sábado, 28 de febrero de 2026

✅ Capítulo 1: El origen.

Cuando comprendimos que, a diferencia de otros países europeos, en España no teníamos representación (2003)

A comienzos de la década del 2000, cuando viajábamos con la autocaravana principalmente por nuestro país, el parque móvil apenas superaba las 30.000 unidades. La presión social y administrativa sobre esta forma de viajar era todavía limitada.

Estacionamiento de autocaravanas en Périgord (Francia) a comienzos de los años 2000. Un modelo de integración urbana y normalización que contrastaba con la situación española en aquella etapa.

Sin embargo, algunos empezamos a percibir con claridad un problema que hasta entonces muchos aceptaban con resignación: el autocaravanismo en España no disponía de infraestructuras de apoyo que permitieran desarrollar la actividad con normalidad —especialmente puntos ecológicos para la correcta gestión de residuos— y, lo que era aún más relevante, tampoco tenía representación propia.

Nuestra supuesta representación se encontraba integrada dentro de las estructuras de los clubes campistas tradicionales, bajo el paraguas de la federación correspondiente (FECC). Pero aquella integración no respondía a la realidad específica del autocaravanismo como actividad diferenciada.

Esa percepción se hacía especialmente evidente cada vez que viajábamos al extranjero, y de forma muy clara cuando cruzábamos la frontera con Francia.

  El modelo campista no era el modelo autocaravanista.

El campismo tradicional se desarrollaba en recintos cerrados —los campings— con una lógica de estancia.

El autocaravanismo, en cambio, era y es una actividad itinerante. Su problemática jurídica y práctica normalmente no se produce dentro de un camping, sino en el espacio público: circulación, estacionamiento en vía urbana o interurbana y, en su caso, pernocta en condiciones de vehículo correctamente estacionado.

Muchos entendíamos que el paso de la tienda de campaña a la caravana, y posteriormente a la autocaravana, respondía a una evolución natural dentro del espíritu viajero: mayor movilidad, mejor aprovechamiento del tiempo libre y autonomía en los desplazamientos.

Un ejemplo sencillo lo ilustra con claridad: una familia que trabaja toda la semana y decide cambiar de escenario, el fin de semana inicia el viaje al finalizar su jornada del viernes. Al llegar a su destino puede encontrarse con que el camping está cerrado, bien por estacionalidad o por horario. En ese momento, la autocaravana no representa un problema, sino una solución de ventaja: permite continuar el viaje y disponer de alojamiento inmediato.

Lo único necesario es un lugar tranquilo donde estacionar correctamente el vehículo y un punto ecológico cercano para realizar los servicios básicos.

 Nada más.

Esta forma de viajar, sin las ataduras de reserva previa propias del turismo convencional, sin duda representa una evolución en la disponibilidad y el aprovechamiento del tiempo libre.

Muchos habíamos adquirido la autocaravana motivados precisamente por esa libertad de movimiento, no por la permanencia prolongada en recintos cerrados.

Sin embargo, esa diferencia esencial no estaba siendo defendida institucionalmente.

  La comparación que lo cambió todo.

Cuando viajábamos por España, fuera de los campings, echábamos en falta algo evidente:

  • Áreas de servicio ecologicos o espacios de estacionamiento donde poder cumplir una etapa de visita o estancia.
  • Infraestructuras públicas pensadas para vehículos vivienda viajeros.

En cambio, al cruzar la frontera y entrar en Francia o en otros países de Europa, la realidad era completamente distinta.

  Francia como espejo.

En Francia ya existían:

  • Áreas municipales o aparcamientos para autocaravanas.
  • Zonas de vaciado y carga.
  • Señalización específica.
  • Normalización social del estacionamiento.
  • Y, además, grupos de representación propios del sector.

Aquella diferencia no era casual.

Respondía a una concepción jurídica distinta y a una política pública definida. El autocaravanismo era entendido como una modalidad específica de movilidad turística de ciudadanos, con necesidades propias y con interlocución institucional.

Y esa comparación fue determinante.

Porque dejó en evidencia que el problema en España no era técnico.

 Era estructural.

No había representación específica.
No había interlocución institucional.
No existía una estrategia diferenciada.
Todo estaba integrado en la comodidad del camping y la autocaravana se veía como un elemento más de éste.

  El nacimiento de La PACA.

Es en ese contexto donde, en 2003, surge La PACA.

No como una ruptura caprichosa.
No como un gesto de confrontación.

Sino como respuesta a una necesidad objetiva:

Dotar al autocaravanismo de voz propia, diferenciada del campismo tradicional, y centrar la reivindicación en el verdadero núcleo del problema: el derecho al estacionamiento como vehículo y la normalización de infraestructuras específicas.

Aquel fue el punto de partida de una etapa nueva que, con sus aciertos y dificultades, continúa hoy en día.

No hay comentarios:

Publicar un comentario