lunes, 13 de abril de 2026

Italia como referencia: lo que el autocaravanismo español puede aprender del modelo del Coordinamento Camperisti.


Introducción:

Fruto de que hablo y entiendo italiano, y tras analizar las distintas formas de organización territorial existentes en Europa, hace ya algunos años dirigí mi atención hacia el autocaravanismo reivindicativo italiano.

Tuve ocasión de tomar contacto con algunas personas activistas en la reivindicación del autocaravanismo, entre ellas el presidente del Coordinamento Nazionale Camperisti, Andrea Bernardini y el editor de la revista, In Camper, Rafaelle Giannuzzi, lo que me permitió conocer de primera mano, a través de sus publicaciones, el trabajo desarrollado por esta asociación.

Desde entonces, su trayectoria se ha convertido para mí en una auténtica guía de aprendizaje.

No tanto por las soluciones concretas que han aplicado —algunas difícilmente trasladables de forma directa a nuestro país—, sino por algo mucho más importante: el método.

Italia, con un sistema territorial y competencial muy similar al español, nos lleva más de tres décadas de ventaja en la defensa jurídica y administrativa del autocaravanismo.


1. Más que reivindicación: un método basado en el Derecho.

  • Exigencia de motivación técnica y jurídica
  • Recurso sistemático de sanciones
  • Generación de criterio jurídico

No se limitan a denunciar: actúan donde se decide, en el ámbito administrativo y judicial.

Ejemplo práctico:

Las decisiones administrativas solo cambian cuando deben justificarse jurídicamente.


2. La importancia de la continuidad y la organización.

  • Estructura estable
  • Trabajo durante décadas
  • Conocimiento acumulado
  • Estrategia coordinada

No empiezan de cero en cada conflicto.

La memoria de actividades demuestra un trabajo continuo combinando acción jurídica, técnica e institucional.


3. Herramientas prácticas: donde realmente está el valor.

  • Modelos de recursos
  • Instrucciones para recurrir sanciones
  • Argumentarios jurídicos
  • Informes técnicos
  • Protocolos de actuación

Documentación de referencia:

Resultado: el usuario se convierte en actor jurídico activo.


4. El caso italiano: cuando el problema se resuelve jurídicamente.

La Ley Fausti estableció dos principios clave:

  • La autocaravana es un vehículo
  • Estacionar no es acampar

Posteriormente, el artículo 185 lo consolidó en el Código de Circulación.

Italia resolvió jurídicamente hace más de 30 años un problema que en España sigue abierto.


5. España: mismo problema, distinto enfoque.

  • Restricciones al estacionamiento
  • Señalización discriminatoria
  • Ordenanzas limitativas
  • Confusión normativa

Predominan acciones reivindicativas, pero falta estrategia jurídica continuada.


6. Una reflexión necesaria.

El cambio real no se produce en la calle, sino en los expedientes.

  • Informes técnicos
  • Argumentos jurídicos
  • Recursos administrativos

7. Una oportunidad para el presente.

  • Argumentarios comunes
  • Recursos tipo
  • Estrategia coordinada
  • Doctrina administrativa

La presión técnica sostenida funciona.


Conclusión:

El autocaravanismo en España ha avanzado, pero falta una estrategia jurídica consolidada.

Italia demuestra que el progreso llega con organización, documentación y constancia.

No se trata solo de tener razón, sino de saber defenderla.

Pedro Ansorena.

sábado, 11 de abril de 2026

El turismo en autocaravana: una reflexión que sigue vigente.

 

Turismo en movimiento, territorio en equilibrio.

Hace ya algunos años publiqué en este blog una reflexión bajo el título “El turismo en autocaravana”. En aquel momento, el parque de estos vehículos en España era sensiblemente inferior al actual y esta forma de viajar se encontraba aún en una fase de desarrollo incipiente.

Sin embargo, pese al paso del tiempo y al notable crecimiento del sector, sigo considerando que muchas de las ideas expuestas entonces no solo continúan vigentes, sino que han sido confirmadas por la propia evolución del autocaravanismo.

A continuación, recupero aquel texto, incorporando algunas reflexiones desde la perspectiva actual.

Texto original (revisado en estilo).

Se trata de un turismo al aire libre, compatible con el medio ambiente y más acorde con el origen de este; una modalidad de desplazamiento y tiempo libre sostenida por la tecnología que incorporan estos vehículos, una tecnología que los hace respetuosos con el entorno, devolviendo al viaje su papel como elemento central de las vacaciones.

Con la movilidad de la autocaravana, el turismo recupera su significado dinámico. Los lugares dejan de ser meros contenedores de turistas y recuperan sus valores medioambientales y culturales mediante una relación directa, sin intermediarios que limiten la libertad de movimiento o de horarios.

No es que todo esto haya pasado desapercibido. Desde hace años, distintos ámbitos vienen reclamando el retorno a modelos más sostenibles y equilibrados de turismo. En este contexto, surge una cuestión de fondo:
¿qué queremos: habitar viajando o habitar transformando el territorio?

Cada vez es más necesario encontrar fórmulas que permitan transferir recursos turísticos sobre el territorio sin comprometer su integridad medioambiental con estructuras y obras costosas de futuro incierto.

Como ejemplo, en la España de principios de los años 2000, localidades como Liérganes o Bermeo comenzaron a dar sus primeros pasos en este ámbito, incorporándose a una dinámica ya consolidada en otros países europeos mediante la creación de áreas de servicio y descanso para autocaravanas.

No se requieren grandes inversiones: basta con una superficie discreta y tranquila para el estacionamiento temporal de vehículos, próxima a lugares de interés o bien conectada mediante transporte público, con una mínima dotación de servicios y una correcta señalización.

Una de las falacias más extendidas entre algunos detractores de esta actividad es la idea de que, al disponer de cocina, cama y provisiones propias, los autocaravanistas no generan gasto en los lugares que visitan. Sin embargo, este argumento carece de lógica: del mismo modo, los residentes locales también disponen de vivienda y recursos propios, y ello no impide que participen en la economía local.

El gasto es una consecuencia natural de la actividad, no una obligación que deba imponerse.

Reflexión actual.

Con el paso de los años, la realidad ha venido a confirmar muchas de estas ideas.

Hoy el autocaravanismo no es una actividad emergente, sino una forma de turismo plenamente consolidada, con una presencia creciente tanto en España como en el resto de Europa. Numerosos municipios han comprobado que este tipo de turismo contribuye a dinamizar economías locales, especialmente en entornos rurales o menos saturados.

Sin embargo, también ha quedado en evidencia que el principal problema no reside en la actividad en sí, sino en su interpretación. Las familias que viajamos en autocaravana, el problema no lo tenemos como turistas, lo tenemos con el vehículo a la hora de aparcar este, descansar en el o depositar nuestros residuos.

A diferencia de lo que a menudo se plantea, el debate no es turístico, sino jurídico y administrativo:
la dificultad para diferenciar entre la actividad turística y el régimen legal del estacionamiento del vehículo.

Esta confusión ha dado lugar a normativas, restricciones y conflictos que, en muchos casos, no responden a la realidad de la actividad, sino a percepciones erróneas o a la presión de determinados intereses.

Continuación del texto original.

¿Queremos turismo de destinación o turismo de motivación?
El primero se concentra; el segundo se distribuye.

El primero urbaniza; el segundo se integra en el territorio tal como es, abriendo un amplio abanico de posibilidades en el descubrimiento de lugares, tanto culturales como naturales.

Si el turismo residencial transforma el territorio adaptándolo a su uso, el turismo en autocaravana lo disfruta sin alterarlo, manteniendo su equilibrio y favoreciendo un desarrollo más respetuoso.

Se trata de un turismo sostenible, una forma de viajar que aporta valor a los lugares que visita sin comprometer su identidad.

Reflexión actual.

Esta distinción, formulada hace años, resulta hoy especialmente relevante en un contexto en el que se habla cada vez más de saturación turística.

El autocaravanismo, por su propia naturaleza, favorece la descentralización, la diversificación de destinos y la desestacionalización de la actividad turística.

Sin embargo, esta realidad convive todavía con una percepción social en ocasiones desfasada, en la que se sigue asociando esta forma de viajar con problemas de convivencia o con prácticas que, en la mayoría de los casos, no se corresponden con la realidad.

Conclusión:

Por todo ello, la autocaravana continúa representando una herramienta válida para desarrollar un modelo turístico más equilibrado, flexible y respetuoso con el entorno.

Frente a ello, resultan difíciles de justificar determinadas medidas restrictivas adoptadas por algunas administraciones públicas, muchas veces basadas en prejuicios o en un conocimiento incompleto de la actividad.

Con el paso del tiempo, más que perder vigencia, esta reflexión inicial ha adquirido una nueva dimensión: la de confirmar que el debate sobre el autocaravanismo no es una cuestión del pasado, sino un proceso aún en evolución.

El autocaravanismo no es solo una forma de viajar, sino una forma distinta de entender el turismo.

Pedro Ansorena.



jueves, 9 de abril de 2026

Los gálibos antiautocaravanas: cuando una medida arbitraria se convierte en ilegal.

En España se está extendiendo una práctica que, lejos de ser nueva, sí resulta cada vez más preocupante: la instalación de gálibos de limitación de altura en aparcamientos públicos.

En muchos casos, estas instalaciones no responden a ningún riesgo real. No hay obstáculos, no hay estructuras que justifiquen una limitación. Y, sin embargo, ahí están.

La finalidad es evidente: impedir el acceso de las autocaravanas.

Para analizar esta situación conviene partir de una premisa básica que muchas veces se olvida. Los ayuntamientos, como responsables de la gestión del espacio público, tienen responsabilidad sobre lo que ocurre en él. Cuando existe un riesgo real, están obligados a actuar: señalizar, limitar accesos o adoptar las medidas necesarias para evitar accidentes.

Y es ahí donde el gálibo tiene sentido. Cuando hay un riesgo, cuando hay una limitación física real.

Pero cuando esa limitación no existe, cuando no hay ningún obstáculo que justifique esa medida, el gálibo deja de ser una herramienta de seguridad y pasa a ser otra cosa muy distinta.

Pasa a ser una forma de exclusión.

Y eso, nos guste o no, tiene un nombre: abuso de poder y discriminación.

No estamos, por tanto, ante un problema técnico. Estamos ante un problema de rechazo social y, en demasiadas ocasiones, ante una gestión municipal que utiliza instrumentos de tráfico con una finalidad que nada tiene que ver con la seguridad.

“No se trata de proteger un espacio, sino de excluir a un tipo de usuario.”

Una práctica conocida… y una respuesta diferente.

Este problema no es exclusivo de España. En otros países europeos, como Francia o Italia, llevan años enfrentándose a situaciones muy similares.

Y aquí es donde aparece una diferencia que, a mi juicio, es clave.

Mientras en España tendemos a reaccionar desde la queja o la protesta, en Italia optaron hace tiempo por otro camino: la acción jurídica.

Italia con 203.000 km2 es uno de los líderes europeos en autocaravanismo, con un parque móvil estimado de 250.000  autocaravanas. El país cuenta con una infraestructura consolidada, superando las 5.000 áreas de servicio dedicadas, lo que lo convierte en un destino muy popular para este tipo de turismo. Por lo tanto también es un país que sufre una mayor presión que España con este tipo de vehículos, al disponer nosotros de casi el doble de territorio y una tercera parte de autocaravanas.

Desde el inicio de mi implicación en la reivindicación del autocaravanismo, ya hace más de dos décadas, tuve claro que había que mirar lo que se estaba haciendo fuera. Y en ese camino, Italia como país con un sistema constitucional de poder compartido muy parecido al nuestro es mi referente. El contacto con colectivos italianos como el Coordinamento Camperisti o con activistas como Ivanno Pavanno D.E.P. ha sido, sin duda, una referencia constante.

De ellos he aprendido muchas cosas ya que su experiencia va por delante más de 30 años. Pero quizá una de las más importantes ha sido entender que este tipo de problemas no se resuelven con opiniones, sino con argumentos jurídicos.

Durante la presentación de la ponencia en Roma, ya se abordó esta cuestión. Allí se habló abiertamente de la proliferación injustificada en la instalación de gálibos en algunos aparcamientos como una medida arbitraria dirigida específicamente contra las autocaravanas.

Y también se explicó cómo se estaba combatiendo.

Cuando los tribunales ponen límites.

Los autocaravanistas italianos, a diferencia de lo que suele ocurrir aquí, no se han quedado en la protesta. Han dado un paso más.

Han llevado estos casos a los tribunales.

Y en muchos casos, han ganado.

Ejemplos como el de Trento o Ventimiglia no son anecdóticos, sino parte de una línea de actuación continuada:

Los tribunales italianos han ido estableciendo un criterio que merece ser tenido muy en cuenta:

  • Un gálibo sin causa técnica es ilegal.
  • Carece de justificación.
  • Es una medida desproporcionada.
  • Supone una discriminación por tipo de vehículo.

Y hay un aspecto que pocas veces se menciona: este tipo de limitaciones también supone un riesgo, ya que no solo afectan a las autocaravanas. También pueden impedir el acceso a vehículos de emergencia, lo que refuerza aún más su falta de sentido desde el punto de vista de la seguridad.

“El problema de la limitación no es la altura, sino la intención.”

La clave: cuándo un gálibo deja de ser legal.

El gálibo, como elemento de regulación, es perfectamente legal cuando responde a una necesidad real.

Pero deja de serlo cuando se utiliza de forma fraudulenta.

Si no existe un obstáculo físico que justifique la limitación, el gálibo pierde su sentido técnico y se convierte en una restricción arbitraria.

Y eso es precisamente lo que los tribunales italianos están corrigiendo.

Una estrategia que marca la diferencia.

El éxito de los autocaravanistas italianos no es fruto de la casualidad. Responde a una forma de actuar muy concreta:

  • Documentar cada caso con detalle.
  • Solicitar explicaciones técnicas a la administración.
  • Recurrir administrativamente.
  • Y, si es necesario, acudir a los tribunales.

No discuten opiniones.

Discuten legalidad.

Y esa diferencia es fundamental.

La vía que utilizan nuestros compañeros italianos para desmontar los gálibos, nos demuestra que sin llegar a los tribunales, el algunas ocasiones, solo con la simple exigencia de demostrar por parte de los ayuntamientos  su instalación, hace que éstos vuelvan atrás y sean desmontados.

Una reflexión necesaria.

Llegados a este punto, quizá conviene hacer una reflexión sobre lo que estamos haciendo en España.

Con demasiada frecuencia seguimos recurriendo a la protesta, a la manifestación o a la presión social como única herramienta.

Pero sin un objetivo jurídico claro, esas acciones se diluyen.

“Sin un objetivo jurídico definido, la protesta pierde eficacia.”

Cambiar el enfoque.

No se trata de cuestionar todos los gálibos. Sería un error. Habrá situaciones en las que su instalación esté plenamente justificada.

Pero sí se trata de exigir algo tan básico como esto: que toda limitación tenga una justificación técnica real.

Y que no se utilicen estos elementos como herramientas de exclusión.

Para avanzar en esa línea, quizá sea necesario empezar a trabajar de otra manera:

  • Estableciendo protocolos de actuación con la colaboración de todo el colectivo.
  • Centralizando casos.
  • Impulsando recursos estratégicos.
  • Generando precedentes.

Porque cada gálibo ilegal que se retira no es solo un caso aislado.

“Cada gálibo ilegal retirado es una victoria que abre camino a otras.”

Conclusión:

El problema no es nuevo. Las soluciones tampoco.

Otros países ya han recorrido ese camino y han demostrado que es posible corregir estas situaciones.

Quizá ha llegado el momento de dejar de preguntarnos por qué nos ponen barreras…

y empezar a trabajar para que las quiten.

Pedro Ansorena.



martes, 7 de abril de 2026

Reflexiones sobre la convocatoria de manifestaciones de autocaravanas.

        Cuando la protesta ocupa la carretera.

Desde siempre he tratado de mantener un principio básico: cuando surge un problema, lo primero es analizarlo con serenidad, empatía y voluntad de diálogo. Buscar soluciones que no perjudiquen innecesariamente a las partes debería ser siempre el punto de partida.

Sin embargo, también soy consciente de que no siempre es posible. Hay situaciones en las que el egoísmo, la falta de empatía o intereses concretos hacen inviable cualquier intento de acuerdo razonado.

El derecho a manifestarse.

La huelga o la manifestación son derechos constitucionales plenamente legítimos. Son herramientas legales que los ciudadanos pueden utilizar cuando se sienten perjudicados.

Pero precisamente por su importancia, entiendo que deben emplearse cuando otras vías ya se han intentado y, sobre todo, cuando se han agotado. Muchas veces estás convocatorias de manifestación, por su carácter de convivencia entre los participantes, se convierten en convocatorias atractivas para los participantes, pero en realidad lo que había que valorar, no es el resultado de carácter lúdico o de convivencia de la convocatoria, sino para qué nos reunimos y el resultado del día después.

Vamos a fijarnos en las estrategias empleadas por el mundo sindical. Estos suelen recurrir a la manifestación cuando las mesas de negociación se han roto, precisamente para reactivarlas mostrando una posición de fuerza que les permita obtener avances. En algunos casos, estas movilizaciones llegan a generar situaciones de tensión, con intervención de las fuerzas de seguridad o incluso paralización de la actividad productiva.

Una diferencia importante.

En el caso del autocaravanismo, conviene preguntarse: ¿qué capacidad real de presión tenemos más allá de generar molestias en la circulación o en la vida cotidiana de los ciudadanos?

Conviene no perder de vista un aspecto esencial: estamos hablando de una actividad de ocio.

Por muy legítimos que sean nuestros planteamientos, no estamos defendiendo salarios, pensiones u otros derechos básicos. Eso no significa que el ocio no tenga valor, pero sí obliga a actuar con una mayor responsabilidad estratégica.

El problema de la percepción social.

Uno de los principales problemas que tenemos como colectivo es la imagen que parte de la sociedad tiene de nosotros y, desde mi punto de vista, esa imagen difícilmente se va a cambiar mediante manifestaciones masivas en la calle que generen molestias.

Esta percepción está condicionada, en muchos casos, por:

  • la falta de una labor didáctica de quienes somos y a qué nos dedicamos.
  • Comportamientos incívicos de una minoría.
  • Prejuicios acumulados con el tiempo.
  • Y, en ocasiones, campañas interesadas de determinados sectores económicos.

Esta percepción también influye en nuestros administradores públicos, que a veces toman decisiones bajo esa presión social.

¿Es el momento de manifestarse?

Con la situación actual —y la gran presencia de autocaravanas por todas partes— una manifestación con cientos de vehículos puede generar un impacto importante en la vida cotidiana de los ciudadanos.

Y aquí surge el riesgo: si se percibe como una molestia, puede volverse en contra del propio colectivo.

Por eso, una manifestación puede convertirse en un arma de doble filo si no se valora cuidadosamente.

Una experiencia personal.

Mi experiencia en este tipo de movilizaciones ha sido limitada, pero significativa. Participé en su día en la denominada “Marcha a Madrid”, celebrada un 30 de octubre del año 2010.

https://www.elmundo.es/elmundo/2010/10/22/madrid/1287734663.html

De aquella manifestación saqué una conclusión clara: más que una acción reivindicativa efectiva, fue una convivencia. Es cierto que hubo una importante presencia de autocaravanas circulando por Madrid, en un recorrido autorizado, y el ambiente fue, en general positivo, no hubo incidencias.

Sin embargo, el día después no ocurrió absolutamente nada. No hubo continuidad, ni interlocución, ni avances. Simplemente, la movilización se diluyó.

Esa experiencia me lleva a reflexionar sobre situaciones actuales que me plantean una duda razonable:

¿la convocatoria de manifestaciones responden a una estrategia con objetivos concretos de una negociación previa o posterior, o como la convocatoria vivida en Madrid corren el riesgo de quedarse en una demostración de participación sin recorrido real?

El día después.

No se trata de estar en contra de las manifestaciones. Son un derecho y, en determinados contextos, pueden ser necesarias.

Pero hay una pregunta clave que debemos hacernos antes de convocarlas:

¿Qué ocurre al día siguiente?

Si después de la movilización no existe una interlocución clara, una mesa de diálogo o una estrategia definida, el esfuerzo puede quedar en nada.

Una reflexión final:

Antes de dar ese paso, conviene analizar bien el contexto, medir las consecuencias y, sobre todo, asegurarse de que existen vías reales para transformar esa acción en resultados.

Porque manifestarse es un medio, no un fin.

Y sin una estrategia posterior, el impacto puede ser mucho menor de lo que esperamos… o incluso jugar en nuestra contra.

Pedro Ansorena.