Uno de los mayores placeres de nuestra vida ha sido, y sigue siendo, viajar.
Senia y yo, desde que nos conocimos a comienzos de los años 80 —y en realidad desde antes—, hemos hecho del viaje una forma de vivir.
Pero mucho antes de conocernos, de iniciar una vida en comun y de que la autocaravana formara parte de ésta, hubo otra etapa también viajera.
Durante 19 años, en mi etapa en la marina mercante, el viaje ya era parte de mí.
Como marino, recorrí mares y océanos de los cinco continentes. Puertos, aeropuertos y ciudades formaban parte de mi día a día.
Y como suele decirse, de lo que se mama se aprende.
Aquella dura pero enriquecedora experiencia, sin saberlo entonces, fue construyendo una forma de mirar el mundo que me acompañaría siempre.
Más adelante, cuando Senia y yo nos conocimos, empezamos a compartir ese mismo impulso viajero.
Al principio lo hacíamos como la mayoría: agencias de viajes, avión y hotel.
También con nuestro propio coche y, en ocasiones, en tienda de campaña, utilizando campings o lugares de acampada en espacios naturales, especialmente en la montaña.
Ya en el verano de 1992 dimos un paso importante.
Con un Ford Fiesta y en tienda de campaña, en un viaje de unos 12.000 km, llegamos hasta el mítico Cabo Norte, en la Laponia noruega.
Fue un viaje que nos marcó profundamente y al que, con el paso de los años, hemos regresado en varias ocasiones por distintas rutas y con distintos medios.
En el año 2000 dimos otro paso más: compramos nuestra primera autocaravana.
Sin experiencia previa, nuestro primer viaje fue a Marruecos, en una ruta organizada.
Un viaje que nos fascinó y que, de alguna manera, marcó el inicio de una nueva etapa.
A partir de ahí, ya no paramos.
Más de 400.000 kilómetros después, seguimos en ello.
Los países nórdicos, Gran Bretaña e Irlanda, el centro y sur de Europa, Rusia, Grecia, Turquía, Rumanía, los países bálticos o incluso Islandia y las Islas Feroe han formado parte de nuestros destinos.
Con el paso del tiempo, y también con la edad —porque en esta vida todo pasa factura—, seguimos viajando, aunque de otra manera: más despacio, en rutas más cortas, pero con la misma ilusión.
Viajar en autocaravana ha sido, sin duda, la forma en la que más hemos disfrutado.
No solo por los destinos, sino porque el propio viaje se convierte en parte esencial de la experiencia.
Durante nuestra etapa laboral, los viajes estaban condicionados por el calendario, normalmente limitado al mes de vacaciones, en el que había que atender nuestras obligaciones laborales.
Había que planificar, ajustar tiempos y pensar en el regreso.
Pero con la jubilación llegó algo que valoramos especialmente: la libertad.
Nunca nos ha gustado atarnos a horarios ni a fechas.
Siempre hay un destino de referencia, pero en el día a día nos gusta descubrir; el camino lo vamos decidiendo sobre la marcha.
Muchas veces no sabemos dónde pasaremos la noche.
Depende del lugar, del momento, de lo que nos sugiera la ruta.
Y quizá ahí esté la clave.
Porque para nosotros, viajar nunca ha sido solo desplazarse de un sitio a otro.
Ha sido, y sigue siendo, una forma de entender la vida.
Pedro Ansorena.