DIRECTORIO DE ENTRADAS.

domingo, 8 de marzo de 2026

Capítulo 10. Covaleda (Soria): cuando la oportunidad apareció en un camping.

Tras las reflexiones que me habían llevado a mirar hacia el ámbito institucional —inspirado en buena medida por el proyecto italiano— como posible vía para avanzar en el reconocimiento del autocaravanismo en España, todavía no tenía claro cómo podía iniciarse ese camino.

Lo que sí tenía claro era que la idea existía y que el autocaravanismo español no podía quedarse únicamente en la visita uno por uno a los más de ocho mil ayuntamientos del país.

Había que intentar algo más, pero faltaba encontrar la forma de llevarlo a la práctica.

Y, como ocurre muchas veces en la vida, la oportunidad apareció en el lugar más inesperado.

Entrada y recepción del camping de Covaleda (Soria), conocido como “Refugio de Pescadores”. En este lugar, durante el verano de 2004, se produjo el encuentro que acabaría abriendo el primer contacto del movimiento autocaravanista con el ámbito político nacional.

En el verano de 2004, durante una salida de fin de semana por la provincia de Soria junto con otra familia autocaravanista de Santander, decidimos hacer noche en el camping de Covaleda, conocido como “Refugio de Pescadores”.

Aquel camping no nos era desconocido. Ya lo habíamos visitado en alguna ocasión con motivo de una convivencia llamada entonces “engord@r”, organizada por el portal campista Solocamping.com, donde se reunían usuarios de autocaravanas y caravanas para convivir un fin de semana.

La idea inicial era quedarnos solo una noche.

Pero al llegar nos encontramos con una sorpresa.

En el camping se encontraba Eduardo Arenillas (Arena) junto con su esposa Amelia y otros autocaravanistas procedentes de Andalucía. Entre ellos se encontraba también el matrimonio sevillano al que ya conocíamos de la reunión celebrada en la playa de Toró, en los primeros tiempos de la Plataforma de Autocaravanas Autónoma.

Decidimos estacionar nuestras autocaravanas cerca de donde estaban ellos y pasar el rato charlando.

En una de aquellas conversaciones, Eduardo me comentó que entre los autocaravanistas presentes se encontraba un matrimonio de Jerez de la Frontera que podría resultar interesante conocer.

Se trataba de Irene Canca y su marido Fernando, que viajaban con sus hijos.

Eduardo me explicó que Irene era autocaravanista y tenía relación con el ámbito político de Andalucía y que quizá podría ayudarnos a abrir algún contacto institucional.

Añadió además que, como yo disponía de bastante información del proyecto PACA —ya que en aquel momento era uno de los delegados de la plataforma en Cantabria más activos—, podía intentar hablar con ellos para explicarles nuestro trabajo y ver si podían ayudarnos a establecer algún contacto político.

La sugerencia me pareció interesante.

Al día siguiente Eduardo me presentó al matrimonio Canca y mantuvimos una conversación tranquila con ellos, en la que les expliqué el trabajo que desde la PACA estábamos desarrollando para impulsar el reconocimiento del autocaravanismo y la creación de infraestructuras para esta forma de viajar.

Irene, que entonces era diputada del Parlamento de Andalucía por el PSOE, escuchó con interés las explicaciones. Comentó que, fruto de su actividad política, mantenía contactos con diputados y senadores nacionales de su grupo parlamentario y que trataría de ponerme en contacto con algunos de ellos que pudieran interesarse por el proyecto.

Aquella reunión tuvo además una situación curiosa.

En el camping, junto al grupo de autocaravanistas andaluces, se encontraba también el entonces vicepresidente de la FECC junto con su esposa.

Eduardo mantenía relación con ellos, ya que había sido fundador del Club Caravaning de Sevilla, vinculado a la federación campista.

Como ya he comentado en capítulos anteriores, las relaciones entre la Plataforma de Autocaravanas Autónoma y la Federación Española de Clubes Campistas no atravesaban su mejor momento.

Desde algunos sectores del campismo se nos consideraba poco menos que unos rupturistas que habíamos venido a alterar un orden que llevaba años establecido.

En aquel contexto, el vicepresidente de la federación también pretendía participar en la conversación con la política andaluza, acusándonos de querer dejar fuera a la federación en asuntos que también les incumbían.

La situación resultaba paradójica, porque aquella conversación no era una reunión institucional entre organizaciones, sino simplemente un diálogo informal entre personas autocaravanistas que compartían una inquietud común.

Pero aquel episodio reflejaba bien las tensiones que en aquellos años existían entre distintas formas de entender el desarrollo del autocaravanismo en España, por parte de quienes no comprendían que el autocaravanismo buscara una forma de viajar independiente del campismo tradicional.

Por diversos motivos —entre ellos que estábamos a gusto con las familias andaluzas con las que habíamos coincidido— aquel fin de semana terminó convirtiéndose en una convivencia más larga de lo que habíamos previsto inicialmente.

Compartimos tiempo, conversaciones y experiencias de viaje, sin imaginar todavía hasta qué punto aquel encuentro casual acabaría teniendo consecuencias importantes para el proyecto de reivindicación autocaravanista en el que estábamos implicados.

Tras aquel viaje mantuvimos el contacto con Irene Canca mediante teléfono y correo electrónico.

Pasados algunos meses, ya en otoño, Irene me comunicó una noticia inesperada.

En una reunión del PSOE había coincidido sentada junto a Ana María Chacón, senadora por la provincia de Cádiz.

Durante aquella conversación Irene le habló del autocaravanismo y del trabajo que desde la PACA estábamos intentando desarrollar.

Según me contó, la senadora había mostrado interés por el asunto.

Irene me facilitó entonces su teléfono y su dirección de correo electrónico, recomendándome que primero le enviara un mensaje explicando brevemente el tema antes de intentar hablar con ella.

Así lo hice.

Y en diciembre de 2004 recibí su respuesta.

En su correo me indicaba que Irene ya le había comentado el asunto y que, aunque su trabajo como senadora era intenso —formaba parte de las comisiones de Fomento y Vivienda, de la OTAN, de la Ley del Suelo y además atendía asuntos relacionados con Andalucía—, el tema le parecía interesante.

Pero para poder tomar una decisión necesitaba conocer mejor el proyecto.

Me invitó a hablar por teléfono.

Cuando finalmente mantuvimos aquella conversación estuvimos hablando durante bastante tiempo sobre el autocaravanismo y la situación que existía en España.

Tras escuchar mis explicaciones, la senadora comentó que el asunto podía tener interés para ella, pero que necesitaba estudiarlo con mayor detalle.

Para ello me pidió dos cosas muy concretas.

Por un lado, que le enviara un manual informativo en el que se explicara con claridad qué era el autocaravanismo, cuál era su situación en España y cómo se desarrollaba en otros países europeos.

Por otro, que ese documento fuera acompañado de una petición formal en la que se expusiera qué tipo de actuación institucional estábamos solicitando.

Aquella petición abría por primera vez una puerta real hacia el ámbito político.

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