sábado, 8 de agosto de 2026

Liérganes, veinte años después: cuando un área deja de ser un servicio para convertirse en una limitación.


Hay noticias que uno lee como autocaravanista y otras que, además, le duelen por razones personales.

La que publica hoy, 8 de agosto, El Diario Montañés de Cantabria, bajo el expresivo titular «Liérganes construirá un área de autocaravanas para “prohibir” su estancia en el resto del pueblo», pertenece para mí a las segundas.

Según explica la información publicada por El Diario Montañés, el Ayuntamiento pretende concentrar las autocaravanas que visiten Liérganes en una nueva instalación de 27 plazas situada a las afueras del núcleo urbano, cerca del cementerio, cuya construcción ha salido a licitación con una inversión aproximada de 600.000 euros, financiada por el Gobierno de Cantabria a través de fondos europeos.

Pero las declaraciones del alcalde, Ángel Bordas, dejan clara una finalidad añadida:

«Queremos que ahí tengan que ir todas las autocaravanas que vengan».

También anuncia la desaparición del actual punto de servicio situado en el aparcamiento de la estación de FEVE y medidas para impedir que estos vehículos permanezcan en otros lugares:

«Queremos que todas las autocaravanas vayan al aparcamiento que vamos a hacer y para ello pondremos gálibos, señales y lo que haga falta».

Es precisamente ahí donde, para mí, esta noticia deja de ser simplemente la construcción de una nueva área.

Porque no estamos hablando solamente de crear un servicio.

Estamos hablando de crear un recinto para después intentar obligar a utilizarlo.

2004: cuando Liérganes decidió abrir sus puertas

Para comprender mi decepción hay que retroceder más de veinte años.

En aquellos primeros tiempos del autocaravanismo organizado en España los que estábamos implicados en la reivindicación de esta actividad viajera intentábamos explicar a ayuntamientos y administraciones algo bastante sencillo: una autocaravana es un vehículo.

No necesitábamos necesariamente campings ni grandes instalaciones para viajar. Necesitábamos poder estacionar correctamente, como los demás vehículos, y disponer periódicamente de unos servicios básicos donde abastecernos de agua y vaciar responsablemente nuestros depósitos.

En 2004 tuve la oportunidad de trasladar personalmente esta idea al entonces alcalde de Liérganes, Ángel Bordas.

Lo entendió.

Y Liérganes puso en funcionamiento la que sería la segunda área municipal de autocaravanas creada en España.

No se construyó un camping ni un recinto separado. En un aparcamiento compartido, sin plazas reservadas exclusivamente para autocaravanas, se instalaron simplemente los servicios necesarios de agua y vaciado, con una inversión que no superó los 5.000 euros.

Si el aparcamiento estaba ocupado, una autocaravana, como cualquier otro vehículo, tenía que buscar otro lugar.

El área era un servicio para las autocaravanas, no el lugar donde obligatoriamente tenían que permanecer.

2010: seis años después, la experiencia había funcionado

En agosto de 2010 publiqué en este mismo blog una conversación que había mantenido nuevamente con Ángel Bordas.

Habían pasado seis años desde la puesta en funcionamiento del área y la valoración era muy positiva.

Por Liérganes habían pasado multitud de autocaravanistas de diferentes nacionalidades y aquella sencilla instalación había contribuido a que muchos viajeros conocieran el municipio y su entorno.

Pero aquella conversación dejó también algo que hoy resulta especialmente interesante.

El alcalde entendía perfectamente que la existencia de un área no significaba que las autocaravanas tuvieran prohibido estacionar en los demás aparcamientos de Liérganes.

Podíamos estacionar y pernoctar siempre que lo hiciéramos correctamente y sin realizar actividades propias de la acampada.

Es decir, ya entonces se comprendían dos ideas fundamentales:

Estacionar no es acampar.

Y disponer de un área no convierte automáticamente el resto del municipio en un espacio prohibido para las autocaravanas.

Años después, cuando el área fue remodelada, volví a ocuparme de Liérganes en el blog, destacando precisamente su condición de municipio pionero.

Durante más de veinte años aquel modelo sencillo funcionó y   aún hoy sigue funcionando.

Miles de viajeros conocieron Liérganes, pasearon por sus calles, visitaron su patrimonio y consumieron en sus establecimientos.

Dispongo solo de lo que transmiten algunos propietarios del comercio y la hostelería de Lierganes a los que conozco porque mi mujer Senia es de allí. No dispongo de estudios que permitan cuantificar ese retorno económico y no tendría sentido inventar cifras, pero resulta difícil negar que más de dos décadas de presencia continuada de turismo itinerante han contribuido a divulgar y dinamizar el municipio.

2025: empieza a dibujarse otro modelo

Por eso, cuando en 2025 conocí el proyecto de construir una nueva instalación, expresé mis dudas en este blog bajo un título que hoy adquiere todavía mayor significado:

«Nuevo área de autocaravanas de Liérganes: ¿avance o retroceso?»

No cuestionaba que Liérganes pudiera mejorar sus instalaciones.

Lo que me costaba comprender era la necesidad de sustituir un modelo sencillo, económico y probado durante más de veinte años por otro considerablemente más complejo y costoso.

Ahora sabemos que la nueva instalación tendrá 27 plazas, estará situada fuera del núcleo urbano, en las proximidades del cementerio, y contará con abastecimiento de agua, recogida de residuos, iluminación y conexiones eléctricas individuales.

La inversión prevista ronda los 600.000 euros y el alcalde ya anuncia que su utilización tendrá que regularse para que los usuarios paguen por esos servicios.

Nada tengo contra las áreas de pago ni contra quienes quieran disponer de electricidad u otros servicios y estén dispuestos a pagarlos.

La cuestión es otra:

¿Se están ofreciendo servicios que el autocaravanista puede elegir o se está creando una infraestructura para después obligarle a consumirlos?

2026: el cambio de modelo queda al descubierto

La noticia publicada ahora por El Diario Montañés despeja buena parte de las dudas que planteaba hace un año.

El objetivo declarado no es únicamente ofrecer una nueva área.

El Ayuntamiento quiere que todas las autocaravanas tengan que ir allí.

Y para conseguirlo desaparecerá el actual punto de servicio de FEVE y, según anuncia el alcalde, se instalarán «gálibos, señales y lo que haga falta».

Ahí aparece el verdadero cambio.

En 2004, con el mismo alcalde, hablábamos de cómo facilitar la llegada de las autocaravanas a Liérganes.

En 2026 hablamos de cómo concentrarlas obligatoriamente en un lugar determinado.

¿Qué ha sucedido durante estos veintidós años para justificar un cambio de criterio tan profundo?

Si existen problemas, gestionemos los problemas

El Ayuntamiento ofrece algunas explicaciones. Según recoge El Diario Montañés, el actual aparcamiento habría generado problemas de tráfico, malos olores en la zona de descarga y una creciente presión sobre los servicios municipales.

Si esos problemas existen, naturalmente deben solucionarse.

Si el punto de vaciado produce malos olores, habrá que corregirlo.

Si existe un problema de tráfico, habrá que ordenar el aparcamiento.

Si existe saturación en determinados momentos, podrán establecerse limitaciones razonables basadas en criterios objetivos.

Y si algún autocaravanista realiza una actividad prohibida, deberá actuarse contra esa conducta.

Lo que resulta más difícil de comprender es que problemas concretos terminen convirtiéndose en una restricción general dirigida a un determinado tipo de vehículo.

Gestionar problemas no es lo mismo que prohibir vehículos.

Los gálibos no distinguen comportamientos

Especial reflexión merece el anuncio de instalar gálibos.

Un gálibo no sabe si los ocupantes de una autocaravana están durmiendo, visitando Liérganes durante unas horas o realizando una actividad incorrecta.

Simplemente impide físicamente el paso a los vehículos que superan determinada altura.

Por eso, cuando se utiliza para impedir el acceso de autocaravanas a un aparcamiento público, no se está actuando sobre una conducta, sino sobre las características físicas del vehículo.

Y la pregunta resulta inevitable:

¿Queremos evitar comportamientos incorrectos o queremos evitar determinados vehículos?

Y todo esto cuando cambia el Reglamento General de Circulación

Existe además una circunstancia que hace especialmente interesante el momento elegido.

El próximo 1 de octubre entrará en vigor la reforma del Reglamento General de Circulación aprobada mediante el Real Decreto 518/2026.

Entre sus novedades se encuentra el nuevo artículo 92.4, que incorpora por primera vez al Reglamento las condiciones específicas aplicables al estacionamiento de autocaravanas y otros vehículos vivienda.

Esto no significa que desaparezcan las competencias municipales en materia de tráfico. Los ayuntamientos seguirán pudiendo ordenar el estacionamiento urbano dentro del marco establecido por la legislación.

Pero tampoco podemos ignorar que el marco jurídico habrá cambiado.

Lo que durante tantos años defendimos apoyándonos fundamentalmente en instrucciones de la Dirección General de Tráfico pasa ahora a formar parte del propio Reglamento General de Circulación.

Por eso habrá que conocer la regulación que finalmente apruebe Liérganes: su motivación, el alcance de las prohibiciones, las señales que pretenda instalar, la utilización anunciada de gálibos y los lugares concretos afectados.

Solo entonces podrá analizarse jurídicamente si esas medidas son compatibles con el nuevo marco normativo.

La propia oposición municipal ya ha expresado públicamente sus dudas.

El tiempo y, llegado el caso, los tribunales determinarán quién tiene razón.

De servicio voluntario a recinto obligatorio

Pero incluso dejando a un lado la cuestión jurídica, el problema de fondo es otro.

Durante años defendimos la creación de áreas porque necesitábamos puntos donde abastecernos de agua y vaciar responsablemente nuestros depósitos durante el viaje.

Podían ser gratuitas o de pago, sencillas o disponer de más servicios.

Pero el área complementaba nuestra condición de vehículo; no la sustituía.

Poco a poco parece extenderse otra filosofía: se construyen instalaciones cada vez más complejas, se añaden servicios, se establece un precio y finalmente aparece el argumento de que, como existe un área específica, las autocaravanas deben permanecer allí.

Ese razonamiento cambia completamente el modelo.

El área deja de ser un servicio ofrecido al viajero para convertirse en el lugar al que se le dirige.

Y cuando además se anuncian prohibiciones, señales y barreras físicas para conseguirlo, deja incluso de ser una elección.

Una historia que he vivido desde el principio

Quizá por eso esta noticia me produce una especial tristeza.

No conozco la historia del área de Liérganes porque la haya encontrado ahora en una hemeroteca.

La viví desde el principio.

Recuerdo aquellos años en los que intentábamos convencer a alcaldes y administraciones de que las autocaravanas no eran un problema. Recuerdo cuando cada nueva área municipal era una pequeña conquista porque significaba que alguien había comenzado a comprender nuestra forma de viajar.

Y recuerdo perfectamente la receptividad de Ángel Bordas.

Por eso siempre he reconocido públicamente su decisión y por eso Liérganes ocupa también un lugar destacado en el capítulo dedicado a la creación de las primeras áreas municipales de autocaravanas, dentro de la historia del autocaravanismo en España que he venido publicando en este blog.

Liérganes fue un municipio pionero.

Y durante más de veinte años demostró que con muy poco podía conseguirse mucho.

Por eso me resulta difícil comprender que, después de todo ese recorrido, la solución sea ahora invertir alrededor de 600.000 euros en un recinto alejado del pueblo y anunciar después gálibos, señales «y lo que haga falta» para conseguir que las autocaravanas tengan que utilizarlo.

Si hoy volviera a sentarme con Ángel Bordas, probablemente intentaría explicarle exactamente lo mismo que le expliqué hace más de veinte años.

Que necesitamos lugares donde abastecernos de agua y vaciar responsablemente nuestros depósitos.

Que agradecemos a los municipios que nos proporcionan esos servicios.

Que habrá autocaravanistas que deseen instalaciones más completas y estarán encantados de pagar por utilizarlas.

Pero también le recordaría algo que él mismo comprendió perfectamente entonces:

un área de autocaravanas y un aparcamiento cumplen funciones diferentes.

Liérganes fue uno de los primeros municipios españoles que comprendió esa diferencia.

Me gustaría que, más de veinte años después, no fuera precisamente uno de los municipios que contribuyeran a borrarla.

No necesitamos privilegios.

Tampoco pedimos poder acampar donde queramos.

Pedimos que se actúe contra las conductas incorrectas cuando se produzcan y que nuestra forma de viajar no se convierta en la razón para excluir nuestros vehículos de aquellos lugares donde, conforme a las normas aplicables, puedan estacionar los demás.

Porque aquella idea sencilla que ayudó a convertir a Liérganes en un municipio pionero continúa siendo válida veintidós años después:

Las áreas de autocaravanas nacieron para facilitarnos el viaje, no para justificar que se nos prohibiera estacionar fuera de ellas.

Pedro Ansorena.

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