martes, 12 de febrero de 2013

Una claridad de ideas poco común en los tiempos que vivimos.

Merece la pena escuchar los comentarios que nos regala Beatriz Talegón. Beatriz demuestra tener la claridad de ideas que por su comportamiento parecen carecer la mayoría de los dirigentes de los partidos políticos y las instituciones de una Europa que camina hacia el abismo


En comentarios como estos, hechos desde la coherencia y con los pies en el suelo,  esta la esperanza de una regeneración y un cambio en la vida pública, que de verdad aborde y trate de solucionar los problemas reales de todos los ciudadanos, sin tanto lujo, ostentación y derroche.

http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=I1kw6kFssoE

http://www.telecinco.es/elprogramadeanarosa/politica/beatriz-talegon-cierra-la-boca-a-alfonso-rojo_2_1556655030.html

Pedro Ansorena.


lunes, 11 de febrero de 2013

Sensaciones.

Trasladarse, de escenario territorial en apenas tres horas de vuelo en avión, desde Tenerife a Santander, en pleno rigor del invierno en el mes de febrero, resulta una sensación extraña y única.


En apenas un lapsus de tiempo uno pasa de vivir la sensación que te ofrece el extraordinario clima primaveral y en algunos dias veraniego en el sur de Tenerife, con una temperatura del agua del mar de 21º y la ambiental al mediodía por encima de los 25º, a llegar a  Santander y poner en marcha la calefacción en casa, es lo primero que haces y necesitas. Sin duda la sensación térmica que percibes, apenas puestos los pies en el suelo, es bastante más fría que lo que quizás marca el mercurio, pero es lo que uno siente ante un cambio de clima tan repentino. Otra de las sensaciones que notas y mas te llama la atención es cuando la primera noche te dejas deslizar bajo las sábanas de la cama de tu habitación, parece que éstas están mojadas.


En un traslado tan repentino pasas de la indumentaria del pantalón corto, la camiseta de manga corta y las sandalias, a la habitual vestimenta invernal del norte de la península. En apenas tres horas uno se traslada de espacio y de repente se encuentra dando un paseo por El Sardinero u otros lugares de una  ciudad pequeña y familiar como lo es la capital cántabra sintiendo en la cara y el cuerpo la sensación que provoca el aroma, la frialdad y la fuerza del mar cantábrico y sus aguas que se proyectan contra los acantilados de la costa o rompiendo en la arena de la playa, todo ello acompañado por un cielo gris y plomizo con grandes y pronunciados nubarrones que amenazan con descargar a su paso todo lo que llevan encima.


Percibes como los paseos y avenidas o parques de la ciudad no están como los dejaste hace unos meses, uno se encuentra con la desnudez de sus árboles y plantas, desiertos de gente o quizás solo concurridos por algún paseante abufandado y enchaquetado hasta las orejas y con el paraguas en la mano, que desafiando el tiempo se atreve a pasear a su perro o recorrer el habitual paseo. También te llama la atención  al ver o saludar a tus vecinos y la gente con la que te cruzas, la tez pálida y blanca que muestran sus caras. Es una sensación única que mientras te habitúas y disfrutas con ella, de inmediato notas el tremendo cambio de contraste que acabas de dejar atrás apenas hace unas horas.



Pedro Ansorena.

martes, 5 de febrero de 2013

"John Wayne, Salander y España".


"La acción de los organismos del Estado no es suficiente para evitar la corrupción. Para ser efectiva, la política de lucha contra el abuso de lo que es de todos necesita convertir a los ciudadanos en actores principales."

"Aunque suene irónico en estos tiempos de desconfianza ciudadana mayúscula hacia nuestras instituciones, los españoles creemos demasiado en el Estado. En la crítica feroz hacia la clase política que todos hacemos estos días subyacen unas expectativas muy altas sobre lo que nuestras administraciones son capaces de hacer. Da igual la ideología. Se da por descontado que, con los políticos adecuados, los recursos adecuados y las políticas adecuadas, el Estado será capaz de quitarnos de encima todo lo malo (pobreza, crimen, corrupción, fraude fiscal) y darnos todo lo bueno (crecimiento económico, educación, sanidad, vivienda, lo que queráis). Desde luego, el Estado es muy importante para el bienestar de cualquier sociedad, pero necesita la participación activa de los ciudadanos en aspectos clave. Esta involucración es la gran ausente en el debate actual sobre la “regeneración” de las instituciones en España. La creencia latente en el poder demiúrgico del Estado se nota en las propuestas para luchar contra la corrupción que se apremian a presentar todos los partidos. Ya sean unidades policiales, fiscalías o tribunales destinados a la lucha contra la corrupción, los sujetos de estas acciones son agentes públicos. La sociedad queda al margen.

Existe evidencia de que estas estrategias, si bien necesarias, no son suficientes. Hay, de hecho, una literatura especializada en por qué fracasan muchas iniciativas anti-corrupción. Ni que decir tiene que los políticos reformistas españoles andan demasiado ocupados en lanzar propuestas como para detenerse a leer esos trabajos. Los estudios muestran que la corrupción no se puede combatir sólo con legislaciones punitivas. Con estados que regulan cada vez más actividades humanas y manejan casi la mitad de la riqueza nacional, existen millares de decisiones públicas que pueden corromperse para beneficio de unos pocos. Las leyes, por muy detalladas que sean, no pueden prever ex ante todas estas instancias que pueden dar lugar a comportamientos inapropiados. Además, los potenciales corruptores, desde empresarios locales a multinacionales, son también cada día más poderosos.

El camino más acertado para minimizar —nunca se puede eliminar del todo— la corrupción pasa, en primer lugar, por reformas institucionales que introduzcan mecanismos de pesos y contrapesos dentro de las instituciones y así no haya que depender en exclusiva de la atención, siempre limitada, de los organismos auditores. Utilizando una famosa metáfora en ciencia política, la corrupción sería como el fuego: se detecta mejor con “alarmas de incendios” colocadas estratégicamente que desplegando costosas “patrullas policiales” por todo el territorio.

Además, es necesaria la implicación activa de la sociedad. La experiencia internacional ofrece dos fórmulas interesantes para incentivar esa participación. Por un lado, tenemos lo que podríamos llamar el modelo John Wayne: el cazarrecompensas que entrega el criminal a la justicia a cambio de una parte del botín incautado. Es el sistema aplicado por las pragmáticas autoridades americanas cuando no controlan un territorio, ya fuera el Lejano Oeste en el pasado o los mercados financieros globalizados hoy día.

Conscientes de la dificultad creciente para detectar el crimen de cuello blanco, varios organismos públicos americanos están invirtiendo recursos en proteger, asesorar y dar recompensas a whistleblowers (en principio, no me gusta la traducción usual de ‘delator’ o ‘chivato’, por sus connotaciones peyorativas); es decir, individuos que revelan actividades delictivas o inapropiadas. Por ejemplo, la agencia reguladora del mercado de valores creó en 2011 la Oficina del Whistleblower con el objetivo de conseguir información sobre malas prácticas en grandes corporaciones antes de que puedan dar lugar a un nuevo desastre financiero. Asimismo, la agencia tributaria americana ofreció el año pasado una recompensa de 104 millones de dólares a un whistleblower a cambio de información que permitió recuperar una ingente cantidad de millones evadido a través de cuentas suizas.

Este modelo John Wayne no está en nuestra agenda política, algo increíble dados los casos de corrupción y fraude con los que nos levantamos cada día. Pero es que, además, el gobierno, con la amnistía fiscal, ha seguido más bien la filosofía opuesta para atraer dinero a las arcas públicas. La recompensa no va a los cazarrecompensas sino a los forajidos, que son los que se quedan con una parte (muy grande) del botín. En nuestra película no gana John Wayne. Ganan los malos. Un mensaje moralmente muy edificante.

Tenemos también un segundo modelo de implicación ciudadana en el control de lo público. En este caso no se trata de favorecer a los cazarrecompensas, sino a los cazadores de información como, por ejemplo, el periodismo de investigación. Como es propio de las sociedades del norte de Europa, lo llamaré modelo Salander, en honor a la entrometida hacker de las novelas de Stieg Larsson. Es bien sabido que los estados nórdicos son grandes y efectivos, pero ello es en parte posible gracias a una contribución ciudadana que se suele pasar por alto en la mayoría de análisis, ya que los científicos sociales tendemos a fijarnos, sobre todo, en la contribución vía impuestos. Me refiero a la existencia de un implícito contrato social por la transparencia. No sólo de las instituciones, sino de los individuos. Y no sólo de los que ocupan un puesto público, sino de todos los ciudadanos.

El modelo Salander, por ejemplo, permite tener acceso a las declaraciones de renta de todos los ciudadanos. Esto puede parecer una violación inadmisible de la privacidad, pero tiene lógica que nuestras contribuciones a la cosa pública sean públicas. Tenemos así un control social efectivo sobre defraudadores potenciales, que se lo pensarán dos veces antes de declarar una décima parte de sus ingresos si saben que cualquiera —un periodista o su vecino— puede observar la discrepancia entre sus actividades y sus impuestos.

Las sociedades verdaderamente transparentes no lo son porque sus organismos públicos se dediquen a volcar toneladas de información en su página web —por cierto, presentada por lo general de forma antiestética y usando una jerga ininteligible para el común de los mortales— que es lo que suelen hacer nuestras instituciones. Son transparentes porque hay un acceso rápido y sencillo a información clave, dando al periodista o al ciudadano un estatus de observador privilegiado de lo que ocurre en las administraciones públicas y en las relaciones de éstas con los ciudadanos. Por ejemplo, un cargo público tendrá cinco días para enseñar los movimientos de su tarjeta de crédito profesional al periodista que se lo pida. Dudo que la Ley de Transparencia, Acceso a la Información Pública y Buen Gobierno, en estos momentos en tramitación parlamentaria, acabe adoptando esta visión de la transparencia. Sólo hace falta ver las lagunas del anteproyecto de ley agudamente detectadas por Jesús Lizcano, presidente de Transparencia Internacional en España, en su página web. No parece que la ley vaya a facilitar mucho el periodismo de investigación en nuestro país.

Si queremos aumentar la calidad de nuestros gobiernos, los ciudadanos debemos estar dispuestos a contribuir. Ello acarrea sacrificios. El modelo Salander implica renunciar a una parte de nuestra privacidad y el modelo John Wayne requiere cabalgar en solitario por terrenos inhóspitos. Como subrayan los expertos, hay soledad, sudor y lágrimas detrás de cada valiente que denuncia una mala práctica de alguien de su entorno más cercano.

En resumen, toda política efectiva en la lucha contra el abuso de lo que es de todos necesita convertir a los ciudadanos en actores principales. Nuestros John Waynes y Salanders son las mejores “alarmas de incendios” contra la corrupción. Eso no quiere decir que no haya que invertir en “patrullas policiales”. Por ejemplo, nuestra administración tributaria necesita sin lugar a dudas una inversión notable en recursos humanos. Pero estos servidores públicos no van a poder sin nuestra ayuda. Es el momento de que les echemos una mano."

Víctor Lapuente es profesor en el Instituto para la Calidad de Gobierno de la Universidad de Gotemburgo.

Fuente de información:


lunes, 4 de febrero de 2013

Caminando entre los almendros en flor y el volcán.

El dia 2 de febrero participé en una nueva ruta de senderismo por la isla de Tenerife en compañía del grupo senderista  "Caminantes de Aguere".


En esta ocasión la tentación de participar y disfrutar de la ruta resultaba muy atractiva, ya que ésta discurría por uno de los parajes de Tenerife, que mas almendros alberga y ofrece, uno de los lugares privilegiados dentro de la Isla, por contar con gran cantidad de almendros , el municipio de Santiago del Teide. 


Entre enero y febrero, coincidiendo con la floración de los almendros, el paisaje adquiere una belleza espectacular. Los almendros en flor, con sus variadas tonalidades blancas y rosadas, tienen un atractivo especial para  para todos los amantes de la naturaleza en general. No podemos asegurar que en la fecha programada tengamos la oportunidad de ver todos los almendros en flor, porque esto no depende de nosotros sino de las condiciones climáticas, aún así la ruta por Santiago del Teide ofrece una gran riqueza botánica y ambiental para disfrutar del recorrido igualmente.


Por otra parte la ruta discurrió por el entorno del volcán Chinyero, último entrado en erupción en la isla en el año 1909 , que por la proximidad en la fecha de erupción hace que el volcán sea el mejor documentado de la isla de Tenerife, ya que existen fotografías y versiones de testigos sobre el suceso. Hay que tener en cuenta que en la zona del volcán había campos de cultivo y en el momento de la erupción se encontraban en el lugar algunas personas atendiendo sus campos y cosechas, situación que propició algunos relatos sobre la versión de los hechos acaecidos.


Con estos atractivos por delante, al filo de las 11 de la mañana unos 50 senderistas iniciamos la ruta del dia, desde las inmediaciones de Santiago del Teide para, en principio, abordar un sendero con una pendiente prolongada, pero bastante asequible, en dirección al este ,pasando por algunas encrucijadas de senderos, que daban acceso a un terreno, donde abundaban los bancales con plantaciones de higueras, almendros etc. en su tiempo cultivado por los vecinos de la zona y que a buen seguro propició la subsistencia de éstos.


Conforme íbamos ganando altura nos encontramos a nuestro paso alguna muestra de lo que íbamos a ver y disfrutar durante la jornada, los almendros en flor comenzaban a aparecer con sus característicos brotes florales y diferencia de colorido entre un paisaje de contraste con las recientes y ennegrecidas lavas volcánicas erupcionadas por el Chinyero. Una maravilla que se presentaba ante nuestros ojos gozosos de tanto derroche de belleza natural.


La jornada se presentaba perfecta con un tiempo espléndido, la armonía del grupo y la cara de los participantes reflejaba y expresaba el buen momento que estábamos disfrutando, con esta sensación y tras múltiples paradas para admirar el paisaje, hacer fotografías, comer y descansar un poco de la fatiga, llegamos hasta el cruce con la atarjea de Vergara, en las inmediaciones del cono del Chinyero, para tomar el camino de descenso, paso a paso, caminando por un paisaje volcánico espectacular entre conos y coladas de lava en las que ya comienza a aparecer la primera forma de vida vegetal con la población y el arraigo de los líquenes, hasta que alrededor de las 5 de la tarde terminamos en la pequeña aldea de Las Manchas donde nos recogió el autobús para trasladarnos de nuevo hasta Santiago del Teide y terminar la ruta en la terraza de un establecimiento hostelero, disfrutando de una buena jarra de cerveza.


De nuevo hemos vivido una buena jornada de senderismo en la isla de Tenerife junto con esta gente canaria, que por el carácter y la alegría que trasmiten cada dia me encuentro más a gusto con ellos en su compañía, disfrutando de la extraordinaria belleza y los encantos que nos ofrece la isla de Tenerife.

Nos vemos en otra ruta amigos. Gracias a todos por la buena jornada compartida .


Pedro Ansorena.