El crecimiento del alquiler de autocaravanas y campers plantea una responsabilidad que afecta a todo el sector.
Este verano, viajando en autocaravana por España y anteriormente por otros países europeos, me he fijado en algo que cada vez resulta más visible en aparcamientos, áreas o espacios naturales: la presencia de numerosos vehículos con el distintivo de Indie Campers.
Los veo con matrículas de diferentes países y utilizados, en muchos casos, por personas jóvenes o familias que probablemente han elegido el alquiler como una forma sencilla de iniciarse durante unos días en el turismo itinerante.
No tendría nada de particular. El alquiler de autocaravanas y campers ha crecido enormemente y constituye una magnífica oportunidad para conocer esta forma de viajar sin necesidad de adquirir un vehículo.
Sin embargo, junto a ese crecimiento observo también algunos comportamientos —quiero dejar muy claro que no de todos los usuarios, son una minoría pero por sus comportamientos muy notable— que me llevan a una reflexión: mesas y sillas en aparcamientos públicos, toldos desplegados y ocupación del espacio exterior del vehículo que permiten sospechar que algunos nuevos usuarios desconocen las diferencias entre estacionar y acampar.
Y la pregunta es sencilla:
¿Se está enseñando a utilizar correctamente una autocaravana o una camper a quienes se incorporan a esta forma de viajar a través del alquiler?
Indie Campers es solamente la parte más visible.
Sería injusto convertir esta reflexión en una crítica a una empresa determinada.
Indie Campers llama especialmente la atención porque sus vehículos son fácilmente identificables, pero existen numerosas empresas de alquiler, fabricantes, distribuidores y plataformas dentro de un sector que ha experimentado un crecimiento extraordinario.
Por eso el problema, si existe, no se llama Indie Campers.
El verdadero asunto es cómo estamos gestionando la incorporación de miles de nuevos usuarios a esta forma de viajar.
Una persona puede alquilar una camper por Internet, recogerla en otro país y encontrarse pocas horas después estacionada junto a nosotros sin haber utilizado anteriormente un vehículo de estas características y sin conocer suficientemente sus normas de uso.
Puede devolverla una semana después.
Pero durante esos días sus actos tienen consecuencias.
La autocaravana se devuelve; la imagen permanece.
Cuando un vecino observa varias autocaravanas o campers con mesas, sillas, toldos u otros elementos ocupando un aparcamiento público o un espacio natural, normalmente no distingue entre vehículos alquilados y particulares, ni entre españoles, portugueses, franceses o alemanes.
Es cierto que quienes se comportan así no son una mayoría, pero sí son los suficientes para que sus actos se hagan notar.
El vecino simplemente ve autocaravanas y campers.
Después llegan las fotografías a las redes sociales, las protestas vecinales y de determinados intereses turísticos, las noticias en los medios y, finalmente, algunos ayuntamientos encuentran argumentos para establecer restricciones, prohibiciones o intentar concentrarnos obligatoriamente en determinados espacios.
Por eso conviene recordar algo:
La autocaravana alquilada se devuelve al terminar las vacaciones; la imagen que dejamos permanece y nos afecta a todos.
Pero ¿toda la responsabilidad es del usuario?
Durante décadas la industria de las autocaravanas y campers ha vendido, con toda legitimidad, una palabra por encima de casi todas las demás:
libertad.
Solo hay que observar la publicidad.
Una autocaravana junto a un lago. Una camper frente al mar. Una familia alrededor de una mesa contemplando las montañas. El toldo desplegado, las sillas fuera y muy pocas personas alrededor.
Es una imagen preciosa y tremendamente eficaz comercialmente.
El cliente no compra solamente un vehículo.
Compra también esa imagen de libertad.
Y ahí aparece una contradicción.
Si mostramos al futuro usuario una familia desayunando delante de su autocaravana, con el toldo abierto, las mesas y las sillas junto a un maravilloso lago, ¿cómo le explicamos después que esa misma escena no puede reproducirla en cualquier lugar donde consiga estacionar?
Podrá hacerlo en un camping o en aquellos espacios donde estén permitidas las actividades exteriores, pero no necesariamente en un aparcamiento público o en un espacio natural.
Quien alquila por primera vez puede desconocer esa diferencia.
Quizá esté haciendo lo que le hemos enseñado.
Esto no justifica comportamientos incorrectos. Quien utiliza un vehículo tiene la responsabilidad de conocer y respetar las normas.
Pero también debemos preguntarnos hasta qué punto la propia industria ha contribuido a crear determinadas expectativas.
Si entregamos una camper equipada con toldo y ofrecemos mesa y sillas, esos elementos forman legítimamente parte de la experiencia.
El problema no es proporcionarlos.
El problema es no explicar suficientemente dónde y en qué condiciones pueden utilizarse.
La publicidad dice:
Libertad. Naturaleza. Improvisación. Detente y disfruta del viaje y del momento.
La realidad necesita añadir:
Sí, pero respetando el lugar, las normas y a quienes comparten ese espacio contigo.
Una conversación de hace muchos años.
Esta cuestión me recuerda una experiencia personal de cuando formaba parte de la PACA.
En aquellos años elaboramos un Decálogo del Buen Autocaravanista, un sencillo documento con normas básicas de comportamiento. Entre otras recomendaciones decía:
«En ciudades, aparcamientos y lugares no apropiados, abstenerse de ocupar el espacio exterior del vehículo con nuestros enseres y elementos de acampada.»
Y añadía:
«No saque sillas, mesas u otros elementos al exterior».
Aquel decálogo pertenece a otra época y algunas de sus recomendaciones necesitan actualizarse. Pero su filosofía continúa teniendo plena vigencia:
el comportamiento individual termina construyendo la imagen colectiva.
Recuerdo que en una conversación que mantuve entonces con José Manuel Jurado, presidente de ASEICAR, le propuse que las empresas vinculadas a la asociación —fabricantes, vendedores y empresas de alquiler— entregasen aquel decálogo con los vehículos.
Mi recuerdo es que la propuesta no despertó demasiado entusiasmo. El argumento que se me trasladó venía a ser que comercialmente se vendía una imagen de libertad y que acompañarla de un documento lleno de limitaciones podía resultar contradictorio con aquello que se pretendía vender.
Han pasado muchos años; aquellos eran otros tiempos y también ha evolucionado mucho el sector. Actualmente ASEICAR dispone y difunde materiales y recomendaciones sobre buenas prácticas y utilización responsable de los vehículos que comercializa y como asociación representa.
Pero aquella conversación vuelve ahora a mi memoria porque el problema que entonces comenzábamos a intuir hace ya más de dos décadas ha adquirido una dimensión difícil de imaginar en aquellos años.
Cuando el éxito genera sus propios problemas.
Durante mucho tiempo reclamamos que nuestra forma de viajar fuese conocida, respetada y reconocida tanto por las instituciones como por la sociedad.
Y afortunadamente creció.
Pero más autocaravanas y campers significan también mayor presión sobre determinados lugares. Las aplicaciones y redes sociales pueden convertir rápidamente un pequeño aparcamiento desconocido en destino de decenas de vehículos, mientras el alquiler incorpora constantemente nuevos usuarios.
Un lugar que podía asumir perfectamente diez o veinte autocaravanas difícilmente puede soportar cincuenta.
Y aparece una paradoja:
el éxito de la libertad que hemos promocionado puede terminar provocando restricciones a esa misma libertad.
El 1 de octubre tenemos una oportunidad.
La entrada en vigor el próximo 1 de octubre de 2026 del nuevo artículo 92.4 del Reglamento General de Circulación nos proporciona una magnífica oportunidad para hacer pedagogía.
La reforma fue aprobada mediante el Real Decreto 518/2026, de 24 de junio, publicado en el Boletín Oficial del Estado el 26 de junio de 2026. Esta reforma deja atrás las hasta ahora aún vigentes instrucciones de la DGT, formando parte del RGC, reglamento que pende directamente de la ley de Seguridad Vial.
Por primera vez el Reglamento establece expresamente que el estacionamiento de autocaravanas y otros vehículos acondicionados como vivienda debe realizarse:
El texto puede consultarse también en el Reglamento General de Circulación consolidado en el BOE.
Pero de poco servirá avanzar en seguridad jurídica si quienes utilizan estos vehículos desconocen las reglas más elementales.
Especialmente quienes alquilan por primera vez o llegan desde otros países.
Quizá haya llegado el momento de recuperar aquella vieja idea del decálogo, adaptada a 2026.
No hacen falta treinta páginas.
Puede bastar una hoja, un código QR y una información sencilla disponible en varios idiomas.
Decálogo del buen autocaravanista y usuario de camper — 2026.
No todos estos puntos constituyen obligaciones legales. Algunos proceden directamente de la normativa y otros son recomendaciones de convivencia y buenas prácticas.
Ve una autocaravana.
Cada comportamiento individual contribuye a construir —o deteriorar— la imagen de todo el colectivo.
No se trata de vender menos libertad.
Todo lo contrario. Se trata de conservarla.
Una autocaravana nos permite viajar y disfrutar de una extraordinaria sensación de libertad, pero libertad no significa poder hacer cualquier cosa en cualquier lugar.
Podemos utilizar el toldo, sacar nuestras mesas y sillas y disfrutar de una comida al aire libre contemplando un paisaje maravilloso.
Lo importante es saber elegir dónde podemos hacerlo.
La industria ha hecho un extraordinario trabajo vendiendo el sueño de viajar en libertad. Quizá ahora tenga también la responsabilidad de enseñar cómo utilizarla.
Porque, después de todo, la mejor manera de conservar nuestra libertad es evitar que nuestro comportamiento proporcione argumentos a quienes quieren limitarla.
Pedro Ansorena.



No hay comentarios:
Publicar un comentario