La libertad de seguir viajando.
Resulta curioso observar cómo el paso del tiempo va cambiando nuestra manera de vivir y viajar.
Durante muchos años nos consideramos viajeros incansables. Nuestros viajes se medían en meses y miles de kilómetros. La principal limitación era el trabajo, esa obligación que, aunque nos permitía vivir, también condicionaba nuestra libertad para movernos cuando y donde quisiéramos.
Ahora la situación es diferente. Ya no existen horarios laborales ni vacaciones que esperar. Todo nuestro tiempo nos pertenece.
Sin embargo, han aparecido otros condicionantes. La edad y la salud han ido ocupando el espacio que antes tenía el trabajo. Las revisiones médicas, las consultas y los tratamientos marcan, en cierta forma, el calendario y, a veces, uno llega a sentirse un poco “secuestrado” por esas obligaciones inevitables.
Aun así, seguimos siendo unos inquietos incapaces de permanecer mucho tiempo en casa.
Con esta primavera tan verde y luminosa que invita a salir, el pasado martes decidimos aprovechar unos días libres antes de una consulta médica que Senia tenía programada para el viernes por la tarde.
Preparamos la autocaravana y, como no disponíamos de muchos días, pusimos rumbo a la cercana Asturias, hacia algunos lugares que ya conocíamos pero que hacía tiempo que no visitábamos y a los que teníamos ganas de regresar.
La primera noche la pasamos en Arriondas, situada junto a la confluencia de los ríos Piloña y Sella, en su nueva área de autocaravanas, ubicada en la parte alta de la localidad, desde donde se disfrutan unas magníficas vistas de toda la comarca.
Ayuntamiento de Arriondas.
Arriondas, conocida internacionalmente por el Descenso del Sella y profundamente ligada al mundo del piragüismo, siempre resulta agradable para pasear. Disfrutamos de sus calles, de las casas de indianos y del ambiente tranquilo que transmiten sus riberas.
A la mañana siguiente, sin una ruta demasiado definida —como ocurre en muchos de nuestros viajes— decidimos dirigirnos hacia el Parque Natural de Redes siguiendo la cuenca minera del Nalón.
Paisaje de la cuenca minera.
Asturias hace honor a su lema de Paraíso Natural. Mientras avanzábamos por poblaciones como El Entrego o Pola de Laviana, contemplábamos un paisaje que habla de la historia reciente de la región. Cuando uno ve las altas torres que señalan el acceso a los pozos mineros, resulta imposible no pensar en la importancia que tuvieron estas cuencas durante los años de esplendor de la minería.
Hoy, junto a los recuerdos de aquella actividad, aparecen barrios obreros, antiguas instalaciones industriales y viviendas dispersas que se encaraman por las verdes y empinadas laderas cubiertas de praderas y arbolado autóctono, componiendo un paisaje singular y lleno de contrastes.
Desde allí continuamos hacia los valles de los ríos Caudal, Aller y Lena, pasando por Mieres y Pola de Lena para regresar a uno de esos lugares que nunca nos cansamos de visitar: la iglesia prerrománica de Santa Cristina de Lena.
Iglesia prerrománica de Santa Cristina de Lena.
Cada visita a este lugar nos parece más interesante que la anterior. El monumento, visto desde lejos sobre la plataforma que domina el valle, transmite equilibrio y belleza. Aunque todo el conjunto resulta admirable, la delicada arquitectura de la celosía que separa el espacio litúrgico de su interior sigue siendo, para nosotros, uno de los elementos más fascinantes del edificio.
Interior de Santa Cristina de Lena.
Al atardecer atravesamos el empinado puerto de La Cobertoria, uno de los puertos clásicos del ciclismo asturiano, rodeados de un paisaje primaveral espectacular.
En el descenso, hicimos una parada en la pequeña iglesia románica de San Pedro de Arrojo, en Quirós.
Iglesia románica de San Pedro de Arrojo, en Quirós.
Continuando viaje por el valle del Trubia y llegar a Proaza, donde pasamos la noche en su tranquila área de autocaravanas junto a viajeros de distintos países, la mayoría alemanes.
Área de autocaravanas de Proaza.
El jueves amaneció entre nubes y claros.
Después de desayunar y realizar algunas compras en el pueblo, seguimos el curso del río Teverga por su precioso y serpenteante desfiladero hasta San Martín de Teverga.
Desfiladero del río Teverga.
Durante el recorrido fuimos observando cómo la antigua actividad minera y ganadera de montaña ha ido dejando paso, poco a poco, a nuevas formas de desarrollo vinculadas al turismo de naturaleza.
Sobre el trazado del antiguo ferrocarril minero se ha creado la conocida Ruta del Oso, convertida hoy en uno de los principales atractivos de la comarca.
Casas bien cuidadas de San Martín de Teverga.
A juzgar por la actividad que generan los comercios y servicios relacionados con el senderismo y la bicicleta, la iniciativa ha supuesto una importante fuente de actividad económica y una nueva oportunidad de desarrollo para la zona.
Área de autocaravanas de San Martín de Teverga, en la proximidad de la Colegiata de San Pedro.
Aparcamos la autocaravana en el área situada junto a la Colegiata de San Pedro de Teverga y visitamos, además del pueblo, este magnífico monumento románico que resume siglos de historia y donde todavía pueden apreciarse elementos de tradición visigoda integrados en el conjunto arquitectónico.
Colegiata románica de San Pedro de Teverga.
Teverga despierta en mí algunos recuerdos personales relacionados con los primeros años del movimiento reivindicativo autocaravanista español.
Allá por los inicios de los años 2000, cuando comenzaba la andadura de La PACA y yo tenía responsabilidades dentro de la plataforma, esta localidad, gracias al trabajo desarrollado por varios compañeros autocaravanistas asturianos, estuvo a punto de convertirse en el emplazamiento de la primera área municipal de autocaravanas de España.
Recuerdo perfectamente aquel fin de semana en el que más de cien autocaravanas procedentes de varias regiones españolas acudimos para apoyar la iniciativa.
La ilusión era enorme, ya que para nosotros conseguir la primera área municipal suponía demostrar que el esfuerzo realizado comenzaba a dar sus frutos. Sin embargo, lo que entonces parecía una realidad inmediata acabó siendo solamente un proyecto que, eso sí, nos sirvió para seguir avanzando y creyendo en lo que hacíamos.
Monumento junto a la Colegiata románica en memoria del alcalde José Ramón Álvarez Argüelles.
Pese al compromiso del histórico alcalde José Ramón Álvarez Argüelles, el área no llegó a construirse en aquel momento. Habrían de pasar varios años, y el alcalde ya habría fallecido, para que finalmente aquella idea se hiciera realidad.
Hoy, al recorrer la zona, resulta inevitable recordar aquellos tiempos y comprobar cómo han cambiado las cosas.
Después de disfrutar de Teverga estuvimos valorando la posibilidad de acercarnos hasta Somiedo para finalizar allí la jornada. Sin embargo, el compromiso médico del día siguiente nos obligaba a ser prudentes y a no alejarnos demasiado. Regresamos por el valle del Trubia en dirección a Oviedo.
A nuestra llegada aparcamos en el área de autocaravanas junto con otros autocaravanistas de diversos países. El área está situada en un lugar un poco alejado de la ciudad pero muy bien conectada con el transporte público
Por la tarde tomamos el autobús urbano y nos acercamos al casco histórico para pasear tranquilamente por sus calles y plazas. Como siempre, Oviedo nos recibió con ese ambiente elegante y acogedor que la caracteriza.
Senia en el antiguo claustro de la Facultad de Geografía e Historia de Oviedo, frente a las aulas donde cursó sus estudios universitarios.
Oviedo ocupa un lugar especial en la memoria de Senia, que pasó aquí seis años de su vida estudiando en la Facultad de Geografía e Historia.
Plaza de la Catedral gótica de Oviedo.
Al día siguiente solo quedaba emprender el regreso a Santander.
Apenas doscientos kilómetros de autovía separaban el final de esta pequeña escapada de una nueva cita médica.
Mientras conducíamos de vuelta a casa pensábamos que, aunque los años traen nuevas obligaciones y limitaciones, siguen sin poder arrebatarnos lo esencial.
Las ganas de viajar.
Y la ilusión de seguir marcando rutas hacia nuevos destinos cada vez que la vida nos concede la oportunidad de hacerlo.
Pedro Ansorena.

















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