Cuando la protesta ocupa la carretera.
Desde siempre he tratado de mantener un principio b谩sico: cuando surge un problema, lo primero es analizarlo con serenidad, empat铆a y voluntad de di谩logo. Buscar soluciones que no perjudiquen innecesariamente a las partes deber铆a ser siempre el punto de partida.
Sin embargo, tambi茅n soy consciente de que no siempre es posible. Hay situaciones en las que el ego铆smo, la falta de empat铆a o intereses concretos hacen inviable cualquier intento de acuerdo razonado.
El derecho a manifestarse.
La huelga o la manifestaci贸n son derechos constitucionales plenamente leg铆timos. Son herramientas legales que los ciudadanos pueden utilizar cuando se sienten perjudicados.
Pero precisamente por su importancia, entiendo que deben emplearse cuando otras v铆as ya se han intentado y, sobre todo, cuando se han agotado. Muchas veces est谩s convocatorias de manifestaci贸n, por su car谩cter de convivencia entre los participantes, se convierten en convocatorias atractivas para los participantes, pero en realidad lo que hab铆a que valorar, no es el resultado de car谩cter l煤dico o de convivencia de la convocatoria, sino para qu茅 nos reunimos y el resultado del d铆a despu茅s.
Vamos a fijarnos en las estrategias empleadas por el mundo sindical. Estos suelen recurrir a la manifestaci贸n cuando las mesas de negociaci贸n se han roto, precisamente para reactivarlas mostrando una posici贸n de fuerza que les permita obtener avances. En algunos casos, estas movilizaciones llegan a generar situaciones de tensi贸n, con intervenci贸n de las fuerzas de seguridad o incluso paralizaci贸n de la actividad productiva.
Una diferencia importante.
En el caso del autocaravanismo, conviene preguntarse: ¿qu茅 capacidad real de presi贸n tenemos m谩s all谩 de generar molestias en la circulaci贸n o en la vida cotidiana de los ciudadanos?
Conviene no perder de vista un aspecto esencial: estamos hablando de una actividad de ocio.
Por muy leg铆timos que sean nuestros planteamientos, no estamos defendiendo salarios, pensiones u otros derechos b谩sicos. Eso no significa que el ocio no tenga valor, pero s铆 obliga a actuar con una mayor responsabilidad estrat茅gica.
El problema de la percepci贸n social.
Uno de los principales problemas que tenemos como colectivo es la imagen que parte de la sociedad tiene de nosotros y, desde mi punto de vista, esa imagen dif铆cilmente se va a cambiar mediante manifestaciones masivas en la calle que generen molestias.
Esta percepci贸n est谩 condicionada, en muchos casos, por:
- la falta de una labor did谩ctica de quienes somos y a qu茅 nos dedicamos.
- Comportamientos inc铆vicos de una minor铆a.
- Prejuicios acumulados con el tiempo.
- Y, en ocasiones, campa帽as interesadas de determinados sectores econ贸micos.
Esta percepci贸n tambi茅n influye en nuestros administradores p煤blicos, que a veces toman decisiones bajo esa presi贸n social.
¿Es el momento de manifestarse?
Con la situaci贸n actual —y la gran presencia de autocaravanas por todas partes— una manifestaci贸n con cientos de veh铆culos puede generar un impacto importante en la vida cotidiana de los ciudadanos.
Y aqu铆 surge el riesgo: si se percibe como una molestia, puede volverse en contra del propio colectivo.
Por eso, una manifestaci贸n puede convertirse en un arma de doble filo si no se valora cuidadosamente.
Una experiencia personal.
Mi experiencia en este tipo de movilizaciones ha sido limitada, pero significativa. Particip茅 en su d铆a en la denominada “Marcha a Madrid”, celebrada un 30 de octubre del a帽o 2010.
https://www.elmundo.es/elmundo/2010/10/22/madrid/1287734663.html
De aquella manifestaci贸n saqu茅 una conclusi贸n clara: m谩s que una acci贸n reivindicativa efectiva, fue una convivencia. Es cierto que hubo una importante presencia de autocaravanas circulando por Madrid, en un recorrido autorizado, y el ambiente fue, en general positivo, no hubo incidencias.
Sin embargo, el d铆a despu茅s no ocurri贸 absolutamente nada. No hubo continuidad, ni interlocuci贸n, ni avances. Simplemente, la movilizaci贸n se diluy贸.
Esa experiencia me lleva a reflexionar sobre situaciones actuales que me plantean una duda razonable:
¿la convocatoria de manifestaciones responden a una estrategia con objetivos concretos de una negociaci贸n previa o posterior, o como la convocatoria vivida en Madrid corren el riesgo de quedarse en una demostraci贸n de participaci贸n sin recorrido real?
El d铆a despu茅s.
No se trata de estar en contra de las manifestaciones. Son un derecho y, en determinados contextos, pueden ser necesarias.
Pero hay una pregunta clave que debemos hacernos antes de convocarlas:
¿Qu茅 ocurre al d铆a siguiente?
Si despu茅s de la movilizaci贸n no existe una interlocuci贸n clara, una mesa de di谩logo o una estrategia definida, el esfuerzo puede quedar en nada.
Una reflexi贸n final:
Antes de dar ese paso, conviene analizar bien el contexto, medir las consecuencias y, sobre todo, asegurarse de que existen v铆as reales para transformar esa acci贸n en resultados.
Porque manifestarse es un medio, no un fin.
Y sin una estrategia posterior, el impacto puede ser mucho menor de lo que esperamos… o incluso jugar en nuestra contra.
Pedro Ansorena.

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