de aquel trabajo terminó dando sus frutos.

Porque quizá la verdadera pregunta no sea si seguimos teniendo problemas.

La verdadera pregunta es si estamos mejor preparados para afrontarlos que hace veinte años.

Y si comparo aquellos documentos con la realidad actual, mi respuesta es claramente afirmativa.

Seguimos teniendo desafíos.

Pero ya no somos invisibles.


Pedro Ansorena

Nota: Los lectores interesados pueden consultar en el siguiente enlace algunos de los documentos históricos citados en este artículo. 👇

Documentos históricos recuperados sobre los inicios de la reivindicación autocaravanista en España

domingo, 14 de junio de 2026

¿Qué podemos aprender de Italia después de más de cincuenta años de reivindicación autocaravanista?

En los últimos días he vuelto a leer algunas publicaciones de la Associazione Nazionale Coordinamento Camperisti, una organización italiana que sigo desde hace muchos años y cuya trayectoria considero de enorme interés para comprender la evolución del autocaravanismo en Europa.

Guida 2026. Come comportarsi nel caso di limitazioni e multe Anticamper.

Muchos compañeros autocaravanistas tienen como referencia a Francia y Alemania, países que en mi opinión pueden servir como modelo en algunos aspectos, pero no necesariamente en el núcleo del problema que nos afecta aquí en España.

Una de las razones reside en que mientras Francia sigue siendo un Estado muy centralizado y Alemania, aunque federal, posee una tradición jurídica y administrativa diferente en donde desarrollar un proyecto a nivel de todo el país encuentra una menor dificultad. Italia y España comparten algo mucho más relevante para esta reflexión:

  • Una fuerte descentralización territorial.
  • Amplias competencias regionales.
  • Importantes competencias municipales.
  • Y una permanente tensión entre las normas estatales y las decisiones locales.

Precisamente por eso la experiencia italiana resulta tan interesante para nosotros.

Para quienes analizamos la historia de nuestro colectivo, Italia suele aparecer como una referencia obligada. No es para menos. Los italianos, además de disponer de una constitución y una organización territorial más parecidas a las nuestras, comenzaron la reivindicación autocaravanista mucho antes que nosotros y su trayectoria ha estado marcada por problemas muy similares a los que hoy seguimos afrontando en España.

Además de contar con una larga tradición autocaravanista y una importante industria vinculada al sector, fueron el primer país europeo que consiguió una legislación específica para las autocaravanas mediante la conocida Ley Fausti, posteriormente integrada en el artículo 185 del Código de Circulación italiano.

Por ello, los españoles para tomar referencias, a la hora de mirar hacia algún lado, en mi opinión, deberíamos mirar más hacia países como Italia y tomar nota de lo que allí sucede.

Personalmente, cuando sigo las publicaciones del Coordinamento Camperisti  hay algo que me llama poderosamente la atención.

Me llama la atención, que a pesar de más de medio siglo de trabajo, en Italia en el día a día, continúan apareciendo conflictos con algunos municipios. Siguen denunciándose ordenanzas restrictivas, prohibiciones discriminatorias, barreras de gálibo injustificadas o medidas dirigidas específicamente contra las autocaravanas.

Reconozco que durante años pensé que Italia representaba una especie de meta a la que algún día podríamos llegar. Sin embargo, cuanto más tiempo llevo siguiendo sus publicaciones y analizando su evolución, más consciente soy de que incluso los sistemas más desarrollados continúan enfrentándose a problemas similares. Esa constatación, lejos de resultar desalentadora, me parece una de las enseñanzas más útiles para comprender la realidad del autocaravanismo.

Los conflictos entre los autocaravanistas y algunos ayuntamientos no son una anomalía exclusivamente española. Forman parte de una realidad que también encontramos en países como Italia, donde la distribución de competencias entre distintos niveles de la Administración genera tensiones similares.

La primera impresión podría ser pensar que en algo se ha fallado.

Sin embargo, cuanto más reflexiono sobre ello, más convencido estoy de que la conclusión correcta es justamente la contraria.

Lo que ocurre en Italia demuestra que el conflicto entre algunos ayuntamientos y las autocaravanas no desaparece por completo ni siquiera cuando existe una larga tradición normativa, asociativa y reivindicativa.

En realidad, el problema no suele estar en la circulación.

Tampoco en el viaje.

Ni siquiera en el turismo itinerante como concepto.

El conflicto aparece cuando la autocaravana pretende estacionar cerca de lugares atractivos o de interés turístico, comercial o residencial.

Es entonces cuando entran en juego intereses diversos, presiones vecinales, decisiones políticas o policiales, modelos turísticos concretos o simples prejuicios hacia una forma diferente de viajar.

En España existe además un fenómeno que merece una reflexión adicional. Cuando determinadas policías locales interpretan de forma incorrecta o excesivamente restrictiva las normas que afectan a las autocaravanas, terminan transmitiendo a la ciudadanía una imagen equivocada de esta forma de viajar.

Si un vecino observa que una autocaravana correctamente estacionada es objeto de una actuación policial o incluso de una sanción, es fácil que llegue a la conclusión de que ese vehículo estaba incumpliendo alguna norma. De esta forma se genera una percepción social errónea que acaba alimentando nuevos conflictos y nuevas denuncias vecinales. 

Son los propios vecinos los que en algunas ocasiones, creyendo realizar una actuación cívica, ante la presencia de una autocaravana en una calle o un aparcamiento, llaman a la policía.

Quizás por eso nuestra propia experiencia en la observación o el analisis de algunos comportamientos, unida a la italiana, resulta tan valiosa para quienes estamos interesados o trabajamos en el desarrollo del autocaravanismo en España.

Durante años algunos autocaravanistas hemos pensado que determinados problemas desaparecerían cuando existiera una normativa más clara, una mejor regulación o un mayor reconocimiento social e institucional.

Sin embargo, la experiencia italiana demuestra también que las normas son imprescindibles, pero no resuelven por sí solas todas las dificultades.

  • Italia tuvo la Ley Fausti.
  • Italia dispone del artículo 185.
  • Italia cuenta con miles de áreas de autocaravanas.
  • Italia posee grupos de representacion o asociaciones con décadas de experiencia.

Y aun así siguen surgiendo conflictos.

No porque el sistema haya fracasado, sino porque la realidad nos demuestra que la defensa de la movilidad en autocaravana nunca es una tarea terminada. A lo largo de su desarrollo siempre aparecen nuevos problemas, nuevos conflictos o nuevas situaciones que requieren respuestas adaptadas a cada momento.

Si después de más de cincuenta años los italianos siguen utilizando herramientas jurídicas, informes técnicos y recursos administrativos para defender sus derechos, quizá esa sea una enseñanza más útil para España que confiar exclusivamente en la protesta o en la presión mediática.

Quizás esa sea una de las principales enseñanzas que nos ofrece la experiencia italiana.

La reivindicación autocaravanista no consiste en alcanzar una meta definitiva, sino en mantener de forma permanente la vigilancia sobre los derechos ya conquistados y seguir trabajando para mejorar la situación de los que están por venir.

Los compañeros italianos llevan más de cincuenta años realizando esa labor.

  • Siguen estudiando ordenanzas.
  • Siguen presentando recursos.
  • Siguen elaborando informes técnicos.
  • Siguen exigiendo que las administraciones motiven y justifiquen adecuadamente sus decisiones.

Y probablemente continúen haciéndolo durante muchos años más.

Si observamos lo ocurrido en España desde 2003, la evolución tampoco ha sido menor.

Hemos pasado de una situación donde prácticamente no existía ninguna referencia administrativa al fenómeno autocaravanista, a disponer de:

  • La Moción del Senado de 2006.
  • La Instrucción 08/V-74.
  • La Instrucción PROT 2023/14.
  • La Instrucción PROT 2026/04.
  • Diversas iniciativas parlamentarias aprobadas en las Cortes Generales.
  • Normativa autonómica.
  • Miles de plazas en áreas de autocaravanas.
  • Y una doctrina administrativa bastante consolidada sobre la diferencia entre estacionar y acampar.

Nada de ello surgió de manera espontánea. Detrás de estos avances hay años de trabajo personal y asociativo, reuniones institucionales, iniciativas parlamentarias, informes técnicos y miles de horas de dedicación por parte de muchas personas.

Se ha trabajado mucho y gracias a esa labor hoy disponemos de una realidad muy diferente a la que existía en 2003.

Sin embargo, a pesar de todo ese esfuerzo, continúan apareciendo conflictos similares a los que observamos en Italia.

Lejos de sorprendernos, quizás deberíamos interpretarlo como una consecuencia lógica de un proceso que otros países comenzaron mucho antes y que todavía hoy siguen gestionando.

Por eso, cuando leo las publicaciones italianas, no veo un fracaso.

Veo una advertencia.

La advertencia de que los derechos relacionados con la movilidad y el estacionamiento de las autocaravanas necesitan ser defendidos continuamente.

Y también una enseñanza.

La de que los avances más sólidos no suelen conseguirse mediante soluciones rápidas o gestos puntuales, sino a través de un trabajo constante, técnico, jurídico y paciente desarrollado durante décadas.

Quizás por eso, cuando hoy leo las publicaciones del Coordinamento Camperisti, no veo una organización que continúa luchando porque haya fracasado. Veo una organización que sigue trabajando porque comprendió hace mucho tiempo algo que todos terminamos aprendiendo: que los derechos relacionados con la movilidad y el estacionamiento de las autocaravanas nunca quedan definitivamente consolidados y que cada generación debe contribuir a protegerlos y desarrollarlos.

Tal vez esa sea la lección más importante que Italia puede ofrecer hoy al autocaravanismo español.

Pedro Ansorena.

viernes, 5 de junio de 2026

Cuando el tiempo ya no es el problema.



Área de autocaravanas de Arriondas, un lugar con extraordinarias vistas del paisaje del entorno.

La libertad de seguir viajando.

Resulta curioso observar cómo el paso del tiempo poco a poco va cambiando nuestra manera de vivir y viajar.

Durante muchos años llenos de plenitud nos consideramos viajeros incansables. Nuestros viajes se medían en meses y miles de kilómetros. La principal limitación era el trabajo, esa obligación que, aunque nos permitía vivir, también condicionaba nuestra libertad para movernos cuando y donde quisiéramos.

Ahora la situación es diferente. Ya no existen horarios laborales ni vacaciones que esperar. Todo nuestro tiempo nos pertenece.

Sin embargo, han aparecido otros condicionantes. La edad y la salud han ido ocupando el espacio que antes tenía el trabajo. Las revisiones médicas, las consultas y los tratamientos marcan, en cierta forma, el calendario y, a veces, uno llega a sentirse un poco “secuestrado” por esas obligaciones inevitables.

Aun así, seguimos siendo unos cuerpos inquietos incapaces de permanecer mucho tiempo en casa.

Por ese motivo y con esta primavera tan verde y luminosa que invita a salir, el pasado martes decidimos aprovechar unos días libres antes de una consulta médica que Senia tenía programada para el viernes por la tarde.

Preparamos la autocaravana y, como no disponíamos de muchos días, pusimos rumbo a la cercana Asturias, hacia algunos lugares que ya conocíamos pero que hacía tiempo que no visitábamos y a los que teníamos ganas de regresar.

La primera noche la pasamos en Arriondas, situada junto a la confluencia de los ríos Piloña y Sella, en su nueva área de autocaravanas, ubicada en la parte alta de la localidad, desde donde se disfrutan unas magníficas vistas de toda la comarca.

Ayuntamiento de Arriondas.

Arriondas, conocida internacionalmente por el Descenso del Sella y profundamente ligada al mundo del piragüismo, siempre resulta agradable para pasear. Disfrutamos de sus calles, de las casas de indianos y del ambiente tranquilo que transmiten sus riberas.

A la mañana siguiente, sin una ruta demasiado definida —como ocurre en muchos de nuestros viajes— decidimos dirigirnos hacia el Parque Natural de Redes siguiendo la cuenca minera del Nalón.

Paisaje de la cuenca minera.

Asturias hace honor a su lema de Paraíso Natural. Mientras avanzábamos por poblaciones como El Entrego o Pola de Laviana, contemplábamos un paisaje que habla de la historia reciente de la región. 

Cuando uno ve las altas torres que señalan el acceso a los pozos mineros, resulta imposible no pensar en la importancia que tuvieron estas cuencas durante los años de esplendor de la minería.

Hoy, junto a los recuerdos de aquella actividad, aparecen barrios obreros, antiguas instalaciones industriales y viviendas dispersas que se encaraman por las verdes y empinadas laderas cubiertas de praderas y arbolado autóctono, componiendo un paisaje singular y lleno de contrastes.

Desde allí continuamos hacia los valles de los ríos Caudal, Aller y Lena, pasando por Mieres y Pola de Lena para disfrutar de uno de esos lugares que nunca nos cansamos de visitar: la iglesia prerrománica de Santa Cristina de Lena.

Iglesia prerrománica de Santa Cristina de Lena.

Cada visita a este lugar nos parece más interesante que la anterior. El monumento, visto desde lejos sobre la plataforma que domina el valle, transmite equilibrio y belleza. Aunque todo el conjunto resulta admirable, la delicada arquitectura de la celosía y arcadas que separa el espacio litúrgico de su interior sigue siendo, para nosotros, uno de los elementos más fascinantes del edificio.

Interior de Santa Cristina de Lena.

Al atardecer continuamos la ruta atravesando el empinado puerto de La Cobertoria, uno de los puertos clásicos del ciclismo asturiano, rodeados de un paisaje primaveral espectacular.

Alto del puerto de La Covertoria. 

En el descenso, hicimos una parada en la pequeña iglesia románica de San Pedro de Arrojo, en Quirós.

Iglesia románica de San Pedro de Arrojo, en Quirós.

Continuando viaje por el valle del Trubia hasta llegar a Proaza, donde pasamos la noche en su tranquila área de autocaravanas junto a viajeros de distintos países, la mayoría alemanes.

Área de autocaravanas de Proaza.

El jueves amaneció entre nubes y claros.

Después de desayunar y realizar algunas compras en el pueblo, seguimos el curso del río Teverga por su precioso y serpenteante desfiladero hasta San Martín de Teverga. 

Desfiladero del río Teverga.

Durante el recorrido fuimos observando cómo la antigua actividad minera y ganadera de montaña ha ido dejando paso, poco a poco, a nuevas formas de desarrollo vinculadas al turismo de naturaleza.

Sobre el trazado del antiguo ferrocarril minero se ha creado la conocida Ruta del Oso, convertida hoy en uno de los principales atractivos de la comarca.

Casas bien cuidadas, junto a la carretera, de San Martín de Teverga.

A juzgar por la actividad que se percibe generan los comercios y servicios turísticos relacionados con el senderismo y la bicicleta, la iniciativa ha supuesto una importante fuente de actividad económica y una nueva oportunidad de desarrollo para una zona que antes vivía de la extinta minería y la ganadería de montaña.

Área de autocaravanas de San Martín de Teverga, en la proximidad de la Colegiata de San Pedro.

Aparcamos la autocaravana en el área situada junto a la Colegiata de San Pedro de Teverga y visitamos, además del pueblo, este magnífico monumento románico que resume siglos de historia y donde todavía pueden apreciarse elementos de tradición visigoda integrados en el conjunto arquitectónico.

Colegiata románica de San Pedro de Teverga.

Teverga despierta en mí algunos recuerdos personales relacionados con los primeros años del movimiento reivindicativo autocaravanista español.

Allá por los inicios de los años 2000, cuando comenzaba la andadura de La PACA y  tenía compromisos o responsabilidades dentro de la plataforma, esta localidad, gracias al trabajo desarrollado por varios compañeros autocaravanistas asturianos, estuvo a punto de convertirse en el emplazamiento de la primera área municipal de autocaravanas de España.

Recuerdo perfectamente aquel fin de semana en el que más de cien familias de autocaravanistas procedentes de varias regiones españolas acudimos para apoyar la iniciativa de los asturianos.

La ilusión era enorme, ya que para nosotros conseguir la primera área municipal suponía demostrar que el esfuerzo realizado comenzaba a dar sus frutos. Sin embargo, lo que entonces parecía una realidad inmediata acabó siendo solamente un proyecto que, eso sí, nos sirvió para seguir avanzando y creyendo en lo que hacíamos.


Monumento junto a la Colegiata románica en memoria del alcalde José Ramón Álvarez Argüelles.

Pese al compromiso del histórico alcalde José Ramón Álvarez Argüelles, el área no llegó a construirse en aquel momento. Habrían de pasar varios años, y el alcalde ya habría fallecido, para que finalmente aquella idea se hiciera realidad.

Hoy, al recorrer la zona, resulta inevitable recordar aquellos tiempos y comprobar cómo han cambiado las cosas.

Después de disfrutar de Teverga estuvimos valorando la posibilidad de acercarnos hasta La Pola de Somiedo para finalizar allí la jornada. Sin embargo, el compromiso médico del día siguiente nos obligaba a ser prudentes y a no alejarnos demasiado. 

Ante está situacion, regresamos por el valle del Trubia en dirección a Oviedo.


Área de autocaravanas de Oviedo.

A nuestra llegada a la capital de Asturias, aparcamos en el área de autocaravanas junto con otros autocaravanistas de diversos países. El área está situada en un lugar un poco alejado de la zona centro de la ciudad pero muy bien conectada con el transporte público 

Por la tarde tomamos el autobús urbano y nos acercamos al casco histórico para pasear tranquilamente por sus calles y plazas. 

Como siempre, Oviedo nos recibió con ese ambiente elegante y acogedor que la caracteriza.

Senia en el antiguo claustro de la Facultad de Geografía e Historia de Oviedo, frente a las aulas donde cursó sus estudios universitarios.

Oviedo ocupa un lugar especial en la memoria de Senia, que pasó aquí seis años de su vida estudiando en la Facultad de Geografía e Historia.

Plaza de la Catedral gótica de Oviedo.

Al día siguiente solo quedaba emprender el regreso a Santander.

Apenas doscientos kilómetros de autovía separaban el final de esta pequeña escapada de una nueva cita médica.

Mientras conducíamos de vuelta a casa pensábamos que, aunque los años traen nuevas obligaciones y limitaciones, siguen sin poder arrebatarnos lo esencial.

Las ganas de viajar.

Y la ilusión de seguir marcando rutas hacia nuevos destinos cada vez que la vida nos concede la oportunidad de hacerlo.

Pedro Ansorena.

miércoles, 3 de junio de 2026

Del decreto a la moción: cuando reaparece el viejo debate sobre las competencias en el autocaravanismo.

 

Cuando parecía que el decreto cántabro había entendido los límites competenciales entre turismo y tráfico, una moción parlamentaria vuelve a situar el debate en el punto de partida.

Hace apenas unos días analizábamos en este blog la aprobación del nuevo decreto de turismo de Cantabria sobre áreas de autocaravanas.

El decreto de turismo de Cantabria y el futuro modelo del autocaravanismo

Tras la lectura del texto publicado en el BOC, una de las conclusiones que parecían desprenderse con claridad era que el Gobierno de Cantabria había entendido algo que durante años ha sido objeto de controversia: la diferencia entre regular la actividad turística y regular la circulación y el estacionamiento de vehículos.

El decreto podía gustar más o menos.

Podía compartirse o no su apuesta por las áreas de autocaravanas.

Podía discutirse incluso el modelo territorial y turístico que parecía impulsar.

Pero existía un aspecto relevante: evitaba entrar frontalmente en competencias que corresponden al Estado.

En otras palabras, regulaba la actividad turística y las infraestructuras de acogida, pero no pretendía redefinir la autocaravana como vehículo ni alterar las condiciones generales de estacionamiento reguladas por la normativa estatal.

Sin embargo, apenas unos días después de la publicación del decreto, una moción aprobada en el Parlamento de Cantabria vuelve a abrir un debate que parecía razonablemente encauzado.

Frente común en el Parlamento contra la masificación de autocaravanas en Cantabria

¿Estamos asistiendo a un nuevo intento de trasladar al ámbito turístico cuestiones que pertenecen al ámbito de la movilidad?

La iniciativa plantea la necesidad de actuar frente a la denominada “pernocta indiscriminada” de autocaravanas.

Y es precisamente ahí donde vuelve a surgir una pregunta fundamental:

¿Qué puede regular realmente una comunidad autónoma en materia de pernocta de autocaravanas sin invadir competencias estatales?

La iniciativa parlamentaria reabre un debate que parecía jurídicamente aclarado: dónde terminan las competencias turísticas y dónde comienzan las competencias estatales sobre circulación y estacionamiento.

La cuestión no es menor.

Porque cuando una autocaravana está correctamente estacionada conforme a las normas generales de tráfico y seguridad vial, la normativa estatal y las sucesivas instrucciones emitidas por la DGT han venido dejando claro que la permanencia o descanso de personas en su interior no altera por sí misma la condición de estacionamiento.

Porque para definir esta situación y llegar a esta conclusión se han necesitado más de veinte años de trabajo, con la presentación a debate de hasta cinco iniciativas parlamentarias en las Cortes Generales, todas aprobadas por asentimiento general, la creación de un grupo de trabajo en la DGT y la emisión por parte de este órgano ejecutivo del Estado de tres instrucciones de tráfico.

Por ello:

  • si el problema es la acampada,
  • la ocupación indebida del espacio público,
  • los vertidos o determinadas conductas concretas,
  • las administraciones disponen de instrumentos legales para actuar.

Pero si se pretende actuar sobre el simple hecho de dormir o descansar dentro de un vehículo correctamente estacionado, el debate deja de ser turístico para entrar directamente en el terreno de las competencias estatales sobre circulación y tráfico.

El verdadero conflicto no es la pernocta

El verdadero conflicto no es la pernocta, sino la frontera entre las competencias turísticas y las competencias de tráfico.

Y ahí aparecen las dudas.

Porque resulta difícil entender que un Gobierno autonómico, después de estudiar jurídicamente todo esto, reconozca en un decreto los límites competenciales existentes y, pocas semanas después, el Parlamento impulse una iniciativa que parece dirigirse hacia un terreno competencial que el propio decreto había evitado.

Quizás la explicación no se encuentre únicamente en el ámbito jurídico.

Tal vez estemos asistiendo a la reaparición de un fenómeno que los autocaravanistas conocemos bien desde hace años.

Cada vez que el crecimiento del turismo itinerante genera tensiones territoriales, económicas o sociales, reaparece la tentación de buscar soluciones rápidas mediante restricciones dirigidas a las autocaravanas.

Y junto a esa tentación suelen aparecer también intereses diversos:

  • algunos relacionados con la gestión turística,
  • otros con la presión urbanística,
  • otros con la convivencia vecinal,
  • y otros, no conviene olvidarlo, vinculados a sectores económicos que desde hace años observan el crecimiento del autocaravanismo como una competencia directa.

Por eso quizás el verdadero debate no sea la pernocta.

Ni siquiera las áreas de autocaravanas.

El verdadero debate consiste en determinar quién tiene competencias para regular cada aspecto de la actividad y hasta dónde puede llegar cada administración.

Porque cuando las competencias dejan de estar claras, el riesgo es que las soluciones propuestas terminen generando más conflictos de los que pretenden resolver.

Y precisamente por eso resulta tan importante seguir distinguiendo entre:

  • la autocaravana como vehículo,
  • la actividad turística que genera,
  • la acampada,
  • el estacionamiento,
  • y el descanso legítimo de sus ocupantes.

Una diferencia que parecía haber sido asumida por el reciente decreto cántabro y que ahora vuelve a situarse en el centro del debate.

Quizás una vez más la cuestión no sea si las autocaravanas tienen demasiados derechos.

Quizás la verdadera cuestión sea si algunas administraciones están intentando ejercer competencias que no les corresponden.

La experiencia acumulada durante más de dos décadas demuestra que cuando se confunden las competencias, los conflictos se multiplican.

Y precisamente por eso conviene reflexionar si la solución pasa por crear nuevas restricciones o por aplicar correctamente las normas que ya existen.

Porque ahí, precisamente, es donde en vez de buscar una solución acorde con la realidad, se puede generar o provocar un conflicto permanente.

Pedro Ansorena.

domingo, 31 de mayo de 2026

Del Goierri al Matarraña: viajar y comprobar cómo ha cambiado el autocaravanismo en España.


La presencia de las autocaravanas en los destinos turísticos españoles es hoy una realidad cada vez más visible.

Durante la última semana hemos tenido ocasión de comprobarlo una vez más en un viaje que, aunque nació sin un itinerario demasiado definido, terminó convirtiéndose en una pequeña reflexión sobre la evolución del autocaravanismo en nuestro país.

Entre el viernes 22 y el viernes 29 de Mayo realizamos una salida con nuestra autocaravana que comenzó con el viaje desde Santander a el Goierri guipuzcoano.

Nuestro primer destino fue la bonita localidad de Zegama, donde visitamos a unos amigos y permanecimos desde el viernes hasta el lunes en el área de autocaravanas situada en la parte alta del pueblo, junto al interesante Museo de la Madera. Por cierto, un precioso museo que ya conocíamos pero que nuevamente nos sorprendió y que, si os acercáis por Zegama, no os deberíais perder.

Desde allí, en compañía de nuestros amigos Javier, José Ángel, Murillo y de Imanol Artola Agirretxe, impulsor junto al Ayuntamiento de Zegama del interesante Museo de la Madera y antiguo guarda del Parque Natural de Aizkorri-Aratz, recorrimos algunos de los lugares más emblemáticos del entorno.

Disfrutamos del Parque Natural de Urbasa, en la cercana Navarra, y visitamos también el Santuario de Nuestra Señora de Arantzazu. Gracias a la estrecha relación que Imanol mantiene desde hace años con la comunidad franciscana del monasterio, tuvimos la oportunidad de acceder a algunos espacios interiores que habitualmente pasan desapercibidos para muchos visitantes.

Allí pudimos contemplar con tranquilidad las pinturas de Javier de Eulate expuestas en los pasillos del monasterio, además de admirar el extraordinario conjunto artístico que conforman las aportaciones de Jorge Oteiza, Néstor Basterretxea, Carlos Pascual de Lara y el arquitecto Francisco Javier Sáenz de Oiza.

Fueron jornadas magníficas, combinando naturaleza, patrimonio, gastronomía, amistad y el privilegio de descubrir algunos rincones menos conocidos de uno de los lugares más emblemáticos del País Vasco.


Nuestro plan inicial era prolongar el viaje unos días más sin un rumbo demasiado concreto, aunque con la idea de dirigirnos hacia el Bajo Aragón, una comarca que ya habíamos visitado años atrás y que nos había dejado un excelente recuerdo.

El martes, al mediodía, partimos desde Zegama atravesando la meseta navarra y continuando hacia Zaragoza y Alcañiz. Fue una jornada de carretera marcada por el contraste de paisajes: los verdes intensos del norte fueron dando paso poco a poco a los tonos dorados de los campos de cereal bajo un calor ya plenamente veraniego.

Durante los días siguientes recorrimos varias de las poblaciones históricas del Bajo Aragón y de la comarca del Matarraña. Alcañiz, Calaceite, La Fresneda y Valderrobres volvieron a sorprendernos por la belleza de sus conjuntos urbanos. Sus plazas porticadas, las calles empinadas, los palacios de piedra, las iglesias y los castillos de origen medieval convierten esta zona en uno de los rincones con más personalidad de Aragón.


Sin embargo, hubo otro aspecto que llamó especialmente mi atención.

En prácticamente todas las localidades visitadas encontramos áreas o aparcamientos para autocaravanas con servicios, generalmente bien situados y con un acceso cómodo a los centros históricos.

En algunos casos, incluso aparecían señalizados en los planos turísticos distribuidos por las oficinas de información.

Puede parecer un detalle menor, pero para quienes llevamos muchos años viajando en autocaravana estás iniciativas representa un cambio muy significativo.

A pesar de que todavía existen municipios donde persisten restricciones injustificadas o interpretaciones discutibles sobre la presencia de las autocaravanas, resulta satisfactorio comprobar cómo muchos destinos turísticos han entendido que este tipo de turismo itinerante forma parte ya de la realidad del sector y merece ser atendido mediante infraestructuras adecuadas.

Recorriendo las comarcas del Bajo Aragón es difícil no recordar aquellos comienzos de los años 2000.

Entonces la presión turística era mucho menor y los conflictos también eran menos visibles, pero la carencia de servicios específicos para autocaravanas era prácticamente absoluta.

Viajar suponía improvisar constantemente y encontrar un punto de vaciado o un lugar adecuado para estacionar era, en muchas ocasiones, una auténtica aventura.

Hoy la situación es muy diferente. El crecimiento del autocaravanismo ha traído nuevos retos y nuevos debates, pero también ha impulsado la creación de cientos de áreas y espacios de acogida por toda España.

Muchas de ellas han surgido gracias a la iniciativa de municipios que han comprendido el valor económico y social que aporta este tipo de turismo. Pero también son el resultado de años de trabajo, diálogo y reivindicación por parte de muchos autocaravanistas y de  asociaciones que han contribuido a normalizar nuestra presencia como viajeros.

Quizá por eso, mientras recorríamos las calles medievales del Matarraña, no pude evitar pensar en todo lo que ha cambiado el panorama en apenas veinticinco años.

Queda mucho camino por recorrer, pero también conviene detenerse de vez en cuando para reconocer los avances conseguidos.

Y este viaje ha sido una buena ocasión para hacerlo.

Pedro Ansorena.

miércoles, 27 de mayo de 2026

Cantabria, el coche eléctrico y las contradicciones del modelo turístico aplicado a las autocaravanas.


En los últimos días el Gobierno de Cantabria ha anunciado, a través de Cantur, empresa participada que gestiona los recursos turísticos de Cantabria, la puesta en funcionamiento de 74 puntos de recarga para vehículos eléctricos distribuidos en distintas instalaciones turísticas de la comunidad autónoma.

Cantur pone en servicio 74 puntos de recarga para vehículos eléctricos

La iniciativa refleja una apuesta clara por facilitar la movilidad eléctrica y por adaptar el territorio a las nuevas formas de desplazamiento sostenible.

Y, sinceramente, me parece una decisión lógica e inteligente.

Sin embargo, al mismo tiempo, Cantabria acaba de aprobar también un nuevo decreto turístico sobre áreas de autocaravanas.

Decreto de Turismo de Cantabria sobre áreas de autocaravanas

Y es precisamente al observar ambas decisiones conjuntamente cuando aparece una reflexión que, a mi juicio, resulta muy interesante.

Porque el contraste entre ambas políticas públicas revela dos formas muy distintas de entender la movilidad turística.

El coche eléctrico: movilidad a facilitar

En el caso del coche eléctrico, la administración entiende perfectamente que:

  • hay que crear infraestructuras de apoyo,
  • facilitar la autonomía energética,
  • integrar estos vehículos en el territorio,
  • y permitir que sus usuarios puedan desplazarse y permanecer cerca de sus destinos.

Nadie plantea enviar los coches eléctricos a espacios apartados o alejados de los lugares de trabajo, visita o interés turístico.

Al contrario: se instalan puntos de recarga precisamente allí donde las personas quieren ir, al trabajo, las compras, las zonas deportivas de ocio o de visita.

Es decir, la infraestructura acompaña a la movilidad.

La autocaravana: movilidad convertida en alojamiento

Sin embargo, cuando hablamos de autocaravanas, el enfoque cambia radicalmente.

La autocaravana deja de ser vista principalmente como un vehículo y pasa a interpretarse desde parámetros turísticos o de alojamiento.

Entonces aparecen:

  • limitaciones,
  • segregaciones,
  • zonas específicas,
  • regulaciones de permanencia,
  • y una tendencia creciente a concentrarlas en espacios determinados, muchas veces alejados de los centros urbanos o turísticos.

Y ahí surge una contradicción evidente.

Porque la autocaravana comparte precisamente muchos de los principios de movilidad sostenible que hoy se atribuyen al vehículo eléctrico.

La gran paradoja energética

Existe además una cuestión de fondo que raramente aparece en el debate público.

La autocaravana moderna dispone de una enorme capacidad de autonomía energética.

Gracias al espacio disponible en sus techos o almacen, muchas incorporan:

  • paneles solares,
  • baterías auxiliares,
  • sistemas de autoconsumo,
  • iluminación LED,
  • frigoríficos de bajo consumo,
  • e incluso sistemas muy eficientes de gestión energética como acondicionadores de aire.

Durante días enteros, muchas familias pueden vivir viajando utilizando exclusivamente energía limpia generada por sus propios paneles solares o su alternador cuando están en marcha y viajando.

Porque el coche eléctrico depende completamente de infraestructuras externas de recarga. Necesita conectarse constantemente a una red cuya energía, además, no siempre sabemos de dónde procede realmente.

En realidad, desde el punto de vista energético, una autocaravana puede llegar a ser mucho más autónoma que un coche eléctrico convencional, entre otras cosas porque no solo te ofrece la movilidad en viaje, también el alojamiento, el descanso y el aseo.

La autocaravana, en cambio, puede mantener gran parte de su autonomía energética de forma autosuficiente.

Además de esto, en el día a día de la convivencia en la autocaravana, tanto los niños como los mayores se educan en un espacio de uso responsable de la energía y el agua, ya que esta, a diferencia de los hogares, es limitada y hay que usarla con racionalidad. No se debe dejar el grifo permanentemente abierto mientras te lavas los dientes, ni la luz encendida permanentemente si no se necesita.

Y, sin embargo, es precisamente la autocaravana la que con frecuencia sigue siendo observada como un problema territorial.

¿Qué ocurrirá en el futuro?

La pregunta que quizá deberíamos empezar a hacernos es otra.

¿Qué ocurrirá cuando las propias autocaravanas incorporen también motores eléctricos o híbridos enchufables de forma generalizada?

Porque ese futuro ya está llegando.

Entonces tendremos vehículos:

  • eléctricos,
  • con autoconsumo solar,
  • energéticamente autónomos durante largas estancias,
  • y concebidos para una movilidad turística descentralizada.

¿Seguiremos entonces enviándolos a espacios apartados de sus destinos?

¿Seguiremos intentando esconderlos para que no se vean?

¿Seguiremos considerando que un vehículo estacionado correctamente deja de ser un vehículo simplemente porque sus ocupantes duermen o viven temporalmente en su interior?

Tal vez el verdadero problema no sea tecnológico, ni energético, ni siquiera turístico.

Tal vez el problema sea que muchas administraciones continúan analizando la autocaravana desde prejuicios y esquemas conceptuales del pasado.

Mientras el coche eléctrico es visto como símbolo de la movilidad del futuro, la autocaravana sigue siendo tratada en demasiadas ocasiones como un alojamiento incómodo al que hay que ordenar, limitar o concentrar.

Y quizá haya llegado el momento de comprender que ambos fenómenos forman parte, en realidad, de una misma transformación de la movilidad contemporánea y que hay que abordarla con una mentalidad actual y no del pasado.

Pedro Ansorena.

viernes, 22 de mayo de 2026

El decreto de turismo de Cantabria y el futuro modelo del autocaravanismo.



Con la publicación oficial en el BOC el día 20 de mayo de 2026 del nuevo decreto de turismo de Cantabria sobre áreas de autocaravanas.

BOC Cantabria - Decreto sobre áreas de autocaravanas

Comienzan a despejarse muchas de las dudas e interpretaciones que durante las últimas semanas han circulado en medios y redes sociales.

Y quizás la primera conclusión que puede extraerse del texto es importante:

El decreto cántabro no entra frontalmente en la regulación de la autocaravana como vehículo ni invade de forma directa las competencias estatales en materia de tráfico y circulación.

Algo que, por otra parte, difícilmente podía hacer.

Aunque ya hace más de veinte años que la Dirección General de Turismo de Cantabria reconocía que en materia de circulación y aparcamiento de vehículos no disponía de competencias.

Documento de la Dirección General de Turismo de Cantabria

La normativa estatal, las instrucciones de la DGT y la propia doctrina administrativa ya han venido dejando claro desde hace años —y parece que, a medida que los gobiernos regionales aprueban decretos sobre autocaravanas, se van sentando precedentes administrativos que otras comunidades podrían terminar tomando como referencia— que la permanencia o descanso de personas en el interior de una autocaravana correctamente estacionada no altera por sí misma su condición de estacionamiento.

Una situación que hasta la fecha muchas policías locales no reconocían y estaban sancionando a las autocaravanas correctamente aparcadas en algunos núcleos urbanos de Cantabria como acampada, por el simple hecho de que sus ocupantes estaban en su interior.

Al menos en el decreto este hecho queda aclarado.

Por ello, el decreto cántabro se mueve principalmente dentro del ámbito turístico y de la regulación de infraestructuras de acogida, definiendo:

  • áreas de autocaravanas,
  • requisitos técnicos,
  • condiciones de implantación,
  • servicios,
  • titularidad pública o privada,
  • y funcionamiento de estos espacios.

Además, el texto parece asumir de forma bastante clara la diferencia entre:

  • estacionamiento,
  • y acampada.

Un aspecto importante porque evita entrar en contradicción directa con la filosofía que desde hace años mantiene la DGT sobre el uso de las autocaravanas como vehículos vivienda homologados.

En mi opinión, lo que el decreto hace al no contemplar la autocaravana como instalación turística ni alterar su consideración como vehículo —sin invadir competencias del Estado, algo que otras regulaciones sí han intentado— es más importante de lo que puede parecer.

Porque en materia de regulación autonómica del autocaravanismo todavía nos encontramos en una fase muy temprana y la experiencia demuestra que lo que algunas comunidades hacen, otras terminan observándolo, copiándolo o utilizándolo como referencia.

Sin embargo, mirando el texto con atención, se percibe que el verdadero interés del decreto quizás no se encuentre tanto en lo que prohíbe, sino en el modelo territorial y turístico que parece impulsar, ya que nombra constantemente a las áreas de autocaravanas junto a los campings.

Y este detalle quizás no sea menor.

Porque aunque jurídicamente el decreto no convierte la autocaravana en una instalación turística, sí parece integrar administrativamente ambos conceptos dentro de una misma política turística de acogida.

Una circunstancia que, a medio plazo, podría terminar reforzando una visión del autocaravanismo más vinculada al alojamiento regulado que a la movilidad.

Porque a lo largo del texto sí se aprecia una clara voluntad de:

  • favorecer la creación de áreas,
  • flexibilizar su implantación y facilitar su viabilidad empresarial,
  • ampliar capacidades,
  • y canalizar el creciente fenómeno del turismo itinerante hacia espacios específicamente regulados.

Especialmente significativa resulta la eliminación del límite máximo de plazas previsto anteriormente para este tipo de instalaciones, facilitando que la explotación empresarial de estas pueda resultar más rentable.

Y este aspecto tampoco parece un simple detalle técnico.

Porque la desaparición de límites favorece la aparición de áreas de gran capacidad y modelos más próximos a espacios de concentración turística que a pequeñas infraestructuras integradas en la movilidad local.

Algo que, por otra parte, ya empieza a observarse en algunas zonas de España, donde muchas áreas gratuitas o de pequeñas dimensiones están evolucionando hacia instalaciones cada vez más grandes, profesionalizadas y orientadas a modelos de explotación económica.

Y ahí es donde probablemente aparece el verdadero debate de fondo.

¿Infraestructura de acogida o modelo de concentración y explotación?

Las áreas de autocaravanas no son, en sí mismas, un problema.

De hecho, en muchos casos son necesarias y positivas, especialmente cuando ofrecen:

  • servicios básicos,
  • integración urbana,
  • y proximidad razonable a los lugares de visita.

El problema aparece cuando las áreas dejan de entenderse como apoyo a la movilidad y empiezan a convertirse, de forma directa o indirecta, en el único espacio donde parece aceptarse la presencia de una autocaravana.

Y esa diferencia no es menor.

Porque una cosa es ofrecer infraestructuras.

Y otra muy distinta que la existencia de esas infraestructuras termine utilizándose posteriormente como argumento para restringir el estacionamiento ordinario en otros lugares del municipio.

Ese riesgo quizás no aparece expresamente en el decreto autonómico, pero sí puede surgir más adelante a través de determinadas ordenanzas municipales que impidan o alejen el aparcamiento de las autocaravanas en la proximidad de nuestros destinos.

Porque el decreto parece asumir algo importante: la autocaravana como vehículo continúa perteneciendo al ámbito de la movilidad regulada por el Estado, pero el viajero autocaravanista empieza a ser gestionado cada vez más desde políticas turísticas y territoriales.

Y ese cambio de enfoque puede tener consecuencias importantes en el futuro.

El problema no es la distancia. Es la desconexión.

En muchos países europeos existen áreas situadas fuera de los centros urbanos que funcionan razonablemente bien porque son creadas con la visión de integrar, no de separar, pensadas dentro de la movilidad de la ciudad y conectadas con el transporte público.

Ciudades como Colonia o Berlín utilizan sistemas similares a los “Park & Ride”:

  • espacios sencillos de estacionamiento,
  • puntos de servicio,
  • y conexión con transporte público.

En esos casos, el autocaravanista puede acceder cómodamente al centro urbano sin necesidad de introducir vehículos con dificultad de estacionamiento en zonas congestionadas, especialmente en la proximidad de cascos históricos con gran atractivo turístico.

Y ahí el modelo puede resultar perfectamente razonable.

El problema aparece cuando las áreas se sitúan:

  • en polígonos,
  • periferias aisladas,
  • o zonas sin transporte público ni conexión funcional con el destino.

Entonces dejan de ser una solución de movilidad para convertirse muchas veces en espacios de segregación.

Y esta cuestión no es menor si se tiene en cuenta que una parte importante de los usuarios de autocaravanas somos personas mayores, parejas con niños o viajeros con ciertas limitaciones físicas, que necesitamos espacios que faciliten nuestra movilidad para acercarnos razonablemente a los lugares que visitamos o donde necesitamos utilizar determinados servicios.

Porque la verdadera finalidad del autocaravanismo no consiste únicamente en viajar y estacionar un vehículo.

Consiste en poder acceder al uso y disfrute del territorio.

Pedro Ansorena.

miércoles, 20 de mayo de 2026

¿Hacia dónde está evolucionando el autocaravanismo en España?

Área de autocaravanas de "Parque la  granja" en la periférica de la ciudad de León, antes gratuita y ahora de pago en máquina expendedora de ticket.

Viajar hoy en autocaravana por muchas regiones de España ya no tiene nada que ver con lo que encontrábamos quienes comenzamos a hacerlo a principios de los años 2000.

Durante un reciente recorrido por Castilla y León, mientras atravesaba carreteras y autovías de nueva construcción en medio de un paisaje primaveral precioso, donde la presencia de autocaravanas es ya constante —y eso que aún no estamos en periodo vacacional—, no podía evitar hacer una reflexión:

El autocaravanismo español ha cambiado profundamente.

Y probablemente seguirá cambiando.

Quienes vivimos aquellos primeros años recordamos una realidad muy distinta:

  • escasez absoluta de áreas de servicio o de puntos de vaciado,
  • desconocimiento normativo sobre el derecho al estacionamiento de las autocaravanas.

En aquel momento, el principal objetivo del colectivo era simplemente conseguir algo básico:

que una autocaravana fuese tratada como lo que realmente es, un vehículo homologado sujeto a las normas generales de circulación y estacionamiento y puntos ecológicos en donde vaciar y llenar nuestros depositos.

Han pasado más de veinte años y sería injusto negar que muchas cosas han mejorado, entre ellas la base normativa que se ha creado, partiendo desde las Cortes Generales hasta la propia Dirección General de Tráfico.

Hoy, viajando por España, uno encuentra:

  • áreas de autocaravanas en numerosos municipios,
  • puntos de servicio,
  • señalización específica,
  • mayor normalización social,
  • y una presencia constante de estos vehículos tanto en carreteras como en núcleos urbanos.

La diferencia respecto al año 2000 es enorme.

Sin embargo, junto a esa evolución positiva, también comienzan a percibirse nuevas tendencias que merecen una reflexión serena.

Porque el crecimiento del fenómeno autocaravanista ha cambiado también la forma en que muchas administraciones observan esta realidad.

Hace años, las autocaravanas eran vistas casi como un problema marginal. Hoy, en algunos lugares, comienzan a percibirse además como:

  • un flujo turístico,
  • un elemento a gestionar,
  • en ocasiones incluso como una fuente de ingresos,
  • pero también como un problema.

Y ahí aparece una tendencia cada vez más visible:

las ordenanzas municipales, restrictivas o reguladoras, encaminadas a concentrar las autocaravanas en espacios específicos, regulados, alejados de los centros urbanos y frecuentemente sujetos a pago.

Durante este último viaje, y en otros anteriores por distintas comunidades, he podido comprobar cómo muchos municipios han desarrollado áreas organizadas, algunas de ellas con:

  • control automatizado,
  • barreras,
  • sistemas digitales de acceso,
  • cámaras,
  • aplicaciones,
  • y máquinas de cobro.

No hablo aquí de campings tradicionales, sino de espacios específicamente diseñados para canalizar el estacionamiento de autocaravanas.

Uno de los ejemplos que más me hizo reflexionar durante este viaje fue comprobar cómo algunas áreas que originalmente eran gratuitas, como la del Parque de La Granja en León, han evolucionado hacia modelos regulados mediante control y pago automatizado. El pago en si mismo no es un problema, el problema reside en el modelo de futuro que representa

Y esto plantea una pregunta de fondo:

¿Estamos asistiendo simplemente a una mejora lógica de infraestructuras y servicios o a una progresiva transformación del modelo de movilidad autocaravanista?

Porque una cosa es disponer de servicios útiles y otra muy distinta que el estacionamiento ordinario vaya siendo sustituido poco a poco por espacios específicos de uso condicionado.

La comparación con la rápida expansión de las infraestructuras para vehículos eléctricos resulta inevitable.

En pocos años han aparecido puntos de recarga por todas partes: en gasolineras, espacios comerciales, deportivos o de ocio, incluso en pequeños municipios.

Sin embargo, los autocaravanistas llevamos más de dos décadas reclamando algo tan básico como puntos de servicio dignos y suficientes, y todavía son escasos.

Y quizá la diferencia de trato tenga mucho que ver con cómo se percibe cada vehículo.

El coche eléctrico es visto claramente como movilidad. La autocaravana, en cambio, continúa siendo percibida por muchas administraciones más como alojamiento turístico que como vehículo. Pongamos el caso del decreto de turismo de Canarias, en donde ya se nombra como el de “Otros Alojamientos al Aire Libre”.

Ahí probablemente reside una de las claves históricas del conflicto.

Porque cuando una autocaravana se asocia al concepto camping o alojamiento, el debate deja de centrarse únicamente en:

  • circulación,
  • estacionamiento,
  • o movilidad.

Para pasar a mezclarse con:

  • intereses turísticos,
  • regulación del alojamiento,
  • actividad económica,
  • y modelos de explotación del territorio.

Y posiblemente eso explique parte de lo ocurrido en España durante todos estos años.

No obstante, tampoco sería justo caer en posiciones simplistas.

La realidad actual es compleja.

Muchas de las nuevas áreas responden también a necesidades reales:

  • gestión de residuos,
  • control de saturación,
  • convivencia urbana,
  • mantenimiento,
  • y organización de espacios cada vez más demandados.

Además, el enorme crecimiento del número de autocaravanas hace difícil pensar que el escenario actual pueda gestionarse exactamente igual que hace veinte años.

Quizá el verdadero debate de futuro ya no sea si deben existir áreas de autocaravanas.

Probablemente eso forma ya parte irreversible de la evolución del sector.

La cuestión importante quizá sea otra:

si esas áreas serán un complemento útil dentro de la movilidad autocaravanista… o si terminarán convirtiéndose progresivamente en el único espacio social y administrativamente aceptado para estos vehículos.

Porque hace veinte años luchábamos simplemente por poder estacionar y gestionar nuestros residuos.

Hoy, tal vez el debate empieza a desplazarse hacia dónde y bajo qué condiciones o intereses podremos seguir haciéndolo.

Pedro Ansorena.