miércoles, 27 de agosto de 2025

Nota de prensa.

Nota de prensa sobre la problemática de la presencia de las autocaravanas en Santander, publicada en El Diario Montañés, el periódico de más tirada de Cantabria. Es una carta al director, una pequeña reseña, pero algo es algo, ya que en el citado diario es difícil que te publiquen un artículo sobre este asunto, pero al menos en esta nota de prensa en el espacio que te permiten de 200 palabras, un autocaravanista dispone de la oportunidad de poder exponer desde su punto de vista, la opinión que le merecen las medidas discriminatorias y disuasorias que el ayuntamiento está tomando contra los autocaravanistas que se acercan a visitar la ciudad sin buscar otras soluciones que no sean la de la sanción y la exclusión.

Pedro Ansorena Antón.




martes, 26 de agosto de 2025

✅ Santander vuelve a dar la espalda a las autocaravanas.

Hace apenas unos días publicaba en este mismo blog una reflexión sobre las dificultades de viajar a Santander en autocaravana. Pues bien, hoy me encuentro con un nuevo ejemplo de cómo el Ayuntamiento continúa con su política de acoso y expulsión hacia quienes nos desplazamos en este tipo de vehículos.

En el barrio de Valdenoja, en la calle Pellegrini Zuñer, junto a un colegio y a dos supermercados (Mercadona y Lupa), existe un amplio aparcamiento situado a unos 6 km del centro y a unos 2 km de las playas. Es un espacio con piso de grava, tranquilo y poco utilizado, ya que no es una zona de la ciudad de saturación y prácticamente todas las viviendas de la zona cuentan con garaje. Era, hasta ayer, posiblemente el único lugar de la ciudad donde las autocaravanas podían estacionar con seguridad, sin molestar a nadie y con buena conexión de transporte público hacia el centro (líneas urbanas de autobús 1 y 2, además de la cercanía de un carril bici).

El uso ordenado de un espacio publico

Allí solían aparcar a diario en verano unas 30 autocaravanas, y en invierno alrededor de 10, que no encontraban espacio ni en la ciudad (plagada de señales restrictivas) ni en el escaso y único área municipal para autocaravanas. Sus ocupantes permanecían uno o dos días, el tiempo suficiente para visitar Santander, aparcando sus vehículos conforme a la instrucción de tráfico PROT 2023/14 👉Ver documento. sin desplegar elementos al exterior, desplazándose en transporte público o bicicleta y consumiendo en los comercios de la zona. Era un turismo discreto, respetuoso y beneficioso para la economía local.

La sorpresa

Sin embargo, esta mañana me he encontrado con la desagradable sorpresa de que el aparcamiento estaba vacío. El motivo: la instalación, al parecer ayer mismo, de una señal restrictiva que prohíbe estacionar a vehículos de más de 1,8 toneladas, excepto turismos. Una señal tan arbitraria como ilegal, porque el Catálogo oficial de señales 👉Ver catalogo de señalizacion aquí. no contempla prohibiciones diseñadas para expulsar selectivamente a un tipo de vehículos, en este caso las autocaravanas.

  La imagen que incluyo aquí habla por sí sola

Un aparcamiento amplio, llano y vacío, convertido de la noche a la mañana en espacio excluyente. El mensaje que envía el Ayuntamiento es claro: por extrañas razones, las autocaravanas no son bienvenidas en Santander.

Lo más preocupante es que esta decisión no viene acompañada de alternativas. La ciudad cuenta únicamente con un área para autocaravanas de escasas 25 plazas, totalmente insuficiente para la demanda, especialmente en temporada alta. El resultado es evidente: expulsar a visitantes que en cualquier otra ciudad europea serían recibidos con normalidad.

A esta política restrictiva se suma el eco que ciertos medios locales dan a las quejas de vecinos intolerantes o desinformados. Quejas que no tienen fundamento y que solo refuerzan prejuicios injustos contra un tipo de turismo que crece cada año en Europa y que, en Santander, parece condenado a la persecución.

Como vecino de esta ciudad, no puedo evitar sentir vergüenza. Vergüenza de unos responsables municipales que malgastan recursos públicos en colocar señales discriminatorias, y vergüenza también de una parte de la ciudadanía que, en lugar de convivir y aprovechar la riqueza que trae este turismo, opta por señalar y excluir.

 Crear incentivos de futuro

Santander tiene una oportunidad: abrirse al autocaravanismo, modernizar su oferta turística y aprender de lo que se hace en el resto de España y de Europa, dando acogida a un turismo que ha decidido viajar en autocaravana y que cada vez está más presente en ciudades y pueblos de todo el continente. Pero mientras tanto, lo que demuestra es justo lo contrario: que aquí, a las autocaravanas, se las quiere fuera.

✍️ Pedro Ansorena Antón.







domingo, 24 de agosto de 2025

✅ Santander y las autocaravanas: entre la prohibición y la oportunidad.

Un verano más, y como ya es costumbre, regresan a la prensa cántabra y a las redes sociales las quejas sobre la presencia de autocaravanas en las calles y aparcamientos de Santander. 



El Diario Montañés y otros periódicos o TV. han vuelto a situar el tema en portada, esta vez por la polémica generada tras el anuncio del Ayuntamiento de crear un área de autocaravanas en Mataleñas.

En este caso, la protesta no se centra tanto en la actividad autocaravanista como en el lugar elegido, considerado por algunos vecinos un espacio de especial protección. Lejos de verse como una oportunidad de ordenación, la propuesta ha sido recibida como un “búnker de cemento” en un espacio natural. Leer la noticia aquí.

Ver noticia TV. aquí.

Sin embargo, no se trata de un conflicto nuevo ni aislado. Desde hace años, en diferentes barrios de la capital cántabra surgen voces contrarias a la presencia de autocaravanas. Hay vecinos que, al ver una autocaravana aparcada en su calle, aunque esté correctamente estacionada, no dudan en llamar a la policía local. Lo llamativo es que, al analizar los argumentos, rara vez se sustentan en razones objetivas o legales. Se repiten frases como: “no nos gustan”, “son ilegales” o “por qué no se van al camping”. Lo cierto es que ni lo uno ni lo otro es cierto: las autocaravanas son vehículos como cualquier otro a efectos de circulación y estacionamiento en España y Europa, y además cuentan con un marco jurídico claro recogido en el Diario de Sesiones de las Cortes Generales, con aprobaciones parlamentarias en cuatro ocasiones, y en la instrucción de tráfico PROT 2023/14, que establece las condiciones en que pueden habitarse como vehículo-vivienda. Ver aquí el documento.

 La singularidad santanderina

Llevo muchos años viajando en autocaravana por Europa y también resido buena parte del año en Santander. En ningún otro lugar he percibido una reacción tan hostil y reiterada hacia las autocaravanas como aquí. Parece que, en ciertos sectores de la sociedad santanderina, lo que incomoda no son solo estos vehículos: también molesta todo aquello que no encaje en una visión de ciudad orientada a un supuesto “turismo de calidad”, entendido como yates, pistas de tenis, campos de golf, hoteles y apartamentos turísticos.

Esa concepción excluyente explica, en parte, por qué los autocaravanistas no somos bien recibidos. Se nos percibe como visitantes “incómodos”, aunque lleguemos a la ciudad con intención de conocerla, consumir en sus comercios y formar parte de su vida urbana como cualquier otro turista.

Prohibiciones arbitrarias y sanciones

El rechazo institucional, alentado por los prejuicios de una parte de la sociedad santanderina, se traduce en la señalización urbana. Santander es probablemente la ciudad española con mayor número de señales de prohibición contra las autocaravanas. En cualquier calle, avenida o aparcamiento de la ciudad que el ayuntamiento o algun ciudadano quejoso vea una autocaravana aparcada correctamente, de inmediato el acoso está asegurado y aparece la señal de prohibición de aparcamiento superior a 1,8 toneladas excepto turismos.

Hace unos años se usaban señales específicas con el pictograma del vehículo y la grúa; hoy se ha optado por una táctica más “disimulada”: señales que prohíben el estacionamiento a vehículos de más de 1,8 toneladas, excepto turismos, pese a que en esos lugares no existe justificación física ni técnica para esa limitación.

Conviene recordar que los ayuntamientos como titulares de las vías públicas y sus aparcamientos, son los responsables civiles y penales de lo que le pueda suceder a un vehículo y sus ocupantes por su negligencia. Por ello siempre que existe un riesgo físico o de otra naturaleza, están obligados a adoptar medidas preventivas, y la señalización es una de ellas. Pero  la colocación de una señal de limitación de peso sin estar justificada, solo para excluir a las autocaravanas es un acto arbitrario. La contradicción es clara: si el turismo sobre pasa ese peso no tiene problema, pero una autocaravana sí. A eso se suman las multas y el cepo, medidas aplicadas con frecuencia de forma selectiva contra las autocaravanas y no contra otros vehículos. Una política de sanción que convierte a la ciudad en un espacio hostil para un tipo de turismo que crece año tras año en toda Europa.

La estrategia del Ayuntamiento

El Ayuntamiento, lejos de afrontar la realidad con soluciones, parece haberse instalado en el acoso de la prohibición como respuesta. Y cuando ofrece alternativas, estas son insuficientes: las llamadas “áreas gueto”, con capacidad para medio centenar de vehículos, cuando la presencia real de autocaravanas en la ciudad alcanza varios cientos al día.

Además, sorprende comprobar que la interlocución del Consistorio no es con los autocaravanistas ni con sus asociaciones —los que realmente conocemos la problemática y podríamos aportar soluciones—, sino con los empresarios de camping. Una visión reduccionista, porque la autocaravana no es un elemento de camping, sino un vehículo con derechos y obligaciones propios dentro del RGC. Santander, de hecho, solo cuenta con dos campings en su término municipal, que además permanecen saturados en verano o cerrados buena parte del año.

Mirar a Europa: organizar en vez de prohibir

La paradoja es que, mientras en Santander se apuesta por la expulsión, en ciudades europeas de mucho mayor tamaño —como Colonia, Múnich, Berlín o Roma, entre otras— ante el problema y la complejidad del aparcamiento de vehículos en los centros urbanos, se desarrollan soluciones inteligentes y sostenibles.

Entre ellas, los llamados Rider Park, aparcamientos para toda clase de vehículos en las afueras que cuentan con conexión directa en transporte público al centro urbano. Una forma de compatibilizar la presencia de todo tipo de vehículos, incluidas las autocaravanas, con la movilidad urbana, sin recurrir a prohibiciones ni sanciones.

Europa produce y matricula cada año más de cien mil autocaravanas. Le guste o no a Santander y a sus ciudadanos o regidores, la presencia de estos vehículos seguirá creciendo. Ignorar la realidad y legislar a golpe de veto no solo es inútil, sino contraproducente: priva a la ciudad de un flujo turístico diverso y en expansión.

 ✅ Convivencia o enfrentamiento

En definitiva, el problema de fondo no es la presencia de autocaravanas, sino la falta de visión, diálogo y organización. Cuando los colectivos implicados se sientan a hablar con los administradores públicos, aportando sus experiencias viajeras con la intención de buscar soluciones, siempre es posible compatibilizar intereses y convivencias. Pero si se opta por la imposición y la exclusión, lo único que se logra es alimentar el enfrentamiento.

Lo lamento por mi ciudad, pero creo que ir contra lo evidente no resuelve nada. En el mundo del turismo, si nos respetamos y nos organizamos hay sitio para todos; si no lo hacemos, la convivencia se vuelve imposible.

Santander tiene en sus manos la oportunidad de ser referente en gestión turística moderna o de convertirse en símbolo de rechazo y atraso.

La elección, tarde o temprano, tendrá consecuencias.

✍️ Pedro Ansorena Antón.


jueves, 21 de agosto de 2025

✅La importancia de llamar a las cosas por su nombre.

A pesar de todo el camino recorrido durante años de trabajo para situar al autocaravanismo en el lugar que creo que le corresponde, todavía hoy nos encontramos con muchas personas —tanto en nuestro entorno cercano como fuera de él— que, desconociendo o sin reparar en lo que realmente es una autocaravana y para qué sirve, la ubican en categorías que poco o nada tienen que ver con su verdadera naturaleza.

Se da la paradoja de que, cuando comentas a alguien que viajas en autocaravana, a menudo no saben de qué hablas. Su primera reacción es imaginar una caravana y, automáticamente, asociarla con el camping. Esta percepción no es casual: es lo que habitualmente oyen o leen en los medios de comunicación y, a veces, también en boca de algunos autocaravanistas que, por costumbre o comodidad, llaman “caravana” a su autocaravana.

En Europa en algunos países la cuestión terminológica está  más definida. En Italia se habla de camper, en buena parte del continente de mobilhome, en Francia lo contrario, el colmo de la deformación conceptual: camping-car. Y, sin embargo, en esos países la sociedad parece más receptiva o menos prejuiciosa con las nuevas formas de viajar. La confusión de nombres no genera allí tantos problemas como en España, donde las palabras pesan más, moldean percepciones sociales y acaban influyendo en la forma en que buena parte de la ciudadanía y de las administraciones públicas nos ven y nos tratan.

Consecuencias de no llamar a las cosas por su nombre

Cualquiera que observe el panorama del autocaravanismo español, sea usuario o no, se dará cuenta de la gran confusión existente sobre qué es realmente una autocaravana, cuál es su concepto y con qué fin ha sido diseñada y homologada.

El término “autocaravana” no es una ocurrencia ni una moda. Es un vehículo homologado por el Estado, definido y aprobado en sesiones parlamentarias y recogido hasta en cuatro ocasiones en el Diario de Sesiones de las Cortes Generales, uno de los lugares en donde reside el alto poder legislativo: 👉 Ver documento. Pag. 25. Y allí no se define nada más que con el nombre de autocaravana y actividad autocaravanista.

Además, figura en el Reglamento General de Circulación, cuyo anexo de definiciones clasifica la autocaravana como vehículo construido con propósito especial, incluyendo alojamiento vivienda y con asientos para sus ocupantes. Y en la ficha técnica de cualquier autocaravana aparece claramente como Vehículo vivienda, códigos 2448 o 3248...........

A pesar de esta definición inequívoca, todavía hay quienes la llaman “caravana”, y a su actividad “caravaning”, “campismo”, “albergue móvil” o “alojamiento turístico al aire libre”......

Ante tanta confusión, no resulta extraño que, aun con la legalidad que nos ampara —desde los debates parlamentarios aprobados, hasta documentos como la instrucción de tráfico PROT 2023/14 👉 Ver instrucción  unos nos quieren enviar directamente al camping. Otros, en cambio, nos sitúan en categorías tan dispares como el circo, el mercadillo o el mundo romaní.

A veces incluso se nos cuelga el sambenito de “gente rara que anda por ahí en vehículos que no gustan, o interrumpen molestando y quitando aparcamientos a los coches”, personas a las que “hay que mantener a raya” y que se deberían de expulsar del espacio urbano o “irse al camping”. Esto provoca situaciones absurdas, como la que viví personalmente: un vecino, al ver de noche una autocaravana estacionada con personas dentro en un aparcamiento público, llamó a la policía convencido de estar actuando como un buen ciudadano frente a un “acto incívico”.

 ✅ La confusión que alimentamos los propios autocaravanistas

No podemos ignorar que, en ocasiones, los propios autocaravanistas contribuimos a esta desinformación. Muchas veces, quizá por abreviar o por no dar la importancia que merece el lenguaje, llamamos “caravana” a nuestra autocaravana. Ese pequeño gesto, aparentemente inofensivo, no hace más que reforzar la confusión y alimentar el desconocimiento generalizado sobre quiénes somos y qué hacemos.

Conviene subrayarlo: una caravana es un remolque, con derechos y obligaciones distintos. Sin animo de desprecio a nada ni a nadie, una autocaravana es otra cosa.

La autocaravana: un vehículo, no un alojamiento turístico

Conviene recordarlo con claridad: una autocaravana no es ni una caravana, ni un turismo, ni un camping-car, ni un albergue móvil, ni un alojamiento turístico.

Es, por encima de todo, un vehículo a motor. En su ficha técnica figura como vehículo vivienda, y esa es su verdadera naturaleza: un medio de transporte que proporciona movilidad en viaje y alojamiento en destino. Nada más, y nada menos.

Su uso es tan variado como el de cualquier otro vehículo: desplazarse para hacer turismo o disfrutar del tiempo libre, asistir a un espectáculo, visitar a familiares o amigos, acudir al trabajo… Y, además, permite comer, dormir, usar el aseo, leer un libro, ver la televisión o simplemente mirar por la ventana, con el derecho indiscutible a estacionar en cualquier lugar permitido sin interrumpir la circulación ni la maniobra de otros vehículos.

Lo curioso es que en esto no difiere de otros medios de transporte que también ofrecen comodidad durante el viaje: camiones, autobuses, barcos, trenes o aviones. Todos ellos cuentan con literas, camas, aseos, cafeterías o comedores, y nadie piensa que sean “alojamientos turísticos” ni que compitan con hoteles, pensiones o campings. Cada uno cumple su función. Y a nadie se le ocurre quitárselos de en medio enviando al camping.

✅ Una mirada a Europa

En Europa los nombres cambian, pero la integración social es distinta. En Italia el término camper se acepta con naturalidad; en Francia se utiliza camping-car sin que ello suponga problemas legales ni limitaciones indebidas; y en Alemania se habla de Wohnmobil (vehículo vivienda) con absoluta normalidad.



La diferencia es que allí, pese a la diversidad terminológica, la sociedad y la administración tienen claro de qué se trata. En España, en cambio, la falta de claridad en el lenguaje alimenta la confusión, los prejuicios de muchos ciudadanos y, lo que es más grave, los de algunos responsables públicos, hace que la autocaravana y su actividad a pesar de lo evidente no acabe de encajar en nuestra sociedad como se merece.

Conclusión: llamar a las cosas por su nombre

Si aceptamos y repetimos denominaciones equivocadas, reforzamos la confusión social y jurídica que tanto daño nos hace. Y si queremos que la autocaravana ocupe el lugar que le corresponde en la sociedad, es absolutamente necesario empezar por lo más básico: llamarla por su nombre.

Una autocaravana es una autocaravana.

Un vehículo vivienda, códigos 2448 o 3248........ en la ficha técnica.

Nada más, y nada menos.


✍️ Pedro Ansorena Antón.