miércoles, 3 de noviembre de 2010

De viaje en autocaravana entre Badajoz y Santander.

La verdad es que por mucho que uno viaje o se traslade por el territorio siempre encuentra lugares o formas de este que te sorprenden.

El otro día me encontraba de viaje entre Badajoz y Santander, de regreso de la participación en la marcha reivindicativa de los autocaravanistas en Madrid, celebrada el día 30 de Octubre. Desde donde tuve que trasladarme hasta la ciudad pacense para llevar y dejar a Senia, que tenía que acompañar y ayudar en el hospital por unos días al restablecimiento de la operación quirúrgica de una de sus hermanas, residente está en la ciudad extremeña de Badajoz.

Como en el citado hospital, al igual que en otros de las distintas comunidades, rigen unas normas muy estrictas en la visita y acompañamiento de los pacientes ingresados, y como yo ya no podía hacer nada allí, decidí regresar a Santander y que Senia permaneciese para atender en lo que hiciese falta a su Hermana.


Aunque el tiempo o la climatología no era muy agradable, como algunos a buen seguro ya habéis experimentado en el pasado fin de semana, siempre es un gran placer viajar o desplazarse por ahí en la época otoñal. La verdad es que a pesar de la desagradable y constante lluvia, los colores otoñales que se dejaban vislumbrar y ver entre esta eran espectaculares, especialmente después de pasar Plasencia en el Valle de Ambroz y en la sierra de Vejar, en esta zona, la naturaleza desplegaba y mostraba todo su esplendor en forma de color , los abedules, las hayas, los cerezos, los quejicos, los robles, los chopos, los fresnos etc. mostraban en la ruta ante del viajero un impresionante espectáculo y despliegue de múltiples y sorprendentes tonalidades.




Así con este panorama y sensación, a las doce de la mañana decidí hacer una parada en la famosa población salamantina de Guijuelo, la parada no la hice por cansancio, no que va, la parada la hice porque a veces y depende en que situaciones uno se muestra débil y sucumbe a ciertas tentaciones, como en este caso ocurrió, es incapaz de pasar por una de las capitales de la chacina de esta piel de toro y no darse el gustazo de "meterle mano" a un pincho de jamón como dios manda disfrutando del inconfundible sabor y el olor que a este suele acompañar, no solo del exquisito pincho que te estás comiendo, si no del inconfundible aroma a estas cosas que produce el campo y que se respira en "el pueblo de los jamones de castilla".

Guijuelo. N-40º33'36'' W-5º40'18''.




Cuando estaba en plena "faena" de repente me acorde de unos de los consumidores de pinchos de jamón más entusiastas  que conozco, los amigos autocaravanistas vallisoletanos, el matrimonio de Luís y María del Mar, no me lo pensé dos veces, posé el pincho en el plato y como ahora afortunadamente la tecnología a nuestro alcance de los móviles nos facilita estas cosas, eche mano del mágico aparato y en un momento ya tenía al amigo Luís al habla, después del saludo me comentó que por motivos familiares se encontraba en la ciudad vallisoletana, lo cual me extraño, ya que la citada pareja son unos correndones de mucho cuidado y a estos "pájaros" resulta muy difícil encontrarlos en su "nido".


La verdad confieso que mi llamada era para darles un poco de envidia sana ya que si en algo le puedes dar envidia a esta pareja es en mostrarle en la distancia un buen plato de jamón de Guijuelo, pero la vida siempre te da sorpresas y el bueno de Luís, como casi siempre en estas cosas de la gastronomía, ya tenía sus planes para el día, desplazarse a la población cercana a Valladolid de Traspinedo para "castigarse" las tradicionales y exquisitas barras de cordero lechal de castilla a la brasa del sarmiento, con lo cual me devolvió "la moneda" y la situación se invirtió y con ella la sensación y el deseo de acompañarles, estos castellanos tienen estas cosas, son así.


Total que a las tres de la tarde nos dimos cita en el Mesón Molinero de Traspinedo, donde Don Luís y María del Mar, asiduos comensales del citado mesón ya tenían reservada una mesa, que por cierto, por lo que percibí en el comportamiento de los propietarios y camareros del mesón, esta la debe de tener reservada de por vida, porque a juzgar por la gente que entraba y salía sin poder darse el gusto de comer en el mesón, al parecer estaba ya todo el cordero vendido, pero para nosotros aún quedaba, esta es la sensación que me dio y como tal os la cuento.



A 20 kilómetros de Valladolid en la población castellana de Traspinedo de una forma muy original preparan uno de los mejores lechazos que uno puede comer en la vida.



En este pequeño pueblo con acceso desde Valladolid por la carretera a Soria, en un acogedor mesón con más de cien años de antigüedad , preparan como plato principal, lechazo a la brasa con leña de Sarmiento, acompañado este por queso, jamón, chorizo y unas manitas del cordero en salsa que te chupas los dedos, regado todo ello con un vino castizo de la comarca de La Ribera del Duero.



Le llaman barras, porque son como pinchos morunos pero de lechazo. Pequeños trozos crujientes por fuera y jugosos por dentro.....!Que delicia!. Esta modalidad de preparación tiene la ventaja que el cordero no resulta tan grasiento como en otras formas de preparación y la verdad es que nuestros castigados estómagos estas cosas las agradecen ya que resulta mucho más digestivo.



Si tenéis la oportunidad probarlo, porque es uno de esos sitios que no podréis olvidar en la vida.

El Mesón Molinero de Traspinedo (Valladolid).

Tfno. 983682449. Coordenadas GPS. N-41º34'32'' W-4º28'27''.

Bueno, como la cosa se complicó, ya que comenzamos la comida bien entrada la tarde y esta finalizó casi entrada la noche y como el viajar en autocaravana tiene sus ventajas, me despedí en el pueblo de los amigos vallisoletanos y yo me quede para "descansar" y reposar un rato de la suculenta comida y después continuar viaje hasta el área de Palencia, donde por el mal tiempo reinante decidí no seguir viaje y pernoctar.


Pedro Ansorena.

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