sábado, 4 de septiembre de 2010

La playa de La Franca y Colombres, entre la belleza y la nostalgia.

El pasado día 2 de septiembre con motivo de una visita a nuestros amigos, Rosa y Juan Ignacio, residentes estos en la localidad asturiana de Colombres, Senia y yo, junto con Rosa, ya que su marido no se encontraba en casa, tuvimos la oportunidad de visitar esta bonita zona de La Franca y Colombres, en la que no pude dejar de recordar lo vivido aquí en mi juventud.


Atrás quedan otros tiempos, cuando allá por la década de los años 60 del pasado siglo y durante algunos años un grupo de muchachos, de los que formaba parte, integrantes de una agrupación juvenil socio-deportiva, en nuestro descanso escolar del verano, tomábamos nuestras mochilas y macutos, en nuestra natal Santillana del Mar, para trasladarnos caminando a la localidad de Puente San Miguel y en esta tomar el ferrocarril con destino a las localidades del oriente asturiano de La Franca y otras, para disfrutar de unas de nuestras primeras vacaciones practicando la convivencia al aire libre, sin la compañía de nuestros padres, durante todo el mes de Julio.

Eran otros tiempos, donde en La Franca montabamos nuestras tiendas de campaña, en una terraza natural del terreno al lado de la misma playa y sobre una surgente de agua, con su regato también de curso natural, que se deslizaba serpenteando el arenal para verter sus aguas al mar Cantábrico. Por aquel entonces y al igual que en muchos lugares de la costa española, afortunadamente aún se podían instalar pacíficamente un grupo de tiendas de campaña sin llamar la atención en cualquier lugar de la costa o de los ríos, esto no me parece ni bien, ni mal, sino que aun no había llegado el boom turístico a nuestro país con la masificación de playas y costas, ni la promulgación de las normativas de turismo, a veces desproporcionadas y otras justas, que impiden actualmente estas prácticas.

En la playa asturiana no había mas que las instalaciones de un balneario,  aun no estaba el camping que hoy existe y que a buen seguro hubiese sido el primer acicate u obstáculo para impedir que un grupo de muchachos pusiese en práctica una de las actividades que a buen seguro iban a marcar nuestro futuro y nuestra personalidad, la convivencia entre nosotros y el medio por un determinado tiempo en unas de nuestras primeras vacaciones en libertad y al aire libre, practicando la pesca, la natación, jugando al balón o dando largas caminatas diurnas disfrutando de la visita a los pueblos y aldeas del entorno como, Pendueles, Buelna, La Borbolla, Noriega, Colombres, Pimiango etc,.

Vivíamos de nuestros pequeños recursos económicos, ayudados por la práctica de la pesca equilibrada de subsistencia para consumo propio por el corto espacio de tiempo, que allí estábamos, aportando ya por aquel entonces los primeros recursos económicos a una economía local necesaria que ya comenzaba a vislumbrar el futuro de unos ingresos materiales aportados por los escasos turistas nacionales, que tímidamente durante el periodo estival comenzaban a dejarse ver mezclandose con los ciudadanos locales por la playa de La Franca y su balneario. Qué tiempos aquellos...... y todavía algunos no se sonrojan al comentar que España no ha cambiado o ha cambiado poco.....hay que ver.....


La playa de La Franca se trata de una de las más bellas de la Cornisa Cantábrica, que hoy afortunadamente aun cuenta con la bandera azul de calidad de la Comunidad Europea, por lo que es “franca” también en limpieza y servicios playeros.


Durante la pleamar se convierte en una auténtica piscina natural, siendo muy segura para el baño y los juegos de los niños y de los adultos e inmejorable para la práctica de deportes náuticos, pesca de roca y submarina etc. Con la bajamar se descubre un amplio arenal y se forman pequeñas calas. Su finísima arena blanca ocupa una gran extensión entre escarpados acantilados cortada por la desembocadura del río Cabra que se desliza por un lateral.


Por los vestigios rupestres encontrados en la zona, se supone que los primeros habitantes de la prehistoria ya la utilizaron como improvisado hogar por servirles de abrigo y alimento. Muy próximas a la playa se encuentran varias cuevas. En ellas se han descubierto depósitos de cáscaras de moluscos que dan evidente muestra de que fueron habitadas en tiempos remotos.


En los acantilados de la parte derecha mirando al mar desde el acceso a la playa, en la marea baja, aparecen unas calas de arena con unas grietas-cueva que se comunican entre sí y que comunican con otras pequeñas calas arenosas que se suceden a lo largo de la costa y los acantilados. Se puede acceder a su interior sin dificultad, incluso sin linterna, una maravilla que no os debéis de perder. En su interior la naturaleza subterránea nos muestra todo el impresionante abanico de colores del que esta es capaz y que a buen seguro os sorprenderá, resaltado este por la humedad del mar que se incrusta en las cuevas en la marea alta, haciendo juegos de luz y de color entre la oscuridad del interior y la luz que se filtra por las grietas de sus salidas y entradas naturales.




Para el hombre contemporáneo La Franca aun sigue siendo un refugio, en este caso un refugio, de fácil acceso, para el disfrute del tiempo libre. La playa de La Franca se ubica en las proximidades de la localidad del mismo nombre, en la desembocadura del río Cabra, que hace de divisoria entre los municipios de Ribadedeva y Llanes.




Confinada por los altos acantilados de Santiuste y de la rasa de Pimiango que caen precipitadamente sobre ella, la playa de La Franca tiene una larga tradición turística entre las playas del Oriente asturiano, pues ya en el siglo XIX contaba con un balneario marítimo y quien accedía a este singular enclave quedaba fascinado por sus indudables encantos paisajísticos.




En las mareas bajas de mayor coeficiente, la Franca anexiona algún que otro territorio arenoso, como la sorprendente playa del Oso, una pequeña cala que en bajamar queda comunicada con ella, o la del Regorguero, otra playa natural de más difícil acceso. A ésta se accede igualmente en marea baja desde la playa de La Franca o descendiendo por un empinado sendero desde la localidad vecina de Pimiango.


                                      


La Playa está integrada en el Paisaje Protegido de la Costa Oriental asturiana. Los nueve kilómetros de costa, en su mayoría acantilados, del municipio de Ribadedeva se despliegan entre la propia playa y La Ría de Tinamayor, en la desembocadura del río Deva situada está ya en el límite del territorio de la comunidad de Cantabria. Entre estos dos límites se encuentran La Punta la Cebollera y la de Santo Medé. Las estribaciones orientales de la sierra de Cuera también forman parte de este Paisaje Protegido y conceden al paisaje de la playa un atractivo aún más relevante.


La playa de La Franca tiene acceso señalizado en la N-634 entre las localidades de Santiuste y La Franca. Si se circula en dirección Llanes-Ribadedeva hay que poner atención en suavizar la velocidad a partir de una recta despues de Buelna y cuando se inicia un descenso, ya que el desvío aparece de repente en una curva muy cerrada después de pasar un puente y obliga a hacer un giro brusco. Una vez tomado dicho ramal, se recorre 1 kilómetro hasta llegar a la playa.

Coordenadas GPS. Aparcamiento playa, N-43º23'26'' W-4º34'36''.

Y para darle "culto al cuerpo" si lo que os apetece es "castigaros" una buena y exquisita comida a un precio justo, aunque hay varios acreditados restaurantes en la zona, sin despreciar los buenos oficios de otros, nuestra recomendación es, Restaurante "Casa Junco" en el barrio de El Peral.

Coordenadas GPS, aparcamiento N-43º22'49'' W-4º33'17''.


En las inmediaciones de La Franca hay varios aparcamientos gratuitos y de pago y también un camping. Hasta hace no mucho tiempo, siempre que uno fuese respetuoso, no había problemas para aparcar o pernoctar con una autocaravana, pero recientemente y con la incomprensible aprobación y en algunos casos desproporcionada aplicación del Art. 3 de la  ley de turismo del Principado de Asturias y la constante presión que ejercen sobre la autoridad algunos empresarios de camping, han aparecido algunos problemas para pasar la noche con una autocaravana correctamente aparcada, no así para pasar el día y disfrutar de la playa y su entorno. Por lo tanto para pernoctar y en evitación de algún problema os recomiendo os trasladéis a la vecina y bonita población de Colombres y disfrutéis también de esta singular villa asturiana, alli aún no hay ningun problema para pasar la noche con una autocaravana.


Desde luego que hay pocos lugares donde uno pueda disfrutar tanto de la arquitectura indiana como en Colombres, Ribadedeva y muy cerca de la playa de La Franca, yo la definiría como "la capital de los indianos". Inmediatamente en la visita salta a la vista del viajero como los indianos enriquecidos transformaron radicalmente la pequeña aldea rural en una villa moderna, con una arquitectura colorista y exótica. Los principales referentes urbanísticos de la villa, son las que se aglutinan en torno a su plaza elíptica, como la Casa Consistorial, la Iglesia de inspiración barroca, o la Quinta de Guadalupe, estos edificios evidentemente se deben a la corriente de dinero americano que aportaban los emigrantes.


En las casonas que salpican este municipio encontramos habitualmente una llamativa palmera o otras plantas exoticas, símbolo de clase que contribuía a no dejar dudas del origen de tanto dinero, América. Las  torres, que desde el Medievo asturiano son un claro elemento de distinción, de recuerdo nobiliario, de poder, las reutilizó el indiano para ennoblecer su reciente y largamente deseado ascenso social. El deseo de evidenciar lujo y riqueza, hacía que las fachadas se llenasen de referentes clásicos, barrocos, aunque también regionalistas.


Se trata, sin duda, de singulares palacetes y mansiones modernistas; una mezcla inédita en la que se empleaba a prestigiosos arquitectos que sabían encontrar el equilibrio entre los elementos dispares y construir inmuebles con nombre propio. La arquitectura indiana no es calcada de ninguna otra tiene sello y entidad propia, es una nueva entidad que merece la pena descubrir. Si nos quedamos unos días por allí visitando la zona con nuestra autocaravana, en Ribadedeva, uno de los concejos con mejores muestras de estas casonas, se han propuesto enseñarlas a través de una ruta en la que descubriremos más de una decena de construcciones harto representativas y muy bellas. Al tratarse de casas particulares no todas están abiertas al público (en la oficina de turismo que está en el acceso junto al archivo de los indianos nos informaran de las que podemos visitar) pero se sabe que en muchos casos se conservan a la perfección y nos permiten tener una idea exacta de la decoración que estaba de moda por aquel entonces. Papeles pintados, sedas, cortinajes, espejos, muebles de maderas nobles, lámparas y bronces o importantes labores de carpintería integran la decoración interna de las casas.


Para hacernos una idea de cómo eran por dentro, en Colombres podremos acceder fácilmente a la Quinta de Guadalupe, así como la casa consistorial, o en la Casa de Piedra, hoy en día Casa de Cultura Municipal y Biblioteca.


El conjunto patrimonial de Colombres, uno de los más interesantes de todo fenómeno de la Arquitectura de Indianos, justificó que en una de estas mansiones, La quinta de Guadalupe, se inaugurase en 1987 la Fundación Archivo Indianos y Museo de la Emigración, que trabaja para conservar y exponer la memoria histórica y las creaciones de las sucesivas generaciones de emigrantes, y que es una visita obligada que no os debéis de perder. Esta quinta, con un gran patio interior y dos pisos de arquerías de madera policromada y de gusto árabe, fue en su momento el símbolo más claro de la riqueza y el poderío de D. Iñigo Noriega. Su magnífico parque es uno de los jardines mejor conservados de Asturias, tanto en su diseño como en las especies de árboles exóticos que alberga.


Desde Colombres hay una salida que va a Bustio, debajo de la iglesia, y otra a Villanueva, atravesando la población. Al Norte se edificaron casas de viviendas de moderna factura pero uniformes, que contrastan con la opulencia y el individualismo de las construcciones de los indianos. Y por el Sur, hacia Villanueva, las casas van perdiendo altura, hasta quedar en construcciones de una sola planta y blanqueadas, con un vago aspecto andaluz, en vivo contraste con el colorido y variedad de los palacios indianos.


Fachadas monumentales, verjas ornamentadas, galerías, patios, balcones, portadas de ensueño, capillas privadas, jardines exuberantes, grandes pilares, exquisitos detalles, artesanías esplendorosas, laboriosos trabajos de cantería, alfices, pilastras, recercados, escaleras voluminosas, miradores, cúpulas etc. Son elementos propios de una arquitectura ecléctica y ostentosa que, guardando las formas y la simetría, pusieron de moda aquellos hombres y mujeres que hicieron las Américas y que, al contrario de los llamados “indianos de alpargata” que sufrieron el infortunio de la emigración, consiguieron forjar una gran fortuna en el nuevo continente. De vuelta a su hogar practicaron una competición no conocida hasta entonces en su humilde entorno rural, plasmar en viviendas de nueva planta toda la riqueza de la que hacían gala, tratar siempre de que su casa fuese la más bella y llamativa.


Coordenadas GPS. aparcamiento N-43º22'23'' W-4º32'35''.

Para ver mas fotos Pinchar aquí
Como siempre desearos, buena ruta y mejor disfrute.

Pedro Ansorena y Senia Bonaechea.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Excelente entrada y excelentes fotos, tengo muchas ganas de viajar por allá, por las Asturias de mis antepasados y ustedes nos abren el apetito con esas fotos y comentarios.
Desde la ciudad de Tampico (México), les damos las gracias.

Fermín Poo y familia.

AROBOS dijo...

Maravillosos paisajes. Nos pones a los que te leemos los dientes largos. Un saludo.

Pedro Ansorena dijo...

Gracias Arobos, me alegro que te gusten las fotos...de todas formas ya sabes....cuando te apetezca o dispongas de un poco de tiempo, acércate por aquí y nos ofrecemos para verlo en vivo y en directo.

Saludos.

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