miércoles, 27 de mayo de 2026

Cantabria, el coche eléctrico y las contradicciones del modelo turístico aplicado a las autocaravanas.


En los últimos días el Gobierno de Cantabria ha anunciado, a través de Cantur, empresa participada que gestiona los recursos turísticos de Cantabria, la puesta en funcionamiento de 74 puntos de recarga para vehículos eléctricos distribuidos en distintas instalaciones turísticas de la comunidad autónoma.

Cantur pone en servicio 74 puntos de recarga para vehículos eléctricos

La iniciativa refleja una apuesta clara por facilitar la movilidad eléctrica y por adaptar el territorio a las nuevas formas de desplazamiento sostenible.

Y, sinceramente, me parece una decisión lógica e inteligente.

Sin embargo, al mismo tiempo, Cantabria acaba de aprobar también un nuevo decreto turístico sobre áreas de autocaravanas.

Decreto de Turismo de Cantabria sobre áreas de autocaravanas

Y es precisamente al observar ambas decisiones conjuntamente cuando aparece una reflexión que, a mi juicio, resulta muy interesante.

Porque el contraste entre ambas políticas públicas revela dos formas muy distintas de entender la movilidad turística.

El coche eléctrico: movilidad a facilitar

En el caso del coche eléctrico, la administración entiende perfectamente que:

  • hay que crear infraestructuras de apoyo,
  • facilitar la autonomía energética,
  • integrar estos vehículos en el territorio,
  • y permitir que sus usuarios puedan desplazarse y permanecer cerca de sus destinos.

Nadie plantea enviar los coches eléctricos a espacios apartados o alejados de los lugares de trabajo, visita o interés turístico.

Al contrario: se instalan puntos de recarga precisamente allí donde las personas quieren ir, al trabajo, las compras, las zonas deportivas de ocio o de visita.

Es decir, la infraestructura acompaña a la movilidad.

La autocaravana: movilidad convertida en alojamiento

Sin embargo, cuando hablamos de autocaravanas, el enfoque cambia radicalmente.

La autocaravana deja de ser vista principalmente como un vehículo y pasa a interpretarse desde parámetros turísticos o de alojamiento.

Entonces aparecen:

  • limitaciones,
  • segregaciones,
  • zonas específicas,
  • regulaciones de permanencia,
  • y una tendencia creciente a concentrarlas en espacios determinados, muchas veces alejados de los centros urbanos o turísticos.

Y ahí surge una contradicción evidente.

Porque la autocaravana comparte precisamente muchos de los principios de movilidad sostenible que hoy se atribuyen al vehículo eléctrico.

La gran paradoja energética

Existe además una cuestión de fondo que raramente aparece en el debate público.

La autocaravana moderna dispone de una enorme capacidad de autonomía energética.

Gracias al espacio disponible en sus techos, muchas incorporan:

  • paneles solares,
  • baterías auxiliares,
  • sistemas de autoconsumo,
  • iluminación LED,
  • frigoríficos de bajo consumo,
  • e incluso sistemas muy eficientes de gestión energética como acondicionadores de aire.

Durante días enteros, muchas familias pueden vivir viajando utilizando exclusivamente energía limpia generada por sus propios paneles solares.

Porque el coche eléctrico depende completamente de infraestructuras externas de recarga. Necesita conectarse constantemente a una red cuya energía, además, no siempre sabemos de dónde procede realmente.

En realidad, desde el punto de vista energético, una autocaravana puede llegar a ser mucho más autónoma que un coche eléctrico convencional, entre otras cosas porque no solo te ofrece la movilidad en viaje, también el alojamiento, el descanso y el aseo.

La autocaravana, en cambio, puede mantener gran parte de su autonomía energética de forma autosuficiente.

Además de esto, en el día a día de la convivencia en la autocaravana, tanto los niños como los mayores se educan en un espacio de uso responsable de la energía y el agua, ya que esta, a diferencia de los hogares, es limitada y hay que usarla con racionalidad. No se debe dejar el grifo permanentemente abierto mientras te lavas los dientes, ni la luz encendida permanentemente si no se necesita.

Y, sin embargo, es precisamente la autocaravana la que con frecuencia sigue siendo observada como un problema territorial.

¿Qué ocurrirá en el futuro?

La pregunta que quizá deberíamos empezar a hacernos es otra.

¿Qué ocurrirá cuando las propias autocaravanas incorporen también motores eléctricos o híbridos enchufables de forma generalizada?

Porque ese futuro ya está llegando.

Entonces tendremos vehículos:

  • eléctricos,
  • con autoconsumo solar,
  • energéticamente autónomos durante largas estancias,
  • y concebidos para una movilidad turística descentralizada.

¿Seguiremos entonces enviándolos a espacios apartados de sus destinos?

¿Seguiremos intentando esconderlos para que no se vean?

¿Seguiremos considerando que un vehículo estacionado correctamente deja de ser un vehículo simplemente porque sus ocupantes duermen o viven temporalmente en su interior?

Tal vez el verdadero problema no sea tecnológico, ni energético, ni siquiera turístico.

Tal vez el problema sea que muchas administraciones continúan analizando la autocaravana desde prejuicios y esquemas conceptuales del pasado.

Mientras el coche eléctrico es visto como símbolo de la movilidad del futuro, la autocaravana sigue siendo tratada en demasiadas ocasiones como un alojamiento incómodo al que hay que ordenar, limitar o concentrar.

Y quizá haya llegado el momento de comprender que ambos fenómenos forman parte, en realidad, de una misma transformación de la movilidad contemporánea y que hay que abordarla con una mentalidad actual y no del pasado.

Pedro Ansorena.

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