sábado, 11 de julio de 2015

Los representantes de los camping de Cantabria se quejan de la competencia desleal que supone, según ellos, la acampada de las autocaravanas.

La situación no es nueva, durante los últimos años esto ocurre frecuentemente cuando llega el verano o estamos inmersos en plena temporada estival. Los responsables de la asociación de algunos camping de Cantabria (hay que aclarar que no todos los camping de la región pertenecen a esta asociación, solo cuentan con una afiliación de aproximadamente el 60%) alzan su voz en los medios de comunicación cántabros y de nuevo nos cuentan que están en contra de que las autocaravanas acampen en los terrenos particulares habilitados como aparcamientos temporal en las proximidades de las playas de la región, alegando que esta práctica es contraria a la legislación vigente en materia de acampada y que por otra parte es una competencia desleal, aclarando tambien, que su desacuerdo no va contra los autocaravanistas si no, contra los propietarios de las fincas que permiten esta situación.

En principio podemos estar de acuerdo con lo que manifiestan los representantes de algunos camping de Cantabria y ningún autocaravanista que utilice su autocaravana como medio de movilidad y alojamiento en viaje debe de estar de acuerdo con la acampada ilegal o indiscriminada, para estas prácticas están los campamentos de turismo autorizados y no los aparcamientos públicos o privados. Pero que sean precisamente los representantes asociativos del camping, quienes hablen de incumplimiento de la normativa o de competencia desleal, quejándose de  que nuestros administradores públicos no hacen nada para solucionar este problema, es para dar pena o partirse de la risa.

Cualquier ciudadano que se acerque con la legislación en la mano por algunos camping (no todos), puede ver o ser testigo, del incumplimiento sistemático, con la legislación  en materia de acampada o campamentos de turismo, cuando no, con otras de rango nacional del medio ambiente, costas etc. etc.

El  caso de la competencia desleal con otras actividades de la que acusan a los autocaravanistas que acampan o a los propietarios de terrenos que facilitan estas prácticas, la situación aun es más ridícula, ¿ que estos señores hablen de competencia desleal es para hacérselo mirar? Es posible que en la comunidad cántabra y la mayoría de las comunidades de España, no exista mayor competencia desleal con las instalaciones de albergues, casas rurales y hoteles, que la que practican la mayoría de los empresarios de camping, al alojar a turistas vacacionales o ciudadanos, en unas instalaciones masificadas, al borde del abuso medioambiental, compuestas por colonias de bungalós, módulos etc, la mayoría con carácter figo o de permanencia, instalaciones que están en el mismo lugar año tras año y hasta que se pudren,  incumpliendo con ello la normativa vigente.


Pedro Ansorena.

martes, 30 de junio de 2015

Problemas con la publicación de los comentarios que llegan al blog.

Desde hace bastante tiempo, aun no sé por qué motivo, no he podido publicar los comentarios de los lectores que me llegan al blog, sobre las entradas  que hago en este.


Al final hoy, después de mucho tiempo revisando el asunto, sin aun encontrar un motivo aparente, he podido publicarlos, pensando que son cosas de la tecnología y sus fallos. 

Por lo tanto y aunque la situación ha sido ajena a mi voluntad, pido disculpas a los lectores que han esperado una respuesta a sus comentarios y no he podido atender, esperemos que en el futuro esta situación no vuelva a suceder.

Pedro Ansorena.

sábado, 2 de mayo de 2015

Acabar con la discriminación en el estacionamiento de autocaravanas y furgonetas camper.

Cada vez somos más los usuarios de autocaravanas y camper que alzamos la voz contra lo que consideramos una injusticia, un abuso de poder y una discriminación. Hace ya más de una década que los autocaravanistas venimos trabajando y colaborando en los ámbitos de la administración pública y política para tratar de mejorar esta situación, entre otras cosas, con la presentación de iniciativas parlamentarias, instando al poder legislativo a que se tomen las medidas oportunas para regular la actividad autocaravanista (en mayo de 2006 presentación de una Moción al Gobierno de la Nación en la Cámara del Senado, en mayo de 2010 presentación de una Proposición no de Ley  en El Congreso de los Diputados). Ambas iniciativas fueron aprobadas por asentimiento general de todos los grupos parlamentarios.

Fruto de esta actividad de trabajo, Las Cortes Generales instan al Gobierno y al poder ejecutivo a cumplir los acuerdos de las Cámaras, creándose dentro del Observatorio Nacional de Seguridad Vial, el grupo de trabajo GT-53 Autocaravanas, grupo que trabajo durante varias sesiones, junto con representantes  de la DGT  y otros Organismos o  representantes de otros colectivos, desarrollando un trabajo con el fin de sacar conclusiones para la elaboración de un texto a incluir en la reforma de futuro RGC, texto legislativo con la intención de que trate de regular y dar solución a algunos de los problemas que afectan a los autocaravanistas y camper en nuestro país. Como solución transitoria y hasta que se aprobase la reforma del  citado RGC, la DGT promulgó la Instrucción 08/V-74  El Manual de Movilidad en Autocaravana, únicos documentos emitidos por un organismo de ambito  nacional   hasta el día de hoy, que tratan  de aclarar y regular la actividad autocaravanista.

Con el paso del tiempo y a pesar de que algunos autocaravanistas con nuestra implicación y trabajo hemos tratado de hacer lo que hemos podido, los citados documentos promulgados por la DGT, en algunos casos, se han mostrado como una medida insuficiente, ya que las instrucciones o recomendaciones que contienen no son respetadas ni atendidas por algunos ámbitos de la administración publica y la DGT parece que tampoco hace nada para que se respeten los preceptos de estos documentos que ellos mismos han publicado.

La situación actual presenta el panorama siguiente: mientras en la mayoría de los países comunitarios, la actividad de viajar habitando, es respetada y vista, tanto por parte de los ciudadanos como por las administraciones públicas, como un beneficio saludable y no como un problema, en España no sabemos por qué extraña razón o motivo, a pesar de las iniciativas, que se han llevado a cabo en los últimos años, promovidas por los autocaravanistas, en algunas regiones y ayuntamientos, los usuarios de autocaravanas y camper son multados y discriminados, frente al resto de los vehículos, simplemente  por ejercer el derecho de aparcar con su vehículo homologado para tal fin, obligando a estas familias de viajeros a vivir en una situación de permanente sobresalto, sin que la administración del Estado y su organismo de la DGT, que son los responsables de la Movilidad de los vehículos y la Seguridad Vial en nuestro país, hagan nada o adopten medidas, como debería de ser su obligación, para tratar de dar solución a este problema.

Si sientes alguna inquietud, preocupación o interés por este problema, seas autocaravanista o no, desde este espacio te solicitamos que nos des tu apoyo, sumándote a la iniciativa para "Acabar con la discriminación en el estacionamiento de autocaravanas y furgonetas camper" promovida por María Fernández Esteban en  www.change.or.

                                          Firma la petición pulsando aquí

Pedro Ansorena.




lunes, 13 de abril de 2015

“A mí no me la dan con queso”

"Decía Juan Benet que la actitud predominante entre los críticos –sobre todo españoles, pero no sólo– era semejante a la de los guardias urbanos o de la porra, como antaño se los llamaba. 


Aquellos individuos, con sus largos abrigos azul marino y sus cascos coloniales blancos, se encaramaban a un pedestal en medio de una plaza o de una encrucijada y, desde su elevación, estaban ojo avizor a ver quién cometía una infracción; luego andaban buscando infracciones y, por tanto, si no las había, se las sacaban de la manga a menudo, porque de otro modo, ¿cómo se justificaban su función y aun su existencia? Esa disposición de los críticos se podía resumir, según Benet, en esta frase: “A mí no me la dan con queso”. Es decir: “¿Que quiere usted circular con un libro, una película, una música que ha hecho? Le voy a demostrar yo que no puede, que su obra está llena de infracciones y que a mí no se me pasa una”. 

Esto significaba que los críticos poseían un rígido código, cada cual el suyo, y que con él iban a medir cuanto se ofreciera a sus ojos u oídos, por innovador que fuese. Este tipo de crítico no sólo no se ha extinguido, sino que ha proliferado con las nuevas generaciones: hay muchos que incluso nos cuentan su vida, sus reacciones viscerales, lo que experimentan ellos mientras leen una novela o ven una película, como si su personalidad y sus hábitos le interesaran al lector lo más mínimo. Sus reseñas pueden empezar así: “Cuando leo un libro de Fulano, me suele ocurrir que …”, o “El problema de esta película es que no me emociona …”, sin caer en la cuenta de que eso puede ser problema subjetivo suyo y no de la obra, y, sobre todo, de que a nadie le importan sus sentimientos (“Haga el favor de no relatarme lo que le pasa a su estómago, que ya tengo yo el mío”, dan ganas de espetarle).

Lo peor es que estas actitudes se han contagiado a buen número de lectores y espectadores y oyentes, los cuales, por principio, se asoman a cualquier manifestación artística con espíritu perdonavidas: “A ver qué nos quiere endilgar este”, se dicen con pésima predisposición y recelo, sea “este” un autor novel o consagrado. La cuestión es partir de la convicción de que quien se ha atrevido a hacer algo pretende estafarnos y “dárnosla con queso”, y ahí estamos nosotros con nuestro silbato para hacerlo sonar al instante y señalar las ilegalidades. No son muchos los lectores y espectadores que hoy se sientan en sus butacas de buena fe, o con ecuanimidad por lo menos. Me recuerdan a los alumnos señoritiles que hace ya 30 años me encontré en la Universidad de Oxford: repantingados, me miraban con condescendencia y escepticismo, como si estuvieran de vuelta de todo. Les podía leer el pensamiento: “A ver qué nos va a contar este español que no sepamos; o que nos interese; o que nos distraiga. Nada, probablemente”. Y entonces se dejaba uno el alma por conseguir que, sin percatarse, se quedaran absortos en lo que escuchaban.

Pero esta, extrañamente (no somos un país muy culto), es una actitud más española que extranjera. Es como si aquí nadie se tuviera en mucho si no se muestra exigente y difícil de seducir, y la cosa se ha propagado tanto que participan de ella hasta los “entregados” aficionados al fútbol, es el colmo. O al menos los de ciertos equipos, con el Real Madrid a la cabeza, que cada vez quieren parecerse más al taurino sobrevenido, es decir, al que no sabe nada de toros. 

Para disimular su ignorancia, no hace sino sacar defectos, abroncar, murmurar “Aquí no hay quien dé un pase”, manifestarse insatisfecho. Como si mostrarse complacido fuera un signo de debilidad, ingenuidad y desconocimiento. Al hincha le trae sin cuidado que el Madrid sea el vigente campeón de Europa, que Cristiano haya marcado más goles por partido que nadie, que Casillas lleve 17 años obrando milagros y salvando al equipo. 

A éste lo escruta cada jornada como si fuera un debutante sospechoso, y demasiados espectadores sostienen el silbato en los labios para soplarlo al primer fallo, deseándolo de hecho, inventándoselo si no se produce. No hay afecto ni gratitud hacia los jugadores, es como si éstos tuvieran la obligación de servirle y nada más, jamás hay reciprocidad, ni comprensión ni ánimos (de compasión ya ni hablemos). Y parece como si ese talante señoritil y severo haya contaminado a gran parte de la población, no se sabe por qué, pues no es que los españoles en su conjunto sean entendidísimos en nada. Si uno echa un vistazo a los mensajes que se dejan en las redes, hay una abrumadora mayoría de denuestos, con frecuencia anticipados: “Habrá que ver qué mierda ha hecho esta vez Fulano”, podría ser el resumen. En todo, no crean: “Menganita iba fatal vestida, y con más arrugas que un pergamino”. A veces da la impresión de que lo último a lo que el español medio está dispuesto es a admirar. Qué digo, ni siquiera a aprobar. Qué digo, ni siquiera a otorgarle a nadie el beneficio de la duda. Como si la mayor desgracia que pudiera ocurrirle es que alguien se la diera con queso y destacara. Pero para eso está él con su resabio, para evitarlo; para tocar el pito y agitar la porra, denunciando las infracciones".

Por Javier Marías.

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