Capítulo 26. La convocatoria de la segunda reunión del GT-53 Autocaravanas y mi salida del grupo.
Reunión institucional en la Dirección General de Tráfico, en el marco de los trabajos del GT-53 Autocaravanas.
Tras lo ocurrido en la asamblea de Consuegra, mi situación dentro del movimiento autocaravanista cambió de forma definitiva.
Ante el comportamiento de la junta directiva de la PACA y la pasividad de la mayoría de los socios, tomé la decisión de poner a disposición de la asamblea todos mis compromisos con la Plataforma.
Posteriormente formalicé mi cese por escrito ante la junta directiva.
Aquel momento marcó un punto de no retorno.
Después de tantos años de trabajo, entendí que no tenía sentido seguir formando parte de una organización en la que, por convicción, ya no encajaba.
Esa decisión se completaría más adelante, a finales de 2008, cuando solicité también mi baja como socio, desvinculándome definitivamente de cualquier asociación autocaravanista.
Una decisión difícil… pero necesaria.
Mi salida no fue fruto de un impulso. Venía de atrás.
De las dificultades vividas durante el proceso del Senado, de las tensiones internas y, sobre todo, de lo que percibí en las asambleas de Palencia y Consuegra.
Comprendí que una persona que había dedicado tanto tiempo y esfuerzo a una causa no podía continuar en un entorno donde no existía ni el respaldo ni la implicación necesarios.
El relevo en el GT-53 Autocaravanas.
A pesar de todo, por responsabilidad con el trabajo desarrollado y por las personas implicadas tanto de la política como del Estado hasta ese momento, no quise que mi salida perjudicara el proceso abierto en la Dirección General de Tráfico.
Por ello, me puse en contacto con la junta directiva de la PACA para que designaran un sustituto en el Grupo de Trabajo GT-53 Autocaravanas.
Me comprometí, además, a presentarlo personalmente ante la presidenta del grupo.
La persona designada fue José Cristóbal Pérez, miembro de la junta directiva presidida por Pedro Cerezo.
La reacción institucional.
Cuando comuniqué mi decisión a la senadora Ana María Chacón, su reacción fue de sorpresa y de enfado.
Consideraba que debía haber hablado previamente con ella antes de tomar una decisión de ese alcance e intentó convencerme para que continuara como su asesor.
Pero en aquel momento mi desánimo era tal que mi decisión ya era firme.
Una reacción similar tuvo la presidenta del grupo, Anna Ferrer, que tampoco entendía por qué dejaba el grupo de trabajo.
Ambas coincidían en algo evidente: el proceso necesitaba continuidad.
La presentación del sustituto.
En la fecha acordada con la presidenta del grupo, y aprovechando un viaje personal, me desplacé a Madrid para presentar al nuevo representante de la PACA en la sede de la DGT.
Durante aquella presentación observé un detalle que me llamó especialmente la atención.
El nuevo representante mostraba un gran interés en acceder a los documentos de trabajo que yo había elaborado.
Le expliqué que toda esa documentación ya había sido entregada previamente a la presidenta del grupo, tanto en formato digital como en papel.
Aun así, le facilité parte de los documentos que llevaba conmigo.
Con el paso del tiempo, llegaría a la conclusión de que el problema no era disponer de la documentación, sino comprender el trabajo que había detrás de ella.
La entrada de nuevos intereses.
En paralelo a estos hechos, comenzaron a intensificarse las presiones para incorporar nuevos participantes al grupo de trabajo.
Algunas de estas solicitudes procedían del ámbito del camping-caravaning, a través de organizaciones como A.S.P.A., vinculadas a intereses empresariales y campistas.
Estas entidades promovían la incorporación de determinados perfiles con el objetivo de influir en el desarrollo del grupo en favor de sus propios intereses.
Entre ellos se encontraba una persona que desde el inicio del proceso había intentado, por todos los medios, formar parte del GT-53 Autocaravanas.
Finalmente, y pese a las reticencias iniciales, la presidenta del grupo se vio condicionada a aceptar su incorporación.
Cuando tuve conocimiento de ello, advertí claramente del riesgo que suponía introducir en la mesa de trabajo intereses distintos a los que habían motivado su creación.
El GT-53 Autocaravanas había nacido para abordar los problemas del autocaravanismo desde la perspectiva del vehículo y la movilidad.
Alterar ese equilibrio podía tener consecuencias.
Una advertencia que no fue atendida.
En una conversación con la presidenta del grupo, esta me trasladó que, si acudían con representación formal, no tenía más remedio que aceptar determinadas incorporaciones.
Mi respuesta fue clara:
era una decisión suya, pero debía ser consciente de a quién estaba dando entrada.
Porque detrás de esas incorporaciones había intereses que no coincidían con los del autocaravanismo.
Intereses que, como se vería posteriormente, acabarían condicionando no solo el desarrollo del grupo, sino también su futuro.
Una última invitación.
Poco después, y ya en el aeropuerto de Barajas, recibí una llamada de la secretaria de la presidenta del grupo.
Por indicación de esta, me invitaban a asistir a la segunda convocatoria del GT-53 Autocaravanas, aunque fuera como oyente.
Rechacé la invitación.
Había dejado mi responsabilidad y entendía que no tenía sentido mantener una presencia que ya no me correspondía.
Un cambio de rumbo
A partir de ese momento, el desarrollo del grupo de trabajo quedaba en manos de otras personas.
Pero lo que estaba por venir no tardaría en confirmar algo que ya se intuía.
Introducir nuevos intereses en un proceso técnico, sin respetar el trabajo previo ni el equilibrio inicial, podía provocar un deterioro difícil de corregir.
Y, sobre todo, podía poner en riesgo algo fundamental:
la confianza de quienes realmente tenían las competencias y la capacidad de decisión, es decir, la Dirección General de Tráfico y los responsables políticos.
Antes de lo que vendría después.
La segunda reunión del GT-53 Autocaravanas marcaría un punto de inflexión.
Y lo que ocurrió en ella confirmaría que el proceso había entrado en una fase completamente distinta.
Una fase en la que el trabajo técnico comenzaría a verse condicionado por factores ajenos a su objetivo inicial.
El resultado no tardaría en llegar.
En la tercera convocatoria, el GT-53 Autocaravanas fue finalmente clausurado por la DGT.
¿Por qué ocurrió esto?
Algo que abordaremos en el siguiente capítulo.


.jpg)