miércoles, 21 de octubre de 2026

Autocaravanas en la costa norte: entre la regulación y la prohibición.

 

Segunda entrega: De Santander a Galicia, diferentes municipios, restricciones semejantes.

En la primera entrega de esta serie de artículos reflexionaba sobre el crecimiento del autocaravanismo y los problemas que su presencia puede ocasionar en determinados municipios de la costa norte, especialmente durante los meses de mayor afluencia turística.

Reconocía entonces la necesidad de ordenar el estacionamiento y garantizar la convivencia, pero también planteaba una cuestión fundamental: ¿dónde termina la regulación necesaria y dónde comienza la restricción injustificada?

Para aproximarnos a una respuesta, resulta interesante observar lo que viene sucediendo en diferentes municipios del litoral cantábrico.

Santander: distintas señales para una misma controversia

Santander constituye un ejemplo especialmente significativo por la evolución de sus restricciones durante las últimas décadas.

Quienes llevamos muchos años viajando en autocaravana y residimos en la ciudad somos testigos directos de cómo, durante más de 25 años, han evolucionado las medidas adoptadas por nuestro Ayuntamiento para regular el estacionamiento.

Recordamos aquellas primeras señales que prohibían expresamente estacionar autocaravanas, acompañadas incluso de un pictograma que representaba su retirada mediante una grúa.

Posteriormente aparecieron señales que prohibían estacionar a vehículos de más de 1,8 toneladas, con la excepción de los turismos. Algunas continúan instaladas, entre otros lugares, en el entorno de la S-20, el estadio del Sardinero y diversas calles y aparcamientos de la ciudad, incluso en zonas alejadas como Valdenoja.

Más recientemente se están colocando, en otros emplazamientos, señales que mantienen la limitación de peso, pero sustituyen la excepción anterior por la expresión «excepto autorizados».

Esta evolución plantea interrogantes sobre los criterios utilizados para establecer las restricciones y sobre qué vehículos pueden acogerse a las excepciones.

La propia ordenanza municipal también ha experimentado modificaciones. En 2016 se eliminó del artículo 22.4 la referencia expresa a las autocaravanas, manteniéndose la prohibición relativa a las caravanas.

Sin embargo, la desaparición de aquella referencia no significó el final de las restricciones de estacionamiento que afectan a los vehículos vivienda.

Las fotografías de las distintas señales y un boletín de denuncia por estacionar en una zona limitada a vehículos de más de 1,8 toneladas permiten documentar cómo estas medidas se han aplicado en la práctica.

La cuestión no consiste en negar las competencias municipales para ordenar el tráfico, sino en conocer qué circunstancias justifican cada limitación y si su aplicación responde a criterios objetivos y proporcionados.

San Vicente de la Barquera: restricciones en espacios costeros protegidos

En San Vicente de la Barquera encontramos otro ejemplo de limitaciones al estacionamiento en espacios próximos a las playas del Parque Natural de Oyambre.

En mayo de 2022, el Gobierno de Cantabria recordaba la prohibición de pernoctar en autocaravana durante la época estival en determinados aparcamientos de los parques naturales de Oyambre y Liencres, donde únicamente se autorizaba el estacionamiento diurno.

La medida se justificaba por razones de conservación ambiental, ocupación de espacios y convivencia con otros usuarios.

Más recientemente, en mayo de 2026, el Ayuntamiento de San Vicente de la Barquera anunció restricciones con colocación de gálibos de altura al estacionamiento de vehículos de más de 1.600 kilos en los aparcamientos de las playas del Tostadero y La Barra, con el objetivo declarado de recuperar unas veinte plazas para vehículos de menor tamaño. Como alternativa, señalaba la disponibilidad de ochenta plazas junto a la N-634.

Es comprensible que los espacios naturales protegidos necesiten medidas especiales de conservación y ordenación. Pero también conviene distinguir entre la protección medioambiental, la regulación del estacionamiento y la prohibición de determinadas actividades.

El propio Decreto 51/2019 de Cantabria, que regula los campamentos de turismo y las áreas de servicio para autocaravanas, excluye expresamente de su ámbito la parada y el estacionamiento de estos vehículos en vías públicas y aparcamientos, sometiéndolos a las normas de tráfico y circulación.

La cuestión, por tanto, no consiste en negar la necesidad de proteger estos espacios, sino en conocer qué circunstancias justifican cada restricción y si las medidas adoptadas resultan necesarias y proporcionadas.

Asturias: restricciones de diferente naturaleza

En Asturias encontramos respuestas municipales diversas.

Llanes ha sido escenario de restricciones al estacionamiento y permanencia de autocaravanas en determinadas zonas, especialmente durante los periodos de mayor afluencia turística.

Cudillero, por su parte, permite introducir otra cuestión: la aplicación de tarifas diferenciadas según el tipo de vehículo en determinados espacios de estacionamiento.

Son medidas distintas, pero ambas invitan a examinar cómo se compatibilizan las necesidades municipales con los derechos de quienes utilizan vehículos vivienda.

Gijón presenta un ejemplo especialmente ilustrativo.

Según informaba La Nueva España el 3 de julio de 2026, la instalación de gálibos en una zona del aparcamiento de El Molinón impidió el acceso de las autocaravanas, pero no hizo desaparecer su presencia: los vehículos se desplazaron al aparcamiento contiguo, donde no existían barreras de altura.

El caso plantea una pregunta sencilla: cuando una restricción únicamente desplaza los vehículos de un lugar a otro, ¿se está resolviendo realmente el problema?

Los viajeros entrevistados reclamaban espacios adecuados y recordaban su contribución al comercio local.

Los gálibos pueden responder a necesidades técnicas o de seguridad, pero su utilización en aparcamientos abiertos también merece una justificación suficiente.

Del País Vasco a Galicia: un debate que continúa

La preocupación por ordenar la presencia de autocaravanas tampoco es exclusiva de Cantabria y Asturias.

En distintos municipios del País Vasco y Galicia se han planteado medidas relacionadas con el estacionamiento, la permanencia de vehículos vivienda y la habilitación de espacios específicos.

Las circunstancias no son idénticas en todos los lugares. Hay municipios con problemas de saturación estacional, otros con dificultades de convivencia y otros que buscan organizar una actividad turística creciente.

Precisamente por eso, las soluciones tampoco deberían ser necesariamente iguales.

Una medida proporcionada en un aparcamiento con limitaciones físicas puede carecer de justificación en otro espacio donde esas circunstancias no concurren.

Y las áreas específicas para autocaravanas, cuya evolución analizaré en otra entrega, no deberían confundirse automáticamente con la prohibición de estacionar en el resto del municipio.

Regular no significa necesariamente prohibir

Los ejemplos examinados muestran diferentes instrumentos de intervención municipal: señales de prohibición, límites de peso, restricciones horarias, tarifas diferenciadas y barreras de altura.

No todas estas medidas tienen la misma finalidad ni producen idénticos efectos. Tampoco puede afirmarse que todas sean injustificadas.

Pero existe una cuestión común que merece atención: la necesidad de que las restricciones respondan a problemas reales, estén suficientemente motivadas y no resulten desproporcionadas respecto a los objetivos que pretenden alcanzar.

El autocaravanismo ha cambiado considerablemente desde aquellos primeros años en los que comenzamos a solicitar a los ayuntamientos espacios de estacionamiento y puntos de servicio.

También han cambiado las respuestas municipales.

Quizás haya llegado el momento de preguntarnos si algunas de las soluciones que se están adoptando facilitan realmente la convivencia o simplemente trasladan los vehículos de un lugar a otro.

Porque una cosa es gestionar adecuadamente el espacio público y otra convertir la presencia de determinados vehículos en un problema por el mero hecho de serlo.

En la próxima entrega analizaremos cómo determinadas restricciones municipales pueden terminar convirtiéndose en modelos que otros ayuntamientos reproducen, y qué consecuencias puede tener esa tendencia para la movilidad en autocaravana.

Pedro Ansorena.


Documentación de referencia

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