DIRECTORIO DE ENTRADAS.

domingo, 31 de mayo de 2026

Del Goierri al Matarraña: viajar y comprobar cómo ha cambiado el autocaravanismo en España.


La presencia de las autocaravanas en los destinos turísticos españoles es hoy una realidad cada vez más visible.

Durante la última semana hemos tenido ocasión de comprobarlo una vez más en un viaje que, aunque nació sin un itinerario demasiado definido, terminó convirtiéndose en una pequeña reflexión sobre la evolución del autocaravanismo en nuestro país.

Entre el viernes 22 y el viernes 29 de Mayo realizamos una salida con nuestra autocaravana que comenzó con el viaje desde Santander a el Goierri guipuzcoano.

Nuestro primer destino fue la bonita localidad de Zegama, donde visitamos a unos amigos y permanecimos desde el viernes hasta el lunes en el área de autocaravanas situada en la parte alta del pueblo, junto al interesante Museo de la Madera. Por cierto, un precioso museo que ya conocíamos pero que nuevamente nos sorprendió y que, si os acercáis por Zegama, no os deberíais perder.

Desde allí, en compañía de nuestros amigos Javier, José Ángel, Murillo y de Imanol Artola Agirretxe, impulsor junto al Ayuntamiento de Zegama del interesante Museo de la Madera y antiguo guarda del Parque Natural de Aizkorri-Aratz, recorrimos algunos de los lugares más emblemáticos del entorno.

Disfrutamos del Parque Natural de Urbasa, en la cercana Navarra, y visitamos también el Santuario de Nuestra Señora de Arantzazu. Gracias a la estrecha relación que Imanol mantiene desde hace años con la comunidad franciscana del monasterio, tuvimos la oportunidad de acceder a algunos espacios interiores que habitualmente pasan desapercibidos para muchos visitantes.

Allí pudimos contemplar con tranquilidad las pinturas de Javier de Eulate expuestas en los pasillos del monasterio, además de admirar el extraordinario conjunto artístico que conforman las aportaciones de Jorge Oteiza, Néstor Basterretxea, Carlos Pascual de Lara y el arquitecto Francisco Javier Sáenz de Oiza.

Fueron jornadas magníficas, combinando naturaleza, patrimonio, gastronomía, amistad y el privilegio de descubrir algunos rincones menos conocidos de uno de los lugares más emblemáticos del País Vasco.


Nuestro plan inicial era prolongar el viaje unos días más sin un rumbo demasiado concreto, aunque con la idea de dirigirnos hacia el Bajo Aragón, una comarca que ya habíamos visitado años atrás y que nos había dejado un excelente recuerdo.

El martes, al mediodía, partimos desde Zegama atravesando la meseta navarra y continuando hacia Zaragoza y Alcañiz. Fue una jornada de carretera marcada por el contraste de paisajes: los verdes intensos del norte fueron dando paso poco a poco a los tonos dorados de los campos de cereal bajo un calor ya plenamente veraniego.

Durante los días siguientes recorrimos varias de las poblaciones históricas del Bajo Aragón y de la comarca del Matarraña. Alcañiz, Calaceite, La Fresneda y Valderrobres volvieron a sorprendernos por la belleza de sus conjuntos urbanos. Sus plazas porticadas, las calles empinadas, los palacios de piedra, las iglesias y los castillos de origen medieval convierten esta zona en uno de los rincones con más personalidad de Aragón.


Sin embargo, hubo otro aspecto que llamó especialmente mi atención.

En prácticamente todas las localidades visitadas encontramos áreas o aparcamientos para autocaravanas con servicios, generalmente bien situados y con un acceso cómodo a los centros históricos.

En algunos casos, incluso aparecían señalizados en los planos turísticos distribuidos por las oficinas de información.

Puede parecer un detalle menor, pero para quienes llevamos muchos años viajando en autocaravana estás iniciativas representa un cambio muy significativo.

A pesar de que todavía existen municipios donde persisten restricciones injustificadas o interpretaciones discutibles sobre la presencia de las autocaravanas, resulta satisfactorio comprobar cómo muchos destinos turísticos han entendido que este tipo de turismo itinerante forma parte ya de la realidad del sector y merece ser atendido mediante infraestructuras adecuadas.

Recorriendo las comarcas del Bajo Aragón es difícil no recordar aquellos comienzos de los años 2000.

Entonces la presión turística era mucho menor y los conflictos también eran menos visibles, pero la carencia de servicios específicos para autocaravanas era prácticamente absoluta.

Viajar suponía improvisar constantemente y encontrar un punto de vaciado o un lugar adecuado para estacionar era, en muchas ocasiones, una auténtica aventura.

Hoy la situación es muy diferente. El crecimiento del autocaravanismo ha traído nuevos retos y nuevos debates, pero también ha impulsado la creación de cientos de áreas y espacios de acogida por toda España.

Muchas de ellas han surgido gracias a la iniciativa de municipios que han comprendido el valor económico y social que aporta este tipo de turismo. Pero también son el resultado de años de trabajo, diálogo y reivindicación por parte de muchos autocaravanistas y de  asociaciones que han contribuido a normalizar nuestra presencia como viajeros.

Quizá por eso, mientras recorríamos las calles medievales del Matarraña, no pude evitar pensar en todo lo que ha cambiado el panorama en apenas veinticinco años.

Queda mucho camino por recorrer, pero también conviene detenerse de vez en cuando para reconocer los avances conseguidos.

Y este viaje ha sido una buena ocasión para hacerlo.

Pedro Ansorena.

miércoles, 27 de mayo de 2026

Cantabria, el coche eléctrico y las contradicciones del modelo turístico aplicado a las autocaravanas.


En los últimos días el Gobierno de Cantabria ha anunciado, a través de Cantur, empresa participada que gestiona los recursos turísticos de Cantabria, la puesta en funcionamiento de 74 puntos de recarga para vehículos eléctricos distribuidos en distintas instalaciones turísticas de la comunidad autónoma.

Cantur pone en servicio 74 puntos de recarga para vehículos eléctricos

La iniciativa refleja una apuesta clara por facilitar la movilidad eléctrica y por adaptar el territorio a las nuevas formas de desplazamiento sostenible.

Y, sinceramente, me parece una decisión lógica e inteligente.

Sin embargo, al mismo tiempo, Cantabria acaba de aprobar también un nuevo decreto turístico sobre áreas de autocaravanas.

Decreto de Turismo de Cantabria sobre áreas de autocaravanas

Y es precisamente al observar ambas decisiones conjuntamente cuando aparece una reflexión que, a mi juicio, resulta muy interesante.

Porque el contraste entre ambas políticas públicas revela dos formas muy distintas de entender la movilidad turística.

El coche eléctrico: movilidad a facilitar

En el caso del coche eléctrico, la administración entiende perfectamente que:

  • hay que crear infraestructuras de apoyo,
  • facilitar la autonomía energética,
  • integrar estos vehículos en el territorio,
  • y permitir que sus usuarios puedan desplazarse y permanecer cerca de sus destinos.

Nadie plantea enviar los coches eléctricos a espacios apartados o alejados de los lugares de trabajo, visita o interés turístico.

Al contrario: se instalan puntos de recarga precisamente allí donde las personas quieren ir, al trabajo, las compras, las zonas deportivas de ocio o de visita.

Es decir, la infraestructura acompaña a la movilidad.

La autocaravana: movilidad convertida en alojamiento

Sin embargo, cuando hablamos de autocaravanas, el enfoque cambia radicalmente.

La autocaravana deja de ser vista principalmente como un vehículo y pasa a interpretarse desde parámetros turísticos o de alojamiento.

Entonces aparecen:

  • limitaciones,
  • segregaciones,
  • zonas específicas,
  • regulaciones de permanencia,
  • y una tendencia creciente a concentrarlas en espacios determinados, muchas veces alejados de los centros urbanos o turísticos.

Y ahí surge una contradicción evidente.

Porque la autocaravana comparte precisamente muchos de los principios de movilidad sostenible que hoy se atribuyen al vehículo eléctrico.

La gran paradoja energética

Existe además una cuestión de fondo que raramente aparece en el debate público.

La autocaravana moderna dispone de una enorme capacidad de autonomía energética.

Gracias al espacio disponible en sus techos o almacen, muchas incorporan:

  • paneles solares,
  • baterías auxiliares,
  • sistemas de autoconsumo,
  • iluminación LED,
  • frigoríficos de bajo consumo,
  • e incluso sistemas muy eficientes de gestión energética como acondicionadores de aire.

Durante días enteros, muchas familias pueden vivir viajando utilizando exclusivamente energía limpia generada por sus propios paneles solares o su alternador cuando están en marcha y viajando.

Porque el coche eléctrico depende completamente de infraestructuras externas de recarga. Necesita conectarse constantemente a una red cuya energía, además, no siempre sabemos de dónde procede realmente.

En realidad, desde el punto de vista energético, una autocaravana puede llegar a ser mucho más autónoma que un coche eléctrico convencional, entre otras cosas porque no solo te ofrece la movilidad en viaje, también el alojamiento, el descanso y el aseo.

La autocaravana, en cambio, puede mantener gran parte de su autonomía energética de forma autosuficiente.

Además de esto, en el día a día de la convivencia en la autocaravana, tanto los niños como los mayores se educan en un espacio de uso responsable de la energía y el agua, ya que esta, a diferencia de los hogares, es limitada y hay que usarla con racionalidad. No se debe dejar el grifo permanentemente abierto mientras te lavas los dientes, ni la luz encendida permanentemente si no se necesita.

Y, sin embargo, es precisamente la autocaravana la que con frecuencia sigue siendo observada como un problema territorial.

¿Qué ocurrirá en el futuro?

La pregunta que quizá deberíamos empezar a hacernos es otra.

¿Qué ocurrirá cuando las propias autocaravanas incorporen también motores eléctricos o híbridos enchufables de forma generalizada?

Porque ese futuro ya está llegando.

Entonces tendremos vehículos:

  • eléctricos,
  • con autoconsumo solar,
  • energéticamente autónomos durante largas estancias,
  • y concebidos para una movilidad turística descentralizada.

¿Seguiremos entonces enviándolos a espacios apartados de sus destinos?

¿Seguiremos intentando esconderlos para que no se vean?

¿Seguiremos considerando que un vehículo estacionado correctamente deja de ser un vehículo simplemente porque sus ocupantes duermen o viven temporalmente en su interior?

Tal vez el verdadero problema no sea tecnológico, ni energético, ni siquiera turístico.

Tal vez el problema sea que muchas administraciones continúan analizando la autocaravana desde prejuicios y esquemas conceptuales del pasado.

Mientras el coche eléctrico es visto como símbolo de la movilidad del futuro, la autocaravana sigue siendo tratada en demasiadas ocasiones como un alojamiento incómodo al que hay que ordenar, limitar o concentrar.

Y quizá haya llegado el momento de comprender que ambos fenómenos forman parte, en realidad, de una misma transformación de la movilidad contemporánea y que hay que abordarla con una mentalidad actual y no del pasado.

Pedro Ansorena.

viernes, 22 de mayo de 2026

El decreto de turismo de Cantabria y el futuro modelo del autocaravanismo.



Con la publicación oficial en el BOC el día 20 de mayo de 2026 del nuevo decreto de turismo de Cantabria sobre áreas de autocaravanas.

BOC Cantabria - Decreto sobre áreas de autocaravanas

Comienzan a despejarse muchas de las dudas e interpretaciones que durante las últimas semanas han circulado en medios y redes sociales.

Y quizás la primera conclusión que puede extraerse del texto es importante:

El decreto cántabro no entra frontalmente en la regulación de la autocaravana como vehículo ni invade de forma directa las competencias estatales en materia de tráfico y circulación.

Algo que, por otra parte, difícilmente podía hacer.

Aunque ya hace más de veinte años que la Dirección General de Turismo de Cantabria reconocía que en materia de circulación y aparcamiento de vehículos no disponía de competencias.

Documento de la Dirección General de Turismo de Cantabria

La normativa estatal, las instrucciones de la DGT y la propia doctrina administrativa ya han venido dejando claro desde hace años —y parece que, a medida que los gobiernos regionales aprueban decretos sobre autocaravanas, se van sentando precedentes administrativos que otras comunidades podrían terminar tomando como referencia— que la permanencia o descanso de personas en el interior de una autocaravana correctamente estacionada no altera por sí misma su condición de estacionamiento.

Una situación que hasta la fecha muchas policías locales no reconocían y estaban sancionando a las autocaravanas correctamente aparcadas en algunos núcleos urbanos de Cantabria como acampada, por el simple hecho de que sus ocupantes estaban en su interior.

Al menos en el decreto este hecho queda aclarado.

Por ello, el decreto cántabro se mueve principalmente dentro del ámbito turístico y de la regulación de infraestructuras de acogida, definiendo:

  • áreas de autocaravanas,
  • requisitos técnicos,
  • condiciones de implantación,
  • servicios,
  • titularidad pública o privada,
  • y funcionamiento de estos espacios.

Además, el texto parece asumir de forma bastante clara la diferencia entre:

  • estacionamiento,
  • y acampada.

Un aspecto importante porque evita entrar en contradicción directa con la filosofía que desde hace años mantiene la DGT sobre el uso de las autocaravanas como vehículos vivienda homologados.

En mi opinión, lo que el decreto hace al no contemplar la autocaravana como instalación turística ni alterar su consideración como vehículo —sin invadir competencias del Estado, algo que otras regulaciones sí han intentado— es más importante de lo que puede parecer.

Porque en materia de regulación autonómica del autocaravanismo todavía nos encontramos en una fase muy temprana y la experiencia demuestra que lo que algunas comunidades hacen, otras terminan observándolo, copiándolo o utilizándolo como referencia.

Sin embargo, mirando el texto con atención, se percibe que el verdadero interés del decreto quizás no se encuentre tanto en lo que prohíbe, sino en el modelo territorial y turístico que parece impulsar, ya que nombra constantemente a las áreas de autocaravanas junto a los campings.

Y este detalle quizás no sea menor.

Porque aunque jurídicamente el decreto no convierte la autocaravana en una instalación turística, sí parece integrar administrativamente ambos conceptos dentro de una misma política turística de acogida.

Una circunstancia que, a medio plazo, podría terminar reforzando una visión del autocaravanismo más vinculada al alojamiento regulado que a la movilidad.

Porque a lo largo del texto sí se aprecia una clara voluntad de:

  • favorecer la creación de áreas,
  • flexibilizar su implantación y facilitar su viabilidad empresarial,
  • ampliar capacidades,
  • y canalizar el creciente fenómeno del turismo itinerante hacia espacios específicamente regulados.

Especialmente significativa resulta la eliminación del límite máximo de plazas previsto anteriormente para este tipo de instalaciones, facilitando que la explotación empresarial de estas pueda resultar más rentable.

Y este aspecto tampoco parece un simple detalle técnico.

Porque la desaparición de límites favorece la aparición de áreas de gran capacidad y modelos más próximos a espacios de concentración turística que a pequeñas infraestructuras integradas en la movilidad local.

Algo que, por otra parte, ya empieza a observarse en algunas zonas de España, donde muchas áreas gratuitas o de pequeñas dimensiones están evolucionando hacia instalaciones cada vez más grandes, profesionalizadas y orientadas a modelos de explotación económica.

Y ahí es donde probablemente aparece el verdadero debate de fondo.

¿Infraestructura de acogida o modelo de concentración y explotación?

Las áreas de autocaravanas no son, en sí mismas, un problema.

De hecho, en muchos casos son necesarias y positivas, especialmente cuando ofrecen:

  • servicios básicos,
  • integración urbana,
  • y proximidad razonable a los lugares de visita.

El problema aparece cuando las áreas dejan de entenderse como apoyo a la movilidad y empiezan a convertirse, de forma directa o indirecta, en el único espacio donde parece aceptarse la presencia de una autocaravana.

Y esa diferencia no es menor.

Porque una cosa es ofrecer infraestructuras.

Y otra muy distinta que la existencia de esas infraestructuras termine utilizándose posteriormente como argumento para restringir el estacionamiento ordinario en otros lugares del municipio.

Ese riesgo quizás no aparece expresamente en el decreto autonómico, pero sí puede surgir más adelante a través de determinadas ordenanzas municipales que impidan o alejen el aparcamiento de las autocaravanas en la proximidad de nuestros destinos.

Porque el decreto parece asumir algo importante: la autocaravana como vehículo continúa perteneciendo al ámbito de la movilidad regulada por el Estado, pero el viajero autocaravanista empieza a ser gestionado cada vez más desde políticas turísticas y territoriales.

Y ese cambio de enfoque puede tener consecuencias importantes en el futuro.

El problema no es la distancia. Es la desconexión.

En muchos países europeos existen áreas situadas fuera de los centros urbanos que funcionan razonablemente bien porque son creadas con la visión de integrar, no de separar, pensadas dentro de la movilidad de la ciudad y conectadas con el transporte público.

Ciudades como Colonia o Berlín utilizan sistemas similares a los “Park & Ride”:

  • espacios sencillos de estacionamiento,
  • puntos de servicio,
  • y conexión con transporte público.

En esos casos, el autocaravanista puede acceder cómodamente al centro urbano sin necesidad de introducir vehículos con dificultad de estacionamiento en zonas congestionadas, especialmente en la proximidad de cascos históricos con gran atractivo turístico.

Y ahí el modelo puede resultar perfectamente razonable.

El problema aparece cuando las áreas se sitúan:

  • en polígonos,
  • periferias aisladas,
  • o zonas sin transporte público ni conexión funcional con el destino.

Entonces dejan de ser una solución de movilidad para convertirse muchas veces en espacios de segregación.

Y esta cuestión no es menor si se tiene en cuenta que una parte importante de los usuarios de autocaravanas somos personas mayores, parejas con niños o viajeros con ciertas limitaciones físicas, que necesitamos espacios que faciliten nuestra movilidad para acercarnos razonablemente a los lugares que visitamos o donde necesitamos utilizar determinados servicios.

Porque la verdadera finalidad del autocaravanismo no consiste únicamente en viajar y estacionar un vehículo.

Consiste en poder acceder al uso y disfrute del territorio.

Pedro Ansorena.

miércoles, 20 de mayo de 2026

¿Hacia dónde está evolucionando el autocaravanismo en España?

Área de autocaravanas de "Parque la  granja" en la periférica de la ciudad de León, antes gratuita y ahora de pago en máquina expendedora de ticket.

Viajar hoy en autocaravana por muchas regiones de España ya no tiene nada que ver con lo que encontrábamos quienes comenzamos a hacerlo a principios de los años 2000.

Durante un reciente recorrido por Castilla y León, mientras atravesaba carreteras y autovías de nueva construcción en medio de un paisaje primaveral precioso, donde la presencia de autocaravanas es ya constante —y eso que aún no estamos en periodo vacacional—, no podía evitar hacer una reflexión:

El autocaravanismo español ha cambiado profundamente.

Y probablemente seguirá cambiando.

Quienes vivimos aquellos primeros años recordamos una realidad muy distinta:

  • escasez absoluta de áreas de servicio o de puntos de vaciado,
  • desconocimiento normativo sobre el derecho al estacionamiento de las autocaravanas.

En aquel momento, el principal objetivo del colectivo era simplemente conseguir algo básico:

que una autocaravana fuese tratada como lo que realmente es, un vehículo homologado sujeto a las normas generales de circulación y estacionamiento y puntos ecológicos en donde vaciar y llenar nuestros depositos.

Han pasado más de veinte años y sería injusto negar que muchas cosas han mejorado, entre ellas la base normativa que se ha creado, partiendo desde las Cortes Generales hasta la propia Dirección General de Tráfico.

Hoy, viajando por España, uno encuentra:

  • áreas de autocaravanas en numerosos municipios,
  • puntos de servicio,
  • señalización específica,
  • mayor normalización social,
  • y una presencia constante de estos vehículos tanto en carreteras como en núcleos urbanos.

La diferencia respecto al año 2000 es enorme.

Sin embargo, junto a esa evolución positiva, también comienzan a percibirse nuevas tendencias que merecen una reflexión serena.

Porque el crecimiento del fenómeno autocaravanista ha cambiado también la forma en que muchas administraciones observan esta realidad.

Hace años, las autocaravanas eran vistas casi como un problema marginal. Hoy, en algunos lugares, comienzan a percibirse además como:

  • un flujo turístico,
  • un elemento a gestionar,
  • en ocasiones incluso como una fuente de ingresos,
  • pero también como un problema.

Y ahí aparece una tendencia cada vez más visible:

las ordenanzas municipales, restrictivas o reguladoras, encaminadas a concentrar las autocaravanas en espacios específicos, regulados, alejados de los centros urbanos y frecuentemente sujetos a pago.

Durante este último viaje, y en otros anteriores por distintas comunidades, he podido comprobar cómo muchos municipios han desarrollado áreas organizadas, algunas de ellas con:

  • control automatizado,
  • barreras,
  • sistemas digitales de acceso,
  • cámaras,
  • aplicaciones,
  • y máquinas de cobro.

No hablo aquí de campings tradicionales, sino de espacios específicamente diseñados para canalizar el estacionamiento de autocaravanas.

Uno de los ejemplos que más me hizo reflexionar durante este viaje fue comprobar cómo algunas áreas que originalmente eran gratuitas, como la del Parque de La Granja en León, han evolucionado hacia modelos regulados mediante control y pago automatizado. El pago en si mismo no es un problema, el problema reside en el modelo de futuro que representa

Y esto plantea una pregunta de fondo:

¿Estamos asistiendo simplemente a una mejora lógica de infraestructuras y servicios o a una progresiva transformación del modelo de movilidad autocaravanista?

Porque una cosa es disponer de servicios útiles y otra muy distinta que el estacionamiento ordinario vaya siendo sustituido poco a poco por espacios específicos de uso condicionado.

La comparación con la rápida expansión de las infraestructuras para vehículos eléctricos resulta inevitable.

En pocos años han aparecido puntos de recarga por todas partes: en gasolineras, espacios comerciales, deportivos o de ocio, incluso en pequeños municipios.

Sin embargo, los autocaravanistas llevamos más de dos décadas reclamando algo tan básico como puntos de servicio dignos y suficientes, y todavía son escasos.

Y quizá la diferencia de trato tenga mucho que ver con cómo se percibe cada vehículo.

El coche eléctrico es visto claramente como movilidad. La autocaravana, en cambio, continúa siendo percibida por muchas administraciones más como alojamiento turístico que como vehículo. Pongamos el caso del decreto de turismo de Canarias, en donde ya se nombra como el de “Otros Alojamientos al Aire Libre”.

Ahí probablemente reside una de las claves históricas del conflicto.

Porque cuando una autocaravana se asocia al concepto camping o alojamiento, el debate deja de centrarse únicamente en:

  • circulación,
  • estacionamiento,
  • o movilidad.

Para pasar a mezclarse con:

  • intereses turísticos,
  • regulación del alojamiento,
  • actividad económica,
  • y modelos de explotación del territorio.

Y posiblemente eso explique parte de lo ocurrido en España durante todos estos años.

No obstante, tampoco sería justo caer en posiciones simplistas.

La realidad actual es compleja.

Muchas de las nuevas áreas responden también a necesidades reales:

  • gestión de residuos,
  • control de saturación,
  • convivencia urbana,
  • mantenimiento,
  • y organización de espacios cada vez más demandados.

Además, el enorme crecimiento del número de autocaravanas hace difícil pensar que el escenario actual pueda gestionarse exactamente igual que hace veinte años.

Quizá el verdadero debate de futuro ya no sea si deben existir áreas de autocaravanas.

Probablemente eso forma ya parte irreversible de la evolución del sector.

La cuestión importante quizá sea otra:

si esas áreas serán un complemento útil dentro de la movilidad autocaravanista… o si terminarán convirtiéndose progresivamente en el único espacio social y administrativamente aceptado para estos vehículos.

Porque hace veinte años luchábamos simplemente por poder estacionar y gestionar nuestros residuos.

Hoy, tal vez el debate empieza a desplazarse hacia dónde y bajo qué condiciones o intereses podremos seguir haciéndolo.

Pedro Ansorena.

jueves, 14 de mayo de 2026

¿Áreas de acogida o espacios de confinamiento?

 


La reciente aprobación en Cantabria de un nuevo decreto para simplificar los trámites y requisitos de las áreas de autocaravanas puede interpretarse, en principio, como una noticia positiva.

El Diario / Decreto de áreas de autocaravanas en Cantabria

Facilitar la creación de espacios destinados al turismo en autocaravana parece responder al crecimiento de una actividad viajera cada vez más extendida y con una importante repercusión económica en muchos municipios.

Sin embargo, detrás de este tipo de medidas también comienza a surgir una pregunta de fondo que, quizás, merece una reflexión más profunda:

¿Estas áreas nacen para facilitar la movilidad de las autocaravanas o para concentrarlas en espacios específicos alejándolas del estacionamiento ordinario?

Porque la cuestión no está realmente en si las áreas son necesarias o no. En mi opinión, las áreas son positivas y muchas veces necesarias.

El problema aparece cuando estas dejan de entenderse como un servicio complementario y empiezan a convertirse en el único espacio donde parece aceptarse la presencia de una autocaravana.

Y esa diferencia no es menor.

El autocaravanista no busca un camping encubierto.

Con el paso de los años, viajando por España y por buena parte de Europa, uno acaba observando algo bastante evidente: la mayoría de los autocaravanistas no demandamos grandes infraestructuras sofisticadas.

Lo que realmente se necesita suele ser mucho más sencillo:

  • un punto de vaciado y carga de aguas,
  • un lugar tranquilo y discreto donde descansar,
  • y la posibilidad de estacionar cerca de los lugares de visita.

Nada más. 

Para otras comodidades, si nos apetece ya disponemos de la oferta que nos ofrecen los camping, pero siempre voluntario no de uso obligado.

Las autocaravanas modernas ya incorporan:

  • baño,
  • ducha,
  • cocina,
  • camas,
  • calefacción,
  • depósitos,
  • autonomía eléctrica,
  • y todo lo necesario para viajar con independencia.

Por eso, muchas veces sorprende observar cómo algunas administraciones parecen orientar el modelo hacia espacios cada vez más parecidos a pequeños campings:

  • con duchas,
  • baños,
  • tomas de corriente,
  • mesas exteriores,
  • zonas recreativas,
  • recintos delimitados,
  • y, cada vez más, sistemas de pago.

Todo ello puede ser legítimo como oferta turística. El problema aparece cuando ese modelo termina utilizándose como argumento para desplazar a las autocaravanas fuera del espacio urbano ordinario, ignorando los derechos que estas tienen como vehículos.

La diferencia entre acoger y apartar.

No todas las áreas responden a la misma filosofía.

Existen municipios que entienden perfectamente la lógica del turismo itinerante y su integración con el resto de vehículos, creando pequeños espacios en aparcamientos públicos compartidos con otros vehículos, próximos a los centros urbanos, integrados en la vida local y pensados como apoyo a la movilidad.

En esos casos:

  • el comercio local se beneficia,
  • el visitante consume en el municipio,
  • y la autocaravana forma parte natural del entorno urbano.

Un ejemplo interesante lo ofrece la ciudad de Palencia ( ciudad en la que hemos descansado está noche en su área): dotada de toma de agua, descarga de váter y aguas grises, cubos de basura, carteles anunciando los atractivos de la ciudad y aparcamientos alternativos en caso de saturación, situada en un aparcamiento común próximo al centro de la ciudad, utilizado por vehículos de igual o menor peso a 3.500 kg.

Con plazas señaladas para turismos y autocaravanas, una estancia máxima de 72 horas y gratuita para todos los vehículos. Un modelo que integra y no discrimina por la construcción o destino de uso del vehículo.

Además, salvo casos justificados, en la capital palentina las autocaravanas no tienen restringido el aparcamiento en el resto de la ciudad. Un modelo a tener en cuenta como referencia de lo que queremos y necesitamos los autocaravanistas y si el modelo Palencia fuese de pago para todos los vehículos, el concepto no cambia, es lo mismo.

Pero también existen otros modelos donde las áreas aparecen alejadas de los lugares de interés:

  • en polígonos,
  • periferias,
  • descampados,
  • o espacios claramente concebidos para “quitar las autocaravanas de en medio”.

Y ahí es donde comienza a percibirse otro enfoque muy distinto: no tanto facilitar la acogida como concentrar y controlar.

O, lo que quizás resulta aún más preocupante, esconder la presencia de las autocaravanas simplemente porque a algunos, por desconocimiento o prejuicios, no les gusta verlas integradas en el espacio urbano.

El riesgo de confundir vehículo con alojamiento.

Desde hace años, el debate jurídico del autocaravanismo en España gira alrededor de una cuestión esencial: la autocaravana es un vehículo.

Y mientras esté correctamente estacionada conforme a las normas generales de tráfico y seguridad vial, no existe obligación legal de utilizar un área específica.

Las instrucciones de la DGT y la propia doctrina administrativa han venido diferenciando claramente:

  • estacionar,
  • de acampar.

Sin embargo, cada vez parece más evidente la tendencia a trasladar el fenómeno del autocaravanismo desde el ámbito de la movilidad hacia el ámbito exclusivamente turístico o alojativo.

Y ese cambio conceptual tiene consecuencias importantes.

Porque si la autocaravana deja de verse como vehículo para pasar a gestionarse únicamente como alojamiento turístico itinerante, el riesgo es evidente: que el estacionamiento ordinario termine siendo progresivamente sustituido por espacios específicos, regulados y, muchas veces, de pago.

El autocaravanismo necesita normalidad.

Quizás el error esté en no entender todavía qué es realmente el autocaravanismo.

La mayoría de quienes viajamos en autocaravana no buscamos instalaciones complejas.

Buscamos algo mucho más simple:

  • movilidad,
  • libertad de itinerario,
  • tranquilidad,
  • y normalidad.

Poder detenernos cerca de un pueblo, visitar su entorno, consumir en su comercio, descansar discretamente y continuar el viaje al día siguiente.

Eso es precisamente lo que ha hecho crecer este modelo de turismo itinerante en buena parte de Europa.

Por eso, las áreas de servicio son bienvenidas. Especialmente cuando ayudan a facilitar el viaje.

Pero quizás convenga reflexionar sobre hacia dónde puede conducir un modelo basado exclusivamente en concentrar a las autocaravanas en recintos específicos.

Porque una cosa es ofrecer servicios.

Y otra muy distinta convertir esos servicios en el único lugar donde parece tolerarse nuestra presencia y lo que aún es peor, en un negocio.

Pedro Ansorena.

Nota: 

Leer  👇


Creo que sobre este asunto del decreto de turismo de la comunidad Cantabra, hay que esperar a que realmente lo adelantado de este sea oficial y se publique  en el BOC de Cantabria.

De momento éste artículo del blog, esta fundamentado solo en las publicaciones que sobre el asunto aparecen en los medios.

Es decir, nada oficial. 

Según esos medios y su análisis del decreto, el enfoque de partida no es la movilidad, sino la actividad turística. Y eso encaja exactamente con lo que ya vengo señalando desde hace años: muchas comunidades autónomas abordan el fenómeno desde Turismo porque es la competencia que poseen. 

Pero al mismo tiempo, la propia norma parece reconocer implícitamente los límites competenciales que tiene.

Porque, al menos por lo publicado hasta ahora, el decreto:

regula áreas,

requisitos,

explotación pública o privada,

condiciones de prestación,

seguridad,

accesibilidad,

y ordenación del sector,

pero no parece atreverse a redefinir jurídicamente el estacionamiento de un vehículo en vía pública, algo que pertenece al ámbito estatal de tráfico y circulación.  Lo que es lo mismo, las consecuencias  del trabajo realizado durante años fruto de las iniciativas parlamentarias presentadas y aprobadas en las Cortes Generales.

Y ahí es donde creo que el análisis de lo que se publica del decreto de Cantabria gana todavía más fuerza.

Porque cuanto más se observa el enfoque oficial, más parece que el Gobierno cántabro ha entendido algo importante: una cosa es regular infraestructuras turísticas, y otra distinta invadir competencias estatales sobre vehículos y estacionamiento y meterse en un conflicto con el Estado. Ahí precisamente es en donde está el fruto de nuestro trabajo durante años, que las CCAA no se atreven, sin invadir competencias, a legislar sobre el vehículo autocaravana, solo sobre su actividad.

Además, hay un detalle muy revelador en la documentación de tramitación: la propia memoria normativa reconoce que el objeto del decreto es regular “campamentos de turismo y áreas de servicio para autocaravanas” dentro de la Ley de Ordenación del Turismo de Cantabria. 

Eso significa que hasta que podamos ver y analizar el documento oficial del BOC, jurídicamente el decreto se mueve dentro del ámbito turístico autonómico, no dentro del régimen jurídico estatal de circulación.

Y por eso creo que : ¿qué otra cosa podía hacer el Gobierno cántabro?

Probablemente poco más que:

ordenar áreas,

facilitar infraestructuras,

reconocer la existencia del turismo itinerante,

y asumir que el estacionamiento de vehículos sigue dependiendo del marco estatal.

Otra cuestión distinta es lo que luego intenten hacer:

determinados ayuntamientos,

ordenanzas municipales,

interpretaciones policiales,

o presiones sectoriales.

Pero eso ya sería otro nivel del problema  con el que los autocaravanistas tenemos  que convivir y tratar de abordar o solucionar.

De hecho, una de las cosas más interesantes que empiezan a aparecer aquí es que el decreto cántabro quizá no representa tanto un intento de prohibir la pernocta como un intento de ordenar el crecimiento del fenómeno turístico sin entrar frontalmente en conflicto con la doctrina estatal de la DGT.

Y sinceramente, eso cambia bastante la lectura inicial que podía hacerse sólo a partir de algunos titulares de prensa.

Creo que en él  futuro y cuando aparezca en el BOE de Cantabria el documento oficial, este dará materia para con la ayuda de un amigo especialista jurídico que siempre colabora conmigo en el análisis jurídico de estas cosas, con su análisis y conclusiones, nos motivara para abordar la posible publicación de un artículo más profundo y más jurídico: no sobre si las áreas son buenas o malas, sino sobre:

qué pueden regular realmente las Consejerías de Turismo de una Comunidad Autónoma en materias qué corresponde al Estado, y cómo conviven —o chocan— ambos ámbitos en el autocaravanismo español. 🤗


jueves, 7 de mayo de 2026

📘 EL AUTOCARAVANISMO EN ESPAÑA (2000–2026) Relato de una experiencia.

 


Después de muchos años de trabajo, experiencias, documentos, viajes y reflexiones, dejo disponible en acceso libre este trabajo recopilatorio sobre la evolución del autocaravanismo en España entre los años 2000 y 2026.

No se trata de un estudio académico ni de una publicación comercial.

Es simplemente el relato de una experiencia vivida desde dentro, elaborado con voluntad divulgativa y memoria histórica.

El documento se ofrece gratuitamente y sin monetización, únicamente para lectura y consulta personal.

© Pedro Ansorena Antón, 2026.

📖Leer el libro en PDF.


viernes, 1 de mayo de 2026

El día después: ¿y ahora qué?.

           Cuando la protesta ocupa la carretera.

La reciente manifestación de autocaravanas celebrada en Tenerife, al igual que otras convocadas en distintos puntos, ha contado con una participación notable con una presencia y repercusión mediatica evidente.

Cuando un colectivo decide salir a la calle para hacerse ver y notar, la participación es un factor clave. Desde ese punto de vista, la movilización puede considerarse un éxito. Vaya por delante, por tanto, el reconocimiento a quienes la han hecho posible.

Los mensajes lanzados han sido claros: el colectivo reivindica ser escuchado y respetado.

Sin embargo, una vez finalizada la movilización, surge inevitablemente una pregunta que considero esencial:

¿y ahora qué?

Más allá de la movilización.

Las manifestaciones son una herramienta legítima. Forman parte de los mecanismos de participación de los ciudadanos.

Pero su verdadera eficacia no se mide por el número de vehículos participantes ni por la repercusión en los medios, sino por su capacidad para generar consecuencias reales.

Y esas consecuencias, si se pretenden obtener, pasan necesariamente por algo concreto:

  • interlocución
  • negociación
  • y resultados

El riesgo de quedarse en la superficie.

Aunque la exposición pública ha sido notable y, desde ese punto de vista, el objetivo se ha cumplido, si tras la movilización no existe una vía clara de diálogo con las administraciones, el riesgo es evidente:

que la manifestación quede reducida a un acto puntual, con un impacto mediático limitado en el tiempo.

En ese caso, el esfuerzo realizado por quienes participan puede diluirse rápidamente, sin continuidad ni efectos prácticos.

La pregunta clave.

Más allá del éxito de participación o visibilidad, la cuestión de fondo sigue siendo la misma, si se pretende obtener resultados más allá de la exposición pública:

  • ¿Existe una estrategia posterior a la manifestación?
  • ¿Hay interlocutores definidos?
  • ¿Se ha abierto alguna vía de negociación?
  • ¿Se han planteado objetivos concretos?

Deseo sinceramente que así sea. Pero para que lo sea, es necesario que exista una continuidad real más allá de la movilización.

Una reflexión necesaria.

No se trata de cuestionar la legitimidad de la movilización. Se trata de analizar su utilidad.

Porque, como ya he señalado en otras ocasiones, el verdadero valor de una manifestación no está en el momento en que se celebra, sino en lo que ocurre después.

En el caso del archipiélago canario, además, conviene tener presente que, aunque comparte elementos comunes con otros territorios, la realidad presenta características propias que requieren un enfoque específico.

(Ver: El autocaravanismo en Canarias: más allá de una regulación)

Un problema que va más allá de Canarias.

Situaciones como la que se está produciendo en Canarias no son un caso aislado.

En otros territorios, como se refleja en recientes informaciones sobre la provincia de Cádiz, el aumento del uso de autocaravanas está generando también dificultades a los ayuntamientos, que en muchos casos oscilan entre la permisividad, el vacío normativo o la sanción como única respuesta.

Ver noticia de Cadiz.

Este tipo de reacciones pone de manifiesto que, ante la falta de una estrategia clara y de una interlocución eficaz, la respuesta administrativa tiende a ser defensiva, más orientada a limitar que a ordenar.

La opinión pública: un factor determinante.

Tras la manifestación, más allá de las imágenes y las declaraciones, hay un elemento que conviene analizar con detenimiento: la reacción de la ciudadanía.

No debemos olvidar que ejercemos una actividad de ocio, y como tal somos percibidos por una parte importante de la sociedad.

Los comentarios en prensa y redes sociales ofrecen una visión directa de cómo se percibe este tipo de movilizaciones. No tanto los comentarios de quienes formamos parte del colectivo, sino los de quienes nos observan desde fuera.

Y esa percepción, nos guste o no, forma parte del contexto en el que nuestros responsables públicos toman decisiones que afectan al autocaravanismo. Ignorarla sería un error.

Entre los comentarios aparecidos en medios y redes sociales tras la manifestación, hay uno que, más allá del tono, refleja con bastante claridad el contexto en el que nos movemos.

No habla de rechazo específico al autocaravanismo, sino de algo más amplio: la saturación turística.

Viviendas destinadas al turismo, llegada masiva de cruceros, presión sobre los espacios públicos… y, dentro de ese escenario, también la presencia de autocaravanas.

La cuestión de fondo no parece ser tanto quiénes somos o qué hacemos, sino cómo se percibe el uso del espacio en un entorno cada vez más tensionado.

Y esa percepción, nos guste o no, condiciona la respuesta social y administrativa.

Una semana después.

Transcurrida una semana desde la manifestación, comienzan a observarse algunos movimientos por parte de los convocantes.

Se han realizado gestiones ante distintas administraciones, así como reuniones con representantes políticos y otros actores vinculados al sector turístico, como Ashotel.

Esta última reunión con empresarios de un sector que pueden ser contrarios a nuestro intereses, puede estar motivada por la complejidad del escenario canario, que, a diferencia de otros territorios, quizas exige tener en cuenta a los gestores de intereses turísticos.

Estos pasos indican que la movilización no se ha quedado en sí misma y que existe una voluntad de dar continuidad a las reivindicaciones.

Sin embargo, a día de hoy, no se aprecian todavía resultados concretos ni la apertura de un proceso claro de interlocución institucional.

Habrá que ver si estos primeros movimientos se consolidan en una estrategia capaz de generar avances reales, que es, en definitiva, donde se mide la eficacia de este tipo de iniciativas.

Actualización: el enfoque de la futura regulación

En los últimos días han aparecido informaciones que apuntan a la elaboración de un reglamento específico en Canarias para el fenómeno de las autocaravanas.

En este punto conviene detenerse en el enfoque desde el que se plantea dicha regulación. Algunas referencias sitúan la cuestión en el ámbito turístico, bajo denominaciones como “otros alojamientos al aire libre”.

Este planteamiento no es menor, ya que desplaza el eje desde la consideración de la autocaravana como vehículo hacia su interpretación como forma de alojamiento.

Y ese cambio de enfoque puede tener consecuencias relevantes en la forma en que se ordene la actividad, especialmente en lo relativo al uso del espacio público.

Habrá que ver si la futura regulación logra equilibrar ambos aspectos —movilidad y actividad— o si, por el contrario, deriva en modelos excesivamente restrictivos que limiten el desarrollo natural del autocaravanismo.

Este es, probablemente, uno de los puntos clave que marcarán el futuro del autocaravanismo en Canarias.

Conclusión:

El día después de una manifestación es, en realidad, el momento más importante.

Es ahí donde se comprueba si ha sido el inicio de un proceso…
o simplemente un acto sin continuidad.

Y eso es lo que, con el paso de los días, terminará dando la respuesta.

Pedro Ansorena.