sábado, 2 de mayo de 2015

Acabar con la discriminación en el estacionamiento de autocaravanas y furgonetas camper.

Cada vez somos más los usuarios de autocaravanas y camper que alzamos la voz contra lo que consideramos una injusticia, un abuso de poder y una discriminación. Hace ya más de una década que los autocaravanistas venimos trabajando y colaborando en los ámbitos de la administración pública y política para tratar de mejorar esta situación, entre otras cosas, con la presentación de iniciativas parlamentarias, instando al poder legislativo a que se tomen las medidas oportunas para regular la actividad autocaravanista (en mayo de 2006 presentación de una Moción al Gobierno de la Nación en la Cámara del Senado, en mayo de 2010 presentación de una Proposición no de Ley  en El Congreso de los Diputados). Ambas iniciativas fueron aprobadas por asentimiento general de todos los grupos parlamentarios.

Fruto de esta actividad de trabajo, Las Cortes Generales instan al Gobierno y al poder ejecutivo a cumplir los acuerdos de las Cámaras, creándose dentro del Observatorio Nacional de Seguridad Vial, el grupo de trabajo GT-53 Autocaravanas, grupo que trabajo durante varias sesiones, junto con representantes  de la DGT  y otros Organismos o  representantes de otros colectivos, desarrollando un trabajo con el fin de sacar conclusiones para la elaboración de un texto a incluir en la reforma de futuro RGC, texto legislativo con la intención de que trate de regular y dar solución a algunos de los problemas que afectan a los autocaravanistas y camper en nuestro país. Como solución transitoria y hasta que se aprobase la reforma del  citado RGC, la DGT promulgó la Instrucción 08/V-74  El Manual de Movilidad en Autocaravana, únicos documentos emitidos por un organismo de ambito  nacional   hasta el día de hoy, que tratan  de aclarar y regular la actividad autocaravanista.

Con el paso del tiempo y a pesar de que algunos autocaravanistas con nuestra implicación y trabajo hemos tratado de hacer lo que hemos podido, los citados documentos promulgados por la DGT, en algunos casos, se han mostrado como una medida insuficiente, ya que las instrucciones o recomendaciones que contienen no son respetadas ni atendidas por algunos ámbitos de la administración publica y la DGT parece que tampoco hace nada para que se respeten los preceptos de estos documentos que ellos mismos han publicado.

La situación actual presenta el panorama siguiente: mientras en la mayoría de los países comunitarios, la actividad de viajar habitando, es respetada y vista, tanto por parte de los ciudadanos como por las administraciones públicas, como un beneficio saludable y no como un problema, en España no sabemos por qué extraña razón o motivo, a pesar de las iniciativas, que se han llevado a cabo en los últimos años, promovidas por los autocaravanistas, en algunas regiones y ayuntamientos, los usuarios de autocaravanas y camper son multados y discriminados, frente al resto de los vehículos, simplemente  por ejercer el derecho de aparcar con su vehículo homologado para tal fin, obligando a estas familias de viajeros a vivir en una situación de permanente sobresalto, sin que la administración del Estado y su organismo de la DGT, que son los responsables de la Movilidad de los vehículos y la Seguridad Vial en nuestro país, hagan nada o adopten medidas, como debería de ser su obligación, para tratar de dar solución a este problema.

Si sientes alguna inquietud, preocupación o interés por este problema, seas autocaravanista o no, desde este espacio te solicitamos que nos des tu apoyo, sumándote a la iniciativa para "Acabar con la discriminación en el estacionamiento de autocaravanas y furgonetas camper" promovida por María Fernández Esteban en  www.change.or.

                                          Firma la petición pulsando aquí

Pedro Ansorena.




lunes, 13 de abril de 2015

“A mí no me la dan con queso”

"Decía Juan Benet que la actitud predominante entre los críticos –sobre todo españoles, pero no sólo– era semejante a la de los guardias urbanos o de la porra, como antaño se los llamaba. 


Aquellos individuos, con sus largos abrigos azul marino y sus cascos coloniales blancos, se encaramaban a un pedestal en medio de una plaza o de una encrucijada y, desde su elevación, estaban ojo avizor a ver quién cometía una infracción; luego andaban buscando infracciones y, por tanto, si no las había, se las sacaban de la manga a menudo, porque de otro modo, ¿cómo se justificaban su función y aun su existencia? Esa disposición de los críticos se podía resumir, según Benet, en esta frase: “A mí no me la dan con queso”. Es decir: “¿Que quiere usted circular con un libro, una película, una música que ha hecho? Le voy a demostrar yo que no puede, que su obra está llena de infracciones y que a mí no se me pasa una”. 

Esto significaba que los críticos poseían un rígido código, cada cual el suyo, y que con él iban a medir cuanto se ofreciera a sus ojos u oídos, por innovador que fuese. Este tipo de crítico no sólo no se ha extinguido, sino que ha proliferado con las nuevas generaciones: hay muchos que incluso nos cuentan su vida, sus reacciones viscerales, lo que experimentan ellos mientras leen una novela o ven una película, como si su personalidad y sus hábitos le interesaran al lector lo más mínimo. Sus reseñas pueden empezar así: “Cuando leo un libro de Fulano, me suele ocurrir que …”, o “El problema de esta película es que no me emociona …”, sin caer en la cuenta de que eso puede ser problema subjetivo suyo y no de la obra, y, sobre todo, de que a nadie le importan sus sentimientos (“Haga el favor de no relatarme lo que le pasa a su estómago, que ya tengo yo el mío”, dan ganas de espetarle).

Lo peor es que estas actitudes se han contagiado a buen número de lectores y espectadores y oyentes, los cuales, por principio, se asoman a cualquier manifestación artística con espíritu perdonavidas: “A ver qué nos quiere endilgar este”, se dicen con pésima predisposición y recelo, sea “este” un autor novel o consagrado. La cuestión es partir de la convicción de que quien se ha atrevido a hacer algo pretende estafarnos y “dárnosla con queso”, y ahí estamos nosotros con nuestro silbato para hacerlo sonar al instante y señalar las ilegalidades. No son muchos los lectores y espectadores que hoy se sientan en sus butacas de buena fe, o con ecuanimidad por lo menos. Me recuerdan a los alumnos señoritiles que hace ya 30 años me encontré en la Universidad de Oxford: repantingados, me miraban con condescendencia y escepticismo, como si estuvieran de vuelta de todo. Les podía leer el pensamiento: “A ver qué nos va a contar este español que no sepamos; o que nos interese; o que nos distraiga. Nada, probablemente”. Y entonces se dejaba uno el alma por conseguir que, sin percatarse, se quedaran absortos en lo que escuchaban.

Pero esta, extrañamente (no somos un país muy culto), es una actitud más española que extranjera. Es como si aquí nadie se tuviera en mucho si no se muestra exigente y difícil de seducir, y la cosa se ha propagado tanto que participan de ella hasta los “entregados” aficionados al fútbol, es el colmo. O al menos los de ciertos equipos, con el Real Madrid a la cabeza, que cada vez quieren parecerse más al taurino sobrevenido, es decir, al que no sabe nada de toros. 

Para disimular su ignorancia, no hace sino sacar defectos, abroncar, murmurar “Aquí no hay quien dé un pase”, manifestarse insatisfecho. Como si mostrarse complacido fuera un signo de debilidad, ingenuidad y desconocimiento. Al hincha le trae sin cuidado que el Madrid sea el vigente campeón de Europa, que Cristiano haya marcado más goles por partido que nadie, que Casillas lleve 17 años obrando milagros y salvando al equipo. 

A éste lo escruta cada jornada como si fuera un debutante sospechoso, y demasiados espectadores sostienen el silbato en los labios para soplarlo al primer fallo, deseándolo de hecho, inventándoselo si no se produce. No hay afecto ni gratitud hacia los jugadores, es como si éstos tuvieran la obligación de servirle y nada más, jamás hay reciprocidad, ni comprensión ni ánimos (de compasión ya ni hablemos). Y parece como si ese talante señoritil y severo haya contaminado a gran parte de la población, no se sabe por qué, pues no es que los españoles en su conjunto sean entendidísimos en nada. Si uno echa un vistazo a los mensajes que se dejan en las redes, hay una abrumadora mayoría de denuestos, con frecuencia anticipados: “Habrá que ver qué mierda ha hecho esta vez Fulano”, podría ser el resumen. En todo, no crean: “Menganita iba fatal vestida, y con más arrugas que un pergamino”. A veces da la impresión de que lo último a lo que el español medio está dispuesto es a admirar. Qué digo, ni siquiera a aprobar. Qué digo, ni siquiera a otorgarle a nadie el beneficio de la duda. Como si la mayor desgracia que pudiera ocurrirle es que alguien se la diera con queso y destacara. Pero para eso está él con su resabio, para evitarlo; para tocar el pito y agitar la porra, denunciando las infracciones".

Por Javier Marías.

Fuente de información:


domingo, 5 de abril de 2015

"Ayuntamiento de Santander. Queremos un área de autocaravanas decente"

Más de 10 años llevamos los autocaravanistas  solicitando al ayuntamiento de Santander la creación de un espacio para dar acogida al turismo en autocaravana que decide visitar la ciudad.

Un espacio en una ciudad  turística acorde con las necesidades del turismo en autocaravana, al igual de los miles que hay en toda Europa y los casi 500 que se han ya creado en la mayor parte de las ciudades y pueblos turísticos de España. Sin embargo, los regidores municipales en un alarde de falta de sensibilidad y cortedad de miras, hace unos años (quizás para tratar de quitarnos del medio) se han despachado con   la mayor chapuza de área para autocaravanas creada en toda Europa, un espacio lo más alejado posible de los lugares de visita y disfrute de la ciudad, creado en "el quinto pino" en un lugar ruidoso e inseguro, un espacio que no reúne ninguna condición para los turistas viajeros en autocaravana, que durante estos años apenas ha sido utilizado por nadie, un espacio, donde el dinero público gastado en el ha sido tirado y malgastado inútilmente.

Con esta desafortunada iniciativa del ayuntamiento, estos no han conseguido quizás su objetivo de quitarnos del medio, todo lo contrario, cada vez hay más autocaravanistas que continúan promoviendo iniciativas para tratar de que los regidores municipales de Santander reconsideren el asunto y de una vez por todas creen el área de autocaravanas que Santander y sus habitantes se merecen y necesita.

Si te parece interesante esta nueva iniciativa de petición creada por Eduardo  Gutiérrez  Bueno  en   Change.org

lunes, 23 de marzo de 2015

Un buen lugar para disfrutar de la gastronomía canaria en el sur de Tenerife.

En el sur de Tenerife en la proximidad de la población de Guargacho (Arona) - N-28º02'44'' W-16º37'43''  (anunciado en su exterior con la imagen de un gran cordero tallado en la frondosidad vegetal de unos laureles de indias) se ubica el Restaurante "Guachinche" "El Cordero". Un lugar diferente con una oferta gastronómica de calidad y precio a tener en cuenta.





El aspecto podría parecer al de un Guachinche muy grande, pero aunque algunos de los platos que se ofrecen son similares a estos, no tiene nada que ver con los tradicionales Guachinches del norte de la isla, esto es algo diferente.





El restaurante está ubicado en una casa de agricultores rodeado de una platanera en la que se ha prolongado en ésta un espacio creado en el mismo invernadero. En el interior podemos encontrar amplios comedores, ubicados en diferentes zonas o terrazas que albergan unas 300 mesas, eso sí, la decoración es muy natural y original con diversas plantas colgantes, el lugar es algo húmedo y fresco con suelo de tierra volcánica, que junto con el trinar de los pájaros, dan al conjunto un ambiente de singularidad tropical y agradable.







La comida servida con rapidez y trato amable, destaca por una buena variedad de la cocina tradicional canaria con las ensaladas tropicales, parrilladas de carne acompañadas de papas, gofio, garbanzas, cordero etc, el trato es muy agradable y los precios son populares entre 15 y 20 € por persona.





Al final de la comida y con la cuenta, la sorpresa salta cuando, te obsequian con un puñado de exquisitos plátanos cogidos de la platanera, todo un placer. Tambien te ofrecen productos de la explotación agrícola, como las papayas, que se pueden comprar frescos y a buen precio.

Pedro Ansorena.